20 junio 2007

Vuelta a la vida gracias a ACNUR (y Lucía)


A partir del año 2001 Naciones Unidas celebra cada 20 de junio como el Día Mundial del Refugiado. Anualmente son cientos de miles las personas que por motivos fundamentalmente de violencia política en sus países, pero también por necesidades económicas, se desplazan abandonando sus hogares, familias, lenguaje, costumbres, cultura a distintos territorios con la esperanza de poder rehacer sus vidas con un mínimo de dignidad. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR, ya ha prestado ayuda desde su creación a más de 30 millones de personas. Cada vez que alguien señala que Naciones Unidas es una tontera, solo un títere de Estados Unidos, me duele en el alma la ceguera que no se aprecie el enorme aporte humanitario que se ha desarrollado durante décadas.

Refugiado es toda persona que, a raíz de un temor bien fundado de persecución por motivos de raza, religión, nacionalidad u opinión política, se encuentra fuera del país de su nacionalidad y no puede acogerse a la protección de ese país o, a causa de ese temor, no desea hacerlo. Un elemento esencial del estatuto jurídico internacional del refugiado es el principio ampliamente aceptado de la prohibición del rechazo, en cuya virtud se prohíbe la expulsión o la repatriación por la fuerza de una persona a su país de origen, donde puede tener motivos para temer que será perseguida.


En esa condición mi familia fue asistida a fines de 1976, cuando tuvimos que salir al exilio luego de la detención, desaparición y, afortunadamente, aparición con vida de mi padre. Luego que lo encontramos en el Campo de Concentración de Puchuncaví, y nos trasladaron a todo el grupo familiar como detenidos al Fuerte Silva Palma en Valparaíso, y finalmente fuimos puestos en libertad primero mi madre, mi abuela conmigo, de seis años, y mi hermana América de 1 mes, y días más tarde mi papá en Tres Álamos, al momento en que abrieron el portón desde el cual se asomó a la vida mi papá y lo abrazamos nuevamente, funcionarios de Naciones Unidas de ACNUR, así como de Amnistía Internacional y de la Vicaría de la Solidaridad, lo tomaron con extrema delicadeza -venía torturado-, lo abrigaron con frazadas y lo trasladaron a un lugar desconocido para nosotros, pero donde sabíamos que estaría en seguridad. Se temía que nuevamente pudiera ser secuestrado y esta vez sí hecho desaparecer para siempre.

Recién nos volvimos a reunir con él abordó de un avión que nos llevó, en calidad de refugiados, a la bella y amable Suecia. En el vuelo supimos que esos primeros días de libertad en Chile mi papá los pasó bajo el cuidado de monjas salesianas, personas de confianza directa del Cardenal Raúl Silva Henríquez, uno de los grandes y verdaderos héroes de la patria.

Salimos de Chile, si mal no recuerdo, a fines de noviembre de 1976, por lo que llegamos a una Suecia alba, completamente nevada, algo enteramente desconocido para mi. En tal campamento, que en esa oportunidad fue en el sur de Suecia -me parece que cerca de Växjö-, nos ubicaron junto a otra familia chilena en una cabaña.

En el campamento habían personas que arrancaban de guerras de Africa, Asia, Oriente Medio, de las dictaduras militares del Cono Sur, en fin, una verdadera torre de Babel. Todas personas de alguna u otra manera intensamente dañadas, recién desarraigadas, con tremendas nostalgias, incertidumbre por el futuro, añoranza por los viejos dejados en los países de origen, dolidos por luchas interrumpidas, autocuestionados por el solo hecho de sobrevivir.

Nadie manejaba el sueco, menos nosotros que recién habíamos llegado. Ya a las cuatro de la tarde estaba plenamente oscuro en las calles nevadas, cuando funcionarios del campamento, extremandamente delicados en su trato, sonrientes, respetuosos, nos condujeron a un casino. Estábamos todos reunidos en ese espacio, mirándonos sorprendidos de la variedad de razas y orígenes, cuando de pronto se apaga la luz, guardamos silencio, y se oye un canto hermoso de voces femeninas a capella que decían lo siguiente:

“La noche avanza con pasos pesados
alrededor de granjas y huertos.
Alrededor de tierras, que el sol dejó,
las sombras traman.
Entonces en nuestra casa oscura
sube con velas encendidas
Santa Lucía, Santa Lucía.”

Un desfile de muchachas rubias como nunca había visto, con túnicas blancas y velas encendidas en sus cabezas casi albas, con las manos en posición de rezo avanzaron hacia nosotros que espontáneamente les abrimos paso, mientras seguían cantando, llenando nuestras existencias con música que días, semanas y meses atrás habían sido expulsadas a cambio de llantos, gritos, silencios obligados. Esta era una belleza sana, humanitaria, cercana, íntima, que apoyándose en la tradición era incorporada como rito de bienvenida para este conjunto de refugiados que veníamos con nuestros dramas pisándonos los talones de todos los rincones del mundo.

No recuerdo si tomé la mano de mi madre o padre, o simplemente permanecí sentado absorto en la escena que me llegaba como un bálsamo de solidaridad, afecto, que me volvía a dar la posibilidad de ser niño otra vez, de asombrarme ante la maravilla de la existencia humana. Solo sé lo agradecido que estoy, por siempre, de aquellas personas desconocidas que nos tendieron su mano, nos abrieron su país para recibirnos por el solo hecho de solidarizar con perseguidos sin preguntar militancia, ni ideas, religión o raza. Por el simple hecho de ser, humanos.

En este día internacional del refugiado, rindo este modesto homenaje a todos quienes trabajan por asistir a los desplazados. Gracias, de corazón, por haberme devuelto a la vida.

Conoce algo más del bello rito de Santa Lucía en Suecia

19 junio 2007

Iturriaga y la democracia hecha mueca

Iturriaga significa en vasco “el lugar donde hay fuentes”. Y qué espeluznantes son las fuentes que nos lega el General en retiro Raúl Iturriaga Neumann, quien se ha negado con éxito add presentarse al Penal Cordillera, donde tiene que cumplir condena por secuestro calificado.

A fines del mes de mayo la Corte Suprema de Justicia rebajó la sentencia de 10 años a 5 años y un día de cárcel dictada en contra del ex Jefe del Departamento Exterior de la DINA, por el crimen del estudiante universitario de 22 años de edad, militante del MIR, Dagoberto San Martín Vergara. El ex general Iturriaga está procesado, además, por el asesinato del ex Comandante en Jefe del Ejército y ex Vicepresidente de la República, General Carlos Prats González, y su esposa Sofía Cuthbert, ocurrido en 1974 en Buenos Aires. Iturriaga se encuentra a su vez condenado a 18 años de cárcel y con orden de captura internacional dictada por la Justicia Italiana por el atentado terrorista en contra del ex Vicepresidente de la República, y fundador de la Democracia Cristiana, don Bernardo Leighton y su esposa Anita Fresno ocurrido el año 1975 en Roma. Es requerido desde España por el juez Baltasar Garzón por los asesinatos de los sacerdotes Antonio Llidó y Joan Alsina y del funcionario de las Naciones Unidas, Carmelo Soria, perpetrado en julio de 1976. Fue miembro de la plana mayor de Villa Grimaldi y jefe de la Brigada Purén que se encargó de la represión, detención, tortura y desaparición de las dirigencias del Partido Socialista y el Partido Comunista de Chile.

Todo lo anterior es muestra suficiente del carácter probadamente criminal de Raúl Iturriaga Neumann. Sin embargo no es todo. El ex general terrorista es responsable además de los casos de detenidos desaparecidos ocurridos en el marco de la Operación Colombo, conocida como el “Caso de los 119”, operativo montado por el Servicio de Inteligencia del dictadura chilena en julio de 1975, que consistió en el desaparecimiento forzado de 100 hombres y 19 mujeres, seguido del encubrimiento a través de un montaje comunicacional que formó parte de la Operación Cóndor, plan de inteligencia y coordinación entre los servicios de seguridad de las dictaduras militares de Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia.

En tal operación detuvieron a mis tíos Jorge y Juan Carlos Andrónicos Antequera, de 25 y 23 años de edad, quienes fueron trasladados desde su hogar al cuartel de calle José Domingo Cañas esquina República de Israel a cargo de la DINA, y luego transportados al centro de reclusión de Cuatro Álamos, pabellón de incomunicados del recinto de detención de Tres Álamos, desde donde fueron sacados con destino desconocido el día 11 de noviembre de 1974, última ocasión en que se los vio, ignorándose sus paraderos hasta el día de hoy. Patricia, cónyuge de Jorge, tenía 9 meses de embarazo al momento de su brutal detención que le tocó presenciar.

Tanto Jorge como Juan Carlos aparecieron en las publicaciones de la revista “Lea” de Buenos Aires y “O'Dia” de Paraná, Brasil, donde se indicaba que habrían sido muertos por sus propios compañeros de militancia en disputas intestinas o que habían sido abatidos por fuerzas de seguridad argentinas en la provincia de Salta. Aquella fue la primera y única aparición de la revista "Lea", no correspondiendo su domicilio ni identidad de su editora y director responsable a la realidad, figurando en cada ejemplar sólo un pie de imprenta ininteligible. "O'Dia", por su parte, reapareció en los kioscos solo para entregar aquella información luego de años de silencio, para luego volver a salir completamente de circulación. Tampoco constaba de un domicilio ni director responsable que se pudiera identificar.

Mis tíos Jorge y Juan Carlos forman parte de las 119 personas citadas en las nóminas de ambas publicaciones quienes coinciden con detenidos desaparecidos en Chile. Hasta la fecha Jorge y Juan Carlos Andrónicos Antequera se encuentran desaparecidos, así como cientos de personas a más de tres décadas de ocurridos los hechos.

Nuestro país se jacta de estar dentro de las sociedades con presencia en importantes rankings mundiales de competitividad, bajo riesgo país, serio aliado comercial de potencias económicas, pero no ha sido capaz de hacer justicia en casos tan elementales de violación a los derechos humanos de primera generación como los perpetrados por el terrorismo de Estado en manos de personas como el ex general Raúl Iturriaga Neumann. ¿Qué clase de código ético de conducta están socializando las instituciones de la República en las nuevas generaciones de militares si no se está en condición de hacer cumplir lo que dictaminan los Tribunales de Justicia? ¿Qué futuro estamos construyendo como sociedad si el presente no se hace cargo de la deuda en verdad y justicia que se tiene con compatriotas asesinados por obra de una máquina de exterminio diseñada, alimentada y ejecutada con recursos públicos? ¿De qué progreso y desarrollo se habla cuando cualquier éxito que se alcance como sociedad se levanta aún sobre las ruinas de las vidas de miles y miles de personas cuyo clamor por juicio, castigo y reparación es insultado por la fuga de un militar terrorista que hace uso incluso de los medios de comunicación para llamar a la insubordinación de los militares activos al poder civil y al Estado de derecho?

Si somos tan efectivos como Estado para detener y castigar a muchachos “chascones, vegetarianos y anarquistas”, secundarios “pingüinos rebeldes”, niños de 14 años de edad “delincuentes”, ¿porqué somos tan débiles para actuar contra quienes realmente constituyen un peligro para ya no solo la sociedad chilena sino para el conjunto de la humanidad? Sin duda se ha avanzado en muchos planos, pero mientras existan los Raúl Iturriaga Neumann que se dan el lujo de reírse en la cara de los Tribunales de Justicia, mientras tengan espacio personeros de derecha como Carlos Larraín que con voz de sordina considera que cultivar la memoria de los asesinados anunciado por la Presidenta es practicar “nostalgia arqueológica”, la ciudadanía de buena voluntad de Chile, el continente y el mundo, tenemos razones suficientes para pensar que esta democracia, a veces considerada ejemplar, está siendo sistemáticamente rebajada a una mueca siniestra de un dictador que no termina de morir a pesar de su muerte. Revanchismo jamás. Exigimos al Estado de Chile que haga cumplir la justicia, nada más, pero tampoco nada menos.

Publicado en El Mostrador

17 junio 2007

Como ladrón en la noche, lo recuerdo naranjo en flor

Motivado por unas hermosas entradas de in.tuyo en el dìa del padre, me arrojé a buscar una frase que diera cuenta del modo en que me gusta recordar, en presente pero sobre todo abierto al porvenir, a mi padre. Y de golpe -que fea la palabra despuès de septiembre 73, mejor la cambio-, y de súbito, apareció en el telón de fondo de mi acervo cultural a mano, la frase "como un ladrón en la noche".

Así me gusta celebrar a mi padre: en la espera activa, movida por las napas subterráneas de la memoria, con voces e imágenes que vienen de muy atrás, pero que me sobrevienen desde el futuro. Una "retroproyección" diría tal vez Heidegger, o "retromodernidad" le leí escrito al pie de una foto a Martin Hopenhayn. Vivo a mi padre, que conocí y disfrute en lo sido, pero desde la promesa del mañana. Como un ladrón en la noche se me aparece en lo cotidiano en forma inesperada, desde el roce de un perfume que atraviesa el aire y llega a mi ya adulto y me giro buscándolo, porque es su olor. Sueve, rico, como lo recuerda mi hermana América. O también a través de una canción que suena como de la nada desde una radio por ahí, en la voz joven de Victor Manuel cantándole al amor que despierta a las piedras. Más fuerte es cuando me miro al espejo y de pronto en algún rasgo mío lo distingo. Como el fantasma de Hamlet (Escena XII), pero sin demanda por resolver un crimen, sino simplemente de visita.

Como un ladrón en la noche, a horas no pensadas -como dice Mateo (24. 43-44), San Pablo a los Tesalonicenses (5-2) y Lucas (12.39)-, así aparece siempre. Me sucedió, por ejemplo, en un viaje a Andalucía para una conferencia sobre violencia política en América Latina. Luego de estar en la hermosísima Granada, con la bella Alahambra marcando presencia plena como nuestra cordillera en Santiago, fuí por algunas horas a caminar a solas a Sevilla. De pronto me embargo una pena intensa por no poder compartir aquellos momentos con alguien cercano, había tanto que comentar, tanto de lo que maravillarse y yo solo ahí entre mucha gente. Tal sentimiento "oceánico" me consumaba cuando de pronto siento su presencia viva. Me sonreí porque adiviné el juego y busqué la señal. Levanté la cabeza y ahí estaba: un hermoso naranjo era lo único que me separaba de un cielo muy azul. La fragancia de los naranjos en flor me elevaron el ánimo y tomé aquellos bellos frutos en mis manos, recorrí su textura con las yemas de mis dedos, y los acaricié como si fueran la extensión del rostro y las manos de mi padre. Muchas veces me habló de los naranjos, y a través de ellos compartió mis experiencias intensas del sur de España, a pasos de Antequera.

Feliz día papá. Gracias por la vida Padre.

Bellas canciones que recuerdan naranjos: Naranjo en flor (tango argentino), A la mar fui por naranjas (tonada chilena). Por favor escucha Recuerdos de Alhambra, tal vez uno de los temas más hermosos para guitarra clásica de Francisco Tárrega.

13 junio 2007

Aló, Presidente!


Aló, Presidente! No es cómodo lo que le tengo que decir. Pero lo he pensado hace mucho tiempo, y claramente no es fácil dirigirse a usted con este tipo de asuntos. Y no porque no esté vivo, pues usted nunca morirá, es decir, su entrega, valor, generosidad, consecuencia, capacidad, carisma. Tal vez uno de los pocos milagros de Chile, una excepción evolutiva, un salto cualitativo, un acontecimiento, en fin, en el leguaje que queramos ponerlo, usted Presidente no requiere que yo ni nadie tenga que justificar quién fue, qué logró, porqué perdurará en nuestra memoria siempre en presente.

Pero no es por eso que le he decidido hablar desde este espacio mágico del ejercicio de la escritura, que permite hacer convivir en un texto, y sobre todo desde la lectura e
interpretación siempre nueva, a vivos y muertos, pasado y presente. Le escribo o hablo, por algo que desde la transparencia que exige la actitud que creemos debemos tomar las personas que nos consideramos, o imaginamos, veraces, simplemente tengo que comunicar porque me preocupa e incluso acosa. Quizá compartiéndolo, discutiéndolo, pueda resolverse, tal vez sea un problema inventado, y no un problema real.

Como usted sabrá, o en realidad no tendría porqué hacerlo, fui concebido y nací como muchos al calor de las banderas que se agitaban en medio de las campañas para que usted saliera elegido Presidente. O, para formularlo en el modo en que mis padres lo vivieron, para que el pueblo tuviera un verdadero Presidente, para que el pueblo trabajador fuera por primera vez Gobierno. Por ello lo de compañero Presidente. Con muy pocos meses de edad estuve en los brazos de mi padre cuando por fin se produjo el milagro y el candidato del pueblo salió victorioso. Fue entonces que usted pronunció aquel maravilloso discurso en los balcones de la Fech. ¡Qué buen lugar escogió para saludar a quienes lo habían llevado al Ejecutivo! Gracias Presidente por ese guiño a la juventud, a lo nuevo, irreverente, creativo, desobendiente, que han de ser siempre los jóvenes comprometidos con la crítica, la transformación, la propuesta arriesgada, el porvenir en acto.

Hay tantas cosas que podría agradecerle Presidente. Los sueños hechos materia, la esperanza vuelta verdad efectiva, la alegría convertida en cotidiano, la justicia abriéndose paso, lo colectivo abierto al aporte individual de cada quien. Nací en 1970 por lo que era muy pequeño para retener nada más que emociones, colores, recuerdos transmitidos durante mi crecimiento. Se me viene a la cabeza una discusión que tuve ya en el exilio, en Hungría, a los ocho años con otro chico chileno que afirmaba que usted era militante socialista. Y yo logré convencerlo que no, que era comunista, porque para mi era incocebible que usted pudiera ser algo distinto a que mis padres, para mi lo máximo de bondad, amor y fuerza moral del mundo. Llegué a casa ese día agitado de la plaza de juegos por la polémica, y al comentarle a mamá la tontera que me había dicho aquel niño, me explicó que sí, usted fue militante socialista y además masón. Por segundos sentí que todo se me desordenaba en la cabeza, pero en realidad usted me dio, sin saberlo, una gran lección de tolerancia, de escuchar al otro porque la verdad se hace de a varios, y siempre hay alguna posibilidad distinta de enfoque, perspectiva, ángulo, punto de vista.

Y creo que de esta ahora convicción, de que siempre es posible ver las cosas de otra manera, emana esta preocupación que me lleva a hablarle. Y he elegido esta fecha absolutamente imprevista porque no deseo manchar nada, aunque no se trata de volverlo a usted un ser inmaculado. Pero no puedo suspender el juicio, abdicar mi intelecto por lo grande y ejemplar que fue usted. Lo doy firmado, junto a Lautaro, Francisco Bilbao, Recabarren, Clotario Blest y el cardenal Silva Henríquez, usted está entre mis grandes referentes político sociales de la Nación. Pocos como usted. Nadie como usted.

Pero -y este maltido "pero", la duda que mete su cola en nuestras cosas- no me abandona un cuestionamiento complicado. Lo diré sin darme más vueltas: considero que la medida extrema que usted tomó de quitarse la vida, suicidarse, ha tenido como efecto no deseado, entre otras muchísimas causas más naturalmente, un viraje melancólico de la izquierda chilena que es radicalmente distinta a la que usted le tocó vivir y ayudó a construir y llevar al Gobierno. Presidente, no estoy cuestionando la soberanía de decisión que le cabe como a cualquier ser humano de hacer consigo lo que considera debe hacer; tampoco relativizo la brutalidad fascista que lo llevó a tomar esta irreversible decisión; menos quiero achacarle la responsabilidad respecto a los tropezones de la izquierda chilena poniéndolo a usted como causa magna de todo lo sucedido después del 11 de septiembre. Usted, como tantos, es una víctima del golpismo de derecha, de clase, e imperialista, un virtual ejecutado político. No quiero minimizar nada, ni poner una sombra de duda respecto a lo que usted fue y representa. Espero lograr ser bien entendido en este sentido. Su heroísmo está fuera de todo margen cuestionamiento, Presidente.

Pero dentro de esta ficción que permite la escritura, me atrevo a comentar mi desazón de que ese acto de altísima consecuencia que usted llevó a cabo - posibilidad que usted ya había anunciado con anterioridad, en cuanto a que cumpliría el mandato del pueblo de gobernar, y que sino era a través de una decisión popular, como un plebiscito por ejemplo, los golpistas tendrían que sacarlo muerto de La Moneda-, ese hito extraordinario, Presidente, tiene la complejidad que no es imitable. Su muerte, Presidente, nos conmoverá por generaciones de generaciones, continuará alimentando nuestro reclamo por verdad y justicia contra la felonía pinochetista, de eso no tenga duda. Su sola moral empaña por la eternidad la vileza de los traidores y matones. Pero su decisión, de quitarse la vida, clausuró la posibilidad de replicar el gesto, de multiplicarse, contagiar, articular, sobreponerse al horror en medio del horror, dar una luz de esperanza donde no hay esperanza.

Es muy probable que sea muy injusta la inquietud que planteo. Sobre todo considerando que lo hago desde la comodidad de no estar en la situación en la que usted estuvo. Por ello esto es solo ficción, no un juicio político, tampoco personal. Quizá sea más bien un deseo frente a lo ya acontecido, por lo tanto sin sentido. Pero deseo sinceramente que no hubiese tomado esa decisión. Un guerrero de la justicia, el amor y la solidaridad, y del poder del pueblo como usted, me atrevo a decir que pudo haber controlado ese impulso, haber arrojado los dados de otra manera, haber generado una posibilidad distinta. Se lo digo con el mayor de los respetos, admiración y honestidad que puedo.

Tal vez todo esto que le he escrito sea solo una muestra más de mi egoísmo. No solo porque quisiera hubiese vivido mucho más, sino porque ahora soy yo el padre que le tiene que contar la historia a sus hijas que comienzan a preguntar. Y sepa que usted está, por lo que hizo durante toda su vida, dentro de los ejemplos de conducta que les enseño, para que se inspiren en usted, para que vean lo que un ser humano es capaz de lograr y construir en el curso de una vida. Pero no me da el corazón ni la razón para acompañarlo a usted en su suicidio. Eso no se los puedo enseñar. En eso espero que nunca, bajo las circunstancias que sean, lo sigan Presidente. Qué patudo y miserable soy, pero me atrevo a decir que nuestros padres nos trajeron a la vida para vivir y no para que seamos asesinados ni para que nos quitemos la vida. Luchar por la vida de todos quienes no niegan nuestra existencia, Presidente, incluyéndonos a nosotros mismos bajo toda circunstancia, ese es el móvil que creo debe conducir a una nueva izquierda.

Hasta siempre Presidente.

12 junio 2007

Henry Thoreau y su llamado a no obedecer


El español José Antonio Pérez escribe en un sitio dedicado a Henry Thoreau la lección que sacó al entrar en contacto con sus textos y testimonio de vida: "Sin necesidad de recurrir a grandes teorías salvadoras, si cada cual se decidiera a cuidar de la porción del entorno que le concierne más de cerca, sea ésta silvestre o civil, si cada uno cuidase su parte del jardín, el mundo en su conjunto sería un paraíso."

¡Cuánta razón tiene! No es necesaria una formación teórica específica para hacerse cargo de sí mismo, y éste "si mismo" ha de entenderse como uno con el entorno, cada "yo" junto a los "otros", otros que es también la propia naturaleza, el medioambiente.

En plena época en que las locomotoras trabajan frenéticamente para construir a Estados Unidos, desde un puritanismo que elogiaba el trabajo por el trabajo y la acumulación de riqueza como señal de salvación en la tierra, Henry Thoreau se niega a pagar sus impuestos porque no estaba dispuesto a financiar a un Estado que avalaba la esclavitud. Naturalmente -que triste el uso que le damos a la palabra "naturalmente"- fue encarcelado por... desobediencia civil. Y Thoreau aprendió la lección: no tienes porqué respetar leyes que no encuentres legítimas, pero tienes el deber moral de desobedecer cuando lo que mueve tu interés es la justicia que no siempre coincide con el Derecho.

Su primer empleó como profesor lo perdió luego de dos semanas por negarse a aplicar castigos físicos a sus estudiantes. Así Thoreau:

“Si un hombre pasea por el bosque por amor a ellos la mitad de cada día, corre el riesgo de que le consideren un holgazán; pero si se pasa todo el día especulando, cortando esos bosques y dejando la tierra desnuda antes de tiempo, se le aprecia como ciudadano laborioso y emprendedor. ¡Como si el único interés de una ciudad por sus bosques fuera talarlos!”.

“Haz que tu vida sea una contrafricción para detener la máquina”.

"Hazte experto en cosmografía propia”.

“Si he arrebatado injustamente una tabla a un náufrago, debo devolvérsela aunque yo mismo me ahogue”.

“El destino de un país no depende de cómo se vote en las elecciones, el peor hombre vale tanto como el mejor en este juego; no depende de la papeleta que introduzcas en las urnas de vez en cuando, sino del hombre que echas de tu cuarto a la calle cada mañana”.

“En nuestros días los hombres llevan una gorra de estúpido y la llaman una gorra de libertad”.

“He aprendido que el comercio maldice todas las cosas que toca; y aunque comerciéis con mensajes del cielo, la maldición de aquél acompañará el negocio... los caminos por los que se consigue dinero, casi sin excepción, nos empequeñecen”.

“No hay nada, ni tan siquiera el crimen, más opuesto a la poesía, a la filosofía, a la vida misma, que este incesante trabajar”.

“La ley nunca hizo a los hombres un punto más justos, y, gracias al respeto que se le tiene, hasta hombres bien dispuestos se convierten a diario en agentes de la injusticia”.

“Seamos libres, incluso respecto a la coerción originada por nuestras propias necesidades”.

“No vine a este mundo a hacer de él un lugar agradable, sino a vivir en él”.

“Durante más de cinco años me mantuve sólo con el trabajo de mis manos; y descubrí que podía atender a todos los gastos de mi subsistencia trabajando unas seis semanas al año”.

“Lo que la mayor parte de mis convecinos consideran bueno, en lo hondo de mi alma yo lo tengo por malo; y si de algo he de arrepentirme puede que sea de mi buen comportamiento”.

En definitiva, un libertario cuando aún no había movimiento anarquista, un ecosocialista cuando aún no surgían los mediambientalistas... simplemente, un hombre auténtico. Grande tío Henry, gracias por tu coraje, gracias por tus bellas y conmovedoras frases que nos sirven de brújula cotidiana para el ejercicio de vivir la vida libres. No hay nadie que tenga el poder de cohartar ese ejercicio.

A sugerencia de Lena agrego el ejemplo valiente de Rosa Parks, quien junto a Martin Luther King, Ghandi, Tostoi y muchos más se inspiró en Thoreau. Gracias Lena por el dato!