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29 julio 2012

Texto de despedida leído por hija de Fernando Ortiz, en Memorial a Detenidos Desaparecidos

Licha me ha permitido compartir el testimonio que leyó a los pies del Memorial, con ocasión del hallazgo de parte de los restos de su padre, don Fernando Ortiz, quien fuera detenido desaparecido hace 36 años.

Es un discurso para mí histórico cargado de amor y compromiso, desde la claridad y lucidez que adquieren las personas que han atravesado experiencias límites, como el terrorismo de Estado, y que desde una condición que podría cristalizarlas en víctimas de las circunstancias, han optado por la vida y la lucha generosa por un sociedad más justa y plena.

Gracias por tus palabras Licha. Honor y gloria a don Fernando Ortiz, Lincoyán Berríos y Horacio Cepeda, así como a todos nuestros compatriotas detenidos desaparecidos y ejecutados políticos, que se atrevieron hacer frente a una dictadura sanguinaria, pagando el precio de la lucha por la libertad con la generosidad de sus vidas. Seguiremos bregando por la justicia de miles, nada más. Pero tampoco nada menos.

Manuel.
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Juan Fernando Ortiz Letelier, papá querido. 

Aquí estamos finalmente, con el corazón apretado, con una profunda tristeza, pero serenas. Después de 36 años, nos enfrentamos al extraño privilegio que algunas pocas familias de los detenidos desaparecidos logramos realizar: cumplir con el rito de enterrar a nuestros muertos. Tantas veces negados hasta de su existencia. Y, sin embargo, aquí estamos: para gritar que sí, que era cierto, que sí existías, tenías nombre, oficio, militancia política y familia y era cierto que te habían detenido por ser comunista y decidido combatiente contra la dictadura. 

Hemos dado mil batallas, hemos vivido furias y penas hasta llegar a este momento. Mil batallas desde esa mañana de diciembre en que nuestro querido hermano Pablo, tu compañero de las partidas de  ajedrez en la infancia y cómplice permanente en esos días de dictadura,  nos llamó para alertarnos que te habían detenido. Nos cayó como un rayo algo para lo que de algún modo creímos estar preparados. Llevabas ya tres años de vivir en la clandestinidad, de ser perseguido en todas nuestras casas,  de saber que tus compañeros iban siendo detenidos, torturados o muertos. Ya no te nombrábamos como Fernando sino que como Mario Poblete, y habías asumido la tarea de dirigir al Partido Comunista en Chile, después que la DINA detuviera a su  dirigencia en mayo de ese año  1976.

Luego, la desesperación y la urgencia por salvarte la vida. Las horas y los días de correr de un lado a otro,  denunciando tu detención en Chile y el mundo, pidiendo firmas solidarias, recurriendo a los tribunales. El encuentro con las familias de Horacio, Lincoyan, Reinalda, Waldo, Armando, Lisandro, Edras, Héctor, Luis, Fernando Navarro y de Santiago Edmundo y Carlos Patricio. Las semanas siguientes, los meses, los años; las huelgas de hambre, la protestas en la calles, las horas interminables en los tribunales de justicia, sin respuesta, sin respuesta, recibiendo sólo silencios, y mentiras.

Y llegó enero del 2001 y la Cuesta Barriga, y los 90 días a las afueras de la mina, viviendo y reviviendo, llorando y riendo, como siempre ha sido, mirando el valle, interpretando cada nuevo golpe lejano en esa mina… viéndonos más de cerca de  la posibilidad de encontrarlos, de encontrarte papá.  
Han sido 36 años de búsqueda incansable por tratar de saber, buscar un dato, una seña, una información, testigos,  aprendiendo a leer gestos y miradas, haciendo una y otra vez conjeturas sobre cómo habían ocurrido sus detenciones.

Luchamos cada día por saber la verdad, pero nos ha costado tanto enfrentarnos al horror, porque este horror estaba más allá de lo peor imaginable. En nuestros códigos éticos era imposible imaginar tanta barbarie. Desde el año 2007 en que comenzamos a saber de Simón Bolívar, nos vimos enfrentadas a lo indecible. Y sin embargo, saber siempre es mejor que la incertidumbre. Saber lo que pasó, nos hace sentir que de algún modo podemos acompañarte en ese trance.

Pero me niego a quedarme en el horror. Hoy quiero recordarte como el hijo de Carlos y Estela, nacido en Talca el 24 de junio de 1922, el que se fue con la familia a Puerto Montt donde vivió la adolescencia y  juventud y se hizo comunista, y siguió siéndolo con firme convicción hasta el último suspiro. Quiero recordarte como el hermano cariñoso y preocupado de  Marta y Eliana; el compañero de María Eugenia nuestra madre y luego de María Luisa Azocar que nos trajo a sus hijas Bárbara y Viviana Délano para formar parte de una misma familia. Quiero evocar al joven dirigente de la FECH, al Secretario General de la Juventud Comunista, al académico comprometido con la Reforma Universitaria. Al profesor exigente y cálido. Al que asumió con responsabilidad y valentía el compromiso de dirigir a su partido en los peores años de la dictadura.

Quiero recordar al papá cariñoso, gozador de las pequeñas cosas cotidianas, divertido, conversador, educador incansable, exigente con el estudio. Al permanente calculista de los tiempos y trayectos a paso regular entre un punto y otro. Al  padre presente a pesar de los tiempos que vivíamos, ideando mil formas para encuentros casuales;  apareciendo de improviso en una esquina, subiéndote a una micro en que viajábamos, esperándonos en algún paradero. Sin  hablar, porque no era necesario, sólo vernos bastaba.  Caminando fugaz frente a nuestra casa con la ilusión de divisar a los pequeños Javiera y Camilo. Contraviniendo las estrictas reglas de Pablo y Mirtha para que nadie asistiera al nacimiento de su hijo, ahí estuviste primero que nadie conociendo a Sebastián. Esas apariciones de improviso nos preocupaban, por el riesgo. Pero ¡qué bueno que las hiciste!, ahora atesoramos esos encuentros que nos dieron alegría en medio del terror y me impongo creer que fueron esas imágenes las que tenias en tu mente en tus últimos momentos con el cuerpo herido. 

Nos hiciste una falta enorme cuando nos mataron a José Manuel y a Pablo, cuando murió Bárbara, la Abuela y la Eliana. Nos duele que no hayas conocido a la mayoría de tus nietos y que te hayan arrebatado de nuestro lado cuando quedaba tanta vida por compartir y tantas conversaciones  por hacer.
Los atardeceres de diciembre seguro siempre nos traerán el recuerdo doloroso de esos tiempos, los seguiremos viviendo con la pena de la ausencia, pero al menos hoy sabemos una buena parte de la verdad que se nos debía.

Han sido tiempos muy tristes pero nos sentimos tan orgullosos de ti,  de tu compromiso y dignidad a toda prueba, nos dejaste un gran legado de vida. Y hemos recibido tanto cariño por ser como eras. 
Querido y valiente papá recibimos sólo pequeñísimos fragmentos de tu cuerpo, aquellos que lograron vencer el silencio, el ocultamiento, la mentira, la impunidad, y lucharon como el cactus de la costa, ese pequeño héroe erizado, agarrados al fondo de la tierra. Nos duele, porque no es justo, ni humano este extraño privilegio. Pero también nos sentimos agradecidas de este encuentro.

Dejaremos algo de ti en este Memorial, junto a tus compañeros, otra parte viajará al Cementerio de Puerto Montt, para encontrarse con tu madre y tu hermana en ese sur que amabas. Y Otras? Bueno … en algún lugar de Chile estarás como todo tu amor pegado a las rocas, al mar y a las montañas.

No te digo Adiós porque nunca podré despedirme Sólo me queda decirte que seguiremos batallando sin descanso como hasta ahora para que nada se olvide, para saber de los que aún buscamos, y sobre todo para exigir justicia. Porque exigir el castigo a los crímenes cometidos, no sólo es nuestro derecho, también es un deber ético irrenunciable para contigo y todos los detenidos desaparecidos, es un deber para hoy y para mañana, para el país al que aspiramos ser y con el que ustedes soñaron y por el que lucharon. 

Ahí estaremos: Fernando, Horacio, Lincoyán, detenidos desaparecidos, compañeros,  como siempre.

23 julio 2012

Del "mocito" de Manuel Contreras y Ricardo Claro


por Ignacio Vidaurrázaga Manríquez, periodista.
A Víctor Díaz López

Desde la película “El Mocito” él comenzó a ser conocido en el país y seguramente también en el extranjero, hasta en sus detalles más íntimos de hombre solo y de origen campesino.

Recientemente, el libro del periodista Javier Rebolledo “La danza de los cuervos” ha seguido aportando aún mayores elementos de las circunstancias que posibilitaron el encuentro de un joven adolescente pobre y sin ninguna educación, con la intimidad del militar que Pinochet escogería para encabezar las tareas sucias de torturar y exterminar militantes de partidos de izquierda: un cruel y ambicioso coronel de ejército de nombre Manuel Contreras Sepúlveda.

En estos nuevos rebotes de esta historia, una entrevista televisiva ha colocado a Jorgelino respondiendo todo tipo de preguntas sobre esa delgada línea existente entre ser víctima y victimario, tensión que continuamente se plantea en este hombre que de mocito se convierte en agente, que aprende el uso de armas y técnicas de defensa personal sin abandonar, al parecer, nunca las bandejas, la cocina y el trapero.

Hoy, él ya es Jorgelino Vergara, trabajador en lo que sea y sobreviviente de su propia y particular historia. Quizás, ya es muy tarde para que pierda la vida en algún imprevisto accidente que algunos de sus ex colegas de la DINA-CNI pudieran desearle cada vez, que su rostro aparece en esa película, en entrevistas o simplemente en la portada de un libro que comienza muy tempranamente a agotar ediciones.

Los pactos de silencio de los militares y civiles violadores de DD.HH en la DINA y en la CNI no han tenido fisuras frecuentes. Ello explica que transcurridos 22 años del fin de la dictadura y casi 40 del golpe militar, sean menos de 70 los violadores cumpliendo condenas y que la gran mayoría de los restos de los detenidos desaparecidos continúen aún inubicables. El 2007 Jorgelino, buscando demostrar que él no era el asesino del dirigente del PC Víctor Díaz, posibilitó el procesamiento de 120 agentes por el ministro Víctor Montiglio, ya fallecido. Fue el mismo Jorgelino quien reveló la existencia de un cuartel de exterminio, hasta entonces aun secreto, ubicado en Simón Bolívar 8800, en la comuna de La Reina capitalina. Ese fue su arrepentimiento más contundente y porque no también su venganza.

Sorprende leerlo, sorprende escucharlo, sorprende verlo. Con pocas expresiones en su rostro, sin titubear en sus respuestas, demostrando una memoria para nombres y situaciones absolutamente inusual, casi como si requiriese desahogar todo lo vivido y contárselo a este país de múltiples formas. Todo para recordarle a dirigentes políticos, a empresarios, a personeros de ese pasado reciente, a la señora Krebs que no hay contexto, ni antecedentes, que “ayude a explicar” los gritos de la militante comunista Reinalda Pereira que con un embarazo de cinco meses pedía morir a sus torturadores en ese fatídico cuartel. Ni los experimentos con gas sarín en dos ciudadanos peruanos secuestrados, ni la muerte a golpes del profesor Fernando Ortiz, o por asfixia y golpes del martirizado Víctor Díaz.

Hasta el momento, muchos aún prefieren no reaccionar. Mientras, el ministro vocero del Poder Judicial Hugo Dolmestch con la tranquilidad que lo caracteriza manifiesta sentirse impactado ante las declaraciones de Jorgelino, y reitera dos cosas muy significativas, sobre todo originadas en su investidura: que Chile requiere más y más verdad y que los procesos de investigación en derechos humanos no tienen fecha de término, porque siguen produciéndose de muy diversa forma nuevos e impredecibles antecedentes.

Jorgelino Vergara no recibe pensión y tampoco tiene protegida su integridad física. Al parecer debe procurarse el pan y vivir el tiempo que le quede inventando cada día. Ya sabe leer y completó su cuarto medio. Ya no es el jovencito iletrado que tuvo sus primeras muestras de cariño en la casa de Manuel Contreras, el mismo coronel que jubiló como general, tiene visitas regulares varias veces por semana y recibe su sueldo todos los meses junto con la liquidación de la Caja de la Defensa Nacional. Si es cierto, es muy posible que él muera en las cómodas dependencias donde cumple condenas, las que ya suman más de 270 años. Jorgelino y Manuel no se han visto hace décadas, sus suertes y destinos siguen muy distintos caminos y sus responsabilidades también.

De la memoria de Jorgelino aparece otro dato significativo que ciertamente nos ayuda a completar el cuadro. El acaudalado empresario Ricardo Claro Valdés, fallecido hace algunos años en medio de sentimientos de pesar extendidos en el ámbito político, social y empresarial nacional, es revelado por el sencillo Jorgelino como financista de la DINA, como caja pagadora, como un buen amigo, casi como si se tratase de un benefactor de las monjitas de la caridad.

Y entonces, uno imagina a todo el resto de poderosos que nunca limpiaron sangre ni cargaron a un “empaquetado” -denominación para un detenido desaparecido-; que tampoco pusieron electricidad en la tortura o borraron huellas dactilares con sopletes, pero si hicieron sus fortunas al amparo de los 17 años de dictadura. Algunos fueron agradecidos, aunque con reserva como el señor Claro. Otros, simplemente olvidaron que el modelo económico y las reformas estructurales aun vigentes pudieron ser porque hombres como el “Mamo” Contreras se empeñaron en exterminar resistentes y sembrando el terror.

Jorgelino al nombrar a Ricardo Claro le pone rostro y dirección a la acumulación originaria en diversos sectores de la actual economía nacional. Sus declaraciones son incómodas para muchos, por ello prefieren ignorarlas y seguramente les intranquiliza que los chilenos y chilenas las vean por televisión, o las lean en un libro. En suma, nuevamente y justo en estos momentos de cuestionamientos crecientes al modelo económico, reflota la mala conciencia y lo espurio de su origen, casi como una molesta pesadilla.

Jorgelino Vergara nos recuerda a un campesino llamado Jorge del Carmen Valenzuela Torres, analfabeto y alcohólico que cometió el asesinato múltiple de su conviviente y sus cinco hijos, en una localidad de San Carlos llamada Nahueltoro hace más de 50 años atrás. Luego, cuando ya era persona la justicia de mediados de los sesenta le quitó la vida fusilándolo. Para entonces, Jorge del Carmen ya había aprendido a hacer guitarras, leer, escribir y relacionarse socialmente e incluso estaba arrepentido. Más tarde, en 1969 su historia sería llevada al cine por un primerizo Miguel Littín en “El Chacal de Nahueltoro”.

Jorgelino es el adolescente huérfano, el menor de doce hermanos de una familia de campesinos pobres, el apenas letrado que encontró en un cuartel del horror lo más cercano a un hogar y familia. El que pasó pascuas y años nuevos confraternizando con hombres que debían morir en semanas o meses. El mismo que se hizo invisible para todos los importantes, que en esos espacios cumplían con su deber militar de “erradicar el cáncer marxista” porque sólo eso posibilitaría engrandecer los negocios y las fortunas de mecenas como Ricardo Claro, Ponce Lerou, El Mercurio y tantos otros.

En momentos en que desde diversas direcciones de la derecha se intenta tensionar el como hacer memoria, cuando se cumplirán 40 años del golpe militar, a Chile le hace bien mirarse al espejo de Jorgelino, con sus verdades y sus inconmovibles silencios. Porque el fin del lucro en la educación tampoco está tan distante de lo que cuenta Jorgelino. Ese negocio de lucro y privatización de la educación, también tiene relación con esos crímenes, que todavía algunos defienden y otros prefieren aún seguir ignorando, aunque Jorgelino se los recuerde con incómodos detalles.

A fin de cuentas Jorgelino Vergara y Manuel Contreras fueron mocitos de Ricardo Claro y toda esta es la historia reciente que sigue explicando el Chile actual, pesadilla en la que aún vivimos y de la que nos urge despertar.

19 junio 2007

Iturriaga y la democracia hecha mueca

Iturriaga significa en vasco “el lugar donde hay fuentes”. Y qué espeluznantes son las fuentes que nos lega el General en retiro Raúl Iturriaga Neumann, quien se ha negado con éxito add presentarse al Penal Cordillera, donde tiene que cumplir condena por secuestro calificado.

A fines del mes de mayo la Corte Suprema de Justicia rebajó la sentencia de 10 años a 5 años y un día de cárcel dictada en contra del ex Jefe del Departamento Exterior de la DINA, por el crimen del estudiante universitario de 22 años de edad, militante del MIR, Dagoberto San Martín Vergara. El ex general Iturriaga está procesado, además, por el asesinato del ex Comandante en Jefe del Ejército y ex Vicepresidente de la República, General Carlos Prats González, y su esposa Sofía Cuthbert, ocurrido en 1974 en Buenos Aires. Iturriaga se encuentra a su vez condenado a 18 años de cárcel y con orden de captura internacional dictada por la Justicia Italiana por el atentado terrorista en contra del ex Vicepresidente de la República, y fundador de la Democracia Cristiana, don Bernardo Leighton y su esposa Anita Fresno ocurrido el año 1975 en Roma. Es requerido desde España por el juez Baltasar Garzón por los asesinatos de los sacerdotes Antonio Llidó y Joan Alsina y del funcionario de las Naciones Unidas, Carmelo Soria, perpetrado en julio de 1976. Fue miembro de la plana mayor de Villa Grimaldi y jefe de la Brigada Purén que se encargó de la represión, detención, tortura y desaparición de las dirigencias del Partido Socialista y el Partido Comunista de Chile.

Todo lo anterior es muestra suficiente del carácter probadamente criminal de Raúl Iturriaga Neumann. Sin embargo no es todo. El ex general terrorista es responsable además de los casos de detenidos desaparecidos ocurridos en el marco de la Operación Colombo, conocida como el “Caso de los 119”, operativo montado por el Servicio de Inteligencia del dictadura chilena en julio de 1975, que consistió en el desaparecimiento forzado de 100 hombres y 19 mujeres, seguido del encubrimiento a través de un montaje comunicacional que formó parte de la Operación Cóndor, plan de inteligencia y coordinación entre los servicios de seguridad de las dictaduras militares de Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia.

En tal operación detuvieron a mis tíos Jorge y Juan Carlos Andrónicos Antequera, de 25 y 23 años de edad, quienes fueron trasladados desde su hogar al cuartel de calle José Domingo Cañas esquina República de Israel a cargo de la DINA, y luego transportados al centro de reclusión de Cuatro Álamos, pabellón de incomunicados del recinto de detención de Tres Álamos, desde donde fueron sacados con destino desconocido el día 11 de noviembre de 1974, última ocasión en que se los vio, ignorándose sus paraderos hasta el día de hoy. Patricia, cónyuge de Jorge, tenía 9 meses de embarazo al momento de su brutal detención que le tocó presenciar.

Tanto Jorge como Juan Carlos aparecieron en las publicaciones de la revista “Lea” de Buenos Aires y “O'Dia” de Paraná, Brasil, donde se indicaba que habrían sido muertos por sus propios compañeros de militancia en disputas intestinas o que habían sido abatidos por fuerzas de seguridad argentinas en la provincia de Salta. Aquella fue la primera y única aparición de la revista "Lea", no correspondiendo su domicilio ni identidad de su editora y director responsable a la realidad, figurando en cada ejemplar sólo un pie de imprenta ininteligible. "O'Dia", por su parte, reapareció en los kioscos solo para entregar aquella información luego de años de silencio, para luego volver a salir completamente de circulación. Tampoco constaba de un domicilio ni director responsable que se pudiera identificar.

Mis tíos Jorge y Juan Carlos forman parte de las 119 personas citadas en las nóminas de ambas publicaciones quienes coinciden con detenidos desaparecidos en Chile. Hasta la fecha Jorge y Juan Carlos Andrónicos Antequera se encuentran desaparecidos, así como cientos de personas a más de tres décadas de ocurridos los hechos.

Nuestro país se jacta de estar dentro de las sociedades con presencia en importantes rankings mundiales de competitividad, bajo riesgo país, serio aliado comercial de potencias económicas, pero no ha sido capaz de hacer justicia en casos tan elementales de violación a los derechos humanos de primera generación como los perpetrados por el terrorismo de Estado en manos de personas como el ex general Raúl Iturriaga Neumann. ¿Qué clase de código ético de conducta están socializando las instituciones de la República en las nuevas generaciones de militares si no se está en condición de hacer cumplir lo que dictaminan los Tribunales de Justicia? ¿Qué futuro estamos construyendo como sociedad si el presente no se hace cargo de la deuda en verdad y justicia que se tiene con compatriotas asesinados por obra de una máquina de exterminio diseñada, alimentada y ejecutada con recursos públicos? ¿De qué progreso y desarrollo se habla cuando cualquier éxito que se alcance como sociedad se levanta aún sobre las ruinas de las vidas de miles y miles de personas cuyo clamor por juicio, castigo y reparación es insultado por la fuga de un militar terrorista que hace uso incluso de los medios de comunicación para llamar a la insubordinación de los militares activos al poder civil y al Estado de derecho?

Si somos tan efectivos como Estado para detener y castigar a muchachos “chascones, vegetarianos y anarquistas”, secundarios “pingüinos rebeldes”, niños de 14 años de edad “delincuentes”, ¿porqué somos tan débiles para actuar contra quienes realmente constituyen un peligro para ya no solo la sociedad chilena sino para el conjunto de la humanidad? Sin duda se ha avanzado en muchos planos, pero mientras existan los Raúl Iturriaga Neumann que se dan el lujo de reírse en la cara de los Tribunales de Justicia, mientras tengan espacio personeros de derecha como Carlos Larraín que con voz de sordina considera que cultivar la memoria de los asesinados anunciado por la Presidenta es practicar “nostalgia arqueológica”, la ciudadanía de buena voluntad de Chile, el continente y el mundo, tenemos razones suficientes para pensar que esta democracia, a veces considerada ejemplar, está siendo sistemáticamente rebajada a una mueca siniestra de un dictador que no termina de morir a pesar de su muerte. Revanchismo jamás. Exigimos al Estado de Chile que haga cumplir la justicia, nada más, pero tampoco nada menos.

Publicado en El Mostrador

25 mayo 2007

DINA y duda metódica

En la prensa de hoy señala El Mostrador: "Se suicidó ex agente de la DINA procesado en caso Calle Conferencia. Agente civil Carlos Marco Muñoz. Ex DINA prestó testimonio en caso Soria un día antes de suicidarse. Esta es la segunda vez que un implicado en el caso Calle Conferencia se quita la vida, luego de que en 2005 lo hiciera el coronel (R) Germán Barriga -también ex DINA-, quien se lanzó al vacío desde un edificio de Las Condes. Marco Muñoz dejó una carta donde pide perdón a su esposa y culpa al ministro Víctor Montiglio y a la Presidenta Bachelet."

Tal suicidio habría ocurrido en el Cuartel de Telecomunicaciones del Ejército en Peñalelén (Santiago) donde Muñoz llevaba recluido meses... Muñoz, quién trabajó como cocinero y mayordomo de la Brigada Lautaro de la DINA, había entregado información fundamental a la justicia para saber el destino final de Victor Diaz, y cómo agentes que habría identificado le amarraron una bolsa plástica en la cabeza asfixiándolo, mientras un teniente de ejército le administró cianuro... ¿Y dónde recluyeron a Muñoz? En un local del ejército que él mismo denunció por el peso de su conciencia...

No es necesario conocer a Descartes para hacer uso de la "duda metódica" cuando se trata de la DINA, tampoco saber algo acerca de la pregunta kantiana por el "conocimiento a posteriori" de algo, pero...

¿Suicidio o suicidado? ¿No habrá algún "genio maligno" o "dios engañador" metiendo su manita por ahí?...

Duden ciudadanos, duden!!!