02 octubre 2006

Feliz cumple hermanita


Ameriquilla, llegaste a las tres décadas. Mujer hecha y derecha, con dos hermosos retoños a quienes diste vida y acompañas en su crecimiento, qué increíble que no sea capaz de verte sino como mi hermanita de seis años de edad! Cuánto no hemos vivido juntos sangre de mi sangre, gota del universo que compartimos el mismo adn, genético e histórico social.

Ame hermosa ¿recuerdas aquel lejano juramento que nos hicimos cuando papá y mamá estaban separándose y parte de la separación de bienes también incluía la posible separación de nosotros, yo con papá y tu con mamá? Nos tomamos de las manos, besamos una cadenita que me había regalado papá, y juramos que jamás dejaríamos que nos pusieran en la decisión de decidir con quien quedarnos, que solo nos teníamos a nosotros dos, que el resto del mundo hiciera lo que quisiera.

Para el día de la independencia de Hungría en el exilio íbamos cuando eras pequeñita a ver los fuegos artificiales sobre el Danuvio, pero ya no los podías disfrutar, esos sonidos te traían otras cosas a la memoria, y llorabas sin poder comunicarnos lo que ocurría. No tenías lenguaje para hacer comparecer a la historia esa huella que te quedó luego del balazo que oiste en el vientre de mamá, cuando detuvieron a papá en la calle precisamente hace 30 años atrás. Un latigazo amplificado que no pudiste descifrar en lo que sería tu memoria intrauterina.

Sin embargo, eres unas de las personas más amables y encantadoras, dulces y llenas de vida que podremos jamás conocer. Con tus rulos largos, la quena abriendo al aire melodías a borbotones, y esa mirada profunda, tan de papá. Una madre y amiga para todos y todas, del conocido y de quien ni sabes su nombre. Como el abuelo Manuel, en la calle te sientes en tu elemento, libre. Nunca soportaste mucho los colegios, los uniformes, la disciplina sin contenido.

Recuerdo cuando, por ser hija de Manuel Guerrero, en Suecia muchos chilenos suponían que, adolescente, debías poseer una formación militante de izquierda a toda prueba. Te mostraron un afiche que estaba colgado en una pared donde un hombre calvo y de barbilla de chivo se dirigía a unas masas que lo escuchaban entre banderas. "¿Quién es él?" te preguntaron y tú con sinceridad y toda seguridad respondiste que era Arturo Prat. Todos quedaron petrificados por tamaño sacrilegio y yo no pude contener una fuerte y feliz carcajada que creo que hasta papá pudo escuchar donde quiera que esté: se trataba de Lenin.

En otra ocasión, ya mayores, cuando habíamos retornado a Chile y queríamos ir a Maipú, a la casa de los abuelos, acordamos que yo iba a parar una micro a mitad de una calle y tú debías consultarle al conductor si era la correcta. Así hice, la micro se detuvo, el chofer abrió la puerta y ambos nos quedamos esperando que hicieras la consulta. Pero tú de pronto habías olvidado los nombres de las calles, los puntos cardinales y todas las referencias que para el resto de los humanos nos hace fácil la comunicación rutinaria. El chofer impaciente prácticamente nos gritó que si subiríamos o no a su máquina, y tú por fin le preguntaste: "¿Pasa por Avenida Pío Pío?". El chofer se quedó atónito porque no vió ánimo de joder en tus ojos y yo casi me orino de la risa pues la avenida se llama Pajaritos.

Ay Ameriquilla, no hay como tú en este mundo. Cumpliste los 30 y eres tú la que me envía desde Suecia, donde te quedaste, regalos: una hermosa bolsa de género como para comprar el pan confeccionada por tí, que lleva en cada mango una inscripción bordada con tu letra caótica que dice "hermanito, para que vayamos tomados de la mano".

Te amo con toda mi alma hermosa América. Eres auténtica y bella, buena y eternamente niña. Soy tu hermano mayor pero en realidad soy tu fans número uno, por tí he aprendido muchas cosas de la vida, y siempre me sorprendes con detalles que me sacan del ritmo maquínico en que solemos caer muchas veces. Disfruto cada uno de los pocos momentos en que podemos coincidir por la distancia. Y tus hijos van por tu mismo camino lo que me llena de optimismo por ese mundo más feliz que siempre será el cielo hacia el cual no me cansaré jamás de mirar, buscar y perseguir. En tí ya tengo la escalera que siempre me eleva más alto. Feliz cumple hermanita, recibe esta fotito que rescaté en que disfrutamos de la risa con el papá y tu casi saliéndote del marco de la foto. Y muchos, muchos árboles que ríen con nosotros.

25 septiembre 2006

Gracias por la danza


Acaba de fallecer el coreógrafo chileno Patricio Bunster. Una de las personas más vitales, brillantes, exigentes y comprometidas que he tenido la oportunidad de conocer. Su carisma, amor por su actividad y profundidad de mirada era tal que estuve a punto de abandonar la carrera de sociología y cambiarme a danza luego de las múltiples conversaciones que sostuvimos en torno a la contingencia politica, el arte y, claro, la fuerza transformadora de los sujetos, individuales y colectivos, cuando entran en contacto con la danza.

Acá va mi breve y apurado homenaje al Maestro Patricio Bunster.
Un abrazo, Manuel.
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GRACIAS POR LA DANZA

En nuestros tiempos “post” se ha diagnosticado el “fin de la historia” como el término de la posibilidad de generar proyectos colectivos de emancipación. Qué visión más sospechosamente conveniente para las políticas individualistas neoliberales que requieren del olvido social para operar sin contrapeso. Y qué dictamen más lejano de las reales posibilidades que tienen los pueblos para crear mayores espacios de libertad e igualdad. Baste como medio de prueba un solo ejemplo de vida que encarna esta potencia realizadora de la humanidad: Patricio Bunster.

En la cuarta década del siglo XX, Patricio cursaba cuarto año de Arquitectura. Sin embargo, el impacto que le provocó ver la actuación del Ballet de Kurt Jooss fue de tal magnitud, que decidió dar un giro a su vida, convirtiéndose en uno de los primeros estudiantes de la Escuela de Danza en Chile. Fundado el Ballet Nacional Chileno en 1945, Patricio se desempeñó como solista en múltiples obras, como Coppelia, Rey Dosselbart, Leyenda de José, Gran Ciudad, Baile en Antigua Viena, La Mesa Verde y Juventud. En 1951 fue solista además del Ballet de Jooss y bailó en Alemania, Bélgica, Holanda, Suiza e Islas Británicas. Luego, siguió estudios intensivos en Londres con el maestro de la danza moderna, Sigurd Leeder.

En 1954 regresó a Chile y asumió como solista y subdirector del Ballet Nacional, hasta 1964, aportando con sus propias coreografías a la danza nacional: Bastián y Bastiana, Calaucán, Surazo, Capicúa 7/4, Amatorias, Uka Ara, La Silla Vacía, Catrala Desciende, Los Siete Estados, Aurora, Las Tres Caras de la Luna y Vindicación de la Primavera. Participó activamente en la Reforma Universitaria democratizando la Escuela de Danza de la Universidad de Chile, donde fue elegido por académicos y estudiantes como su Director.

El diseño formativo de Patricio era inédito para la danza, pues su plan de estudios contemplaba una etapa preparatoria a nivel de las comunas del país, seguida de una etapa básica común de tres años en la Escuela, que culminaba con un período de especialización conducente al título de Instructor, Profesor, Bailarín, Coreógrafo o Especialista en Notación. Patricio vinculaba, además, el Taller Coreográfico con las giras nacionales, lo que permitía la inserción rápida de la creación artística de punta en la realidad y el público nacional. De este modo se generaron diversas obras de Hilda Riveros, Rob Struyf, Joachim Frowin, entre otros, y del propio Patricio, que las creaba para el Ballet Popular que fundara Joan Turner, viuda de Víctor Jara, y quien fuera su compañera durante años.

Producido el golpe militar Patricio salió al exilio a la República Democrática Alemana, donde trabajó hasta 1985 como profesor de danza moderna y coreógrafo en la Escuela Palucca de la ciudad de Dresden y como director de movimiento de montajes teatrales. De aquella época son sus coreografías A pesar de todo, Tui Sum, Saludo para Amadeo, Porque tenemos sólo una vida y Relumbrará su sombra, que se estrenó en el Ballet de la Opera Cómica de Berlín. Por su labor docente y creativa recibió innumerables distinciones, siendo elegido en 1984 miembro correspondiente de la Academia de las Artes de Berlín. Trabajó como coreógrafo invitado en el Ballet Nacional de Cuba, en el grupo de Danza de la UNAM de México, en Noruega y Costa Rica, y dictó cursos en Alemania Federal y en el Laban Centre de Londres.

Apenas la dictadura levantó en 1985 la prohibición para su regreso, Patricio, junto a la maestra Joan Turner, fundó el Centro de Danza Espiral, donde retomó la formación de Intérpretes, Coreógrafos y Profesores de Danza, así como la difusión de la danza a los sectores marginados de la sociedad. Su labor creativa no la interrumpió a pesar de ser un octogenario y a partir de 1988 participó como actor de reparto en numerosos filmes nacionales, siendo memorables sus roles en La Frontera, Sub Terra y El Chacotero Sentimental.

En 1995 recibió el Premio Municipal de Arte, en 1996 diseñó la carrera de danza de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano siendo su Director desde entonces, y en 1997 fue condecorado con la Orden al Mérito Docente y Cultural Gabriela Mistral en el Grado de Oficial. En 1998 fue elegido Miembro Correspondiente de la Academia de las Artes de Sajonia y el 2004 obtuvo el Premio Altazor.

Contagiado por su carisma fui uno de los tantos que tomó cursos de danza en el Espiral. Ahí pude sentir el goce del movimiento, de la coordinación de individualidades que logran conformar un todo organizado y armónico. En ocasiones lo acompañé a establecimientos educacionales populares y pude comprobar la transformación en acto del mundo de la vida de aquellos niños y jóvenes al entrar en contacto con la danza y cómo ésta resulta clave para la conformación de la memoria colectiva, esencial para la constitución de sujetos de cambio que, para llegar a ser tales, deben dotarse de un “nosotros” que les permita salir del desánimo y la amargura de quien ha terminado por creer que está sólo en el mundo.

Recientemente nos hemos enterado de tu fallecimiento. Pero el amor a la humanidad que entregaste no tiene punto de término. Con personas como tú la historia de las sociedades siempre se movilizará hacia nuevos horizontes y ya vemos como tus coreografías son bailadas por otras generaciones que construyen ese mundo común en que todos y todas llegaremos a ser auténticamente libres e iguales. Gracias Patricio por guiar nuestros pasos. Gracias por la danza.

Archivo de la columna en La Nación (pdf)
Sobre El Espiral y Patricio (pdf)

04 septiembre 2006

Un día para recordar

Columna publicada hoy en el diario La Nación, que escribí a propósito de la promulgación del 30 de agosto como Día Nacional del Detenido Desaparecido.

Saludos, Manuel.
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Un día para recordar

“Herido de bala, con la vista vendada, las manos esposadas a la espalda y la angustia dentro, me ordenaron bajar. Después del camino de tierra, el vehículo ingresó a un lugar campestre, traspasando un gran portón de fierro, arrastrándome retrocedí. El roce del cuerpo por el piso ahondó el dolor. Dificultosamente me paré. Giraba todo alrededor. Sentí que estaba en medio de un remolino que me volteaba. Las piernas eran de plomo. Parado en ese lugar, a oscuras y maniatado, la soledad comenzó a hacerse patente.

“‘Camina, huevón’. Avancé a ciegas y caí desvanecido. Recobré los sentidos. Me pararon y empujaron. Di algunos pasos, me sostenían por los brazos. ‘Entra’. Caminé y la cabeza se estrelló contra un muro. El dolor fue intenso. ‘Tenís que agacharte, tonto huevón’. Lo hice. Había olor a limpio. Captaba espacios amplios. Seguimos avanzando. Trastabillaba, tropezaba, caía.

“Cada golpe provocaba la hilaridad de los verdugos. ‘Baja’. Calculé una escala y el paso para un escalón. Estrepitosamente caí. El cemento de la escala golpeó mi cuerpo. Por fortuna era corta. Entramos en una sala como gimnasio. Las voces retumbaban. Existía agitación, movimiento, varios hombres y mujeres hablaban. Una radio sintonizada tocaba fuerte. Era música de supermercados, como llamaba a esas melodías un amigo. Entre disco y disco, daba mensajes de la Junta invitando a incorporarse a la reconstrucción nacional. Me sentí torpe y voluminoso.

“Esperaba. Nadie decía nada. Parecía que se habían olvidado de mí. Pasaron los minutos; la debilidad aumentaba. La boca la sentía enorme y áspera. Quería dejarme caer. No lo hice. Fueron momentos de duda, pensaba: si hago tal cosa puede resultar esto o aquello. La expectativa era dramática. Como en diferentes ocasiones anhelé abrir los ojos y encontrarme en otro lugar.

“Aguardé el golpe que podía venir. ‘Sáquenle la ropa’. Abrieron las esposas, me sobé las muñecas. Me empezaron a sacar la ropa. Seguí con la vista vendada. Fui empujado hasta el borde de una tarima, camastro liso o mesa. ‘Súbete’. Con trabajo lo hice. Quedé tendido de espalda. Desnudo, con los ojos vendados, acostado sobre una cubierta fría y dura -como de latón o baldosas- terriblemente dolido, mi angustia se desbordó. A pesar de mi oposición, las lágrimas rodaban por las mejillas. El cuerpo brincaba, me estremecía.

“Recordé el bolsón escolar de mi hijo. Debían estar examinándolo, abriendo sus forros y tapas. En la orfandad renació la ira. Balbuceé las primeras palabras después de la agresión: ‘Ahí tienen lo que buscan, los cuadernos de mi hijo les van a servir harto’. Un golpe de puño, seco, recibí en la herida. ‘Cuenta ahora, concha de tu madre’. Grité de dolor. Mordiendo las palabras contesté preguntando. ‘¿Qué quieren que les cuente?’. ‘Todo pu’s huevón’. ‘No tengo nada que contar’. Esperé otro golpe. Llegó y fue más violento. Del pelo a los pies me sobrecogió el dolor. La herida manaba más sangre.

“‘Vos creí que somos aprendices, hijo de puta, si te buscamos fue por algo. Si querí tirarte a choro te vai cortado. Por lo demás, ya estái harto cagao’. Otra vez me dejaron. Algunos se alejaron y a otros los supuse al lado. Reían, bebían café, hablaban de la OEA mofándose de las discusiones sobre los derechos humanos. ‘Eso es puro hueveo, igual hacemos lo que queremos…’”.

Hasta ahí el relato de un joven profesor normalista que fue secuestrado por agentes del Estado, cuando de la mano de su esposa embarazada iba a recoger a su hijo de seis años para llevarlo al colegio en 1976. El testimonio es sólo un fragmento de la pesadilla que vivieron miles de personas que, en virtud de su compromiso con llevar a la práctica cambios sociales que beneficiaran a las clases trabajadoras, fueron convertidos en detenidos desaparecidos en Brasil, Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia. Pues más allá de lo que puedan decir las retóricas que semantizan los golpes militares como “descarríos de la historia”, lo cierto es que las torturas, ejecuciones y desaparición forzada de personas fue el modo racionalmente planificado en que las Fuerzas Armadas y de Orden, impulsadas por sectores de las clases pudientes y el Gobierno estadounidense, pusieron violentamente fin a proyectos de sociedad de contenido democrático populares.

Por ello a nadie debiera extrañar que quienes engrosan las listas de las víctimas de las dictaduras sean obreros, campesinos, indígenas, empleados, profesionales, pequeños y medianos empresarios, mujeres y jóvenes, que son los sectores sociales eternamente postergados por las políticas de modernización capitalista en América Latina.

No hay forma de devolverlos a la vida, pero en un acto de mínima justicia, desde este año contamos con el Día Nacional del Detenido Desaparecido, en que el país oficialmente recordará lo que son capaces de hacer nuestras Fuerzas Armadas y de Orden cuando son socializadas en las lógicas del enemigo interno, la intolerancia y el clasismo. Recordaremos además los límites que debemos poner ante la injerencia extranjera cada vez que se vea afectado nuestro derecho a la autodeterminación. Pero, lo más importante, contamos con un día en que, apoyados sobre el firme soporte que nos brinda la memoria colectiva, reafirmaremos el compromiso con la causa de la democracia y la justicia social, forma en que estoy seguro quisiera ser recordado aquel joven profesor que no pudo entregarme el bolsón escolar esa mañana de 1976. No te preocupes papá, no necesito mis cuadernos. La lección ya está aprendida.

26 agosto 2006

Prestos corren





Veloces se arrojan
a los medios prestos
corren los voceros
a vocear y evitar
la caída
no del pelo
sino de la Nación misma, pues
Camilo habló.
Demasiado.

A redactar una disculpa,
cuidemos el lenguaje
la casa del Ser debe ser
controlada autocontrólate
Camilo no seas in,
continente nada
de terminar antes de
tiempo nada
como pez aguanta
bajo el agua es mejor
así hombre come, cómo
se te pudo pasar que
no les gusta que les llamen
que los nombren
por su nombre.

Vayavayavaya
distracción distraigamos
pongamos paños
fríos hay que estar,
no te desconcertes
ni calientes la figura
o razón social de las empresas no es asunto
tuyo pastelero
no olvides el acuerdo
Marco.

Marca,
sigamos marcando el paso
no vaya a ser que
tus carriles nos descarrilen
nos puedes quemar el ojo
con el pasado
que acecha,
de lo que no se puede hablar
mejor guardar silencio
en la corte o en Palacio
dirige a brazo partido tu Partido
sin partir, ni quebrar.

Huevos, Camilo
recuerda,
la alegría ya vino
queremos tomar e ir por la quinta ronda, sí!
Güija! Canta muchacho canta,
de eso te acordarás acuérdate
Septiembre,
tiqui tiqui tí no lo olvides, los martes
carne a la parrilla
eléctrica por cantar una plegaria
al labrador.

Epa! No insistas
que son sensibles, ponen la música
pueden explotar de Golpe
como pompas de jabón.

Camilo,
seamos buenos muchachos
concéntrate
concertate.
No los llames
chupasangre
vampiros
en La Habana
era buena esa película, no?

Mientras,
el Salvador inmortal ríe.
Allende Los Andes bautiza crudo.
Acá en el Sur la Escondida
no se esconde. Prestos
corren pingüinos y pescadores.
Nos hacen oir
cómo la Mar se yesa.

Manuel Guerrero Antequera

(información de contexto que motivó
el poema aquí
)

22 agosto 2006

Vuelvo, vida vuelvo... a estudiar!


Mis queridos y queridas disculpen la ausencia... Acá va en parte la explicación de ello: Nuevamente vuelvo a clases! Como decía Lenin citando a Dantón: "estudiar, estudiar y nuevamente estudiar".

A continuación el recorte de prensa que ilustra un poco de qué se trata:

Agosto 2006
Inicio del único Doctorado en Sociología en Chile en la Universidad Alberto Hurtado

El pasado lunes 7 de agosto se dio inicio al único doctorado de sociología que existe en nuestro país. El programa cuenta con seis alumnos, se realizará todos los miércoles en la tarde, y tendrá una duración de cuatro años.

"Tengo la convicción de que la sociología tiene una profunda deuda con la sociedad chilena, y espero que este estudio resulte de utilidad para la transformación de las condiciones de vida del conjunto de chilenos y chilenas” dijo Manuel Guerrero, sociólogo de la Universidad de Chile y alumno del doctorado. Para él, "esta propuesta de la Universidad Alberto Hurtado resulta muy atractiva, desafiante y nos coloca ante una gran responsabilidad, que los nuevos doctorandos esperamos estar a la altura de cumplir”.

Daniel Chernilo, es docente de la carrera de sociología y coordinador académico del doctorado. Desde su perspectiva, la razón del porqué existe un solo doctorado de la disciplina en nuestro país sería porque recién ahora “es posible tener una masa crítica de doctores que permita levantar un programa de este tipo”.

“Ya sé qué esperar de esta universidad” expresó Patricio Miranda, licenciado en Educación Matemática y Computación y alumno del doctorado, quien además destacó la “solvencia académica e institucional, un debate intelectual riguroso, y una preocupación por lo social que no se complace en la sola descripción, explicación y comprensión de los fenómenos sociales, sino que busca generar un pensamiento que incida en la configuración del espacio público”.

cariños,
Manolo.