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29 octubre 2013

Invitación: Lanzamiento de 'La noche de los corvos', libro que investiga Caso Degollados

Lanzamiento libro “La Noche de los Corvos” CENTRO CULTURAL ESTACIÓN MAPOCHO, 7 NOVIEMBRE- 18 HRS/ SALA PEDRO PRADO

La Escuela de Derecho de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano y CEIBO EDICIONES, tienen el agrado de invitar a usted a la presentación del libro “La Noche de los Corvos” de los abogados de derechos humanos Nelson Caucoto y Héctor Salazar, a realizarse el jueves 7 de noviembre a las 18:00 hrs., en la Sala Pedro Prado de la Estación Mapocho, en el marco de la 33ª Feria Internacional del Libro de Santiago.

El libro es la reedición de “Un Verde Manto de Impunidad”, publicado en 1994 y que en esta oportunidad cuenta con la colaboración de la periodista Nancy Guzmán. Aborda los principales aspectos de la investigación acerca del Caso Degollados, por el delito secuestro y degollamiento de tres profesionales comunistas, ocurrido en marzo de 1985 y perpetrado por agentes de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros (DICOMCAR).

La publicación será presentada por el abogado Roberto Garretón y el sociólogo Manuel Guerrero Antequera.

13 septiembre 2012

Texto de respuesta de la Corte a recurso de protección contra beneficios Punta Peuco #CasoDegollados

El recurso fue declarado admisible con la siguiente resolución: 

"Santiago, doce de septiembre de dos mil doce.
Se declara admisible el recurso.
Proveyendo a fojas 4: a lo principal, pídase informe a los recurridos,
quienes deberán evacuarlo en el término de cinco días, remitiendo a
esta Corte, conjuntamente con su informe, todos los antecedentes que
existan en su poder sobre el asunto que ha motivado el recurso, bajo
apercibimiento de aplicar alguna de las sanciones que establece el
N°15 del Auto Acordado de la Excma. Corte Suprema sobre Tramitación y
Fallo del Recurso de Protección de Garantías Constitucionales.
Comuníquese por la vía más rápida. Sin perjuicio, ofíciese. Al Primer
Otrosí, pasen los autos al señor Presidente para los fines que
corresponda. Al segundo otrosí, sin perjuicio de lo antes decidido,
téngase presente en la vista de la causa. Al tercer otrosí, a sus
antecedentes. Al cuarto otrosí, téngase presente.
N°Proteccion-30678-2012."

12 septiembre 2012

Comunicado de Prensa: Presentan Recurso de Protección contra Alcaide Centro Cumplimiento Penitenciario Punta Peuco #CasoDegollados


COMUNICADO DE PRENSA
Los recurrentes, Verónica Hernández A., Victor Hugo Robles, Claudia Caro Sánchez., Rodrigo Acuña Vassallo, Raúl Zarzuri C., Adriana Varela O., María Eugenia Chadwick S., Miguel Barrientos A., Felipe Ignacio Fuentes L., Pamela Berríos G., Tamara Cáceres B., Gonzalo Cid Vega en representación de Mums Chile y Trinidad Lathrop L., no estamos dispuestos a permitir, en silencio, que el Estado de Chile, a través de sus instituciones, siga relativizando los DDHH y otorgando garantías a quienes, por normas de rango constitucional, deben cumplir sus condenas completas sin beneficios.
Habiéndonos enterado por la prensa que a Guillermo González Betancourt y José Fuentes Castro, condenados por el asesinato de Guerrero, Parada y Nattino, se le habría otorgado beneficios carcelarios, nos organizamos a través de las redes sociales y decidimos interponer un recurso de protección en contra del Alcaide del Centro de Cumplimiento Penitenciario (CCP) Punta Peuco, LUIS MENESES VÁSQUEZ y del Consejo Técnico del mencionado penal.
Estos beneficios a condenados por crímenes de lesa humanidad vulneran tratados internacionales de DDHH firmados y ratificados por Chile, que se encuentran vigentes y que han sido incorporados a nuestra legislación como normas de rango constitucional, por tanto, además de considerar indignante esta resolución de gendarmería, también nos parece ilegal.
Es importante recordar que estos condenados planificaron y llevaron a cabo uno de los crímenes que mas impacto ha generado en la sociedad chilena en las últimas décadas. Ellos, actuando como agentes del estado, secuestraron, torturaron y asesinaron de manera brutal a 3 chilenos por razones políticas.

El siguiente recurso se presentó el martes 11 de septiembre de 2012, patrocinado por el abogado Fernando Leal, será tramitado con el Rol Nº 30678-2012:


MATERIA: Recurso de Protección.
SECRETARÍA: Criminal.
PROCEDIMIENTO: Especial (Auto Acordado).
ABOGADO: Fernando Leal Aravena 
RECURRIDOS: Jaime Meneses Vásquez (RUT Nº 11.741.318-7), Alcaide del Centro de Cumplimiento Penitenciario Punta Peuco y Consejo Técnico de CCP Punta Peuco. 

EN LO PRINCIPAL: RECURSO DE PROTECCIÓN; PRIMER OTROSÍ: SOLICITA ORDEN DE NO INNVOVAR; SEGUNDO OTROSÍ: SOLICITA DILIGENCIAS QUE INDICA; TERCER OTROSÍ: ACOMPAÑA DOCUMENTO; CUARTO OTROSÍ: PATROCINIO Y PODER.

ILTMA. CORTE DE APELACIONES DE SANTIAGO

Trinidad Lathrop L. Verónica Hernández A., Victor Hugo Robles, Claudia Caro Sánchez., Rodrigo Acuña Vassallo, Raúl Zarzuri C., Adriana Varela O., María Eugenia Chadwick S., Miguel Barrientos A., Felipe Ignacio Fuentes L., Pamela Berríos G., Tamara Cáceres B., Gonzalo Cid Vega, a US. Iltma., respetuosamente decimos:

Que encontrándonos dentro de plazo y en virtud de lo establecido en el art. 20 de la Constitución Política de la República (CPR) y en el Auto Acordado sobre tramitación y fallo del recurso de protección, de 27 de junio de 1992 y sus modificaciones posteriores, venimos en interponer recurso de protección de garantías constitucionales a favor de don MANUEL EDUARDO GUERRERO ANTEQUERA, sociólogo, de doña MARÍA ESTELA ORTÍZ ROJAS, educadora de párvulos, de doña JAVIERA PARADA ORTÍZ, productora de eventos y, de don JUAN JOSÉ PARADA ORTÍZ, productor de cine, CAMILO PARADA ORTIZ, productor, PABLO ANTONIO PARADA ORTIZ, productor, EDUARDO ALEJANDRO NATTINO REYES  empresario, PATRICIA XIMENA NATTINO REYES parvularia y de sus respectivas familias, recurso que interponemos en contra del Alcaide del Centro de Cumplimiento Penitenciario (CCP) Punta Peuco, LUIS MENESES VÁSQUEZ, Comandante, domiciliado en Camino Quilapiliun, Parcela 25 S/N, Til Til y/o en Rosas 1264, Santiago y, en contra del Consejo Técnico del mencionado penal, del mismo domicilio, ello por los hechos de que hemos tomado conocimiento el día lunes 03 de septiembre de 2012, en mérito de lo cual, se dio cuenta que Gendarmería de Chile había otorgado el beneficio penitenciario de salida dominical a los internos de Punta Peuco, Guillermo González Betancourt y José Fuentes Castro, ambos condenados por los crímenes de tres profesionales en el período de la Dictadura, conocido como el “Caso Degollados”. Solicitamos desde ya, que el presente recurso de protección sea declarado admisible y admitido a tramitación, y en definitiva se acoja en todas sus partes, a objeto que se respeten las garantías constitucionales de los afectados del artículo 19 Nºs 1 y 2 de la Constitución Política, restableciendo el imperio del derecho.

Las consideraciones de hecho y de derecho en que se funda el presente recurso, son las que se expresan a continuación:

LOS HECHOS
SSa. Iltma., durante el día lunes 03 de septiembre de 2012, los recurrentes que suscriben, tomaron conocimiento a través del blog del afectado, don Manuel Guerrero Antequera, que Gendarmería de Chile había otorgado beneficios penitenciarios a los internos condenados por delitos de lesa humanidad, Guillermo González Betancourt y José Fuentes Castro, ambos internos del Centro Cumplimiento Penitenciario Punta Peuco, y asesinos del padre del afectado, al efecto éste publicó en las redes sociales lo siguiente: Radio Bío Bío me contactó para avisarme q habrían dado beneficios carcelarios a asesinos de mi padre q cumplían condena. Insólito y doloroso”. Posteriormente, diversos medios de comunicación confirmaron la noticia, señalando éstos “…en 1992, el entonces Coronel Guillermo González Betancourt y el ex Sargento José Fuentes Castro, fueron condenados a presidio perpetuo, sin embargo el domingo 02 y por decisión de Gendarmería y con el visto bueno del Ministerio de Justicia, ambos pudieron disfrutar del beneficio de salida dominical…” (CNN Chile, 04 de septiembre de 2012); “Los condenados por el caso degollados, probablemente uno de los casos emblemáticos de violaciones a los Derechos Humanos por el impacto que generó y por la fecha en que ocurrió en definitiva también, me refiero al Coronel en retiro de Carabineros Guillermo González Betancourt y también al Sargento en retiro José Fuentes Castro, los dos trabajaban para la DICOMCAR, recibieron el beneficio de la salida dominical después de cumplir 20 años de presidio. Esta es una decisión que toma el Consejo Técnico de Gendarmería…” (Radio Duna, 05 de septiembre de 2012).

Asimismo, uno de los afectados, Juan José Parada Ortíz, publicó en su facebook una nota, que da cuenta de cómo el actuar de los recurridos perturba y afecta en forma grave garantías constitucionales, al efecto señala “Estos asesinos que accedieron a beneficios de salida dominical tienen como nombres Fuentes, y Betancourt, este ultimo ni mas ni menos que el carabinero de mayor rango en la noche oscura de aquel siniestro  operativo”, “Su crimen lo cometieron siendo parte activa de un estado terrorista, liderado por el dictador Pinochet, que no se cansó de atentar contra los derechos fundamentales de sus propios ciudadanos...Son violadores de los derechos humanos, cometieron crimenes de Lesa Humanidad, los mas graves de todos por la indefensión legal, la falta de garantías, la imposbilidad de defenderse de las victimas…Crímenes donde la institución encargada de proteger se dedica a atacar salvajemente a quienes tienen el deber de cuidar. No había tribunal, policía, ministro, parlamento que pudiera o quisiera acudir en ayuda de las victimas. Nadie nos daba la protección ante esta seguidilla de asesinatos fríamente planificados”, 

“Es evidente que no podemos confiar en la palabra de quienes asesinaron a nuestro querido José Manuel. Pero sé que como somos las victimas de estos esbirros fascistas, es natural que nunca vayamos a confiar en sus palabras, aunque en algún momentos les diera por decir la verdad. Por suerte hay otras maneras de confirmar su verdadero arrepentimiento…¿Colaboraron en el juicio? No demasiado. Solamente una vez que estaban acorralados por el Ministro Juica y para echarle la culpa a sus compañeros. Lo hicieron para tratar ellos mismos de quitarse responsabilidades…¿Cuánto se demoraron en asumir su participación? Años. Muchos años. Una vez acontecido el regreso a esta sospechosa democracia en la que vivimos y solo, como ya dije, porque estaban acorralados por la justica…Ellos al acometer el brutal asesinato creyeron que nunca serían juzgados. Asesinaron pensando que jamás tendrían que asumir responsabilidad alguna…Se equivocaron. En nombre de la verdad y la justicia fue mi madre, mi familia, las familias de las otras victimas, los abogados, los compañeros, un grupo importante de chilenos dignos, y algunos pocos jueces valientes los que no descansaron hasta lograr meter presos a estos asesinos. Lo lograron luchando en contra de todo el aparataje de poder que protegía por ese entonces a los asesinos y a sus temibles complices de extrema derecha… Para terminar esta carta quiero agregar que el daño personal que se nos hace es horrible. Ni mi madre, ni mis hermanos, ni mis sobrinos, ni mi tía, ni mis primos se merecen seguir viviendo estos golpes. La eventualidad de que se encuentren (o yo mismo me encuentre) por casualidad con los asesinos de mi padre me devasta emocionalmenteTodavía hoy tiemblo cada vez que un carabinero me pide los papeles en las calles, he estado a punto de desmayarme un par de veces al tener encuentros con genocidas en la vía publica, la ultima, cuando me encontré cara a cara con Corbalan comprando música en un mallHay miles de testimonios de avistamientos de condenados por violaciones a los derechos humanos en lugares públicos, condenados sin beneficios que supuestamente deberían estar cumpliendo sus condenas sin permiso de salida de sus cárceles de lujo.”.

Como se puede apreciar de lo anterior, ha existido un actuar de los recurridos que ha afectado en forma grave las garantías constitucionales del artículo 19 Nºs. 1 y 2 de la Constitución Política, esto es, el derecho a la integridad psíquica de la persona y la igualdad ante la ley.

EL DERECHO

I.- Forma en que los hechos relatados afectan las garantías constitucionales de los números 1 y 2 del artículo 19 de la Constitución Política de la República.
En primer lugar, en relación al N° 1 del artículo 19 de la Constitución Política, esto es, “La Constitución asegura a todas las personas: El derecho a la vida, a la integridad física y psíquica de la persona”, cabe señalar que los recurridos con su actuar, precisamente han privado, perturbado y/o amenazado la integridad psíquica de los afectados, ello al dictar un acto administrativo arbitrario e ilegal consistente en el otorgamiento de un beneficio penitenciario de salida dominical a dos internos del CCP Punta Peuco, condenados por delitos de lesa humanidad, asesinos de sus familiares, quienes pese a no encontrarse aptos, ni preparados para reinsertarse en la sociedad, son beneficiados, lo que implica que estarán en libertad poniendo con ello en riesgo y afectando gravemente la integridad psíquica de los afectados.

El actuar de los recurridos, de dejar en libertad con un beneficio penitenciario a los condenados antes mencionados, pone en una situación de angustia extrema a personas que han sufrido inmensamente ante los atroces crímenes cometidos contra sus familiares, y si bien los beneficiados podían eventualmente optar a esta figura reglamentaria -si es que cumplían con los requisitos formales- no es menos cierto que uno supone de la autoridad un cierto grado o nivel de criterio, de razonabilidad, que no es ni más ni menos que saber ejercer una facultad discrecional, la que a nuestro juicio ha sido ejercida en forma arbitraria, afectando y dañando de tal manera a los afectados. 

Por su parte, en el Nº 2 del artículo 19 de la Constitución Política establece que “La Constitución asegura a todas la personas: Nº 2 La igualdad ante la ley. En Chile no hay persona ni grupo privilegiados”, al efecto cabe señalar que según lo establece el Reglamento de establecimientos penitenciarios en su artículo 96, los permisos de salida son beneficios que forman parte de las actividades de reinserción social, y que el cumplimiento de los requisitos formales sólo da derecho al interno a solicitar el permiso de salida correspondiente, en tanto que su concesión dependerá fundamentalmente, de la evaluación que se efectúe de su participación en las actividades conducentes a la referida reinserción.  

Sin lugar a dudas, cuesta entender y creer que si los beneficiados con permiso de salida dominical González Betancourt y Fuentes Castro cumplieron con los requisitos formales, pueda entenderse que solo con ello están aptos para reinsertarse en la sociedad, luego de haber cometido uno de los crímenes más brutales ocurrido en Chile, un delito de lesa humanidad, imprescriptible, y respecto del cual, durante años no reconocieron culpa y/o arrepentimiento, y peor aún, eludieron su responsabilidad criminal.  Es decir, en el mejor de los casos para estos condenados, puede que hayan cumplido con los requisitos formales (cuestión que no compartimos como explicaremos más adelante), pero así y todo, y como lo señala el Reglamento antes citado, el derecho es a optar al beneficio, pero en definitiva éste se otorga cuando existe la convicción más absoluta y total que pueden reinsertarse en la sociedad. 

Creemos fundadamente que, no se ha aplicado la ley en forma igual a estos dos condenados, sino por el contrario, se les ha tratado como a unos privilegiados, primero encontrándose internados en una cárcel “cinco estrellas” que dista mucho de la realidad de la Penitenciaría por ejemplo, y enseguida, dándoles beneficios penitenciarios que a personas con delitos de mucho menor gravedad, no se les otorgan, es cosa de dar una básica revisión a los miles de internos de nuestro sistema carcelario, que contando con los requisitos formales no son beneficiados, así por ejemplo, baste recordar que en el incendio ocurrido en la cárcel de San Miguel el 08 de diciembre de 2012, murieron calcinadas varias personas condenadas por delitos menores, que no accedieron a estos beneficios ¿Por qué entonces Gendarmería discrimina a favor de los que asesinaron a ciudadanos siendo parte de los aparatos represores del Estado?

II.- Arbitrariedad e ilegalidad de los beneficios otorgados por Gendarmería.
Cabe señalarse que, de acuerdo al mencionado Reglamento de establecimientos penitenciarios, los condenados pueden optar a permisos de salida siempre y cuando hayan cumplido con ciertos requisitos, a saber estos requisitos son en el caso de la salida dominical, estar a 12 meses del tiempo mínimo para optar a la libertad condicional, cumplir con requisitos de conducta (seis meses de muy buena conducta) y haber demostrado avances efectivos en su proceso de reinserción social.

En base a lo anterior, estamos ante un acto administrativo dictado por los recurridos, que debió cumplir con ciertos protocolos, y a nuestro juicio se ha actuado en forma arbitraria e ilegal, precisamente porque no se ajustó a lo normado. Me explico: según consta de Dictamen Nº 3205, de fecha 18 de enero de 2012, de la Contraloría General de la República, el interno condenado José Florentino Fuentes Castro, recurrió al Órgano Contralor reclamando por que la autoridad penitenciaria lo quería someter a evaluación psicológica, a la que él se negaba, y asimismo, por haber sido objeto de diversas medidas disciplinarias.  Cabe preguntarse, cómo es que un interno que se rehúsa a cumplir con la evaluación psicológica, que tiene diversas medidas disciplinarias impuestas puede cumplir con el requisito de conducta y de haber demostrado avances efectivos en su proceso de resocialización? La respuesta es evidente, NO CUMPLÍA NI SIQUIERA LOS REQUISITOS FORMALES.

Enseguida, y más allá del cumplimiento de los requisitos formales, puede considerarse que internos que cometieron delitos de la máxima gravedad, que durante años no reconocieron culpas y, peor aún, eludieron el actuar de la justicia, hayan demostrado avances efectivos en su proceso de reinserción social? Creemos que no, y es ahí en donde la autoridad penitenciaria, que está facultada para la concesión del beneficio, se confunde usando arbitrariamente la discrecionalidad. 

Cabe señalar asimismo que, el crimen cometido por los internos González Betancourt y Fuentes Castro se trata de un delito de lesa humanidad, y baste recordar que nuestro país tiene suscrito diversos tratados internacionales sobre Derechos Humanos que se refieren al respecto. Asimismo, la jurisprudencia de la Corte Interamericana ha sido clara en señalar que cuando se trata de crímenes de lesa humanidad no procederá la amnistía ni la prescripción, haciendo extensivo esto al indulto,  aduciendo la fórmula que se prohíbe toda otra medida que haga posible la impunidad o impida el juzgamiento de los responsables. 

Así las cosas, en el Reglamento de establecimientos penitenciarios su artículo 4º señala en forma expresa que “La actividad penitenciaria se desarrollará con las garantías y dentro de los límites establecidos por la Constitución Política de la República, los tratados internacionales ratificados por Chile y vigentes, las leyes y sus reglamentos y las sentencias judiciales”, por otra parte, el inciso segundo del artículo 5º del mencionado Reglamento, señala que la Administración Penitenciaria procurará la realización efectiva de los derechos, siempre que sean compatibles con la condición del interno, entonces resulta de toda lógica señalar que la medida implementada por los recurridos, en virtud de un cuerpo jurídico que tiene la jerarquía normativa de un reglamento, debe ajustarse a los tratados internacionales que por los demás cuando tratan de derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana, se encuentran vigente y ratificados por Chile, tienen un carácter supra legal de acuerdo a lo establecido en el artículo 5º de la Constitución Política. En definitiva, por estas consideraciones, lo actuado por los recurridos es ilegal, e inclusive, inconstitucional.

POR TANTO, 
ROGAMOS A US. ILTMA: Que en virtud de lo expuesto, de lo establecido en los artículos 19 N°s. 1 y 2 y artículo 20 de la Constitución Política de la República, el Auto Acordado sobre tramitación del recurso de protección de las garantías constitucionales, se tenga por deducido el presente recurso de protección de garantías constitucionales en contra del Alcaide del Centro de Cumplimiento Penitenciario (CCP) Punta Peuco, LUIS MENESES VÁSQUEZ y en contra del Consejo Técnico del mencionado penal, todos antes individualizados,  admitirlo a tramitación, y en definitiva, garantizando las garantías constitucionales esgrimidas, restablecer el imperio del derecho resolviendo dejar sin efecto los beneficios penitenciarios de salida dominical otorgado a los condenados Guillermo González Betancourt y José Fuentes Castro.

PRIMER OTROSÍ: SÍRVASE US. ILTMA., dados los fundamentos de hecho y de derecho referidos latamente en lo principal de este recurso y dada la evidente  perturbación, amenaza y/o privación de garantías constitucionales de los afectados, concedernos ORDEN DE NO INNOVAR en estos autos proteccionales, oficiando al efecto a Gendarmería de Chile a fin que se paralice en forma inmediata la ejecución de los beneficios penitenciarios penitenciarios otorgados a los internos condenados del CCP Punta Peuco, Guillermo González Betancourt y José Fuentes Castro.

SEGUNDO OTROSÍ: ROGAMOS A US. ILTMA., que en virtud del numeral 5 del Auto Acordado de la Excma. Corte Suprema de tramitación del recurso de Protección de Garantías constitucionales, ordenar las siguientes diligencias:
I.- Se ordene a los recurridos, el Alcaide del CCP Punta Peuco y el Consejo Técnico del mismo establecimiento penitenciario, que emitan informe al tenor del presente recurso, acompañando TODOS los antecedentes de los últimos 3 años referidos a la conducta, medidas disciplinarias, informes psicológicos y actividades del proceso de resocialización de los internos Guillermo González Betancourt y José Fuentes Castro, y asimismo, todas las Actas del referido Consejo Técnico de los últimos 3 años.
II.- Se ordene al Director Nacional de Gendarmería de Chile, Luis Masferrer Farías, con domicilio en Rosas 1264, Santiago, y al Ministro de Justicia, Teodoro Ribera Neumann, con domicilio en Morandé 107, Santiago, que informen al tenor del recurso interpuesto, precisando su participación y/o visación de los beneficios otorgados a González Betancourt y Fuentes Castro, informando asimismo, si se otorga beneficios penitenciarios a toda la población penal que cumple con los requisitos formales. 

TERCER OTROSÍ: SÍRVASE US. ILTMA., tener por acompañada copia de Dictamen Nº 3205, de fecha 18 de enero de 2012, de la Contraloría General de la República, referido a denuncia del interno José Florentino Fuentes Castro, contra el Alcaide de CCP Punta Peuco.

CUARTO OTROSÍ: ROGAMOS A US. ILTMA., tener presente que conferimos Patrocinio y Poder, al abogado habilitado para el ejercicio de la profesión, don FERNANDO LEAL ARAVENA, de nuestro mismo domicilio en Huérfanos 1117, oficina 612, Santiago.

29 agosto 2011

Mi padre y yo denunciamos: La mano del traidor, El Fanta #tressillas

Mi padre escribió un testimonio dado a conocer en 1976, que probablemente le costaría la vida años después en 1985, pues denuncia por primera vez la participación de Miguel Estay Reyno, "El Fanta", en los operativos de lo que se creía era la DINA, pero que hoy se sabe era el Comando Conjunto, que articulaba a agentes de las distintas ramas de las Fuerzas Armadas en el período de instalación de la dictadura militar en Chile.

El Fanta había sido militante de las Juventudes Comunistas, encargado de seguridad de los dirigentes, y conocía muy de cerca no solo la estructura organizacional, sino la vida familiar de muchos de los hoy detenidos desaparecidos durante la acción del Comando Conjunto. Estuvo varias veces con mi familia, jugó conmigo cuando yo era pequeño, y en forma aún inexplicable hasta el día de hoy, pasó de delator a agente de los órganos represivos. Una cosa es no aguantar la tortura, pues se trata de una experiencia límite monstruosa de la cual nadie puede sentirse a salvo, pero otra cosa es convertirse a la escala de valores de los torturadores y participar, colaborar en la destrucción de los conocidos y la organización que antes era propia, y así volverse responsable activo de la máquina de guerra que constituyó el núcleo duro del Terrorismo de Estado.

Mi padre fue uno de los pocos que salvó con vida en 1976 de la acción de tal Comando, situación que no fue perdonada por el Fanta, quien participaría directamente con posterioridad en su secuestro y asesinato en marzo de 1985, siendo la persona que decidió que la técnica de muerte sería el degollamiento, entregando él personalmente el cuchillo con el cual se perpretuó el crimen de José Manuel Parada, Santiago Nattino y mi padre. Hoy cumple condena en la cárcel de Punta Peuco y está procesado por varios de delitos de lesa humanidad.

A pesar del tiempo transcurrido Miguel Estay Reyno no ha mostrado arrepentimiento alguno de lo obrado. Al contrario, en cada oportunidad que se presenta busca racionalizar su participación en los hechos quedando siempre como víctima de las circunstancias, como si él fuese el único ser humano sobre la tierra que no tiene que dar razón de sus hechos, que no es sujeto. Yo he pedido a los abogados poder ir a visitarlo a la cárcel, pues se trata de la persona que vió por última vez a los ojos a mi padre, condenándolo a una muerte de animal degollado. Se trata de una persona que ellos llaman "sin alma", esto es, de una frialdad extrema, de cálculos insospechados. Él no ha aceptado que lo vaya a visitar y dejar que lo mire a los ojos. No ha sido capaz del más mínimo gesto de asumir y pedir perdón, sólo calcula costos y beneficios, y actúa con una frialdad extrema.

Parte de ese cálculo maquínico, es que aparezca hoy con el número 2877 como beneficiario del Informe Sobre Prisión Política y Tortura, "Valech". El Fanta logró, por un extraño proceder de los funcionarios de Estado a cargo del Informe, que su testimonio fuese calificado, compartiendo ahora un soporte de inscripción común con sus víctimas. El Fanta, con esta operación, se convierte de victimario en víctima, que es lo que siempre ha buscado realizar para no hacerse responsable de su participación en crímenes de   Lesa Humanidad.

Pero hay algo que su frío cálculo racional no podrá alterar: De acuerdo al mismo Informe fueron decenas de miles los torturados y sin embargo no se volvieron torturadores ni asesinos como él. Cientos, miles de ejemplos de valorosos compatriotas lo demuestran. Sufrieron, padecieron, se quebraron, pero no se volvieron torturadores ellos mismos. No hay correlación entre esta experiencia límite y la opción que tomó el Fanta, de volverse un agente de los organismos de exterminio del fascismo chileno. Por ello el Fanta es indigno al postularse al Informe Valech, porque él mismo ayudó a engrosar sus páginas con nuevas víctimas por su acción como victimario. No hay caso, nuevamente se sirve del Estado para encubrir su responsabilidad.

Y aquí el Estado democrático a través de este Informe ha cometido una aberración. Como menor de edad de entonces, 1976, que sufrí junto a mi hermana prisión política y tortura en el Fuerte Silva Palma cuando él ya era agente activo del Comando Conjunto, hoy comparto Informe junto a él, que es quien torturó y asesinó a mi padre, y siendo que él cometió Terrorismo de Estado es beneficiario de la misma pensión de reparación de Estado que yo y sus víctimas. Y miles que sí les corresponde por lo que atravesaron no calificaron a juicio de este Informe. Pero el Estado es imparcial, se pone la venda en la lotería de impartir justicia. ¿Es así? Miles de casos reales de violaciones a los derechos humanos no calificaron, y el Fanta sí, que cumple cadena perpetua en Punta Peuco. No colaboró con la justicia y hubo que gastar años de años investigación e ir a buscarlo a Paraguay. Y es beneficiado por el Informe Valech. ¿Estado imparcial o a favor de la impunidad?

Algo no me calza con este Estado democrático: Lagos indultó, sin razón alguna, al asesino material de Tucapel Jiménez y tuvimos que salir los hijos del "caso degollados" a la calle para exigir que se cumplan las condenas que el Estado de Derecho había dado, con justos y debidos procesos. Lo de Lagos se ha dicho que fue un gesto al general Cheyre, que nada tenía que ver con la justicia, simple pragmática política. Luego Piñera puso a Andrusco a cargo de Gendarmería de Chile, y nuevamente tuvimos que salir a la calle para impedir que alguien que formó parte activa de la DICOMCAR, responsable del crimen de nuestros padres, estuviera a la cabeza de un organismo del Estado. Hoy la Comisión Valech beneficia a El Fanta, ¿hasta cuándo se persiste en introducir horror en nuestras vidas que hemos intentado reconstruir? Bajo el manto de impunidad es imposible no solo reconciliarnos con el Estado de Chile, sino con la propia vida que va perdiendo sentido al carecer de certezas mínimas de que avanzamos a asumir nuestras responsabilidades, también el Estado respecto de sus agentes.

A pesar de todo lo vivido, no creo en el gen del mal, creo en el ser humano. Por ello es que mi llamado es siempre a revisar cuáles son las condiciones de posibilidad sociales que permiten que gente termine asesinando a mansalva tomándose el Estado como parte de su máquina de guerra contra la ciudadanía y el propio pueblo. En el caso del Fanta contra sus propios compañeros. Si no se establecen las condiciones sociales de posibilidad para la tortura institucionalizada, el tan cacareado "nunca más" nunca será verdadero y solo una consigna funcional para dar credencial de país democrático. Por de pronto, la memoria activa es una forma de hacer presente lo que la condición humana es capaz de hacer en determinadas circunstancias y hacer conciencia, de esta forma, que ello no se repita. Pero claramente la Memoria no basta. El Estado tiene que asumir su responsabilidad y es pésima señal mezclar víctimas con victimarios, pues relativiza lo sucedido y agravia aun más a las víctimas y la memoria de los luchadores sociales que dieron sus preciosas e irrepetibles vidas para recuperar la democracia.

Manuel Guerrero Antequera.
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La mano del traidor
por Manuel Guerrero Ceballos (testimonio escrito por mi padre en 1976)

Un puñete en el estómago me hizo aullar de dolor y fue seguido por otro que me hizo crujir la mandíbula. Golpearon con furia y odio concentrado.

- No hueví pu' Manuel veí que yo te conozco - gritó alguien a mi lado.

En la tempestad de padecimientos la voz heló mi sangre y cosquilleó mis oídos. Me sobresalté y esperé tenso.

- Mejor que contí la firme Manuel, aquí ya tienen la película completa. Vos te llamai Manuel Guerrero Ceballos, teñí 27 años, estay casado con la Vero, tení un hijo que se llama Manuel y tiene cuatro años, tus pa­dres y hermanos se llaman -dio los nombres de cada uno-, erí de una familia comunista, tus parientes han tenido estos cargos en la Jota y el Partido. Tú erí miembro de la Comisión Ejecutiva del Central, de la Jota, en la que participai de tal fecha, hai tenido tales cargos, hai viajado al extranjero. Después del 11 quedaste trabajando en la Dirección de la Jota, y hai ocupado estos cargos y hai estado viéndote con esta gente. Seguiste participando. Esto es para que te soltí de una vez y te podai salvar o te fuiste cortado no más. Lo siento Ma­nuel, pero así es la cosa. Si no entendí te puedo dar otros datitos de tu familia, de la Jota y de tu pega. Yo te recomiendo que mejor hablí, porque aquí al final todos lo hacen. Hay un lote de viejos del Partido, por los cuales se colocaban las manos al fuego, pero que han cantado como locos, y con ellos se ha hecho un trato. Tú también podí hacer un pacto, contar algunas co­sas, ayudai su poco y viví tranquilo después. Total esta cosa va pa' largo.

La tensión vivida se precipitó y, una vez más, escalofríos hacían vibrar el cuerpo y la respiración se apretaba. Mi angustia se producía porque esa voz me era familiar, la había escuchado en alguna parte, además que la gran cantidad de antecedentes y sobre todo la forma de decir las cosas resultaba cercana.

Sin dar tiempo a mis cavilaciones las preguntas sucedían sin parar:

- ¿A dónde podemos ubicar a tal y cual?
- ¿Qué pasó con este otro?
- ¿Y al exterior quién viajó en esta fecha?
-¿Cómo se financia la actividad?
-¿Dónde imprimen el periódico?
-¿Cómo se ligan las provincias y el Partido?
-¿Qué nombres de dirigentes y militantes podí dar?
-¿De otros partidos a quién conocí y sabí cómo ubicarlos?
-¿En qué casas se reúnen?
-¿Hacia los milicos qué pega hacen?

Seguía sobrecogido. Mi ansiedad era ubicar al dueño de la voz que dijo conocerme. Eso era muy importante, ya que dependía de quien fuera y si era efectivo que me conocía cómo me seguiría manejando y sobre todo eso podía demostrar hasta qué punto conocían la actividad y el funcionamiento de la Jota. Ya que una cosa era ata­car desde fuera la organización y otra era hacerlo desde dentro, conociendo más ampliamente los métodos de trabajo y acción.

La posibilidad de la utilización de presos como delatores o traidores me golpeó brutalmente. En mí se rebelaba el sentimiento de pensar que un antiguo compañero pudiese ser un elemento servil de los que sometían a nuestro pueblo a la represión, al hambre y a la miseria. Quise separar la idea del traidor para suponer que era una maniobra más de los verdugos, y que, como otras, se desvanecerla. No sería la primera vez que se inten­taba contraponer a militantes con militantes, pero esa voz me seguía siendo conocida, había hablado con cercanía nueva respecto a los otros interrogadores.

¿Quién podría ser, desde cuándo estaba allí, era obligado a decir eso o era un agente más, sería un síntoma de in­filtración? ¿A lo mejor tenían a otros compañeros pre­sos, nada raro que los mismos por los que preguntaban? ¿Y en ese caso qué hacer? ¿Qué posibilidades de accio­nar tenía? ¿Hasta qué punto tenía sentido negar todo cuando lo podrían conocer? Incluso podría morir en va­no.

- Ya Manuel, mejor colabora y así no te sacrificas inútilmente. Aquí se trabaja a gran escala, no somos novatos y si gastamos plata y tiempo en vos por algo será -, agregó el mismo individuo.
¿Dónde he escuchado esa voz? En alguna ocasión me fue cercana. ¿Pero será la misma? Intentaré mover el brazo, correrme la venda, así lo podré ver y aun­que me peguen saldré de la duda. Si sé quién es sabré cuánto pueden conocer.

- No seai, porfiado no veí que te conocemos.

La voz retumbaba en mi conciencia. ¿Dónde la he oído, en qué lugar y circunstancia? ¿Será la proximi­dad de la muerte que me hace divariar, confundir so­nidos y palabras?

El eco de la voz se prolongaba en los mil veri­cuetos de mi cerebro y sentidos.

- Te conozco.
- No hueví, veí que te conozco.
- Dí la firme, veí que te conozco.

En la búsqueda de la unión de la voz y las imáge­nes fantasmales, borrosas, que acudían, un espanto profundo se fue haciendo patente. Por vez primera la rea­lidad de la traición me estremecía, me aplastaba, hun­diéndome, aún más, en la incertidumbre, en el miedo y el vacío. Sí, vacío. Un vacío de nada, de ausencia-presencia, de vértigo inmenso, de desarraigo de la tierra, ingravidez, oscuridad y silencio. Caminaba por un sendero sin fin, sin límites, desocupado de vida y sentido. Deambulaba solitario, viendo rostros sin fac­ciones, cuerpos sin brazos, voces sin bocas.

La pregunta persistía: ¿Quién era el que machaca­ba mi carne, acrecentaba mis pesares, empujaba el carro del exterminio?

Una vez más la disputa entre mi cuerpo y la con­ciencia surgía. Debía ser capaz de serenarme, de re­flexionar sobre quién era el bastardo, pero el dolor y la angustia lo copaban todo, no había lugar para pen­sar.

“Estoy jodido, nada va quedando, no hay en que afirmarse, estoy haciendo el loco aguantando cuando hay gente nuestra trabajando con ellos. Y si hablo san se acabó. Total estoy solo, nadie vigila mis pasos y por lo demás yo soy el que está sufriendo. Tengo que vivir, es estúpido morir.”
La sensación informe, profunda, hiriente fue con­sumiendo mis tejidos.

“¿Y si hablo qué pasa? ¿Quién me va a poder juz­gar, cuando para sufrir esto, hay que estar aquí? Es fácil condenar a la distancia cuando como jueces se dice lo que es bueno y malo. Si este infeliz habló estoy puro hueviando. Pero si les digo lo que sé y después igual me ma­tan. ¿Quién me asegura la vida? Quizás pudiera ganar algunos días. Vivir, vivir, esa es la suprema necesidad. Si hablo después, cuando me suelten, digo que ya lo sabían todo.”

-¿Qué estai pensando? Te dai cuenta que estai ca­gado, cuenta mejor y llegamos a un acuerdo.

- Ya Manuel, di con quién ibas a juntarte.

Un silencio pesado se interpuso entre ellos y yo.

- Habla concha de tu madre.

El golpe me dolió pero ya no tanto.

“¿Qué pasa que no siento tanto dolor, a lo mejor me estoy muriendo ya?

- ¡No voy a hablar!

- ¿Qué decí?

“Putas, pensé, lo dije en voz alta.”

- ¿Qué decí?, te pregunto. No respondí.

- Dile a este comunista de mierda lo que sabí de él.

La voz del traidor (la idea del traidor tomó cuerpo) empezaba a hacerse familiar. Tengo que conocerlo. Si ubico en qué tiempo lo oí antes, puedo saber más o menos quién puede ser. Antes, claro, es de antes, ahora no me he topado con nadie dueño de esa voz.

Con pomposidad y aspaviento el miserable sujeto reinició su letanía, rodeando cada afirmación de aspectos anecdóticos que indicaban el conocimiento cercano que tenía sobre mí. Cada hecho lo unía a amenazas, ex­presiones de desprecio y ofertas de colaboración.

- Esto tiene para largo, así que te vai a sacrificar inútilmente, la Jota y el Partido cagaron. Qué sa­camos con jugar a los bandidos con esta gente que son especialistas en la cuestión, hasta pueden leerte el pensamiento si quieren. Eso de andar escondido y pasando apuros para qué, cuando hay huevones de arriba que se las arreglan lo más bien, viven como reyes mientras los esclavos trabajan para ellos, y cuando caen presos, los que se creen duros son los que más sueltan prenda. Mira, es cosa de pensar bien si ya tienen cagada a la Jota, más vale vivir. Piensa en tu señora y el cabro chico. ¿No te da pena no verlos más? La solución la tienes en tus manos, de ti depende que salgai de esta y la Vero también se salve. Sí, yo sé que cuesta hacerse a la idea, pero después de dar el paso se arregla la cosa. Vivir, eso es lo que importa, lo demás son huevadas. Estai pensando, nosotros sabemos que le estai dando vueltas al asunto, decídete y avísanos. Ahora.... mira, si no querí darte por las buenas, te vamos a despachar de una vez, y nadie va a saber de ti. Más encima, te podemos cagar con tus compañeros queridos, porque te vamos a requetecagar, hasta el recuerdo, entendí.

La andanada de antecedentes, amenazas y proposi­ciones, caían como fardos, uno tras otro, sin dejar tiempo para completar una idea cuando estaba frente a otro hecho. La confusión era total. No sabía ya qué pensar, por dónde salir, cómo reaccionar, qué respon­der o callar.

Las informaciones dadas por el traidor eran, en general, efectivas, correspondían a hechos reales. Te­mía el enfrentamiento con él, un careo. La mayor angustia era la duda que se metía en mi ser, había ahí un traidor, alguien que estuvo luchando o pensó igual que uno y que servía ahora otra causa. La traición no era una especulación, existía, se daba, era muy posible que fuésemos manejados como marionetas por traidores enquistados.

Esto que provocaba mi rechazo era atenuado por la urgencia de vivir. Se podía hablar y seguir vivien­do. “Si digo lo que sé no es traición porque ellos ya lo saben”. El mundo se derrumbaba a mis pies, el andamiaje de credibilidad y confianza se trizaba, parecía estéril sufrir, padecer, cuando habían otros que entregaron todo lo que sabían. ¿Para qué seguir padeciendo, por qué tener que sufrir cuando a tanta gente le es indiferente nuestra lucha? ¿Cuántos hay que en nada se meten y viven sin sobresaltos? Es una irracionalidad esta lucha tan desigual. Nos cazan como conejos, estamos ajenos a nuestros hogares, vivimos como de prestado, entregamos los días y las noches, hemos dedicado más de la mitad de nuestras vidas a esto sin conocer vacaciones, sacrificando domingos, careciendo de reposo y todo para qué, para que en cualquier momento todo se vaya a la mierda. Somos enanos, queriendo alcanzar el cielo con las manos. Ilusos: eso somos.

Sentía una pena honda, dolores no de huesos y carne, sino de sentimientos, desazón, desengaño, frustración.

(Hablo y me salvo...Vivir, salvarse; qué más humano que vivir).

Las lágrimas emergieron. Lloraba, lloraba, por mí, por impotencia, por estar solo, abandonado, perdido, desorientado. El llanto brotó a mares, como un escape abierto a la angustia. Nada me importaba, sentía nece­sidad de llorar, lo hacía, profusa, copiosamente. La tensión, rabia, confusión, terror, miedo, dolor y todo eso junto y mucho más, se expresaba en lágrimas que bañaban mi cara, imparables. Me entregué al desahogo sin pensar qué pasaba y dónde estaba. Existía solo yo y mi pena. De tanto llorar me trapicaba, me ahogaba, tosía.

¿Qué hacer? ¿Qué hago? ¿Qué hacer? ¿Hablo y se acabó no más? ¿Y si no hablo, me mataran o no? ¿Por qué metí en esto?¿Para qué?¿En qué momento estuve?¿Por qué no me cabrié antes? ¡Debería haberme ido del país!

Parecía que estaba sólo, pues nadie hablaba, no se sentía ruido alguno. Era yo no más que estaba hundido, extraviado, quizás moribundo. (Mierda de vida, mierda de mí).

- ¡No te desesperí Manuel, cuenta con nosotros!

- Conversemos mejor, a ver, ayúdate un poquito y estai al otro lado. Mientras más te apurí mejor, así te verán los médicos.

El deseo de no despertar de ese largo letargo, de continuar sumido en las penumbras, de no escuchar ni saber de nada ni de nadie era muy fuerte.

(Quisiera abrir los ojos y estar en casa. Esto tiene que ser una pesadilla o estoy divariando. Vero, ayúdame, me siento mal, me hacen daño, no los dejes. Grita, grita: ¡Asesinos, se llevan a mi marido, auxilio! ¡Asesinos son de la DINA, asesinos!)

(Son de la DINA, asesinos, son de la DINA, asesi­nos, ¡eso son!)

Una vez más me sobrecogí, estaba agazapado dentro de mi, hay un tigre dentro de otro tigre, una caja dentro de otra caja, uno más uno dos, dos más dos cuatro…. Estoy agazapado dentro de mí. Ya espero, golpeen si quieren, ya espero. Pienso leseras, me estaré vol­viendo loco: Manuel Guerrero......presente ......diga señor. ..... llévenselo. ..... amárrenlo. .... .es peligroso, ......y si no se deja mátenlo......En la cabeza debían haberte pegado el balazo, así habría estallado la cabeza, plop: saltaron las pepas. ....y…C......A......G......A......S......T......E.

El silencio, nuevamente el silencio. Hay una luz en el horizonte, camino y camino, me detengo, res­piro, con la mano derecha me seco la transpiración, agachado sigo caminando, de vez en cuando me paro y al­zo la vista, la luz sigue donde mismo: que lejos está, y cuán cansado estoy, pero llegaré. Paso a paso avanzo por ese paisaje desolado sin que me cruce con cosa vi­va alguna, alzo la mirada, estoy a pocos pasos de la luz. Un poco más y ya estaré, miro de nuevo y no hay tal luz.

- Manuel, cuenta, háblanos de la Jota, de lo que haces tú.

- No sé, nada sé.

- ¿Cómo no vai a saber nada? Dinos algunos nombres de galla que conocí. Danos diez nombres para empezar, militantes si querí.

- No sé, ya dije que no sé.

Cual garfios dos manos me tomaron de los hombros cerca del cuello y me sacudieron brutalmente.

-¡Si no hablai, muérete de una vez concha de tu madre!

Me zarandeaban y golpeaban, profiriendo injurias, maldiciones.

Grité, aullé, lloré, ofendí:

- ¡Déjenme morir, asesinos!

Volví a sentir gritos, golpes, pero parecía que era otra persona, nada me dolía, me sentía bien, escu­chaba, escuchaba, escuchaba, escuchaba.......

- No te vai a morir ahora, huevón. Aguanta, aguanta.

Me levantaban tirando de pies y brazos. A la dis­tancia, una voz presurosa señaló:

- El General dice que lo llevemos.

Escuchaba y perdía la audición. Sentía frases truncas, palabras incompletas.

Corrían y prestos me transportaban en una sába­na, frazada o chal.

-¡Apúrate, apúrate!
- Echa a andar el auto mientras....
- ¡Apúrate huevón!
- Abre atrás.
- Tú, agárralo del otro lado.
- ¡Ya está!
- Vamos, corre, vuela, tonto huevón, mira que el fiambre se puede echar a perder....
- Ja, ja, ja, ja....

Encajado en el espacio que hay entre el respaldo del asiento delantero y el asiento trasero, de lado, con las piernas encogidas me encontraba.

- Métele pata.
- Putas que vai lindo Manuel, parecí arrollado con esa frazada.
- Ja, ja, ja, ja....
- Ahora te vamos a bautizar, desde ahora te vai a llamar Pedro Gonzáles Rocha, lo de Rocha te lo ponemos, porque de vos no va a quedar ni rocha.

Nuevas risas acompañaron la amenaza.

El vehículo iba a gran velocidad, en las curvas chirriaban los neumáticos y mi cuerpo zangoloteaba co­mo resultado de las maniobras.

Me sentía pésimo, perdía y recuperaba el conoci­miento. En los intervalos de lucidez pensaba en la muerte que me atrapaba. Deseaba que fuera así.

La loca carrera del vehículo continuaba y los ocupantes bromeaban con la posibilidad de un choque, competían en adelantar vehículos, gritaban a los choferes de otros autos. Jugaban. Tras una vuelta muy pronunciada el vehículo ascendió por lo que a mi me parecía una explanada, y gritando ¡cuidado! se introdujo por lo que podría ser un camino. Frenó bruscamente y corriendo descendieron a abrir las puertas.

- i Una camilla, rápido! - gritaron.

Tomaron las puntas de la frazada y me sacaron del vehículo, al tiempo que alguien se me acercó al oído y dijo:

- Ya sabí como te llamai Pedro González Rocha y cerrado el pico. Si hablai con alguien, te liquidamos, eso no solo sucede en las películas, hay gente que muere atropellada, se cae de los edificios y también de los hospitales.

- Te vamos a sacar la venda.

Me estremecí: podía ver los rostros. Todo ese tiempo me intrigaba saber quiénes eran, cómo eran. Ahora podría verlos, registrar sus fisonomías, gritarles en su cara. La posibilidad de ver me dio esperanzas, recupe­rada un arma, con los ojos abiertos ya no estaba tan indefenso. Me regocijé.

De un tirón desprendieron la venda adhesiva de los ojos, uno de los cuales lo sentía destruido, pues había quedado medio abierto con la tela pegada encima.

Me golpeó la luz, haciéndome lagrimear. Veía nubladamente. Con ansiedad miré las caras de los verdugos. Eran rostros comunes, sonrientes, "normales", miraban con aparente simpatía inclinados sobre mí mostrando preocupación por mi salud. Sus caras denotaban juventud, tendrían mi edad o menos años. Me impactó esta observación, esperaba encontrar hombres con aspectos de enfermos, rostros crispados, desencajados de odio, frenéti­cos. Estos parecían saludables, de fisonomía bonachona, amigables, conocidos sin conocerlos. Su piel parecía bien cuidada, eran elegantes, rasgos finos. Eran pijes.

- En apariencia ustedes no son malos - les dije.

Se rieron y alzaron el cuerpo poniéndome en una camilla que rápidamente empujada, por no sé quién, entró en un largo pasillo. Los agentes de la DINA corrían a ambos lados. Introdujeron la camilla en una sala pequeña y manos expertas me atendieron: Eran médicos y enfermeras.

- El Director está al tanto y ha dado orden que lo atiendan -, señaló uno de los verdugos.

Nadie dijo nada y empezaron a examinarme para después clavarme inyecciones, ponerme plasma sanguíneo y suero.

Sentía debilidad total y en contra de mi voluntad los ojos se cerraron y nada supe.

Volví en mí, cuando tapado por una sábana, cual imagen de muerto, era trasladado de lugar. Me costó volver a captar la realidad, tenía dolores incisivos y un bra­zo estaba pinchado con algo. La sábana que me cubría el rostro se pegaba a la nariz y la boca. Temblaba, tenía frío, mucho frío. Las ruedas de la camilla producían un extraño ruido al deslizarse sobre el suelo. Eso, más el recuerdo de los médicos y enfermeras, me hizo pensar que estaba en una clínica u hospital. Debe ser una clínica de la DINA, supuse. El ambiente estaba impregnado del olor característico de los hospitales. La camilla entró en un ascensor y dijeron "tercer piso". Cada detalle lo interpretaba. ¿Me matarán aquí? ¿Serán otras las torturas que aquí aplican?

Si fuera un hospital corriente a lo mejor puedo armar un escándalo, mandar a decir dónde me tienen, pedir ayuda. También puede ser que me lleven donde otros presos. ¿Qué lugar será? No puede ser Dignidad, porque esto creo es Santiago.

Me sofocaba debajo de esa sábana y también para intentar averiguar el lugar donde estaba, con la boca empecé a tirarla.

- Despertaste huevón, quédate quieto -, me ordenaron.

Descendieron y me destaparon en una pieza pequeña que tenía una ventana. Había seis sujetos, varios de los vistos antes. Un médico y un enfermero me trasladaron a la cama que tenía sobre la cabecera una luz potente. Estaba prendida, pues ya estaba oscuro y asemejaba un típico cuarto de interrogatorio de la Gestapo.

- Ahora vai a descansar, mañana hablaremos. Aquí van a quedar dos muchachos contigo, para que no te sientas solo. Y recuerda la advertencia, si tratas de comunicarte con alguien te vai cortado. ¿Entendiste Pelluco?

Todos se habían puesto alrededor de la cama por lo que asemejé la escena a una que habla visto en la película "El Padrino".

El que hacía de jefe era un hombre joven que ves­tía chaqueta de gamuza, de piel blanca, pelo negro li­so, peinado al lado, de aspecto atlético, con una pequeña cicatriz en la pera. Tenía modales delicados. Lo que delataba su función, eran sus ojos, que buscaban estar mansos pero estaban rabiosos, trasnochados, diabólicos.

Junto a él, estaban otros dos, que en conjunto componían el trío de interrogación. El segundo era más bien bajo, de unos 25 años, de piel sonrosada, crespo, ligera panza. Parecía sacado de un cuadro de Rubens. El tercero imitaba a Himmler en sus gestos, lentes me­dio oscuros, impermeable tipo James Bond y guantes negros finos que se sacaba y se ponía a cada instante. Su tema preferido, como después lo ratificaría, era la obscenidad, la pornografía y la amenaza exquisita. Ade­más de ellos, había los tontón macout, los encargados de la agresión física y la vigilancia, tipos de aspec­to lumpeniento, trituradores de hueso, machacadores de carne.

Uno a uno, obedeciendo a su amo, estiraron la ma­no para despedirse de mi, tomándome la mano izquierda. Sentí repulsión y nuevos deseos de abalanzarme sobre ellos, gritar, golpear, escupir, pero no estaba en condiciones de levantar ni un brazo.

Manuel Guerrero Ceballos, 1976.

02 abril 2011

Domingo 3 de Abril: Caravana a las Tres Sillas

Como cada año, los profesores y compañeros de José Manuel, Santiago y Manuel convocan a realizar una caravana a las Tres Sillas en Quilicura. Mañana domingo, saliendo de Pio Nono con Bellavista a las 10:00 hrs. en micros y vehículos con banderas, para encontrarnos en el km 18 de Américo Vespucio Norte, donde el 30 e marzo de 1985 fueron hallados sus cuerpos. Ahí se realizará un acto cultural.
Estás cordialmente invitado/a, nos vemos!
Manuel

30 marzo 2011

En este 30 de marzo, no olvidamos las muertes. Pero tampoco las vidas!!

Imágenes de lo que ocurrió el 30 de marzo de 1985, parte de un documental de un cineasta australiano que anduvo por Chile en aquella época y lo dejó registrado. Seguido de un bello testimonio visual, preparado por el cineasta Sebastián Moreno -director de "La ciudad de los fotógrafos" y "Mauchos"-, sobre quiénes eran Santiago Nattino, Manuel Guerrero Ceballos y José Manuel Parada. No olvidamos los asesinatos, pero menos olvidamos las hermosas vidas de estos seres generosos y valientes que murieron en manos del terrorismo de Estado.
No olvidamos la muerte, ¡pero tampoco las luchas!
Abrzs en este día, Manuel.


29 marzo 2011

29 de marzo 1985: Te beso papá


Lo que ahora escribo lo hago con mucho dolor.

En este preciso momento, que en Santiago son pasadas las 08:00 de la mañana, llegaba el 29 de marzo de 1985 al colegio, como todos los días, y vi a mi a papá recibiendo a los niños, pues era profesor. Conversaba con José Manuel Parada, sociólogo de la Vicaría de Solidaridad, antiguo camarada de la época de la Jota, y apoderado del colegio. Llegué y nos saludamos de beso. Me llevó un momento a un lado y me contó que el día anterior habían secuestrado a un grupo de profesores de su asociación gremial, la AGECH, de la cual era dirigente, y que los aprehensores habían preguntado por él.

Me quedé atónito mirándolo. Tenía catorce años pero eso ya era edad suficiente como para tener la lógica mínima de que si te buscan, y estábamos en pleno estado de sitio, escóndete, ándate del país, qué haces aquí a las puertas de este colegio, a plena luz del día, te van tomar!!!! Se lo planteé, y él, muy pausado y mirándome con una ternura infinita a los ojos, me tomó de las manos y me dijo que no, que éste era su trabajo, éste era su país, que él ya se había ido una vez y que no lo volvería a hacer, que su lugar era junto al pueblo y su lucha para terminar con la dictadura. Buscando argumentos nuevos, que pudieran hacerlo cambiar de opinión, le pregunté si el Partido le había autorizado para irse del país, que en tal caso les hiciera caso. Paciente, se sonrió, y me dijo que pasara lo que pasara jamás culpara al Partido. Que tranquilo, ya veremos cómo salimos de ésta.

Lo último que me preguntó es acerca de la Gigi, que es mi abuela materna, una mujer muy sencilla que perdió cuando muy pequeñita a sus padres en el terremoto de Chillán en la primera mitad del siglo XX, y que llegó como empleada a Santiago. Ella siempre había acogido a mi padre, a pesar que no tenía formación política alguna, y estuvo con nosotros en todas las búsquedas en 1976 por los campos de concentración cuando secuestraron por primera vez a mi padre. Incluso estuvo detenida con nosotros en el Fuerte Silva Palma, en la segunda desaparición de papá ese mismo año. Ahora, en aquel viernes 29 de marzo de 1985, mi papá me contó que la Gigi, días después del Golpe, cuando papá andaba absolutamente clandestino, sucio y hambriento, escondido tratando de reorganizar a la Jota, lo recibió en su casa, corriendo un riesgo altísimo. Le había preparado un baño y comida. Pocas veces se sintió tan acogido por casi una desconocida, por alguien que se entregaba a él por puro amor, por ser el padre de su nieto y esposo de su hija. Mi padre me contó que la tenía siempre presente, y que lamentaba no haber tenido la oportunidad de agradecérselo.

Le di un beso y me fui a clases.

Mi sala daba las espaldas a la calle. A las 8:50, a minutos de lo que ahora escribo, oímos un helicóptero descender casi al techo del colegio. Nos miramos todos extrañados. Luego un freno de un auto, griterío de voces masculinas que denotaban forcejeo, un balazo y silencio.

Tomé el brazo del compañero de banco y le dije: "mi papá". Él me miró sorprendido, pero preocupado a la vez. Fui muy categórico. Inmediatamente entró Carmen Leiva a la sala, que era miembro del Centro de Alumnos, con los ojos en lágrima y tirándose los dedos de las manos. Le pidió permiso al profesor que impartía la clase para hablar con el estudiante Manuel Guerrero Antequera. Yo me paré en medio de sala de inmediato y le dije: "Se llevaron a mi papá". Asintió con la cabeza y se puso llorar e intentó darme detalles de lo sucedido.

Salí de la sala y me fui directo al baño. Me miré rápido al espejo y me tomé unos remedios que tenía para la taquicardia de la que padecía hacía un año. Me hablé a mi mismo preguntándome qué haría papá en una situación como ésta. Salí corriendo a inspectoría, pedí el teléfono y llamé a Sergio Campos, amigo de mi padre, que era locutor de Radio Cooperativa, muy escuchado en Chile. Me puso al aire y denuncié que sujetos desconocidos, probablemente de la CNI, habían secuestrado a mi padre junto a José Manuel Parada, y que temía por sus vidas. Llamé a que la ciudadanía se movilizara de inmediato para exigir a las autoridades su búsqueda y liberación.

Salí de inspectoría y fui a la calle a ver qué es lo que había sucedido exactamente. Había una confusión enorme en el colegio. Cuando se los llevaron había un curso completo que en ese momento estaba en clases de educación física y se econtraba trotando alrededor de la manzana en la calle El Vergel con Av. Los Leones. Muchos de ellos vieron el plagio. Ahí me enteré que el tránsito había sido interrumpido, minutos antes del rapto, por Carabineros de tránsito, motorizados y a pie, y que se reanudó apenas se habían llevado a mi padre con José Manuel. Que el helicóptero también era de Carabineros de Chile. Que al tío Leo lo habían baleado y que un profe se lo había llevado de urgencia a una clínica. Que Marcela, una compañera de segundo medio del colegio, intentó quitarles a los secuestradores a mi padre, que alcanzó a tomarle la mano, pero los otros era más fuertes. Que el Pelluco, uno de los dueños del colegio fue encañonado y amenazado, por lo que él pálido, probablemente para proteger a los niños o por temor a lo que ocurría, cerró la reja del colegio, dejando a mi padre y Jose Manuel peleando solos con los secuestradores en la calle, y que ahí llegó corriendo el Leo, que casi recupera a mi padre que no paraba de gritar, son de la CNI!, ayuda!, nos quieren secuestrar!

Me paré en la calle y me bajó la sensación que todo esto ya lo había vivido. Me preocupé absurdamente por mi seguridad, así es que compañeros me cambiaron parte de la ropa, me puse lentes oscuros, un jockey de gorra, y le pedí a Cristóbal, un compañero y amigo de la Jota del colegio, que me sacara de ahí, que yo tenía un papel que cumplir, que no me podía pasar nada.

Cuando nos fuimos a casa de Cristóbal había llegado la Policía de Investigaciones de Chile junto a Carabineros para preguntar qué había pasado... Me irritó el cinismo de nuestras instituciones de Orden y Seguridad y traté de pensar a qué lugar se llevaban a papá en ese momento.

En casa de Cristóbal conversamos qué podíamos hacer. Era todo confuso, me faltaban elementos, papá de seguro sabía lo que estaba ocurriendo, en qué debía fijarme y acordarme para entender con qué y quiénes estábamos tratando... Yo mismo no tenía clara cuál era la función de papá en el Partido, conocía su labor de dirigente público, pero debía haber algo más, pues sino porqué había tanto recurso del Estado comprometido para tomarlo en forma abierta, a la vista de niños y profesores en un colegio.

Desde que papá había llegado de regreso a Chile de su exilio, el 22 de noviembre de 1982, de forma inmediata lo retuvieron en el aeropuerto. Al entregar sus documentos en el mesón de Policía Internacional, el funcionario al leer la tarjeta de embarque, dijo en voz alta "es él", y acto seguido se lo llevaron a una sala esperando una llamada del "jefe". Mi padre muy preocupado consultó qué es lo que sucedía y en virtud de qué lo tenían retenido. No hubo respuesta. Después que le revisaron toda la documentación y lo que traía, lo dejaron ir. Un automóvil lo siguió hasta la casa familiar de Maipú, cosa que él de inmediato -¡en su primer día de regreso al país, después de años de distancia!- denunció llamando a las radios. Así de valiente era mi viejo, y así de presente lo tenían los organismos represivos de la dictadura.

En diciembre de 1982 retornamos nosotros, junto a mamá y mi hermana América a Santiago, desde Barcelona. Nos reencontramos con papá quien ya estaba participando en la organización de la primera marcha del hambre que se realizó, convocada por el movimiento sindical. El año 83 fue mágico, pues las protestas nacionales eran masivas, se respiraba mucha esperanza, con actos multitudinarios. Papá se abocó a organizar a los profesores cesantes y a la creación del Movimiento Democrático Popular, MDP, que agrupaba a las fuerzas políticas de izquierda que luchaban por el retorno de la democracia, pero con contenido social. Lo acompañé a muchas manifestaciones y concentraciones. Su energía de trabajo era infinita, y siempre tenía la "película muy clara", me comentaba la gente con quien interactuaba. Su apuesta eran las políticas de alianzas, la unidad de la oposición, el derrotar a la dictadura, pero en el marco de una transformación simultánea de la economía, de modo que ésta favorieciera a las grandes mayorías, fundamentalmente al mundo trabajador y poblacional que en aquellos años sufrían una situación de cesantía y hambruna real.

Llegó el año 1984, y papá trabajaba junto al Pato Madera, muralista destacado de la época de las Brigadas Ramona Parra, en el Taller Amistad que tenían en la calle San Pablo. Todo muy sencillo, pero lleno de jóvenes y viejos que hacían lienzos, pintaban cuadros, experimentaban formatos distintos de cassettes y revistas, todo con mensajes llamando a la organización y lucha contra la dictadura.

Asumió Sergio Onofre Jarpa de Ministro del Interior y de inmediato la CNI fue a casa a buscar a papá para detenerlo. Como él no vivía con nosotros no lo pudieron ubicar, pero dejaron una copia de la orden detención y expulsión del país de papá, junto a Mario Insunza Becker, firmada por el Ministro del Interior, con la leyenda "por orden del Presidente de la República", es decir, Augusto Pinochet. Aún conservo ese documento, que da testimonio del lugar desde donde venían las órdenes para vigilar, detener y matar.

Papá tuvo que volver a la clandestinidad. Allanaron la casa de la familia Guerrero en Maipú; secuestraron al hermano menor de papá, mi tío Francisco; detuvieron a una hermana de papá, mi tía Esperanza; detuvieron y torturaron al profesor Tolosa de la AGECH preguntando por papá, en fin, la represión era muy fuerte e intensa para dar con su paradero. Mi padre comenzó un exasperante peregrinar de casa en casa.

En aquellos días yo había cumplido los 14 años. Vivía el inicio de mi adolescencia. Rebelde me pelié con mamá y la amenacé con irme a vivir con papá. Ubiqué a mi padre y la comuniqué mi decisión. Él estaba radiante de felicidad, siempre había soñado con volver a compartir conmigo los momentos en que me dormía y despertaba. Quedamos de acuerdo, yo tomé mis textos escolares, un poco de ropa, mi guitarra, y me fui a Maipú a encontrarme con él a tomar once e iniciar nuestra vida juntos. Llegué puntual, pero dieron las siete, las ocho y las once de la noche y papá no llegaba. Ya cuando me estaba durmiendo apareció, con los ojos llorosos. Me dió un gran abrazo y me dijo, con el dolor de su alma, que lamentablemente no podía irme con él, que habían sacado una nueva orden de detención de parte del Ministerio del Interior y ahora tendría que salir de Santiago. No lo podía creer. Me había costado mucho tomar la decisión. Ahora tendría que volver con mi orgullo en el suelo a casa, a mi pieza de niño, cuando estaba a punto de cumplir uno de mis sueños. Pero sus ojos no mentían, estaba verdaderamente preocupado.

De ahí no lo volví a ver durante meses. Llegó el año nuevo con el que comenzaría 1985. Con mi hermana América fuimos a la casa de mis abuelos en Maipú y celebramos contentos, pero con la ausencia de mi padre que en algún lugar, en alguna casa estaría comiendo con una familia ajena. De pronto, noté que mi abuelo se puso muy nervioso y me hablaba como enojado. Había algo raro en el ambiente. Súbitamente entró al patio de la casa el auto de mi tío Francisco, pero en reversa. Estacionó frente a la puerta de la casa, lo que no era usual. Se bajó mi tío y abrió expectante la maletera. Corriendo fuimos con mi hermana y primos a ver qué sucedía. En su interior habían frazadas, que de a poco tomaron vida y comenzaron a moverse, y de pronto, de entre ellas, se asomó el rostro de papá con su risa gigante y luminosa, mirándonos victorioso. Había burlado el seguimiento y, arriesgando su vida, se sumó a la familia para compartir unos momentos junto a nosotros.

Pasé toda la tarde pegado a él, como un pequeño animalito incondicional. Comimos, lavamos los platos juntos, guitarreamos un rato -ambos somos desabridos pero gozamos cantando-, y luego llegó el momento de la despedida. Yo me abracé de mi hermana mientras observábamos como se volvía a introducir a la maletera y se perdía bajo las frazadas. ¿Lo volveríamos a ver?

A principios del año 85 el Ministerio del Interior informó a la familia que a papá le habían levantado la orden de detención y expulsión del país. Apenas lo supo, él aprovechó de inmediato la ocasión para volver a encontrarse con los profesores y juntos pasamos los efectos del terremoto de inicios de marzo de aquel año. Papá criticaba el que los propios profesores cesantes tuvieran que juntar limosnas para repartírsela a los colegas que habían quedado sin hogar producto del sismo. "Le estamos quitando a los que no tienen, y le estamos dando miseria a los que se merecen mucho más. Tenemos que exigirle a las autoridades estatales que asuman ayudar a todos los damnificados. Esto no es una cuestión de caridad, es un problema político desde el cual debemos organizarnos para protestar y buscar unidad de propósitos con amplios sectores", decía.

En eso estaba cuando el secuestro del 29 de marzo de 1985. Sin embargo esto no podía constituir motivo suficiente para que una institución del Estado secuestrara a tanta gente consultando por papá y luego se lo llevaran de las puertas de un colegio. Ese era mi intución en aquel minuto a pocas horas de ocurrido el secuestro en mi colegio. En casa de Cristóbal, trataba y trataba de dar en mis recuerdos con alguna pista para saber por dónde había que buscarlo para hallarlo vivo y salvarlo de una muerte segura, pero no supe desenrredar la madeja. Me faltó edad, experiencia, y claro, papá realizaba una actividad con mucho sigilo que solo con el tiempo pude ir reconfigurando. Ahí estaba la verdadera clave de su secuestro y posterior degollamiento. Su caso fue utilizado para atormentar a toda la sociedad, de ello no cabe ninguna duda. Pero no era solo eso, había un odio particular hacia él, desde el mismo año 1976 cuando sobrevivió la detención y desaparición, torturas y prisión política...

A fines de 1984, la peridiodista Mónica González de la revista Cauce, de oposición al régimen, había sido contactada por Andrés Valenzuela, alias "El Papudo", ex agente del Comando Conjunto -organismo que coordinaba distintas ramas de las Fuerzas Armadas con el propósito de reprimir-, quien se encontraba sometido a profundos remordimientos por sus acciones pasadas y valientemente dio el paso a contar su verdad, a riesgo de que se supiera y fuera ultimado por sus propios ex colegas. Mónica González se juntó con él y no podía dar crédito a todo lo que este hombre le relataba: detalles de las detenciones, torturas, ejecuciones y lugares donde habrían dejado los restos de muchos detenidos desaparecidos durante el año 1976, el mismo año en que el Comando Conjunto había tenido detenido desaparecido a mi padre. La periodista dándose cuenta de que se trataba de información extremadamente delicada, antes de su publicación decidió validar la misma, para lo cual contactó a José Manuel Parada, que a la sazón era el encargado de Documentación y Archivos de la Vicaría de la Solidaridad. En Chile habían muy pocas personas que como él manejaban casi toda la información acerca de los aparatos represivos, pues le llegaban a diario los testimonios de los luchadores sociales y sus familiares que habían sido apresados.

José Manuel, al conocer el carácter de la información y antes de entrar en su detalle, le sugirió a la periodista que había una persona, la única persona en realidad, que contaba con toda su confianza y que podía triangular la información con su propia experiencia de detención en manos del Comando Conjunto y lo que indicaba Valenzuela: mi padre. Con la venia de Mónica González, los tres se pusieron a analizar las largas horas de grabación del testimonio y mi padre con José Manuel no podían creer a lo que estaban accediendo: la estructura completa del Comando Conjunto, sus acciones, las fechas de detención de los militantes comunistas detenidos desaparecidos, los sitios en que fueron ultimados, los nombres y alias de los agentes de las distintas ramas de las fuerzas armadas y de civiles que participaban en el Comando. Mi padre, absolutamente impresionado, iba confirmando una a una las informaciones. Estaban frente a una información valiosísima que permitía aclarar muchos casos de violaciones a los derechos humanos y dar con el paradero de los detenidos desaparecidos. Pero al mismo tiempo se dieron cuenta que sus vidas, como la del ex agente, corrían un enorme peligro, pues los agentes seguían activos y harían todo para que tal información no se hiciese pública. Por ello decidieron que la información se publicaría cuando Andrés Valenzuela estuviera a salvo fuera del país y cuando ellos mismos hubieran alcanzado a tomar las medidas de seguridad que evitaran su inminente captura. La decisión era presentar toda la información en un medio de circulación masiva en el extranjero, tipo Washington Post, y una vez fuera conocida, entregarla con detalles a los Tribunales de Justicia chilenos para que investigara los hechos.

Leyendo y releyendo el testimonio del agente Papudo, mi padre se pudo enterar de los detalles de su propia detención en 1976 cuando tenía 27 años de edad, pues Andrés Valenzuela había participado en tal episodio. Ahora comparto con ustedes parte de la información que probablemente llevó mi padre a la muerte, por el terror y cobardía de los agentes a enfrentar la verdad y su responsabilidad en los hechos, que aún siguen impunes:

"El operativo fue en el sector de Departamental. Recuerdo que la 'Pochi", la agente de la FACH Viviana Ugarte Sandoval, estaba en el lugar con un equipo de radio para avisar su salida. Cuando salió, fue tomado por el "Chico" y "Alex", agentes de la Marina, y a consecuencia de un pequeño forcejeo, a "Chico" se le disparó el arma, hiriendo a Guerrero en un costado. Fue conducido de inmediato a "La Firma" estando herido. Allá, el "Lolo", el "Fifo" Palma, "Jano" y "Wally", lo interrogaron y torturaron poniéndole electricidad directamente en la herida.

A consecuencias de los golpes y electricidad, Guerrero perdió el conocimiento por unos instantes por lo que se llamó al doctor Alejandro Forero "hijo", hoy cardiólogo en el Hospital de la FACH. El doctor señaló que la herida era grave y que el detenido debía ser trasladado al hospital.

Alrededor de una hora después que se fue el doctor Forero de "La Firma", se recibió el llamado telefónico de un general, no estoy seguro que fuera de la FACH, y ordenó el traslado de Guerrero al Hospital de Carabineros. Nos causó sorpresa que el general ya estuviera enterado que teníamos a Guerrero. En el hospital estuvo siempre esposado, lo que recuerdo bien ya que varias noches me tocó hacerle guardia."

Con esta información, ahora quedaba claro porqué el Comando Conjunto había resuelto "entregar" a mi padre a la DINA durante su detención y desaparición en 1976: Mi madre en aquellos meses hizo todo lo humanamente posible para dar con el paradero de mi padre, concurriendo personalmente -embarazada de mi hermana América- a las oficinas del presidente de la Corte Supre ma. Él para calmarla hizo un ejercicio retórico: "Señora, en Chile no hay detenidos desaparecidos. Voy a llamar delante de usted al General Contreras, para que se de cuenta que no hay nadie del nombre de su marido detenido en algún recinto de las Fuerzas Armadas y de Orden". Y lo hizo. Y sin saberlo o quererlo, esta llamada al despacho del coronel Manuel Contreras, que dirigía la DINA, le salvó en ese momento la vida a mi padre, pues cuando Contreras se enteró que uno de los principales dirigentes de las Juventudes Comunistas, a quien sus hombres buscaban intensamente, se encontraba en poder del Comando Conjunto, o el "Grupo de los 20" como se hacía llamar, enfureció, porque no estaba informado. Movió todos sus contactos y exigió que el director de la Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea, general Enrique Ruiz Bunguer, y el director de la Dirección de Inteligencia de Carabineros, general Rubén Romero Gormaz, le entregaran a mi padre.

La presión del coronel Manuel Contreras se hizo insoportable y la Dirección de Inteligencia de Carabineros (DICAR) debió asumir su detención. El 18 de junio de 1976, estando mi padre ilegalmente detenido y baleado -sin que nadie de nosotros supiera su paradero- en el Hospital de Carabineros, el ge neral Romero debió entregarlo a la DINA a pesar de que la bala seguía enterrada en su axila. Un oficio firmado por el general Rubén Romero Gormaz, y dirigido al director de la DINA, acompañó a mi padre en su ingreso al campo de concentración de Cuatro Alamos, que estaba bajo control de la DINA: "Remito antecedente del dirigente de las Juventudes Comunistas Manuel Guerrero Ceballos, quien fue detenido por personal de Inteligencia y que se encuentra a disposición de la DINA, en el Hospital de Carabineros."

Siete días permaneció incomunicado mi padre en Cuatro Alamos. La bala la tenía aún clavada en el costado. En esos siete días se decidió su destino, pues el viernes 25 de junio de 1976, el día de su cumpleaños y a la misma hora en que la Corte de Apelaciones de Santiago rechazó el recurso de amparo en favor de él, mi padre fue obligado a levantarse de su camastro en la celda de incomunicación en que fue arrojado. No sabía adonde lo llevarían. Esa misma mañana fue trasladado al campamento del lado, el del tránsito a la libertad, Tres Alamos. Los organismos represivos, por esta lucha entre ellos, habían decidido que viviera, pero no contaban con que mi padre denunciaría por todo el mundo lo que le habían hecho y que había reconocido a uno de los agentes, el traidor Miguel Estay Reino, el "Fanta".

La información que entregó Valenzuela en su testimonio a Mónica González era una bomba, y en rigor, sigue siendo una bomba. Pues en ella se establece, entre otros aspectos, que Viviana Ugarte Sandoval, alias "La Pochi", había participado como agente del Comando Conjunto en la detención ilegal de mi padre. Presumiblemente ella es la mujer que relata en un escrito que dejó papá con el nombre "La sesión macabra continua", donde describe las torturas que le aplicaron, y que en medio de ellas había una mujer que lo acariciaba mientras le aplicaban electricidad.

Sí. Viviana Lucinda Ugarte Sandoval es la esposa del general de la FACH Patricio Campos, quien es la persona nombrada por las Fuerzas Armadas que participó en la Mesa de Diálogo que tenía por objeto recabar información acerca del paradero de los detenidos desaparecidos en Chile... Curiosamente, precisamente la información que correspondía a las víctimas del Comando Conjunto fua alterada, de acuerdo a las declaraciones de Otto Trujillo, "Colmillo Blanco", otro agente del Comando Conjunto que contó su versión de la verdad al diario La Nación.

Por desgracia, y por razones que aún me cuesta comprender, la entrevista a Andrés Valenzuela fue publicada sin autorización de mi padre y José Manuel en el extranjero, antes que ellos pudieran ponerse a salvo. Los agentes del Comando Conjunto, ahora agrupados en un departamento de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros (DICOMCAR), con domicilio en calle Dieciocho, en el mismo local de la "Firma" en que tuvieron torturado a mi padre en 1976, apenas se enteraron del testimonio de Valenzuela se pusieron en alerta y decidieron cortar literalmente el problema por la raíz: eliminar a José Manuel y mi padre, para impedir que la verdad circulara por el mundo. Por ello allanaron y secuestraron la imprenta de la Asociación Gremial de Educadores de Chile (AGECH) el 28 de marzo de 1985. Buscaron frenéticos ese lugar pensando que ahí se encontraban los stenciles de publicación del testimonio de Valenzuela sobre el Comando Conjunto. La imprenta estaba a nombre del artista gráfico Santiago Nattino. Esa misma noche lo secuestraron y lo llevaron a calle Diecicho, al local de la DICOMCAR, ex La Firma del Comando Conjunto. Lo esposaron a un parrón y comenzaron su tortura. Una vez que secuestraron, al día siguiente, el 29 de marzo, como hoy, a mi padre y José Manuel, los torturaron a los tres, quemándoles cigarrillos en el cuerpo, sacándoles las uñas, aplicándoles electricidad y quebrándoles los huesos de la frente a culatazos.

Al día siguiente, el 30 de marzo de 1985, dirigidos por el Fanta, con un cuchillo atacameño que le había regalado Moren Brito, los degollaron bajo Estado de Sitio camino a Quilicura y dejaron que sus cuerpos se desangraran. Hoy tres sillas vacías recuerdan a don Santiago y a los Manueles en el lugar en que les dieron muerte.

No quisieron que se supiera la verdad, como ha sido la tónica del silencio de las Fuerzas Armadas y de Orden para no dar con el paradero de los detenidos desaparecidos. Fundamentalmente por cobardía a no enfrentar sus propios actos, sus propias decisiones. Siguen estando en deuda con nosotros, con los hijos, con la sociedad chilena. La mayoría de aquellos agentes y de quienes les dirigían no han sido juzgados, y los médicos que torturaron, los civiles que actuaron, los oficiales que participaron en tan horrendos crímenes, siguen en sus lugares de trabajo como si nada pasara.

Pero sí pasa y no deja de pasar. Tal como mi padre y José Manuel arriesgaron y dieron sus vidas por la verdad y la justicia, nuevas generaciones surgen y dan con creatividad las luchas del presente, vinculados con aquella memoria del crimen, pero también de los compromisos, las militancias por una vida digna.

Por eso hoy los recordaremos en nuestra velatón cultural. Cada uno/a tomará de la mano a don Santiago y a los Manueles, y con ellos a cada uno/a de los/as luchadores/as sociales de nuestro país, de su mundo trabajador, artístico, profesional, intelectual. Somos muchos/as. Honraremos sus vidas y no dejaremos de denunciar y exigir justicia a sus asesinos y al Terrorismo de Estado. Hacemos el esfuerzo diario de seguir enamorados de la vida, como una conquista que no nos pueden ni queremos que nos quiten. Por eso decimos, ¡Con Memoria y Alegría, Adelante por la Vida!

Hoy pondré mi vela por ese último beso que le di a papá, y a quien he dedicado mi modesta vida, junto a mi compañera e hijas. Ahí estaremos, en la calle, codo a codo. Y entre la gente, quiero verte bailar...

Todos los días, toda la vida.

Manuel Guerrero Antequera
Santiago, 29 de marzo 2011
08:35 hrs.

21 marzo 2011

Por Otro 29 de marzo


Como latigazos de sombra pasan los días que aproximan un nuevo aniversario de la matanza. El 29 de marzo de 1985 el terrorismo de Estado descargó su descomunal y tecnológica ira sobre un puñado de cuerpos, vidas y proyectos que se habían declarado en rebeldía contra la opresión autoritaria y la sempiterna explotación de clase que desde el 11 de septiembre de 1973 se había vestido de dictadura cívico militar. La concepción del ser y la raza chilena como una única e indivisa gran familia, cedió durante 24 horas a la simple realidad que no todos cabían en ese cuadro de huaso y china sonrientes, pues en el mismo territorio llamado Chile habitaban otras identidades duras e imposibles de disciplinar y encajar en aquel retablo costumbrista reproducido al infinito como código ideológico por los textos escolares de diseño militar. A pesar de todos los esfuerzos del sistema de poder, seguían existiendo hombres y mujeres que se consideraban patriotas y reclamaban otras maneras de convivir no digeribles por el dogma neoliberal y neoconservador criollo, caracterizado por su combinación de libertad total de mercado con extremo integrismo cultural, deciudadanización represiva y criminalización de la diferencia.

Extirpar el cáncer, limpiar el cuerpo, salvar el “alma de Chile”, borrar la mácula rebelde, detener, inmovilizar, aniquilar lo que pudiera nacer como un nuevo comienzo a nivel asambleas, marchas y actos. Esa era la misión. Las protestas de los años 1982 y 1983 mostraron que la represión tiene una eficacia que fracasa ante el poder que genera la organización social de base movilizada. Los denigrantes y reiterados allanamientos en las poblaciones, las relegaciones de dirigentes estudiantiles y sindicales, la cárcel, censura, exilio, las desapariciones forzadas, los baleos para dispersar las manifestaciones no lograban mostrar una superioridad de mando que pusiera fin a la revuelta creciente, sino por el contrario, expresaban la crisis hegemónica, la fisura en el poder total, la presencia de otros  jugadores en el campo de lucha, un paulatino cambio en la correlación de fuerzas.

Ante el temor de perderlo todo, la orden directa de los mandos superiores de la Nación militarizada fue descargar el máximo de odio posible sobre aquellos cuerpos el 29 de marzo. Nada de simulación ni cuidado en las formas. Licencia para matar con presencia de testigos, para dejar una marca ejemplarizadora e imborrable, que se sintiera como un castigo al pueblo que se venía constituyendo en actor movilizado, para que se disolviera y cada quien retornara a su vida privada de productor-consumidor y cliente, y dejara de insistir en convertirse en un nosotros colectivo, capaz de incidir en la organización de la comunidad política, en el curso de la economía, en los valores y cultura desde los cuales nos imaginamos y autodescribimos como identidad.

Entonces se secuestró a las puertas de un colegio a plena luz del día, con participación de helicópteros y carabineros de tránsito deteniendo el tráfico, para que hubiera claridad de lo que se rea capaz de hacer si se les seguía molestando en su sagrado papel de administración del Estado y reserva moral de la Nación. Fue delante de escolares, colegas e hijos que se llevaron a Manuel y José Manuel. Fue a la vista de sus vecinos que secuestraron a don Santiago y allanaron su imprenta. Fue al interior de su población que persiguieron y acribillaron a Rafael y Eduardo, porque eran revolucionarios de comunidades cristianas de base. Y fue ante el terror de su familia y camaradas que ejecutaron a Paulina, porque era un cuadro político joven, con proyección en su organización.

El 29 de marzo el aparato represivo se esmeró en superarse a sí mismo. Tenía que marcar un antes y un después. Como con el bombardeo de La Moneda, debía generar un hito material y simbólico total, que no dejara en el imaginario colectivo margen de retorno posible. Y para ello se requería de un golpe de gracia que asegurara titulares en los diarios de circulación masiva. “Degollados” se leía el 30 de marzo, se escuchaba en las radios, se observaba en las transmisiones televisivas. Como en un rito nazi, con un corvo Carabineros cortó el cuello de tres ciudadanos y los arrojó a un borde de carretera, para que fueran hallados y exhibidos, para aterrorizar. Quienes por juramento debían proteger, ya hace rato se habían convertido en útiles herramientas para infundir terror a la población civil. Un campesino encontró los cuerpos, y así la señal llegó a su destinario: el pueblo pobre.

El ánimo fascista en Chile ha cobrado muchas víctimas a lo largo de los 200 años de historia republicana. Este asesinato selectivo forma parte de una cadena mayor de revancha acumulada contra la posibilidad que alternativas democrático populares puedan llegar a constituirse en opciones sociopolíticas. Y las Fuerzas Armadas y de Orden en general se han puesto al servicio de la represión del propio pueblo al cual se deben. El golpe no iba dirigido en exclusiva a los partidos y organizaciones en las cuales los seis asesinados el 29 de marzo de 1985 pertenecían. El remitente era el Estado policíaco, guardián de un interés de clase muy básico y rudimentario, y el destinatario era una forma de concebir la política y ejercerla: el movimiento social y popular. Estas no fueron violaciones a los derechos humanos en genérico como se les suele encasillar en ciertas políticas de la memoria institucionalizadas y del “nunca más”. Estos asesinatos fueron perpetuados en cuadros, dirigentes políticos de raigambre y trabajo social, a nivel del sindicalismo con Guerrero, el arte comprometido con Nattino, la Iglesia comprometida de la Vicaría de la Solidaridad con Parada, el trabajo territorial de los Vergara, y la opción por todas las formas de lucha para derrocar a la dictadura y construir poder popular de la joven Aguirre Tobar.

Hoy las palabras se han desgastado y decir “clase social” y “rebelión popular” suena a un lenguaje prehistórico, bruto, de un tiempo otro que no tiene la delicadeza de la “gente”. Gracias al tamiz de la llamada “transición a la democracia”, durante veinte y tantos años de postdictadura, se han erigido monumentos que recuerdan nombres, pero se ha desprovisto a aquellas historias de su singular historicidad, en cuanto a proyectos que pugnaron por concretarse desde opciones que fueron tomadas a conciencia y que tuvieron el precio de morir en el intento, a manos de la salvajada cívico militarizada. La democracia que finalmente advino ha preferido poner en el olvido las militancias, congelando a los nombres en el lugar de víctimas de las circunstancias, como si su propia lucha no tuviera contenido de clase y significación política, lo que ha tenido por efecto invisibilizar también la característica del terrorismo de Estado en Chile durante la dictadura pinochetista. Esta no fue solo un modelo autoritario, un “descarrío de la historia” porque no fuimos capaces, como Nación, de ponernos de acuerdo sobre las formas de resolver nuestros conflictos. La dictadura cívico militar de derecha fue una revolución reaccionaria, que al tiempo que intentó borrar de la historia a sujetos portadores de subjetividad democrático popular, construyó una nueva institucionalidad y una nueva subjetividad que al día de hoy ha permitido que todas las grandes conquistas sociales del siglo XX, como educación y salud pública, empresas nacionales, derechos laborales, entre otros, simplemente parezcan política ficción.

La deciudadanización era el objetivo buscado y por ello había que hacer caer las cabezas de quienes ejercían con carisma el liderazgo de opciones de salida avanzada a la dictadura. El grado casi nulo de sindicalización actual en Chile es un buen indicador de esta conquista de la dictadura y sus continuadores en “democracia”. El grado de criminalización de cualquier movimiento social que salga más allá de su demanda sectorial y exija una revisión, puesta en cuestión y rediseño, o directamente cambio de la institucionalidad política que rige al país, en lo fundamental en cuanto al carácter subsidiario del Estado por ejemplo, continua siendo etiquetado y tratado como enemigo interno, tal como en la Doctrina de Seguridad Nacional. El tratamiento mediático y político institucional de la prolongada huelga mapuche es señal inequívoca de ello. Lo mismo la extensísima prisión preventiva de los jóvenes ocupa. La aplicación, en democracia, de la mal llamada “Ley Antiterrorista”, es el síntoma más claro de la continuidad de linaje en las prácticas represivas del Estado chileno, independientemente del grupo político que asuma su administración.

Se aproxima otro 29 de marzo. Y sin duda se ha avanzado en materia de derechos humanos. Es lo que nos diremos a nosotros mismos. ¿Pero es tan así? ¿Cuál es el parámetro? Si es el del grado de represión y cierre que implicó la dictadura significa que estamos poniendo un umbral muy poco exigente para evaluar la democracia. Es más, la dictadura sencillamente no puede ser un estándar de medida para una democracia, y esta operación que se suele realizar para destacar avances de la postdictadura debe ser desechada, es una trampa ideológica. La democracia debe compararse con la democracia, con el grado en que se ha avanzado o no en materia de expansión de ejercicio, goce y respeto de derechos, de los más básicos hasta los nuevos que han de irse creando. La democracia actual puede ser medida con las democracias previas a 1973, así como a desarrollos democráticos que pujan desde la propia actualidad desde el interior del territorio llamado Chile. A su vez, la democracia actual debe ser medida con las promesas que se hicieron al término de la dictadura. Pero sobre todo, la democracia actual tiene que tomar como marco de referencia para evaluarse a sí misma las vidas que se sacrificaron para conquistarla.

¿Está nuestra actualidad a la altura de ese sacrificio?

Y llega un nuevo 29 de marzo. No quiero, como hijo, solo velas, que por cierto deseo que las hayan, y ojalá muchas.

Pero más deseo como ciudadano del mundo, como parte de generaciones de guerreros partícipes de ese movimiento social popular diverso que viene luchando por siglos en Chile, que tomemos la posta que nos han legado José Manuel Parada, Santiago Nattino, Rafael y Eduardo Vergara, Paulina Aguirre Tobar y a mi padre Manuel Guerrero Ceballos. Desde el difícil ejercicio del aprendizaje, desaprendizaje y reaprender, asumamos la tarea, el deseo, acaso el mandato que nos legan como perspectiva de vivir la vida intensamente.
Como árboles vigorosos que se alimentan de profundas raíces, tomemos fuerza y aprendizaje de la resistencia de los pueblos originarios; los artesanos, obreros calificados e igualitarios de Francisco Bilbao por una nueva sociabilidad; las mancomunales de Recabarren; el sindicalismo y cristiano popular de Clotario Blest; las demandas de Elena Caffarena; los gremios de Ricardo Fonseca; el rupturismo reformista de Allende y su anclaje en la Unidad Popular; la luchas de las madres, hijas y hermanas de las agrupaciones de familiares de detenidos desaparecidos y ejecutados políticos; el movimiento de pobladores; los movimientos estudiantiles históricos como la FECH, los secundarios en dictadura y la revolución pingüina en democracia; los intelectuales, artistas y demás trabajadores sociosimbólicos comprometidos; los medioambientalistas que pugnan por un cambio en el modo de vivir la sociedad y su organización desde una perspectiva diferente al puro productivismo que explota y daña sin reparos, así como de y con los jóvenes que ocupan y muestran otras maneras de ser, como la animalista y las economías solidarias y autogestionadas.

Con esta historia de resistencias y entregas, cómo en el presente no va a haber la decisión, generosidad y coraje suficientes para generar una plataforma básica de unidad sociopolítica y cultural que siente las condiciones para que emerja el gran arco de las alianzas a las que cantaba Violeta y Victor Jara. Re-emprendemos a gran escala la lucha por una sociedad más justa, solidaria y amable, desde una perspectiva democrático y popular que pueda ser opción de gobierno, a nivel local y nacional, desde un horizante de intransigencia democrática.

Sin culpas y sin pedido de disculpas. Sin mochilas, abiertos a la creatividad colectiva. Plurales, con respeto a las diferencias que nos constituyen en seres libres y singulares. Pero unidos y unidas.


Nada ni nadie está olvidado. Ni los crímenes, pero tampoco las luchas. Hagamos que este no sea el mismo, sino Otro 29 de marzo. Por nuestros vivos y nuestros muertos. Por los que están por nacer.