12 marzo 2006

POR MI PADRE: Celebro en silencio


Un nuevo rito de la democracia se ha consumado en Chile y esperanzas nuevas se abren a la vida del día a día de tantos y tantas. No es el proyecto de papá, o tal vez sí, no hay como saberlo.

Probablemente los énfasis que pondría él son distintos, acentuaría la organización y participación real de las mayorías, de eso estoy seguro. Un país no puede ser gobernado desde un segundo piso, por muy capaces que sean los técnicos de La Moneda. Un país se construye desde la invención y la herencia de los anhelos compartidos, pero también desde la profundidad de las luchas dadas durante ya dos siglos.

Tampoco se construye un país desde el Cementerio, claro está, por ello el rescate de los nuestros que no estando están, no es el canto al dolor, la oda al sepulcro, la identidad de la víctima. Es un abrazo de amor a la humanidad contenida en cada uno de nuestros ejecutados y desaparecidos, a la fuerza vital que los impulsó a organizarse, resistir, y batallar por la vida, por lo justo, por lo bello. Es el traer al presente lo que en ellos hay de resolución a dar lo mejor de sí por los suyos, por los pobres; ejemplos no idealizados de gente joven, generosa, decidida.

Lo que a ellos ocurrió no nos ha dejado de pasar. En otro tiempo y espacio vivimos la misma necesidad urgente de pujar por la felicidad auténtica, no la del consumo egoísta que basa su satisfacción en la explotación y cansancio del otro, que no tiene derecho ni a sentarse tanto tiene que vender o producir!; tenemos una comunión cósmica con los de ayer y los de mañana que no nos conformamos con lo que hay, porque el ser humano es capaz de mucho más, y porque todos nos merecemos comer de la torta, pasear por playa, investigar en el laboratorio, ir a un buen concierto, desarrollar nuestras capacidades de acuerdo al potencial de toda la humanidad.

Por ello sí celebro en silencio este nuevo rito que hoy se llama Michelle. No porque sea la conquista definitiva que haga justicia al sacrificio de papá y de tantos. No habrá nada ni nadie que pueda ofrecerme una equivalencia al maravilloso mundo ido en esas vidas. Ustedes que con paciencia y amabilidad han leído estos escritos sabrán ya apreciar lo que fue intentado ser cercenado: no un cuerpo, un cuello, un pecho, unas manos; sino un vasto mundo de humanidad, una historia, un proyecto social, colectivo, de raíces campesinas y urbanas, justicieras.

No, no celebro en silencio porque hayamos llegado a puerto. Falta mucho para ello, en tanto la forma de convivencia, el modo de vida que seguimos reproduciendo sigue siendo el de la explotación del hombre y la mujer por el hombre y la mujer. Falta no solo más, pues no es un problema puramente cuantitativo, de focalizar mejor, de distribuir más equitativamente.

Celebro porque seguimos estando, porque fracasaron, desde los dientes apretados de nuestros padres en el límite de lo humano y lo animal, fracasaron en su exterminio, y aún tenemos el vasto porvernir abierto para lamer nuestras heridas, ponerlas al sol, apoyarnos en el amor, convicciones, compromiso, constancia y consecuencia de los nuestros, y avanzar cada vez más al encuentro de los demás, de los diferentes, de los que nos complementan, de los que nos hacen falta, porque somos un mundo, una humanidad, una existencia, un oceáno de gotas singulares articuladas en marejadas enérgicas que se llama pueblo.

Abracé a Michelle, como lo haría con Tomás, y aún con Sebastián o Joaquín, pues la dignidad de mi padre y de nuestra propia lucha siento que nos da suficiente piso para mirar a los ojos a cualquiera para hacerle presente que aquí estamos y seguiremos. Pero mejor con Michelle, pues ella estuvo ahí, conoció este lado de la medalla, sabe que sabemos, en su piel está la memoria, eso no se borra. La tomé de las manos y la saludé a nombre de mi padre, de mi madre, de mi hermana América, de mis hijas y compañera. Estreché fuerte sus dedos, pues los míos son delicados pero vigorosos por la guitarra que toco desde enano, gracias a Victor y a Zitarrosa. Lo percibió y me miró directamente por medio minuto, en medio del tráfago de fotos, gente, mucha gente.

Tengo esperanza, le dije, en lo que puedas hacer. Tú sabes que nosotros no pararemos. Cuenta con nosotros. Gracias, me dijo tocada, en la emotividad que debe ser ver al adulto en quien ayer era un niño al que atendía como médico. Haré honestamente todo lo que esté en mi alcancé hacer, puntualizó.

Haz Michelle, lo que esté honestamente en tu alcance hacer, pero hazlo. Porque ten la seguridad que nosotros continuaremos haciendo, pues es nuestro modo de vivir la vida, luchar y amar, amar luchando. Y pasaremos por encima de quien quiera detener a la justicia, o más bien, la justicia pasará por encima de todo quien la quiera seguir postergando, adornando, embaucando, por lo que puede pasar incluso por encima nuestro, si erramos el enfoque. Lenta, paciente, pero constante, como mi padre, la justicia llegará.

Las grandes Alamedas no se abren por decreto, las abre el pueblo, que a nadie se le olvide.
Cuando eso ocurra, ya no celebraré en silencio.

Manuel Guerrero Antequera, Santiago, 11 de marzo 2006.
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Conociendo al hombre

Lo que tú tienes de vida
lo llevo yo en esta
hirsuta ruta
de lucha inacabada.

Fue un día como hoy
cuando en mi barrio proletario
tras pasar las pruebas impuestas
por mi padre me decidí por esta vida.

He conocido del silencio sabio
del campesino de mi tierra,
de la rebeldía del forjador de fragua
y futuro
de la sapiencia del cientifico comprometido
de la emoción cristalina del artista
de mi pueblo.

Crucé en estos días fecundos
caminos variados
preñados de sorpresas
quiebres sociales y hendiduras
en mi pecho incompleto.
Tuve alegrías pletóricas
dolores inconmensurables
fatigas distantes
padecimientos presentes.
Saborié la aurora boreal
de la victoria
padecí la impotencia
de la derrota.
Transcurrí por las calles del silencio clandestino
puntual a las nueve
en Vicuña Mackenna con Ñuble
¿cómo está el día?
nublado, ya saldrá el sol
muy bien, caminemos.

Siento la ausencia
de los ausentes
la lejanía
de los lejanos.
Me apretan aún
las tenazas del magneto
que exige claudicación
complicidad delación.

(No, no puedo
aquí estoy
he sido
soy
me duelen sus golpes
lloro sin vergüenza
por dolor,
pero no te preocupes camarada
espérame tranquilo
Ignacio no llega
no llegará, resiste por ti
por él).

Con saliva escasa,
hedionda de hedor,
encierro, rumiar,
construyo para ti
un corazón de pan
y con jabón lavanda
encontrado en un oscuro rincón
pongo tus iniciales
mis palabras de amor.

Canto por ti, por todos
por los de ayer, por los que afuera están
levantando esperanzas
construyendo mañanas
despejando horizontes.

(Espérame, no te marches
saldré de aquí, viviré
para besarte, encontrar a mi hijo,
saber qué fue ese ser
engendrado entre angustia y amor
canto de vida, calor
humana humanidad).

Ya estoy de nuevo
entre vosotros
martillando con mis manos laceradas,
alzadas para no fenecer
sino vivir
simplemente vivir,
con tu sabor,
mi amor,
el amor por todos y
la lucha,
el canto,
la lucha
no se detiene,
porque estamos vivos
queremos felicidad,
trabajar, crear, amar
hacer todo lo que nuestro
proyecto humano nos permite
humanamente hacer.

Arribo al encuentro
después de la soledad, el infierno, la desesperación
mierda de prisión,
acerco mi existencia al hombre
como integridad
al mundo ancho de los humildes
del mundo.

Como dice la broma en el exilio
viajo, veo televisión en colores y me divorcio
ésta es vida
que no se apaga,
agoniza, pero no muere.

Sigo caminando
luchando
aspirando
construyendo
añorando
buscando
el centro de mi centro
la pepa en el cuesco
la felicidad en la lucha.

Tú dabas los primeros pasos
por la vida
cuando yo
caminaba titubeante por
los caminos de la vida
buscando al hombre,
conociendo al hombre,
bregando por el hombre,
por ti,
por mí,
por todos.

Manuel Guerrero Ceballos, Budapest, septiembre 1982.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

gracias por enviarme este correo, estoy contigo y con todos los que han sufrido tantas violaciones a nuestros derechos, que algún día puedas tener la paz, para tu bien y de tu familia. Griselda

José Luis Contreras Muñoz dijo...

Me saco el sombrero ante el ejemplo de tu padre.Recién vengo llegando de Cuba ,donde participè en un Congreso de Atenciòn Primaria.Estuve dos horas con Fidel.Cuanto nos falta en Chile.Solo una frase de Fidel,"Aquí no escatimamos recursos en la Salud de nuestro pueblo",lo vi bajìsima mortalidad infantil,prioridad absoluta por la salud,escaner en cad municipio del pàìs,asistencia de urgencia de alta tecnologìa en cada municipio,en fin podrìa enumerar muchas cosas.Conocì la Operaciòn Milagro que se hace con Venezuela.¿porque no hacerlo en Chile?
En fin ,un abrazo

Anónimo dijo...

Estimado Manuel,
"Batallar por la vida, por lo justo, por lo bello", es legado que dejaron
nuestros padres, amigos y hermanos y hermanas que ya no están con nosotros,
que no les dieron la oportunidad de seguir la tarea de vivir y construir,
seguiremos nosotros, o "aquellos con los nuestros" como dijo Michelle.
Te mando un humilde escrito que nació de mi guata ayer,
cariños,
Cecilia

Anónimo dijo...

Manuel:


gracias por tus palabras, y por las de tu papá. No lo conocí en vida, pero
participé activamente en las acciones que desde su asesinato se fueron
desarrollando en la búsqueda de justicia.

Comparto lo que dices, es importante que lo sigas diciendo.

Un abrazo

Teresa

Anónimo dijo...

Con dolor, con el atisbo de una sonrisa y con la esperanza que se inventa todos los días, yo, como tantos, también celebro.
Diana

Anónimo dijo...

he leido lo que escribes y me ha gustado... espero seguir sabiendo de ti... y bueno te invito a visitar mi blog... es super distinto al tuyo, yo tembien escribo, peor soy una romantica empedernida, espero que no me crucifiques por eso... y de igual manera leas mi blog...
http://cioccolatacalda.blogspot.com

Manuel Guerrero dijo...

Querida nueva amiga, no te crucificaría por nada del mundo, al contrario, te abrazo y beso en los ojos por tu visita e invitación a leerte y conocerte,

Vuelve seguido,

Manuel.

triplege dijo...

Hice un enlace a este post desde mi blog.

Anónimo dijo...

Querido Manuel, ha sido una hermosa - dolorosa experiencia compartir los escritos de tu padre. Más aún para mí, que en un instante de nuestras azarosas vidas compartí vivencias con ustedes. Confieso que la primera vez hice un esfuerzo para leer el episodio enviado. No es grato recordar ciertas cosas y uno trata de evitar enfrentarse a ellas. Ahora espero el nuevo capítulo con genuino interés y esa conmovedora mezcla de indignación, cariño y solidaridad que surge espontánea e inevitablemente de su lectura.

Tal como tú sientes de importante hacernos oir la voz de tu padre siento yo necesario continuar su lucha por nuevos caminos. Veo en la bicicleta un medio para la construcción conjunta, desde el individuo, de una sociedad más justa, sana y participativa. Postulo la revolución dulce y silenciosa de la bicicleta, el poder de lo suave, el susurro de la libertad.
Con el cariño de siempre

Anónimo dijo...

¿Qué hermoso poema Manuel!, ¡Qué amor tan grande por la vida y por la humanidad tenía su padre!, Qué mezcla de sentimientos deliciosos, dolorosos, bellísimos. En su dolor, reconstruye con gran fortaleza su propia identidad, se sabe atormentado, pero vivo y en busca de la felicidad. Como dice su poema, ..."él sigue caminando, luchando, aspirando, construyendo", son muchos los que siguen sus pasos