06 marzo 2006

MI PADRE RIE: Recuerdos de amor


El presente relato de papá lo difundo como un homenaje a la vida comprometida, un agradecimiento profundo a aquella juventud de los sesenta y principios de los setenta que se jugaron por entero por y con los más humildes, los trabajadores. En esa aventura fui concebido; mis raíces se nutren de aquellos sueños y realizaciones. Esas vidas adolescentes y jóvenes que se volcaron al campo y la industria para entregar lo mejor de sí, para aprender dando. ¡Qué generación más bella! Gracias a todos ustedes por haberme entregado a los maravillosos padres que sigo teniendo, la Vero y el Manuel.

Cariños, Manuel Guerrero Antequera.
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Recuerdos de amor

En medio de la tortura me refugié en el recuerdo.

¿Que sería de los hombres si no tuviéramos evocaciones y sueños de gratos momentos?
En estas ocasiones vivimos de pequeñas alegrías y nostalgias. En mi caso repasé innumerables veces la infancia, la época de estudios, los primeros romances, el inicio en la Jota. Recordé a mi compañera. ¿Dónde estaría, sería torturada, perdería la guagua que gestaba, soportaría la flagelación y no claudicaría con su declaración? Una profunda ternura me invadió.

¡Cuánto la amaba! Tenía confianza en ella. Habíamos hablado de la posibilidad de la detención y nos preparamos política y psicológicamente para esa ocasión. Comentamos libros y películas revolucionarias. Al Choño, Juan A. Chávez y Victor Jara los nombrábamos con respeto y admiración, no porque estuviesen muertos, sino por su conducta ejemplar ante los fascistas. La detención de José Weibel nos golpeó. Por ese entonces, me encontraba en el hospital operándome y ella en la visita no pudo ocultarlo: el Checho había caído. Costó sobreponernos a ese dolor. Deseé acariciarla, verla y decirle: tu compañero aguantará. Tú asegura tu parte.

Pensé: es importante tener como esposa, a una mujer que esté en las buenas y en las malas con uno. Pero no solo con lo que ese hombre gordo, feo o buenmozo, chico o grande es individualmente; sino lo que ambos son. El amor si no es integral corre el riesgo de ser efímero, intrascendente.

Conocí a Verónica en el local de la Jota de calle Marcoleta, hoy ocupado de guardia de la DINA. Un día vi a la lolita típica. Me llamó la atención; la encontré "güena."
Yo pololeaba hacía varios años con una muchacha profesora y meses más tarde tomé la determinación de finiquitar el cuasi noviazgo por falta de comunicación plena. No quería que fuera mi sombra, sino que tuviera su propia fisonomía, que la entendía en la ruta del aporte común a la causa del pueblo. La incompatibilidad surgió del conflicto que ella veía entre la participación en la lucha social y nuestro amor: “al hombre”, en repetidas ocasiones le señalé, “lo entiendo indivisible en lo que es su actitud ante la vida, y ello se proyecta en el amor, el hogar, los hijos, el Partido, la familia, el trabajo los estudios”. Se cree a menudo, que los deberes familiares y el propio amor limitan el accionar de un revolucionario. Pienso lo contrario: El revolucionario debe buscar ser un hombre integral.

Volvamos al romance. Después de terminar el prolongado pololeo con esta muchacha, trance difícil y dolido, la actividad política nos fue acercando con Verónica.
El 12 de Mayo de 1969, entre las banderas de los trabajadores y las consignas estudiantiles, marchando por la Alameda cruzamos las primeras miradas. Prosiguió la búsqueda del amor en medio del combate popular que se fortalecía abriéndose paso a la conquista del poder.

En breve tiempo hubo comprensión, entrega y confianza. Decidimos casarnos cuando nos necesitábamos y carecía de sentido seguir separados.

El amor fue encendido en pleno. En la precordillera santiaguina, el sonido de los riachuelos y el canto de los jilgueros fueron los testigos de la unión que nacía.
El espíritu de caminantes quedó grabado en nosotros y con frecuencia transitábamos kilómetros del colegio o de la Jota a su casa, de subida y bajada en el San Cristóbal.

Formamos el hogar con modestia en una población popular de la capital, la Quinta Bella, ubicada en la comuna de Conchalí, y como el tiempo escaseaba, dormimos varios días encima del colchón que estaba tirado en el suelo. De a poco fuimos armando la casa, adornándola, reparándola.

Eran tiempos febriles, por doquier se anudaban los conflictos sociales. La reacción desplegaba todos sus recursos. El paro nacional convocado por la Central Única de Trabajadores mostró la disposición de las masas, con la clase obrera a la cabeza: al pueblo no se le arrebataría su derecho de ser Gobierno. Las movilizaciones se multiplicaban: en las poblaciones, sectores industriales, liceos y universidades. Las tareas se diversificaban y eran el volante, el mitin, la lucha callejera y las huelgas los componentes de cada día.

En medio del fragor de la lucha la juventud chilena levantó las banderas de la solidaridad antiimperialista. Allí, en la marcha contra el imperialismo que se efectuó de Valparaíso a Santiago, sellamos nuestro amor. A pesar de los pies ampollados, juntos cubrimos el largo trecho. Cuando al atardecer la columna de jóvenes y muchachas con mochilas al hombro, agotada y hambrienta, marchaba por la carretera solitaria en pos de la próxima ciudad, uníamos nuestras voces a la de centenares de jóvenes y entonábamos los himnos revolucionarios. Allí comprobé que todas las ocasiones son propicias para el amor. Quizás una de las formas más peculiares de pololear fue aquella de estar echado de espaldas con los pies alzados, apoyados en la pared. Así descansábamos de los millares de metros recorridos y extenuados nos dábamos ánimos para arrullarnos. Los días de caminata sirvieron para ir entrelazando nuestras vidas.

La gestación del hijo fue entre manifestaciones, trabajos de propaganda, lucha estudiantil. En una de las concentraciones populares en la Avenida Bulnes, los provocadores derechistas lanzaron bombas lacrimógenas y pestilentes. Yo me encontraba cerca del escenario y un compañero fue a avisarme que la Vero se había desmayado. Atravesé corriendo la muchedumbre y la encontré rodeada de gentes que la atendían. No pasó nada grave y el niño nació dos meses antes de la elección en que Salvador Allende resultó elegido Presidente de Chile.

La lucha presidencial entraba en tierra derecha. Los partidos populares, conformados en Unidad Popular, ya tenían candidato único: Salvador Allende. La unidad alcanzada, el programa y el candidato común ya eran una importante conquista. A todas partes llegó la palabra de la UP y la juventud fue un vehículo magnífico, que con mística y arrojo, incorporó a importantes sectores jóvenes al combate. Del aporte juvenil nacieron himnos y la nueva canción chilena, las brigadas murales, cuya representante más alta fue la Brigada Ramona Parra, los jueves proletarios para el trabajo en las industrias, los domingos insurgentes para la labor propagandística y de educación política casa por casa en los barrios. Los caminos de Chile fueron cubiertos por los rayados de las Brigadas Venceremos. Los jóvenes luchaban por sus reivindicaciones en todas partes. Las salidas al campo para el trabajo con los campesinos e incluso a las playas con veraneantes, contaban con la presencia entusiasta de lolos y lolas de cortos años.

¡Cuantos jóvenes hicieron su escuela política en estas acciones!

Las juventudes comunistas crecían en número y madurez. Eran una organización conocida, admirada y querida por los jóvenes trabajadores, estudiantes, artistas y pobladores. Los colores amarantos de su camisa florecían y cada jota-jota, tronaba en las calles con sabor a futuro. A su presencia contribuyeron el aporte de tantos jóvenes, militantes y dirigentes, que llenaron todo un período político muy importante de la historia en Chile, Entre los que sobresale la figura, creatividad política y firmeza revolucionaria de Gladys Marín bajo cuya égida la Jota alcanzó dimensión de fuerza juvenil nacional. Tampoco en esa ocasión era fácil ser comunista.
El odio de clase de los reaccionarios se sentía a toda hora y se jugaban por frustrar los anhelos del pueblo. En la campaña varios compañeros fueron asesinados, golpeados y detenidos. Las bandas de los pijes agredían a mansalva a nuestros compañeros y la enérgica respuesta dada en cada oportunidad impidió que prosperara su intento de intimidarnos.

Los jóvenes chilenos que organizaron, lucharon y fortalecieron al unísono con los trabajadores, aprendían y asimilaban de su rica experiencia de combate. Por eso cada paso de la juventud tenía presencia del cobre, salitre o carbón. La consigna: la juventud junto a la clase obrera por la revolución expresó correctamente la realidad. Los obreros iban adelante arando con su férrea fortaleza el sendero de la victoria.

En todo el período anterior a la conformación de la Unidad Popular y a la conquista del Gobierno Popular la juventud fue protagonista de importantes luchas.

Si bien entre los jóvenes también se expresaban y se expresan las contradicciones de clases, y el mito de la lucha generacional como factor de las transformaciones sociales además de equivocado es falso, en Chile la mayoría de los jóvenes fue ganada para la idea de los de los cambios. La generosidad, el espíritu de rebelarse contra lo injusto, su desprendimiento y sus grandes potencialidades encontraron cabida y relación con los combates políticos impulsados por la clase obrera y otras fuerzas de avanzada. Al mismo tiempo de luchar por la solución de sus problemas la juventud se movilizó por los cambios en la sociedad.

Los sucesivos regímenes reaccionarios no resolvieron sus agudos y endémicos problemas, como el derecho a trabajo, vigencia del principio a igual trabajo igual salario, derecho a voto a los 18 arlos, democratización de la educación, desarrollo del deporte y la cultura popular.

Junto a las grandes movilizaciones obreras y de otros sectores del pueblo, en un período de aguda lucha de clases, los jóvenes reforzaron sus organizaciones representativas, a la vez que impulsaron crecientemente la solidaridad mutua y la coordinación de sus objetivos y entidades.

Un rol gravitante como centro aglutinador lo desempeñó el Departamento Juvenil de la Central Única de Trabajadores que realizó diversas conferencias nacionales de la juventud trabajadora que concitaron la presencia de centenares de delegados provenientes de los principales centros productivos del país. Como proposición unitaria levantó la "Carta de los Derechos de la Juventud" y estimuló variadas actividades conjuntas con el estudiantado universitario y medio, así como con los exponentes del movimiento cultural.

De igual manera, la lucha por la reforma universitaria estremeció las principales universidades y el país, desempeñando un papel de vanguardia el Pedagógico de la Universidad de Chile como el poderoso y múltiple movimiento generado por los estudiantes y académicos de la Universidad Técnica del Estado. Las manifestaciones de los estudiantes secundarios, industriales y normalistas por el aumento del presupuesto educacional, plan nacional de becas y supresión del bachillerato sumaron nuevas y potentes fuerzas a un movimiento juvenil en que logró aislar las expresiones de las posiciones reaccionarias y evasivas entre la juventud chilena.
Memorables fueron la participación juvenil en el paro nacional decretado por la Central Única de Trabajadores el 23 de noviembre de 1967, como las grandes jornadas por la nacionalización del cobre, la reforma agraria y en solidaridad con otros pueblos: Cuba, Uruguay, República Dominacana y Vietnam, que tuvieron un amplio carácter de masas.

A todo este ascenso de la lucha juvenil nuestra Jota hizo un vital aporte, al tiempo que otras fuerzas políticas juveniles, sobre todo de izquierda, hicieron lo propio.
Era un movimiento, una acción, un trabajo muy arduo que venía de lejos, que se encontraba amalgamado con las luchas juveniles habidas en la década del 20, en la conformación de la Alianza Libertadora de la Juventud en los años 30, que tuvo gran peso y trascendencia en las acciones de solidaridad con los combatientes de la España Republicana y después con los del Ejército Rojo y demás fuerzas antihitlerianas que combatían al nazismo, que enfrentó la represión de Gonzáles Videla y luchó por el saneamiento democrático, que sembró organización y conciencia en diversos sectores del pueblo.

Desenterré de mi memoria una de esas actividades en la que me cupo participar, en la sureña provincia de Osorno, durante la elección presidencial de 1964. A ese lugar, como a otros puntos del país, viajaron brigadas de jóvenes obreros y estudiantes durante las vacaciones a trabajar con los campesinos e indígenas...

Los preparativos nos consumían el tiempo, parecía que no lograríamos lo propuesto y a la hora de partir el detalle más imprevisto echaría por tierra el entusiasmo y la "organización puesta a prueba". Los días habían sido un incesante corretear de casa en casa para asegurar a los compañeros y pedir permiso para las cabras... “Ud. responde por ella camarada, entenderá que nosotros quedaremos preocupados, pero sabemos que Uds. son responsables”… “Claro, por supuesto, descuide Ud. ella no tendrá ningún inconveniente”…

Aparte de esto no había que olvidar las carpas, comestibles, sacos de dormir o frazadas para hacerse un “saco de domir proleta” doble la frazada y cósalas con hilo grueso o pitilla por los lados, dejándole sólo la boca descubierta, y quedará como niño envuelto pero no pasará frío... La propaganda: papel, tierra de color, un mimeógrafo de rodillo, cuadernos, silabarios, lápices, guitarras, bombo, panderos, botiquín teatro de títeres y la guía automovilística.

Las charlas sobre alfabetización, problemas agrarios, sindicalización campesina, historia del Partido y la Jota ocupaban otro importante espacio de preocupación.
La comisión transporte en honor a su nombre se desplazaba para buscar vías de solución al problema más camotudo, cómo llegar al destino. Algunos podrían hacerlo por tren, pero de dónde sacar plata para todos, además de que algo de dinero había que reservar para imprevistos. Las campañas de finanzas habían funcionado, pero siempre el debe era mayor que los haberes. Que este compañero no tiene ni cordones para los calamorros, bueno hay que soltar lo cocodrilos no más. El objetivo era asegurar transporte seguro y gratis para la muchachada. Se discutían con ardor si salir a los caminos y hacer dedo o no y en caso de no, cómo afrontar el problema que podía hacer fracasar el viaje.

Más que discutir resolvimos tentar suerte en ferrocarriles y con los camioneros, pero encontramos sucesivas negativas. Llevar 20 personas es pega para varios vehículos. Logramos una solución de caballeros, viajaríamos a dedo, pero a "dedo amarrado", es decir haríamos dedo en la carretera con previo acuerdo con los choferes que nos recogerían. El traslado debíamos pagarlo con trabajo de pionetas, así ganábamos nosotros y el chofer, que se embolsillaba su tonto billete que estaba destinado para contratar pionetas de pincho para la descarga y carga en cada lugar.
Guardaríamos como secreto de Estado la compañía femenina por temor a la negativa de los choferes y por su propio resguardo.

En una avenida de Santiago con los monos al hombro, cargados como burros pero contentos esperamos el vehículo, fondeamos a algunos para que no se asustara el chofer por el número. Al detenerse el camión apareció un grupo enorme que entre enojo y risa del chofer anonadado observó. Nos dijo que no podía llevar a tantos, pero que conseguiría otros camiones que nos llevaran. Así lo hizo.

Partimos al sur escondidos entre cajones de conservas y rieles tapados de lona, aguantamos la respiración en los controles policiales, que más de una vez escrutaron con linterna el cargamento. A mi me tocó dormir, por decirlo así, sobre dos rieles y otro debió viajar en cuclillas por lo que le dimos el apodo de "Toro sentado".
Al comienzo nadie reparaba en estas "menudencias", pero a poco andar se acalambraba el cuerpo, alguien se estiraba y pegaba con sus bototos patadas en la mandíbula al vecino. El buen genio iba siendo reemplazado por el cansancio y la irritabilidad. Las canciones y chistes mantenían el nivel anímico. En cada ciudad importante debimos descargar cajas, fierros, herramientas y a pesar de lo pesado del trabajo todo se hacía con gusto teniendo como único estímulo la posibilidad de estirarse más en la noche. El camión se detenía a cada instante y en las noches el chofer dormía en su cabina por lo que el vehículo se detenía a la vera del camino. El viaje hasta Osorno demoró tres días y tres noches y allí nos juntamos con los o tros grupos que vivieron odiseas semejantes.

Recorrimos con nuestro canto y mensaje político diversos poblados viviendo en la carpa que soportó calores y fuertes aguaceros.

El Partido nos rodeó de cariño y atenciones, los compañeros se peleaban por tenernos en sus hogares a pesar del peligro que significábamos para sus despensas.
En el sector de El Encanto, hacia la cordillera de Osorno acompañamos a Salvador Allende, futuro Presidente de Chile, seis o siete anos después, en su encuentro con los campesinos. Cabalgó con ellos y con gran convicción habló del triunfo del pueblo que surgiría de su unidad y lucha.

En todos los lugares los campesinos, obreros, jóvenes y dueñas de casa llegaban a nuestro campamento a dejarnos papas, choclos, pan amasado e incluso alguna gallinita.
Cantábamos todos, incluso los que no tenemos voz de terciopelo; las canciones revolucionarias las enseñaban unos a otros y después las cantábamos a coro. Los oradores para cada mitin eran diferentes y todos debían pasar la prueba. No pocas preocupaciones y lágrimas significó esta experiencia, pero al terminar el campamento todos estaban en condiciones de tirarse al agua.

Varios campesinos aprendieron a leer o mejorar su lectura y escritura con la ayuda de los Jotosos, que también constituyeron nuevas bases y reforzaron con su aporte el papel y la organización de los sindicatos campesinos.

Debimos afrontar la agresión y la amenaza de los patrones dueños de fundo que no veían con agrado la acción de los jóvenes comunistas. Al declinar el día diversos turnos velaban el sueño de sus compañeros.

En nuestro campamento estudiábamos colectivamente y a menudo ofrecíamos shows a las visitas que llegaban a convivir con nosotros. La lectura de novelas revolucionarias y libros elementales de marxismo era cotidiana. Por nuestras manos y ojos pasaron "La joven guardia", "Así se templó el acero", "Poema pedagógico", "La base", "Vida de un comunista", "El izquierdismo enfermedad infantil del comunismo"; Neruda, Lenin, Guillén, Recabarren. Cada libro y tema era debatido en grupos.
La actividad cultural era muy rica. Además del conjunto folklórico que interpretaba música chilena, teníamos solistas y dúos, contadores de chistes y declamadores de poemas. En las tardes después de comer, el canto de los grillos y el croar de las ranas eran acompañado por múltiples cantos, poemas y chistes de los grupos que ensayaban alrededor de una fogata.

La preparación de los alimentos, "el manye", era rotativo y muchos que en su vida habían cocinado debieron hacerlo por primera vez para un numeroso grupo.
Cerca de dos meses trabajamos en diferentes poblados, localidades y campos. Recorrimos cientos de kilómetros en nuestra misión de agitadores y propagan distas.
En cada lugar la despedida fue triste y sentida. Algo de nuestras vidas se quedaba enredada en las zarzamoras, yuyos, trigales, en las aguas de los lagos y en los faldeos cordilleranos, pero sobre todo en la amistad silenciosa, el abrazo fraternal, el apretón de manos de los mapuches y campesinos de esa zona.
Fuimos a enseñar y lo que hicimos más que nada fue aprender...

Así fue configurándose un movimiento juvenil organizado y unitario que asumía como rasgos cardinales su relación con el movimiento obrero, su carácter democrático, antioligárquico y antiimperialista.

Con este camino recorrido y experiencia acumulada los jóvenes vieron en la elección de Salvador Allende una perspectiva real de emancipación y de aporte al noble objetivo de conquistar nuevos días para Chile.

El triunfo de Salvador Allende en 1970 fue la coronación del esfuerzo y la lucha de largos anos de la clase obrera y del pueblo chileno.

Al conocerse el resultado, la juventud se volcó a las calles manifestando su voluntad de combate y disposición ante las nuevas tareas que surgían. Las Brigadas Ramona Parra así como escribieron el nombre de Allende en el mismo instante en que fue proclamado candidato único de la Unidad Popular, ahora rayaron la alegría del triunfo y los desafíos venideros.

Los mil días del Gobierno Popular fueron una apasionante odisea donde la juventud tuvo participación y presencia, heroísmo y sacrificio a toda prueba.

El pueblo desempolvó sus sueños. Irrumpió en los grandes bancos e industrias. La tierra era propiedad de los campesinos. El cobre tuvo forma de bandera chilena y se fueron los que lo explotaron. Los pobres tuvieron voz y presencia. Gobernaban. El entusiasmo era maravilloso. La participación popular crecía. En poco tiempo se logró avanzar una eternidad. Y estaba la juventud. Puso al servicio de Chile su vitalidad y trabajo.

Grandes tareas eran respaldadas por millares de muchachas y jóvenes. El trabajo voluntario fue una de las características de su participación. Estuvimos en la pampa del tamarugal rompiendo con chuzo la pétrea costra desértica para hacer vivir una diminuta planta que diera alimentación a ovejas y lograra que esa gigantesca porción de tierra, compuesta de arena y sal, sirviera al país. En la inmensidad de la pampa, bajo 40 grados de calor, con una insignificante hierba verde en las manos, buscábamos la primavera para Chile.

Las columnas de jóvenes, con sus mochilas al hombro, que cruzaban la extendida geografía chilena, participaban de la pujanza de un pueblo que era dueño de su destino.

La juventud construyó represas, canales, casas, escuelas y caminos. Plantó árboles y extrajo cobre desde la profundidad de la mina. Sacó muelas y curó enfermedades. Cantó hizo teatro, pintó y escribió poemas. Formó Brigadas de Vanguardia de la Producción. Creó Comités de Apoyo al Rendimiento Estudiantil, manejó tractores, camiones y cargó en sus hombros miles de toneladas. Aseguró el abastecimiento. Peleó contra los reaccionarios que saboteaban. Se educó y entregó su palabra de adhesión.
Eran miles los ejemplos de participación juvenil. Uno de ellos lo recordaba como si fuera hoy mismo…

Son las tres de la madrugada. En una modesta casa de la comuna de San Miguel, un joven de corta edad, casi un niño, se levanta con un viejo minero y en medio de la oscuridad reinante se dirige hacia la industria. Allí, junto a otros jóvenes, se entrega a una laboriosa actividad.

Levantan y trasladan jabas, toman tres o cuatro botellas y las van ordenando dentro de las cajas hasta completar la cantidad necesaria. Las botellas contienen leche que debe ser consumida por decenas de niños de Santiago.

Inclinados, cumpliendo su trabajo con esmero cuidado, los jóvenes van enhebrando una charla o una conversación que recorre el espacio del galpón y penetra en los oídos de los trabajadores. Hablan de fútbol, que si gana o pierde Chile, si Chamaco hará las jugadas magistrales de costumbre; intercambian palabras sobre las muchachas que el día anterior también le pusieron el hombro, sueñan con los viajes espaciales y entremedio, con naturalidad y rabia, se les escapan algunos garabatos contra los fascistas que pueden frustrar sus anhelos, o su fantasía, o el más elemental derecho del hombre: vivir.

En la misma medida que la mañana avanza, los muchachos van calentando sus músculos, mientras el trabajo continúa. Las jabas llenas de botellas con leche hay que cargarlas a los camiones. La exigencia es grande para el cuerpo y la fuerza, pero sin chistar, una a una las van dejando en el camión hasta completar la carga.
La claridad de la mañana aparece, cuando los jóvenes trepan a los camiones cargados. Ahora, no siolo hablan, sino que gritan como si fuera el premio que se han autootrgado por lo realizado.

En cada camión se ubican grupos que desde el tarareo pasan al canto y al himno, que el ruido del motor y la crujidera de los cajones silencian.

Así, con esta preciada carga, los Voluntarios de la Patria que trabajan en Soprole llegan a las poblaciones donde las mujeres y los niños corren presurosos a adquirir el alimento.

Parando en un lugar y otro, aquí y allá, en el almacén y en el boliche, van desocupando el camión donde ya sólo quedan botellas vacías, que suenan y se quejan. Alguien piensa qué lindo sería si un músico famoso compusiera una suerte de sinfonía lechera. Lo que pasa es que todos están alegres. Es tarde, ya pasa el mediodía, tienen hambre y sed, pero han cumplido. Ellos saben en lo más hondo de sus sentimientos que han cumplido. Es posible que no todos tengan exacta dimensión de con quién cumplieron pero así, a vuelo de pájaro, con la misma facilidad con que se respira, saben que es con el pueblo, con las mujeres y los cabros chicos que se apiñaban en torno al camión. Y eso les basta.

A las tres de la tarde, más o menos, el viejo camión vuelve a Soprole. Los muchachos descargan las jabas, sacuden sus ropas, se pasan la mano por el pelo y se despiden de los trabajadores con un hasta mañana.

Son las tres de la madrugada cuando en una casa modesta... y la historia se repite. Con variaciones, claro, como es la vida, a cada instante, pero la cosa es que todos los días, de este modo, los Voluntarios de la Patria, concurren a trabajar a Soprole, desde las 3 de la madrugada a las 3 de la tarde.

En cada lucha y conquista del pueblo estuvo la Escuela Santa María de Iquique, Ranquil, San Gregorio, la Plaza Búlnes y Tropezón. Por la boca de las mujeres, obreros, campesinos, artistas, profesionales y jóvenes, habló el dolor y la esperanza de todo un pueblo que era arquitecto de su existencia.

Los paros de los transportistas y el comercio, y sobre todo el intento golpista del 29 de junio de 1973, mostraron las acechanzas que se cernían contra el proceso. Fueron la demostración de lo que en las sombras se fraguaba. La felonía más grande de nuestra historia.

Estábamos luchando y trabajando por avanzar y consolidar el proceso cuando vino el golpe fascista.

El sol se escapó de nuestras manos. Las ternuras fueron trocadas por los estampidos y la risa superada por el llanto.

Una nueva etapa se abría en nuestras vidas, de la superficie nos sumergíamos bajo la tierra. No para subsistir, únicamente, sino que para luchar.

Cada uno asumió su tarea.

Manuel Guerrero Ceballos, Campo de Concentración de Tres Álamos, 1976.

[Sigue leyendo MI PADRE RESISTE: La vida subterránea]

15 comentarios:

clemente dijo...

deja de caminar de espaldas, o será que sólo quieres estar marcado por la tragedía del pasado ya que no eres capaz de armarte un futuro con lo que la vida te ofrece. Será más fácil siempre, sufrir por el sufrimiento, y sentirte importante víctima por el resto de tus días?? escribe tu propia historia, liberate, que la liberación no significa olvido.

Pedro dijo...

Es SU dolor y debe ser respetado. Lo màs sensato es escuchar su testimonio en silencio.

nadie dijo...

Reenvíe la lista para londres 38 y una mujer a qien respeto me envío este texto, vi que había un blog y vine... mucho antes he leído cada carta tuya.

"El sol se escapó de nuestras manos. Las ternuras fueron trocadas por los estampidos y la risa superada por el llanto"

Y yo digo tanto que hay que creer...hoy, de una manera distinta pero tan parecida en el fondo

Manuel Guerrero dijo...

Gracias por sus mensajes y palabras.

La verdad es que el dolor no es mío sino que es y debe ser social. Ni la tortura ni el asesinato fueron perpretados a personas individuales, sino que se intentó quebrar a un sujeto social que había despertado: lo que llamamos pueblo trabajador. Hoy parece adormecido, pero como los árboles urbanos en cualquier momento sacará sus raíces y romperá el cemento, aparentemente firme, de las veredas del consumo y el individualismo.
Lo que le hicieron a mi viejo no me lo hicieron a mí, y es por eso que no siento una "víctima importante": se lo hicieron a una generación,a un país que para no "caminar de espaldas" requiere ver a la cara lo ocurrido, y sobre todo reconocer la tremenda humanidad de los luchadores sociales, así como lo espantoso de que es capaz la condición humana cuando se desata el ánimo de exterminio.
En lo que a mí respecta, vivo la vida intensamente, cada segundo, con mis tres hijas, en mis clases en la universidad, cuando todo la guitarra, en medio de la política contingente, en fin: soy una persona que me siento afortunada de haber tenido el padre que tuve y que creo que vale la pena compartirlo con los demás, pues representa a muchos y muchas que no estando están.
Por otra parte, no te preocupes, camino de frente, pues tengo todo el pasado por delante, y el porvenir es largo.
Gracias por venir y preocuparte.

Psicoaldo dijo...

Manuel: concuerdo en que no sólo ntú fuiste la víctima, sino toda nuestra generación, yo personalmente me dolí con lo que pasó y definitivamente me desestructuro, yo en ese 30 de marzo había cumplido 16 años y decubría que definitivamente el terror y la muerte estaban instalado muy cerca de nosotros. Aún recuerdo tu llamado y recuerdo valiente en el funeral de tu padre, esa imagen aún está instalada en mi mente. Por lo que agradezco encontrarte en la red y recordarnos que no debemos olvidar, y esto no lo digo con odio sino que con una gran mirada de esperanza en lo que podemos construir, dado que gracias a esos luchadores sociales hemos podido construir el Chile que tenemos y podremos construir un país mejor.
Visitame.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

QUERIDO MANUEL LA VERDAD ES QUE LO QUE ESTÁS HACIENDO ES MUY BONITO Y MUY CONMOVEDOR.

ME ALEGRA PROFUNDAMENTE QUE VIVA EN TI ESA SENSIBILIDAD.

GRACIAS POR COMPARTIR.

Anónimo dijo...

Gracias por
compartir la historia de tu padre. Cariños de una jotosa antigua.

Anónimo dijo...

ESTOMADO MANUEL:

GRACIAS POR HACERME PARTICIPAR DE LOS ESCRITOS DE TU PADRE.

ME LLENAN DE EMOCION.

AUNQUE SOMODS DE LA MISMA GENERECION, NO TUVE ELK PLACER DE CONOCERLO.
LO CONOCI POR SU MARTIRIO Y AHORA POR SUS ESCRITOS.

PERTENEZCO A SU MISMA GENERACION QUE TU PADRE, A LOS QUE QUERIAMOS CAMBIAR
EL MUNDO Y CREAR UN HOMBRE NUEVO.

MUECHAS GRACIAS, COMPAÑERO MANUEL HIJO

Francisca dijo...

COMPAÑERO

YO NO HE TENIDO LA OPORTUNIDAD DE CONOCERLO EN PERSONA, LA VERDAD, ES QUE MI PADRE ME CONTÓ LA HISTORIA DE MANUEL GUERRERO EN AQUELLAS TARDES DE RECUERDOS MEMORABLES DONDE NO PODÍA HACER OTRA COSA QUE ESCUCHAR ATENTAMENTE.

SOY UNA MILITANTE DE LAS JUVENTUDES COMUNISTAS DE PUENTE ALTO, Y EN HONOR A SU PADRE, NUESTRA BASE SE LLAMA MANUEL GUERRERO...

HE QUERIDO DAR NOTICIA SOBRE ESTO, PUES NO ES MENOR, QUE EN RECUERDO DE ESOS PEQUEÑOS GIGANTES SIGAMOS MAS QUE NUNCA EN LA LUCHA.

SALUDOS REVOLUCIONARIOS

Anónimo dijo...

Cada vez, agradezco recibir tus mensajes. Son una composición de malestar y certeza, de entendimiento y posición, de polémica y retiro. De cómo pensar la política desde la memoria, o la memoria desde la política, y en fin, la vida. Tu padre escribía hermosamente, con un estilo compartido a su generación, pero también singular. Los recuerdos de su vida contigo son especialmente significativos, estás tu presente, el que ahora trae su palabra, en el relato de este pasado, dándole vida hoy a sus historias. Saludos y gracias.

Anónimo dijo...

Estimado Manuel

nuchas gracias por haber dado a la luz pública esas líneas de tu padre, maestro y compañero. En ellas está reflejado vivamente, el esfuerzo constante de todas esas generaciones de jovenes, que participamos en esa lcuha ardiente por convertir a nuestro pueblo consciente en el protagonista de su propia historia. Rfleja lo que hicimos, socialistas, comunistas, y en general , los jovenes que aceptamos la responsabilidad de divulgar la solidaridad humanista entre las mujeres y hombres de esta tierra tan hermosa.

Gracias, Manuel por traernos este mensaje , estas reflexiones desde un campo de concentración, de tu padre

Anónimo dijo...

Estimado Manuel: Estos textos son maravillosos . Te agradezco que nos dés la oportunidad de compartirlos. ¿ Nos has pensado en publicarlos?Un abrazo, Quena

Anónimo dijo...

Recordado Manuel Guerrero: es increible como llegas a la memoria, yo estoy
en Mozambique hace 30 anos, no se como agradecerte que hayas mandado
esta carta.

Anónimo dijo...

La historia de ese amor es la historia de muchas de nosotras. Ese sentimiento creo que también nos dió fuerzas para soportar todo lo que vino, independiente de lo que nos sucedió con nuestras parejas tiempo después. Eso demuestra que los revolucionarios tenemos una capacidad de amar indestructuble. amor a la vida, a la justicia a nuestros pueblos.

un abrazo y gracias por el envío

Mireya Osorio dijo...

Manuel
Me llevas a conectarme con mi padre el esta al lado mio y siento que debo agradecer el poder abrazarlo ,el era del otro lado,vivi en medio de musica libre ,leyendo el "ritmo" era el otro mundo,quizas para protejernos nunca nos mezclo con su trabajo pero me sorprendio cuando dijo "esto no era el plan ,los militares no son para gobernar, la junta militar era por un corto tiempo, el gobierno es del pueblo,esto está mal muy mal" y nuestra mirada cambio y nos sumamos a una revolucion no violenta al nuevo humanismo donde el hombre es el valor central nada por encima ni por debajo del ser humano..porque mi hija nació en dictadura porque lloré cuando a Jeckar lo mataron,cuando a Carmen Gloria y a Rodrigo los quemaron y cundo escuhé lo de tu padre me dije hasta cuando mi hija crece con la violencia de nuestro propia gente gritaba interiormente basta ,basta ya y veo en ti tanta bondad, no hay odio en tí no hay violencia , te invito de todo corazón para el 27 de Mayo A UN FORO DE NO VIOLENCIA qué dices ?.
Mireya Osorio,mienbro del movimiento Humanista,embajadora de la nación humana universal.