21 marzo 2006

MI PADRE: El sol del Choño

Este es el primero de un conjunto de tres textos que mi padre escribió acerca de compañeros que habían sido asesinados o detenido desaparecidos con anterioridad a su estadía en Cuatro Álamos. Durante lo largos días en que estuvo incomunicado, acudió a la imagen y vida de ellos para llenarse de su energía y entrega.

Cada uno de estos compañeros representan a jóvenes que, viniendo de un origen humilde como mi padre, dedicaron sus cortas existencias a la organización y transformación social. El gesto de mi padre de incorporar a su propio testimonio de lucha por la vida a estos amigos, muestra el profundo amor y respeto que sentía hacia el colectivo por el cual estaba dispuesto incluso a dar su vida, como finalmente lo hizo.

Querido Choño, hoy apareces en estas palabras que fueron escritas hace 30 años. Tu cuerpo ya fue encontrado en Pisagua, con los ojos vendados y las manos amarradas a la espalda, con un grito de espanto que quedó petrificado por la cal del norte. Tu imagen es uno de los testimonios vivos de que el exterminio ocurrió en Chile y con ella nos ayudas a que nadie lo puede negar. Pero tu risa, aquel sol que salía a borbotones por tu boca contagiando al mundo de alegría vital, es el recuerdo que mi padre nos regala, para pensarte vivo, luchando, aquí junto a nosotros y nuestros hijos.

Un abrazo y un beso querido camarada,
Manuel Guerrero Antequera.
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El sol del Choño

Matando el tiempo, arañando la masilla que bordeaba los vidrios de la ventanuca, recorriendo las nervaduras del solitario naranjo que me acompañaba me acordé del Choño.

- Seguiré su misma suerte-, pensé.

El había sido asesinado en la ciudad de Iquique donde fue trasladado prisionero desde Arica.

Fue torturado salvajemente y con esa decisión que le era tan propia antes de morir mandó a la mierda a los verdugos.

Fue trochada así una vida plena, joven y vital.

Dejó tras de sí mucho más que una joven esposa atribulada con la que alcanzó a vivir entre esperanzas y desasosiegos, en medio de su labor de combatiente clandestino.

El Choño, cuyo verdadero nombre era Manuel Sanhueza, murió tal cual vivió, es decir peleando, sin hacerle el quite a los problemas, con ese odio recóndito que sentía hacia los explotadores de su pueblo, con la decisión de estar haciendo lo que debía.

Poseía ese humor negro tan propio de nuestra gente. Los compañeros que estuvieron junto a él hasta poco antes que fuera sacado de su celda para nunca más volver, recuerdan que hizo bromas del estado en que se encontraba.

-¡Putas que estamos cagados, compadre! Pero igual vamos a ganarle a estos concha'e su madre-, había dicho, cuando bastaba verlo para darse cuenta que era un espantajo humano.

Conociéndolo como lo conocí, al igual que otros compañeros con los que nos tocó trabajar juntos largos años, pensé, al saber de su captura y su conducta heroica, en la inmensa luz interior que tenía el Choño, en ese tremendo sol que recorría sus venas, que se le asomaba por la piel y como ríos se desataba en sus actos, voz y risa. Era imposible pensar en él en términos trágicos. Su alegría y entusiasmo eran tan grandes que no había persona que se encontraba cerca de él que no fuera contagiada.

Los trabajos más duros y complicados los asumía con el convencimiento de que simplemente había que lograrlos y punto. "Los problemas son para resolverlos y se acabó", decía frecuentemente, "o si no, para que somos revolucionarios si nos gustan las cosas fáciles?".

Cuando lo evoqué, no pude evitar que me invadieran los recuerdos de innumerables anécdotas que él había protagonizado. Era efectivamente un chileno típico. Hombre nacido y criado en los barrios, peleador por el sustento. Desde niño fue el creador de su vida, con más imaginación que con dinero. Bueno para la talla, amigo de sus amigos, conversador, piropero, gustador de la buena mesa y del buen vino.

No había secreto de la vida en las poblaciones que él no conociera ya que formaban parte de su existencia misma. A veces pasábamos horas hablando de los juegos de los niños en en nuestra infancia habíamos conocido: Cómo cazar las más hermosas lagartijas con un sedoso crín de caballo amarrado al extremo de una varilla y formando un bozal; las competencias de ensartar con un dardo cáscaras de sandía que se lanzaban a las aguas de alguna acequia o canal, probablemente infecta de aguas servidas; los recorridos en bote por las calles de la costanera inundadas por las subidas del río Bío Bío, que hacía flotar hasta las bacenicas de nuestras improvisadas casas; los zancos confeccionados con tarros de conserva vacíos y perfeccionados con largos maderos que nos permitían recorrer los barriales y lodazales de los campamentos o poblaciones sin mojarnos los zapatos; los vehículos cuchepos que, al Choño en Concepción, y a mí en Valparaíso, nos permitían participar en reñidas competencias cerro abajo; los campeonatos de volantín que tenían la magia de la artesanía para hacerlos coloridos, grandes o pequeños, y la mejor manera de curar el hilo, con huevo o sin huevo, con vidrio molido de ventana o ampolleta, así como las conversaciones acerca de la mejor forma de mantener un trompo o un emboque..., en fin.

En una organización revolucionaria nadie es imprescindible, pero es difícil imaginarse un mejor encargado del trabajo poblaciones que el Choño, cargo que le cupo desempeñar durante los últimos años antes del golpe fascista. Era un activista infatigable, recorría los barrios estimulando la organización de los centros culturales y juveniles, las juntas de vecinos y de abastecimiento y precios, las jornadas del trabajo voluntario.

Antes había sido líder de varias tomas de terreno que los pobladores sin casa efectuaban ocupando por la fuerza sitios estatales o privados desocupados, donde levantaban una choza de cartón o sábanas, sin más protección que su organización y decisión, así como las infaltables banderas chilenas que enarbolaban, cual escudo, la ocupación de los terrenos y los enfretamientos con la policía. Originario de la población Agüta de la Perdiz, de Concepción, el Choño conocía esta lucha con la palma de su mano.

En 1974, cuando fue detenido en Arica, en el extremo norte de Chile donde se había trasladado para dirigir a la Jota tras el golpe, los servicios represivos le tenían un surtido prontuario que le hacía aparecer en distintos puntos del país organizando y luchando por los derechos juveniles. Efectivamente era así, porque él había ligado su vida a la lucha y en consecuencia fue dirigente en Concepción, Valdivia, Santiago, y dirigente nacional de las Juventudes Comunistas.

Su inagotable y contagioso entusiasmo tocó la vena de Victor Jara, quien se dejó conducir por el Choño a través de las poblaciones de Chile, para conocer más a fondo lo que el artista ya conocía. Así se le abrieron las puertas de las misérrimas moradas de los pobladores que ya le querían como a uno de sus más representativos artistas. El ritmo vital de ambos se amalgamó y creció, por lo que era habitual verlos entrar y salir, conversar y discutir, arrolar todo con sus programas en diversos barrios y comunas de Santiago. Si la fiebre del Choño y Victor nos hubiera alcanzado a todos, habríamos terminado dedicados exclusivamente al trabajo poblacional. De esta relación y conocimientos nació el conjunto de canciones de Victor Jara que lleva precisamente el nombre de "La Población", y que tan hermosamente expresa los dramas de las barriadas de Chile.

Con su lenguaje pintoresco y claro, el Choño se distinguía entre sus compañeros. Hablaba sin rodeos, sin pelos en la lengua. Cuando las discusiones eran enmarañadas, solía decir que lo más importante es saber que el imperialismo es el enemigo fundamental; teniendo claro ésto, lo demás no es problema.

A pesar de haber cursado sólo algunos años de escuela primaria, el Choño poseía un amplio conocimiento cultural, producto de su carácter autodidacta. Acostumbraba a andar con un libro que lo leía apasionadamente, para más tarde discutirlo con quien encontrara a mano.

Con la misma sencillez con que hablaba en las poblaciones, se dirigía a los estudiantes universitarios que lo invitaban siempre a sus actos, charlas y foros. Con su semblante y figura característica, con sus piernas arquedas y entusiasmo a toda prueba, estaba donde se le requiriese. Era inagotable.

En Arica se dio a la tarea de reorganizar la Juventud. Como ésta ya mostraba su iniciativa en diversos sectores juveniles, amplificada con un periódico que nació bajo la orientación del Choño, los aparatos represivos se dieron a la tarea de desarticularlo. Utilizando los errores en el trabajo clandestino, que por inexperiencia cometíamos prácticamente todos en esa época, al Choño lo ubicaron y detuvieron junto a otros compañeros.

Queriendo matar su lucha y apagar su luz, lo asesinaron sin que jamás entregaran su cuerpo a sus familiares.

Puede estar enterrado en cualquier lugar del desértico Norte, pero su luminosidad no ha sido sepultada, y cual sol reflejado en las aguas del océano, no sigue alumbrando.

Recordé, en esa ocasión, una imagen que Julio Cortázar, el eminente escritor argentino, había usado en su novela "Rayuela": los peces requieren tanto la compañía de otros, que cuando uno de ellos esta sólo en un acuario, basta ponerle un espejo donde él mismo se refleje para que se sienta acompañado.

Pensé que en los hombres la necesidad de compañía es aún mayor. A mí el Choño, entre otros recuerdos, pensamientos y emociones, me acompañaba con su ejemplo en esas horas tan difíciles.


Manuel Guerrero Ceballos, 1976.
[Sigue leyendo Una lágrima por Cristina]

5 comentarios:

Catalina Labarca dijo...

Manuel: Hola, soy estudiante de periodismo de la Universidad Católica y estoy haciendo una nota sobre el caso de tu padre. Por esto me gustaría conversar contigo entre mañana y el miércoles (ojalá el miércoles). Te agradecería que me contestaras por sí o por no a mi mail: cdlabarc@puc.cl o me llames a mi celular 08 4481654

Anónimo dijo...

don Manuel, me gustaria saber si tiene una fotografia de Manuel choño Sanhueza, e leido varios articulos de el pero solo hay fotografias de su muerte y ninguna como dirigente.

Anónimo dijo...

Don Manuel, he leído varios articulos de Manuel Choño Sanhueza,pero en ningun articulo hay una fotografía de cuando el era mimbro del partido, me gustaria conocerlo como persona y no solo su recuerdomuerto. Si lo tiene ojala pudieran publicarla

Anónimo dijo...

Te envio un enlace donde sale en el club union michimalongo aca en conce...aguita de la perdz...saludos.

http://www.facebook.com/photo.php?fbid=459948877362265&set=a.148192768537879.22245.100000414690068&type=1&theater

Anónimo dijo...

Siendo un joven jotoso en los 3 años del gobierno popular, tuve el privilegio de conocer al Choño, de aprender de el quien era un dirigente nacional de la Jota. Vivia en Qta. Normal y pasaba regularmente al local del PC en donde había decidido de militar.
Lo hizo en la base de la población Paula Jara Quemada, cuyos militantes eran bastante indisciplinados. El alcohol, la marihuana alejo a algunos jotosos y los otros continuaban una militancia bastante particular, pero había sido poco antes una de las bases mas luchadoras por lograr el triunfo de Salvador Allende. La sola presencia del Choño puso en orden la situación, el Choño que comenzaba su intervención sacándose el reloj el cual ponía sobre la mesa, y con su voz tan característica decía; Compañeros, ¿que chucha pasa? y calmadamente iba enumerando las dificultades hasta llegar a las responsabilidades y ahí su voz se alzaba, golpeaba con su puño en la mesa para terminar diciendo; y ahora compañeros, se acabo el hueveo.
Yo después fui tomando responsabilidades en la Jota y ahí estaba nuevamente el Choño para ayudarme y enseñarme a como dirigir una reunión, como realizar un informe político...Me llamaba a un lado y me invitaba a "conversar una botella de tinto" donde Don Rigo que era una Quinta de recreo que estaba en la Plazoleta Tropezón.
Después del golpe de estado, yo seguí ocupando responsabilidades en la Jota y vi al Choño tres o cuatro veces mientras estuvo en Stgo. Recuerdo la ultima vez debe haber sido en diciembre del 73 o Enero del 74 poco antes de que viajara al norte, esta ves nuestro encuentro no fue muy grato, pues el Choño no estaba contento con mi trabajo y me lo dijo de una manera muy directa.
Son muchas las anécdotas que podríamos contar del Choño y también son muchos los homenajes y honores que le debe la Jota.