26 agosto 2006

Prestos corren





Veloces se arrojan
a los medios prestos
corren los voceros
a vocear y evitar
la caída
no del pelo
sino de la Nación misma, pues
Camilo habló.
Demasiado.

A redactar una disculpa,
cuidemos el lenguaje
la casa del Ser debe ser
controlada autocontrólate
Camilo no seas in,
continente nada
de terminar antes de
tiempo nada
como pez aguanta
bajo el agua es mejor
así hombre come, cómo
se te pudo pasar que
no les gusta que les llamen
que los nombren
por su nombre.

Vayavayavaya
distracción distraigamos
pongamos paños
fríos hay que estar,
no te desconcertes
ni calientes la figura
o razón social de las empresas no es asunto
tuyo pastelero
no olvides el acuerdo
Marco.

Marca,
sigamos marcando el paso
no vaya a ser que
tus carriles nos descarrilen
nos puedes quemar el ojo
con el pasado
que acecha,
de lo que no se puede hablar
mejor guardar silencio
en la corte o en Palacio
dirige a brazo partido tu Partido
sin partir, ni quebrar.

Huevos, Camilo
recuerda,
la alegría ya vino
queremos tomar e ir por la quinta ronda, sí!
Güija! Canta muchacho canta,
de eso te acordarás acuérdate
Septiembre,
tiqui tiqui tí no lo olvides, los martes
carne a la parrilla
eléctrica por cantar una plegaria
al labrador.

Epa! No insistas
que son sensibles, ponen la música
pueden explotar de Golpe
como pompas de jabón.

Camilo,
seamos buenos muchachos
concéntrate
concertate.
No los llames
chupasangre
vampiros
en La Habana
era buena esa película, no?

Mientras,
el Salvador inmortal ríe.
Allende Los Andes bautiza crudo.
Acá en el Sur la Escondida
no se esconde. Prestos
corren pingüinos y pescadores.
Nos hacen oir
cómo la Mar se yesa.

Manuel Guerrero Antequera

(información de contexto que motivó
el poema aquí
)

22 agosto 2006

Vuelvo, vida vuelvo... a estudiar!


Mis queridos y queridas disculpen la ausencia... Acá va en parte la explicación de ello: Nuevamente vuelvo a clases! Como decía Lenin citando a Dantón: "estudiar, estudiar y nuevamente estudiar".

A continuación el recorte de prensa que ilustra un poco de qué se trata:

Agosto 2006
Inicio del único Doctorado en Sociología en Chile en la Universidad Alberto Hurtado

El pasado lunes 7 de agosto se dio inicio al único doctorado de sociología que existe en nuestro país. El programa cuenta con seis alumnos, se realizará todos los miércoles en la tarde, y tendrá una duración de cuatro años.

"Tengo la convicción de que la sociología tiene una profunda deuda con la sociedad chilena, y espero que este estudio resulte de utilidad para la transformación de las condiciones de vida del conjunto de chilenos y chilenas” dijo Manuel Guerrero, sociólogo de la Universidad de Chile y alumno del doctorado. Para él, "esta propuesta de la Universidad Alberto Hurtado resulta muy atractiva, desafiante y nos coloca ante una gran responsabilidad, que los nuevos doctorandos esperamos estar a la altura de cumplir”.

Daniel Chernilo, es docente de la carrera de sociología y coordinador académico del doctorado. Desde su perspectiva, la razón del porqué existe un solo doctorado de la disciplina en nuestro país sería porque recién ahora “es posible tener una masa crítica de doctores que permita levantar un programa de este tipo”.

“Ya sé qué esperar de esta universidad” expresó Patricio Miranda, licenciado en Educación Matemática y Computación y alumno del doctorado, quien además destacó la “solvencia académica e institucional, un debate intelectual riguroso, y una preocupación por lo social que no se complace en la sola descripción, explicación y comprensión de los fenómenos sociales, sino que busca generar un pensamiento que incida en la configuración del espacio público”.

cariños,
Manolo.

18 julio 2006

Te alcancé papá

Bueno, llegó el momento querido papá. Finalmente te alcancé y hoy cumplo 36 añitos, los mismos que tú tenías la última vez que te besé. Y por supuesto los celebro junto a ti, a través de esta realidad virtual que nos facilitan las nuevas tecnologías que no alcanzaste a usar. Estás conmigo querido viejo, en mis compromisos y decisiones, pero por sobre todo en mis constantes dudas y cavilaciones, en esa búsqueda sin fin que a través de ti llegó a mí desde el eco de la existencia de tu abuelo Manuel Jesús, de mi abuelo, tu padre, Manuel. Me siento parte de tu linaje querido padre, viviendo en un mundo muy confuso, donde las distinciones no son claras, y donde cada paso que uno da genera adhesión, irritación o simple indiferencia en quienes te conocen y me conocen.

¿Voy por tu misma senda? Yo creo que sí, aunque otros espectadores piensan que no, que prácticamente me he apartado de tu legado. ¿Pero cuál es ese legado querido papá? A mi me ha tomado tiempo asirlo, aunque siempre lo vi en tus húmedos ojos, en tu risa fresca, en tus caricias y enojos. Para mí ya es una categoría que debe estar al centro de la política que nos constituye, y que hemos de poner como horizonte de nuestro permanente quehacer, en cualquier ámbito de la vida: el amor. Ese es tu legado, como de tantos otros, pero yo conozco el tuyo y, con propiedad, creo haberlo vivido, compartido, disfrutado, y ahora deseo proyectarlo en cada escrito, intervención, entrega.

No eres mi héroe, viejo querido, eres mucho más que eso; eres mi padre, mi pan del que me alimento, mi certeza calma que me da fortaleza para persistir. Eres un rayado de cancha existencial, que distingue a los actos buenos de los malos, independientemente de donde vengan. Y es por eso que hemos de ser flexibles, siempre, en hacer alianzas, de buscar estrechar lazos con todos y todas, porque en cada uno palpita el ser humano, que podrá estar enajenado, alienado, vuelto máquina o fascista, rojo, café, negro o blanco, pero el ser humano está ahí, no tengo duda, pugnando, luchando en cada cuerpo su propia batalla. Incluso en los asesinos, querido padre. Constatación que no exime de responsabilidad a nadie, y que todos los que han atentado contra su pueblo que sean castigados con juicios justos y que cumplan sus penas.

Pero eso tiene que ver más con el orden social y el necesario estado de derecho y de justicia que no pararemos de exigir, pero hay una dimensión que es más profunda y que tú me la mostraste, o al menos fue lo que yo leí como tu mayor entrega a mí: detrás de cada piel hay un hombre, mujer o niño que puede llegar a sonreír y encontrarse contigo, con cualquiera y ser uno en la pluralidad. Y por eso tenemos esperanza en la emancipación. Me lo mostraste a los seis años, cuando luego de haberte rescatado de las garras del Comando Conjunto tuvimos que salir raudos del país al exilio y el avión hizo una escala en algún país africano. Bajamos al aeropuerto mientras cargaban combustible y en el hall había un puesto de venta de artículos de recuerdo tallados en madera y quien los vendía era un ser delgado, altísimo y de tez negra. Me llevaste a él. El africano nos sonrió y me tendió su mano para que se la estrechara. Yo nunca antes había visto a una persona de color distinta al mío. Desconfiado no me atreví a aceptar la invitación. Tú no me retaste ni sermoneaste, sino que sonreíste con infinita humanidad, le guiñaste un ojo a este vendedor desconocido y se estrecharon la mano como viejos amigos. Y él volvió a extenderme su para mí enorme mano. Lo miré fijo a los ojos y le di la mía, que él recibió suave. Inmediatamente me solté y revisé si la palma de mi mano se había puesto negra. Ambos rieron estrenduosamente y yo corrí donde mamá a contarle que tenía un nuevo amigo y que fuera darle también su mano... Ay, papito... Fue la mejor lección de Internacionalismo Proletario que tuve jamás.

Ahí estaba el "ser genérico" del que nos habla con tanta dulzura Marx en sus Manuscritos Económico Filosóficos de 1844... ¿Tuviste oportunidad de leerlos alguna vez? ¿Sabes que Lenin no alcanzó a conocerlos porque recién se descubrieron en 1932 y el murió el '24? Si los hubiese leído tal vez algo podría haber afectado su visión de la política revolucionaria y del modo en que se construye una sociedad mejor. ¡Si somos todos lo mismo! ¡Seres humanos, carajo, que estamos divididos y enfrentados por sistemas sociales injustos, inhumanos, que nosotros mismos mantenemos y reproducimos! Alcancé a vivir contigo apenas 14 añitos, pero fue tanto lo que me entregaste. Me abriste a un mundo maravilloso de amor a la humanidad y de lucha permanente para salir de la barbarie. Algunos critican esa lógica de vida de entrega máxima a una causa, como "totalizante"... si supieran que fue precisamente la entrega y el cariño incondicional a los propios y a los ajenos los que te dieron fortaleza para aguantar el escarnio, la injusticia, el encierro, la tortura, el exilio, la clandestinidad... Lo que en la jerga de tu generación llamaban "solidez ideológica", que no tiene que ver con el dogmatismo, sino con la adhesión a valores morales que te permiten ver por debajo de las injusticias, y saber que lo que hay que liberar es al ser humano de sus cadenas, cualquiera que sean éstas, para que tenga la posibilidad de desplegar sus potencialidades creadoras en lo que quiera, y no esté obligado a estar lavando las ventanas de autos ajenos por migajas para sobrevivir, cuando en su esencia es un eximio guitarrista, poeta, constructor, ingeniero, pero que no tiene tiempo ni recursos para llegar a ser lo que es...

Me acuerdo papá, cuando ya entrando en la adolescencia e inquieto por tener mi primera relación sexual con una mujer te consulté si habías ido alguna vez a un prostíbulo. Con toda tranquilidad me respondiste que sí, que cuando estudiante de profesor normalista y que en el exilio, pero que nunca pudiste acostarte con una prostituta porque te daba pena ver a las mujeres en esa condición -que hoy llamaríamos "de objeto"-, y que solo atinabas a conversar con ellas y saber si tenían familia, si estaban organizadas, y en qué medida se podían liberar de la dependencia de sus cafiches y chulos que las explotaban... No tengo ninguna duda que fue así. Eres de esa generación maravillosa que no hablaba del hombre nuevo, sino que intentaba serlo, a cada instante, en cada acto. Cometiste, claro, muchos errores, y cómo quisiera que hoy estuvieras junto a mi, a mi señora y tres hijas, para abrazar a tu hijo Manuel de 36 años, que frente a ti continuará siendo un eterno niño que aprende, aprende, aprende, lucha, y ama. ¡Feliz cumpleaños Manolito! Gracias papá, te adoro.

Publicado en La Nación el 21/07/2006

21 junio 2006

Autoridad sí, violencia no

Comparto con ustedes la siguiente columna de opinión que escribí y que fue publicada hoy Miércoles 21 de junio de 2006 en el diario La Nación, en la sección Tribuna.
un abrazo,
Manuel.
---
TRIBUNA
“Autoridad sí, violencia no”

El poder jamás surge de la violencia, sino que emana del hecho de que personas se junten y procedan para lograr un propósito común. Es la concertación de hombres y mujeres lo que le resulta consustancial al poder, no la violencia.

Manuel Guerrero Antequera

El gobernar en condiciones democráticas pone a sus autoridades en el permanente desafío de valerse del ejercicio del poder de modo tal que éste no se agote en una acción individual, de expertos aislados por ejemplo, sino en generar condiciones que abran paso a la movilización de las capacidades de una pluralidad de personas, por ideas y valores comunes, que es lo que permite, en definitiva, “poder” cambiar la sociedad para mejor. Ser Gobierno democrático implica mucho más que elegir a un Mandatario en un rito que se repite cada cierta cantidad de años. Significa, sobre todo, poner en acto una concepción del poder como una capacidad que no pertenece a ningún individuo en particular, sino a grupos humanos que salen de su esfera particular para, mancomunadamente, emprender nuevos rumbos, ejercicio que debe venir facilitado por la autoridad legítima -el reconocimiento- que han de ganarse día a día quienes gobiernan para conducir, competente y responsablemente, estos procesos de cambio.

En efecto, de modo diferente a lo que a veces se piensa, el poder jamás surge de la violencia, sino que emana del hecho de que personas se junten y procedan concertadamente para lograr un propósito común. Es la concertación de hombres y mujeres -“la unión hace la fuerza”, dice el refrán- lo que le resulta consustancial al poder, no la violencia. Es más, la violencia no es equiparable al poder, porque el dominio por la violencia entra en juego precisamente cuando se está perdiendo poder. Y una vez utilizada la violencia en pos del dominio, su uso cobra su precio tanto en los vencidos como en los vencedores, toda vez que ella implica una crisis de poder, es decir, una en la capacidad para actuar juntos.

El ejemplo más palpable, triste y siniestro de ello fue el Gobierno militar y de la derecha chilena que ejerció sistemáticamente la violencia durante casi dos décadas en nuestro país. Dicho Gobierno fue dictatorial en tanto eliminó el nivel intermedio de la legalidad, volviendo el mandato de Augusto Pinochet en ley, suspendiendo el Estado de derecho e instalando un permanente estado de excepción. Fue, además, autoritario, porque las relaciones de poder que se establecieron prescindieron de los procesos de legitimación previos, destacando el uso de la fuerza, del terrorismo de Estado como el modus operandi principal. Tal régimen fue, a su vez, totalitario, porque mantuvo el monopolio de todas las formas y espacios de ejercicio del poder, imponiendo una ideología oficial incuestionable; una policía secreta terrorista, que combatía a grupos declarados “enemigos de la sociedad”; un monopolio de los medios noticiosos y de información, así como universidades, en manos directamente de los militares o de cuadros de ultraderecha designados, nunca elegidos, entre otros aspectos. Pero aunque resulte extraño decirlo, el régimen pinochetista fue extremadamente débil desde el punto de vista del poder y es por ello que tuvo que recurrir constantemente al uso de la violencia para asegurar su dominio, hasta que fue derrotado precisamente por el poder de las mayorías.

De modo distinto, un Gobierno democrático debe concebir al poder y la violencia como opuestos: donde uno domina falta absolutamente el otro. Como lo señaló alguna vez Hannah Arendt, la violencia aparece donde el poder está en peligro, pero confiada en su propio impulso acaba por hacer desaparecer al poder. Mientras la violencia está vinculada con la amplificación de la potencia humana mediante instrumentos de coacción, el poder debe remitir a la autoridad, que jamás la otorga la violencia, sino la rectitud, el trato justo, la escucha tolerante y la capacidad de actuar juntos compartiendo responsabilidades. Donde se perpetúa la relación amigo-enemigo, precisamente impera la violencia, lo que coarta los espacios de reconocimiento del otro y, por lo tanto, hace desaparecer el poder como capacidad de emprender juntos.

En nuestro Chile actual no cabe duda de que estamos cada vez más lejanos al modo de gobernar del pinochetismo. Prueba de ello nos la dan, por ejemplo, dos eventos recientes que sólo son posibles en democracia y bajo una concepción distinta de poder que el de la dictadura. El primero es el repudio público de la Presidenta de la República a la represión policial contra periodistas y secundarios que se registró durante las pasadas movilizaciones de estudiantes. Lo novedoso del suceso, lamentablemente, no es que se haya reprimido con violencia inusitada a manifestantes y reporteros gráficos, sino la condena abierta y decidida por parte de la principal autoridad del país a tales hechos, que calificó en la ocasión de “exceso, un abuso, una violencia repudiable e injustificable”, con el consecuente relevo de su cargo del prefecto de Fuerzas Especiales de Carabineros, el coronel Osvaldo Jara, debido a la violencia aplicada por efectivos de esa división contra los adolescentes y la prensa. La señal de condena a esta violencia, transmitida por cadena nacional, no es menor y debe ser valorada en toda su magnitud, porque pone una vara distinta para medir públicamente qué se considera tolerable y qué no en democracia en cuanto al uso de la fuerza para las propias instituciones a cargo de velar por el orden público. Ello sólo ha sido posible porque se tiene la convicción de que medidas de este tipo ya cuentan con el respaldo ciudadano que las avalan.

Otra muestra de poder democrático es la elección de Senado Universitario de la nueva Universidad de Chile. Se trata de una instancia triestamental, con participación de académicos, estudiantes y funcionarios, hasta ahora única en el país, que tiene atribuciones para definir las normas internas de la universidad, sus grandes proyectos y sus propuestas al medio nacional. Y este logro se debe, fundamentalmente, a la capacidad de actuar juntos que tuvieron los estudiantes de la Universidad de Chile que en 1997, luego de refundar su federación, presionaron para que se formara la primera comisión de carácter transversal encargada de repensar y generar un nuevo sistema de Gobierno participativo en la casa de Bello. En 1998 y 1999, se comenzó a escribir y se refrendó la propuesta de nuevos estatutos de la universidad, y en octubre de 2002 se eligió un primer grupo de representantes de la comunidad que hicieron la “marcha blanca” del Senado. Finalmente, hace pocos meses, se defendió la propuesta de la comunidad en su decisivo paso por el Congreso y la Contraloría General de la República, hasta que se consiguió su publicación en el “Diario Oficial” como Ley de la República, después de más de nueve años de intenso trabajo colectivo basado en el intercambio de argumentos y la movilización social que, sin necesidad de recurrir a la violencia, evidencian el poder, la capacidad de convocatoria y conducción que tuvieron los estudiantes junto a académicos, funcionarios y autoridades.

Muestras como éstas hay muchas más como también existe una gran cantidad de proyectos colectivos que no han podido resultar exitosos porque, sin duda, a nuestra sociedad aún le falta mucho camino por recorrer para que la acción humana concertada no violenta sea la columna vertebral de nuestro modo de convivencia en democracia. Sin embargo, para avanzar en mejorar las condiciones materiales de existencia de toda nuestra población y asegurar una vida digna para todos, no hay duda de que debemos continuar por el camino que nos muestran las experiencias de avance democrático, aunque tome mayor tiempo y trabajo conquistar mayorías conscientes, organizadas y participativas que producir efectos rápidos y espectaculares a través del uso de la violencia, que está condenada a ser efímera, pues solo porta la ilusión de que ejerce el poder, y como ilusión más temprano que tarde se desvanece irremediablemente en el aire.

13 junio 2006

La nueva batalla de Chile

La culminación exitosa de las jornadas de paros, tomas y movilizaciones que llevaron adelante por cerca de un mes los estudiantes de enseñanza media, organizados en torno a la Asamblea Nacional de Estudiantes Secundarios, implica un triunfo no sólo para este nuevo actor social que ha emergido a la arena de la política nacional -la generación de estudiantes nacidos y formados durante la postdictadura- sino para el conjunto de la nación.

Si bien son varios los logros alcanzados, tal vez uno de los más significativos es que la “revolución pingüina” logró poner en crisis lo que en nuestra democracia queda de dictadura militar en el ámbito del sentido común desde el cual las personas nos representamos a nosotros mismos y a nuestra relación con el mundo.

Como es conocido, la dictadura no ejerció solamente violencia y represión, sino toda una operación hegemónica de carácter cultural. Al servicio de su proyecto ordenador de corte fascista, hizo circular un discurso ideológico específico, basado en relecturas y desplazamientos de la historia de Chile, a partir de la doctrina de seguridad nacional, el rescate de la democracia autoritaria, junto a elementos propios del fascismo clásico como el rol del conductor y la raza, y una desfiguración del catolicismo.

El discurso ideológico, sin embargo, no se agotó en estos elementos, porque se trató de instalar “nuevos elementos” en el campo de juego. Este nuevo elemento tuvo que ver con la exaltación del mercado como mecanismo autorregulador de todas las esferas de lo social. Este fue el golpe verdadero a los señores políticos: “Ustedes no sólo no existen; los estamos eliminando físicamente, sino que, además, ya no tienen razón de ser”.

Desde este discurso, el espacio público y la política se volvieron innecesarios una vez que el mercado es el que regula de manera natural la economía y el conjunto de las relaciones sociales. La democracia representativa, por tanto, apareció como una “ficción” democrática, que sólo daba lugar a la tiranía de los políticos. El Estado debía jugar un rol subsidiario, de apoyo al libre desarrollo del mercado, ser su guardián protector, reduciéndose la democracia a la libertad de consumir.

Lo fundamental de esta operación hegemónica fue hacer desaparecer, en lo posible, el espacio de la democracia que advino al momento de caer la dictadura, como un régimen de vida político público, es decir, colectivo, instalando en su lugar un sentido común que sirviera de base de sustentación y reproducción del modelo económico neoliberal. Este sentido común contiene una fuerte propensión al pesimismo en casi todo lo relacionado a iniciativas colectivas y había funcionado, hasta la emergencia rotunda de este movimiento estudiantil, como una matriz atomizante de lo social, teniendo por efecto la individualización de las relaciones y los hechos.

Por esto, no parece exagerado sindicar al movimiento estudiantil secundario desplegado en las últimas semanas como uno de carácter emancipatorio, por cuanto fue capaz de poner en cuestión, con entusiasmo y creatividad, dicho marco de dominación al cual parecíamos estar todos condenados a reproducir eternamente, bajo las égidas del individualismo egoísta, la negación del otro, y la internalización de patrones cognitivos y afectivos que incorporan la subordinación, la jerarquía y la subalternidad en nuestra constitución como sujetos.

Liberándose de este marco normativo ad hoc a la lógica de un mercado de consumidores fragmentados, el movimiento social que pudimos observar se caracterizó por exhibir, en un contexto de pluralidad de sensibilidades políticas, socioeconómicas, geográficas y étnicas, valores compartidos y solidaridad entre sus miembros; lealtad a las decisiones de la mayoría; un sentido de pertenencia que permite actuar desde el sentimiento de un “nosotros”, así como normas compartidas respecto de la forma de actuar y una división voluntaria del trabajo entre líderes, voceros y bases de apoyo.

Emancipados de las codificaciones de la dictadura, que aún pesa sobre buena parte del mundo adulto nacional, los estudiantes demostraron poseer una gran eficacia simbólica en su esmero por producir procesos de cambio social concretos en el ámbito de la educación, bajo la demanda de modificaciones de normas o valores sociales que se daban por naturales y no construidos socialmente, como que el derecho a la libertad de enseñanza estaría por sobre al derecho a la educación. Al mismo tiempo, fueron capaces de incorporar nuevos valores en la opinión pública que están permitiendo dar lugar a otras formas de definición social de la democracia, ahora sí más ciudadana e inclusiva, hecho que se hace patente en la inédita composición plurisectorial, política y espiritual del Consejo Asesor nombrado por la Presidenta Bachelet.

Si bien algunos mal pensados dicen que su amplio número de miembros está diseñado para que no funcione, la verdad es que existe una esperanza compartida de la mayoría del país de que tal comisión debe arribar en cambios estructurales en el sistema educativo, para que el “crecer con igualdad” no sea solamente un eslogan de campaña, sino una realidad concreta, verificable. Por lo mismo, no es mala la iniciativa de los estudiantes que organismos internacionales de prestigio, como la Unesco, puedan actuar como garantes o acompañantes de lo que ahí se discuta y acuerde, e incluso pudieran realizar una auditoría sobre nuestro sistema educativo para poder triangular las conclusiones consensuadas internamente con una mirada externa e independiente.

En definitiva, como país tenemos mucho que aprender de este movimiento y de la forma en que, como sociedad, lo significamos y acompañamos. Varias de las demandas de los estudiantes, que ojos de las élites -tanto del sistema político formal como de grupos que aprovecharon la oportunidad generada por los estudiantes para hacer su aparición pública- podían parecer inconducentes, dan cuenta que no toda movilización social descansa exclusivamente en cálculos de costos y beneficios, pues el proceso de formación de identidades conlleva también demandas no negociables, que no se pueden medir en términos de ganancias o pérdidas. Ese es el caso, por ejemplo, de las demandas de autonomía y reconocimiento que no todos los grupos exógenos al movimiento estudiantil estuvieron a la altura de captar o aceptar.

En lo que sigue a estas semanas de conmoción nuestra sociedad hará la prueba de la forma en que administrará la relación entre estos actores sociales emergentes y los actores colectivos ya reconocidos, como partidos, gremios, sindicatos y gobierno. No desperdiciemos lo avanzado. En la forma que llevemos adelante los cambios en la educación nos estamos jugando no sólo la integridad y el carácter verdaderamente ciudadano de nuestra democracia, sino la confianza de las nuevas generaciones de que su aporte es valioso y significativo para la construcción de un mundo común.