09 agosto 2012

Carta abierta a la juventud de hoy que se moviliza x la educación

En estos tiempos de opacidad, en que el sistema político simplemente no está abierto a la transformación, vale la pena apoyarse en el lúcido Redolés: "Hay viejos culiaos que no creen en la liberación de la mujer; no importa. Hay viejos culiaos que no creen en la rebelión punk, no importa oh!"

Efectivamente: Con admiración, respeto y cariño les digo a la juventud movilizada por los cambios necesarios en la educación, no pesquen a los viejos culiaos, pues no importa oh! El cambio real, de innovación creativa y radical no vendrá de esos cerebros burocratizados, estériles, muertos en vida, que se aferran a lo dado y no ven lo que, en forma maciza, la realidad les grita a la cara: es tiempo de evolucionar y revolucionar.

El cambio educativo tendremos que impulsarlo desde el trabajo comunitario, en cada espacio de interacción. Y ojo: ninguna micro quemada -ya sea montaje o real-, logrará tampoco la transformación requerida en lo educativo.

Hace falta desatar las fuerzas productivas y creativas, estallar la estrechez de corazón y mente, y esa potencia sí la tienen los movimientos sociales y la ciudadanía activa, si es que se dedica, en forma reflexiva y práctica, a salir de la denuncia y la demanda, y pasamos al ejercicio del poder creativo. Nada ni nadie puede detener esa avalancha.

Hay que abrirnos a lo que ya está en acto, dispersar y democratizar el poder hoy pasa por ser capaces, desde nuestros perfiles híbridos, digitales y analógicos, de traducir conocimiento de una comunidad a otra, generando valor al momento de conectar esos conocimientos diversos. Tomarse la calle y tomarse la red, pero también los espacios educativos, desde comunidades de aprendizaje diverso: trabajo estudiantes/profes/padresymadres/trabajadores/vecinos/intelectuales/artistas. Lograr una conectividad creativa que haga añicos el actual modelo educacional, pero desde la gestión de OTRA educación, que crea lo real de modo distinto, arribando a una realidad otra (que ya está latente).

Pasar de la protesta a un aprendizaje aumentado, social, compartido. El conocimiento comunitario, de código y acceso abierto, no requiere de certificados ni títulos. Tenemos que cambiar el modo de producir(nos), distribuir y consumir.

Creatividad, conexión, interacción. Toma, mezcla, recrea. Nada puede parar el flujo del trabajo vivo. La vida busca la vida, subámonos a esa ola creativa. A trabajar (y a jugar, que esto de hacer la revolución es gozoso!).

Abrazos, Manuel.

29 julio 2012

Texto de despedida leído por hija de Fernando Ortiz, en Memorial a Detenidos Desaparecidos

Licha me ha permitido compartir el testimonio que leyó a los pies del Memorial, con ocasión del hallazgo de parte de los restos de su padre, don Fernando Ortiz, quien fuera detenido desaparecido hace 36 años.

Es un discurso para mí histórico cargado de amor y compromiso, desde la claridad y lucidez que adquieren las personas que han atravesado experiencias límites, como el terrorismo de Estado, y que desde una condición que podría cristalizarlas en víctimas de las circunstancias, han optado por la vida y la lucha generosa por un sociedad más justa y plena.

Gracias por tus palabras Licha. Honor y gloria a don Fernando Ortiz, Lincoyán Berríos y Horacio Cepeda, así como a todos nuestros compatriotas detenidos desaparecidos y ejecutados políticos, que se atrevieron hacer frente a una dictadura sanguinaria, pagando el precio de la lucha por la libertad con la generosidad de sus vidas. Seguiremos bregando por la justicia de miles, nada más. Pero tampoco nada menos.

Manuel.
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Juan Fernando Ortiz Letelier, papá querido. 

Aquí estamos finalmente, con el corazón apretado, con una profunda tristeza, pero serenas. Después de 36 años, nos enfrentamos al extraño privilegio que algunas pocas familias de los detenidos desaparecidos logramos realizar: cumplir con el rito de enterrar a nuestros muertos. Tantas veces negados hasta de su existencia. Y, sin embargo, aquí estamos: para gritar que sí, que era cierto, que sí existías, tenías nombre, oficio, militancia política y familia y era cierto que te habían detenido por ser comunista y decidido combatiente contra la dictadura. 

Hemos dado mil batallas, hemos vivido furias y penas hasta llegar a este momento. Mil batallas desde esa mañana de diciembre en que nuestro querido hermano Pablo, tu compañero de las partidas de  ajedrez en la infancia y cómplice permanente en esos días de dictadura,  nos llamó para alertarnos que te habían detenido. Nos cayó como un rayo algo para lo que de algún modo creímos estar preparados. Llevabas ya tres años de vivir en la clandestinidad, de ser perseguido en todas nuestras casas,  de saber que tus compañeros iban siendo detenidos, torturados o muertos. Ya no te nombrábamos como Fernando sino que como Mario Poblete, y habías asumido la tarea de dirigir al Partido Comunista en Chile, después que la DINA detuviera a su  dirigencia en mayo de ese año  1976.

Luego, la desesperación y la urgencia por salvarte la vida. Las horas y los días de correr de un lado a otro,  denunciando tu detención en Chile y el mundo, pidiendo firmas solidarias, recurriendo a los tribunales. El encuentro con las familias de Horacio, Lincoyan, Reinalda, Waldo, Armando, Lisandro, Edras, Héctor, Luis, Fernando Navarro y de Santiago Edmundo y Carlos Patricio. Las semanas siguientes, los meses, los años; las huelgas de hambre, la protestas en la calles, las horas interminables en los tribunales de justicia, sin respuesta, sin respuesta, recibiendo sólo silencios, y mentiras.

Y llegó enero del 2001 y la Cuesta Barriga, y los 90 días a las afueras de la mina, viviendo y reviviendo, llorando y riendo, como siempre ha sido, mirando el valle, interpretando cada nuevo golpe lejano en esa mina… viéndonos más de cerca de  la posibilidad de encontrarlos, de encontrarte papá.  
Han sido 36 años de búsqueda incansable por tratar de saber, buscar un dato, una seña, una información, testigos,  aprendiendo a leer gestos y miradas, haciendo una y otra vez conjeturas sobre cómo habían ocurrido sus detenciones.

Luchamos cada día por saber la verdad, pero nos ha costado tanto enfrentarnos al horror, porque este horror estaba más allá de lo peor imaginable. En nuestros códigos éticos era imposible imaginar tanta barbarie. Desde el año 2007 en que comenzamos a saber de Simón Bolívar, nos vimos enfrentadas a lo indecible. Y sin embargo, saber siempre es mejor que la incertidumbre. Saber lo que pasó, nos hace sentir que de algún modo podemos acompañarte en ese trance.

Pero me niego a quedarme en el horror. Hoy quiero recordarte como el hijo de Carlos y Estela, nacido en Talca el 24 de junio de 1922, el que se fue con la familia a Puerto Montt donde vivió la adolescencia y  juventud y se hizo comunista, y siguió siéndolo con firme convicción hasta el último suspiro. Quiero recordarte como el hermano cariñoso y preocupado de  Marta y Eliana; el compañero de María Eugenia nuestra madre y luego de María Luisa Azocar que nos trajo a sus hijas Bárbara y Viviana Délano para formar parte de una misma familia. Quiero evocar al joven dirigente de la FECH, al Secretario General de la Juventud Comunista, al académico comprometido con la Reforma Universitaria. Al profesor exigente y cálido. Al que asumió con responsabilidad y valentía el compromiso de dirigir a su partido en los peores años de la dictadura.

Quiero recordar al papá cariñoso, gozador de las pequeñas cosas cotidianas, divertido, conversador, educador incansable, exigente con el estudio. Al permanente calculista de los tiempos y trayectos a paso regular entre un punto y otro. Al  padre presente a pesar de los tiempos que vivíamos, ideando mil formas para encuentros casuales;  apareciendo de improviso en una esquina, subiéndote a una micro en que viajábamos, esperándonos en algún paradero. Sin  hablar, porque no era necesario, sólo vernos bastaba.  Caminando fugaz frente a nuestra casa con la ilusión de divisar a los pequeños Javiera y Camilo. Contraviniendo las estrictas reglas de Pablo y Mirtha para que nadie asistiera al nacimiento de su hijo, ahí estuviste primero que nadie conociendo a Sebastián. Esas apariciones de improviso nos preocupaban, por el riesgo. Pero ¡qué bueno que las hiciste!, ahora atesoramos esos encuentros que nos dieron alegría en medio del terror y me impongo creer que fueron esas imágenes las que tenias en tu mente en tus últimos momentos con el cuerpo herido. 

Nos hiciste una falta enorme cuando nos mataron a José Manuel y a Pablo, cuando murió Bárbara, la Abuela y la Eliana. Nos duele que no hayas conocido a la mayoría de tus nietos y que te hayan arrebatado de nuestro lado cuando quedaba tanta vida por compartir y tantas conversaciones  por hacer.
Los atardeceres de diciembre seguro siempre nos traerán el recuerdo doloroso de esos tiempos, los seguiremos viviendo con la pena de la ausencia, pero al menos hoy sabemos una buena parte de la verdad que se nos debía.

Han sido tiempos muy tristes pero nos sentimos tan orgullosos de ti,  de tu compromiso y dignidad a toda prueba, nos dejaste un gran legado de vida. Y hemos recibido tanto cariño por ser como eras. 
Querido y valiente papá recibimos sólo pequeñísimos fragmentos de tu cuerpo, aquellos que lograron vencer el silencio, el ocultamiento, la mentira, la impunidad, y lucharon como el cactus de la costa, ese pequeño héroe erizado, agarrados al fondo de la tierra. Nos duele, porque no es justo, ni humano este extraño privilegio. Pero también nos sentimos agradecidas de este encuentro.

Dejaremos algo de ti en este Memorial, junto a tus compañeros, otra parte viajará al Cementerio de Puerto Montt, para encontrarse con tu madre y tu hermana en ese sur que amabas. Y Otras? Bueno … en algún lugar de Chile estarás como todo tu amor pegado a las rocas, al mar y a las montañas.

No te digo Adiós porque nunca podré despedirme Sólo me queda decirte que seguiremos batallando sin descanso como hasta ahora para que nada se olvide, para saber de los que aún buscamos, y sobre todo para exigir justicia. Porque exigir el castigo a los crímenes cometidos, no sólo es nuestro derecho, también es un deber ético irrenunciable para contigo y todos los detenidos desaparecidos, es un deber para hoy y para mañana, para el país al que aspiramos ser y con el que ustedes soñaron y por el que lucharon. 

Ahí estaremos: Fernando, Horacio, Lincoyán, detenidos desaparecidos, compañeros,  como siempre.

23 julio 2012

Del "mocito" de Manuel Contreras y Ricardo Claro


por Ignacio Vidaurrázaga Manríquez, periodista.
A Víctor Díaz López

Desde la película “El Mocito” él comenzó a ser conocido en el país y seguramente también en el extranjero, hasta en sus detalles más íntimos de hombre solo y de origen campesino.

Recientemente, el libro del periodista Javier Rebolledo “La danza de los cuervos” ha seguido aportando aún mayores elementos de las circunstancias que posibilitaron el encuentro de un joven adolescente pobre y sin ninguna educación, con la intimidad del militar que Pinochet escogería para encabezar las tareas sucias de torturar y exterminar militantes de partidos de izquierda: un cruel y ambicioso coronel de ejército de nombre Manuel Contreras Sepúlveda.

En estos nuevos rebotes de esta historia, una entrevista televisiva ha colocado a Jorgelino respondiendo todo tipo de preguntas sobre esa delgada línea existente entre ser víctima y victimario, tensión que continuamente se plantea en este hombre que de mocito se convierte en agente, que aprende el uso de armas y técnicas de defensa personal sin abandonar, al parecer, nunca las bandejas, la cocina y el trapero.

Hoy, él ya es Jorgelino Vergara, trabajador en lo que sea y sobreviviente de su propia y particular historia. Quizás, ya es muy tarde para que pierda la vida en algún imprevisto accidente que algunos de sus ex colegas de la DINA-CNI pudieran desearle cada vez, que su rostro aparece en esa película, en entrevistas o simplemente en la portada de un libro que comienza muy tempranamente a agotar ediciones.

Los pactos de silencio de los militares y civiles violadores de DD.HH en la DINA y en la CNI no han tenido fisuras frecuentes. Ello explica que transcurridos 22 años del fin de la dictadura y casi 40 del golpe militar, sean menos de 70 los violadores cumpliendo condenas y que la gran mayoría de los restos de los detenidos desaparecidos continúen aún inubicables. El 2007 Jorgelino, buscando demostrar que él no era el asesino del dirigente del PC Víctor Díaz, posibilitó el procesamiento de 120 agentes por el ministro Víctor Montiglio, ya fallecido. Fue el mismo Jorgelino quien reveló la existencia de un cuartel de exterminio, hasta entonces aun secreto, ubicado en Simón Bolívar 8800, en la comuna de La Reina capitalina. Ese fue su arrepentimiento más contundente y porque no también su venganza.

Sorprende leerlo, sorprende escucharlo, sorprende verlo. Con pocas expresiones en su rostro, sin titubear en sus respuestas, demostrando una memoria para nombres y situaciones absolutamente inusual, casi como si requiriese desahogar todo lo vivido y contárselo a este país de múltiples formas. Todo para recordarle a dirigentes políticos, a empresarios, a personeros de ese pasado reciente, a la señora Krebs que no hay contexto, ni antecedentes, que “ayude a explicar” los gritos de la militante comunista Reinalda Pereira que con un embarazo de cinco meses pedía morir a sus torturadores en ese fatídico cuartel. Ni los experimentos con gas sarín en dos ciudadanos peruanos secuestrados, ni la muerte a golpes del profesor Fernando Ortiz, o por asfixia y golpes del martirizado Víctor Díaz.

Hasta el momento, muchos aún prefieren no reaccionar. Mientras, el ministro vocero del Poder Judicial Hugo Dolmestch con la tranquilidad que lo caracteriza manifiesta sentirse impactado ante las declaraciones de Jorgelino, y reitera dos cosas muy significativas, sobre todo originadas en su investidura: que Chile requiere más y más verdad y que los procesos de investigación en derechos humanos no tienen fecha de término, porque siguen produciéndose de muy diversa forma nuevos e impredecibles antecedentes.

Jorgelino Vergara no recibe pensión y tampoco tiene protegida su integridad física. Al parecer debe procurarse el pan y vivir el tiempo que le quede inventando cada día. Ya sabe leer y completó su cuarto medio. Ya no es el jovencito iletrado que tuvo sus primeras muestras de cariño en la casa de Manuel Contreras, el mismo coronel que jubiló como general, tiene visitas regulares varias veces por semana y recibe su sueldo todos los meses junto con la liquidación de la Caja de la Defensa Nacional. Si es cierto, es muy posible que él muera en las cómodas dependencias donde cumple condenas, las que ya suman más de 270 años. Jorgelino y Manuel no se han visto hace décadas, sus suertes y destinos siguen muy distintos caminos y sus responsabilidades también.

De la memoria de Jorgelino aparece otro dato significativo que ciertamente nos ayuda a completar el cuadro. El acaudalado empresario Ricardo Claro Valdés, fallecido hace algunos años en medio de sentimientos de pesar extendidos en el ámbito político, social y empresarial nacional, es revelado por el sencillo Jorgelino como financista de la DINA, como caja pagadora, como un buen amigo, casi como si se tratase de un benefactor de las monjitas de la caridad.

Y entonces, uno imagina a todo el resto de poderosos que nunca limpiaron sangre ni cargaron a un “empaquetado” -denominación para un detenido desaparecido-; que tampoco pusieron electricidad en la tortura o borraron huellas dactilares con sopletes, pero si hicieron sus fortunas al amparo de los 17 años de dictadura. Algunos fueron agradecidos, aunque con reserva como el señor Claro. Otros, simplemente olvidaron que el modelo económico y las reformas estructurales aun vigentes pudieron ser porque hombres como el “Mamo” Contreras se empeñaron en exterminar resistentes y sembrando el terror.

Jorgelino al nombrar a Ricardo Claro le pone rostro y dirección a la acumulación originaria en diversos sectores de la actual economía nacional. Sus declaraciones son incómodas para muchos, por ello prefieren ignorarlas y seguramente les intranquiliza que los chilenos y chilenas las vean por televisión, o las lean en un libro. En suma, nuevamente y justo en estos momentos de cuestionamientos crecientes al modelo económico, reflota la mala conciencia y lo espurio de su origen, casi como una molesta pesadilla.

Jorgelino Vergara nos recuerda a un campesino llamado Jorge del Carmen Valenzuela Torres, analfabeto y alcohólico que cometió el asesinato múltiple de su conviviente y sus cinco hijos, en una localidad de San Carlos llamada Nahueltoro hace más de 50 años atrás. Luego, cuando ya era persona la justicia de mediados de los sesenta le quitó la vida fusilándolo. Para entonces, Jorge del Carmen ya había aprendido a hacer guitarras, leer, escribir y relacionarse socialmente e incluso estaba arrepentido. Más tarde, en 1969 su historia sería llevada al cine por un primerizo Miguel Littín en “El Chacal de Nahueltoro”.

Jorgelino es el adolescente huérfano, el menor de doce hermanos de una familia de campesinos pobres, el apenas letrado que encontró en un cuartel del horror lo más cercano a un hogar y familia. El que pasó pascuas y años nuevos confraternizando con hombres que debían morir en semanas o meses. El mismo que se hizo invisible para todos los importantes, que en esos espacios cumplían con su deber militar de “erradicar el cáncer marxista” porque sólo eso posibilitaría engrandecer los negocios y las fortunas de mecenas como Ricardo Claro, Ponce Lerou, El Mercurio y tantos otros.

En momentos en que desde diversas direcciones de la derecha se intenta tensionar el como hacer memoria, cuando se cumplirán 40 años del golpe militar, a Chile le hace bien mirarse al espejo de Jorgelino, con sus verdades y sus inconmovibles silencios. Porque el fin del lucro en la educación tampoco está tan distante de lo que cuenta Jorgelino. Ese negocio de lucro y privatización de la educación, también tiene relación con esos crímenes, que todavía algunos defienden y otros prefieren aún seguir ignorando, aunque Jorgelino se los recuerde con incómodos detalles.

A fin de cuentas Jorgelino Vergara y Manuel Contreras fueron mocitos de Ricardo Claro y toda esta es la historia reciente que sigue explicando el Chile actual, pesadilla en la que aún vivimos y de la que nos urge despertar.

20 julio 2012

Héroe Olímpico: El caso de Takács quien rehusó a renunciar a su sueño

Károly Takács era un experto tirador del ejército húngaro. El más preciso. Se esperaba que hubiera formado parte de su equipo nacional en los Juegos Olímpicos de Berlín, en 1936, pero las reglas elitistas del ejército de su país lo impidieron: Karoly era sólo un sargento y al evento sólo irían oficiales. Aguantó su frustración y esperó sí poder asistir a los juegos de Tokio 1940.

Hay veces en las que la vida juega las peores pasadas. En un entrenamiento militar durante 1938, una granada defectuosa explotó en la mano derecha de Takács, volándosela. Takács era diestro. Su carrera parecía terminada.

Pero hay personas que se superan a la adversidad. Takács decidió que seguiría tirando, aunque fuera con la mano izquierda, y se entrenó en secreto. Apareció en un campeonato nacional: sus antiguos compañeros lo saludaron, creyendo que sería un espectador más. Károly les dijo que no había venido a verlos, sino a competir contra ellos. Se coronó campeón (uno de los 35 campeonatos de Hungría en su palmarés). Estaba listo para los siguientes Juegos Olímpicos, pero vino la Guerra Mundial.

Tuvieron que pasar 12 años de su primera oportunidad y 10 del accidente que lo baldó para que Takács pudiera competir en unos Juegos Olímpicos. Fue en Londres 1948. Allí el tirador manco sorprendió al mundo, llevándose la medalla de oro en pistola de fuego rápido a 25 metros, con facilidad e implantando récord mundial. Antes de la competencia, el campeón mundial de entonces, el argentino Carlos Díaz –a la postre medallista de plata- le preguntó a Takács por qué estaba en Londres: “Estoy aquí para aprender”, respondió el húngaro. Tras la ceremonia de premiación, Díaz contestó: “Aprendiste bastante”.

Volvió en Helsinki 1952. En la capital de Finlandia se hizo de nuevo del oro (algo particularmente difícil en el mundo del tiro deportivo) en la misma prueba, venciendo esta vez apretadamente a su compatriota Szilard Kun. Trató de lograr la hazaña de un tercer oro en Melbourne, pero terminó en octavo lugar. Se retiraría años después, para convertirse en exitoso entrenador.

Efectivamente, Kóvacs “aprendió bastante” porque se rehusó a renunciar a su sueño. Por eso el Comité Olímpico Internacional lo calificó de “héroe olímpico”. Un justo reconocimiento a esta poco conocida leyenda del deporte.

19 julio 2012

Anoche fui a ver la obra de teatro Hanuk. Bella y conmovedora

Anoche, como regalo de cumple, fuimos con mis lunitas, hermana y madre al preestreno de Hanuk, en el Teatro UC. Una obra conmovedora, escrita y dirigida por Gala Fernández y montada por el Teatro Veleta, que sobre la base de canciones provenientes de las tribus nativas de las llanuras centrales de los EEUU y del sur de Canadá, cuenta la historia de niño de siete años, que ha perdido a su padre y sale junto a su caballo a un viaje en búsqueda de su identidad.

La obra establece una rica y compleja relación entre la madre y el niño, la naturaleza y los animales y el niño, así como la tribu y sus tradiciones y el niño. De una forma lúdica, muy musical y mágica la historia nos va guiando hacia el autodescubrimiento del niño como parte de un colectivo, que lo acoge y le otorga un nombre propio, una identidad. Una rica relación entre lo singular que hay en cada uno de nosotros, y la comunidad desde y a la cual nos debemos, que nos complementa y completa.

¡Qué distinta es la historia de los niños "guachos" en la historia chilena! Algo pasó con nuestra tribu, dispersa, diseminada, agresiva y poco atenta a sus guachitos. El ser colectivo en respeto con la autonomía de cada quien, es algo que como sociedad debemos ser capaces de construir como parte de nuestra identidad. Restablecer lazos comunitarios, personas-grupos-naturaleza.

Pues, ¡nadie es indispensable, pero todos somos necesarios!

Bella obra. La recomiendo.

Más info: Teatro Veleta