23 septiembre 2012

Disco q reflexiono en este domingo: Tears for Fears "The seeds of love"

Este domingo te recomiendo el bellísimo The Seeds Of Love del grupo británico Tears for Fears.

Dado a luz en agosto de 1989, por el carismático duo Roland Orzabal y Curt Smith, acompañados por un conjunto de músicos de primer nivel, se trata de un disco  de pop sofisticado que te hace recorrer distintos estados de ánimo. Los Tears for Fears muestran con este disco que se puede hacer música de ventas sin abandonar la calidad musical y el contenido de las letras.

El disco abre con el intenso Woman in Chains, que asume la temática de género en su letra, y cuenta con una limpia y fuerte batería de Phil Collins, quien antes de dedicarse a su carrera solista mercadera había participado por años como el batero del grupo de jazzrock progresivo Brand X, y desde luego en el Genesis de Peter Gabriel (fíjate en el break de batería entre el minuto 4:36 y 4:40, un clásico de Collins, que es capaz de levantar muertos). Escuchen por favor las líneas del bajo de Pino Palladino y la voz negra de Oleta Adams. La voz masculina de Orzabal hace la reflexión sobre la situación de la mujer amada, que está atada a su Gran Esperanza de Hombre Blanco, que la niega y anula manteniéndola atada, y ella ama pero es incomprendida y se sume en una vida monótona. Y la conclusión es solo una, y Orzabal se atreve a insinuarla hacia el final de la canción, "so free her", déjala libre, déjala Ser... para que seamos juntos, el sol y la luna, the sun and the moon. Algo complejo del amor, pero también su milagro, es que es un gesto libertario, de darse sin poseerse, pura voluntad de mantener el deseo vivo, no es un contrato en el cual cada uno pierda su libertad por un compromiso escrito con sanciones en caso de romperlo (eso es el matrimonio civil), sino un donarse y recibirse libres, cultivando esa libertad. "Vive y deja vivir" nos decía al gran Julio Cortázar:



Sigue el Bad man's song, la canción del hombre malo, que combina un piano jazzero con líneas vocales pop, todo muy bien logrado, ahora con la batería africana parisina de Manu Katché. Orzabal insta a abandonar la defensa de la libertad de expresión si no hay nada que expresar, si no hay espacio para protestar. Libertad de expresión sí, pero para que haya espacio a la diferencia, a la transgresión, a la libertad: "Mírate a ti mismo - mira como mientes / Tus manos comienzan a temblar y no sabes porqué". Si en Woman in Chains se trata de dejar ser libre, ahora es el momento de hacerse libre, de asumir la libertad propia para protestar.



El tema siguiente es el Sowing the Seeds Of Love, que se basa en el Soy una Morsa (I'm The Walrus) del maestro Juanito Lennon de los Beatles. Es una canción homenaje a la estética psicodélica de los sesenta. Es un guiño a esa generación, a retomar el impulso, la iniciativa, la creatividad. Orzabal le canta a quienes se han dejado guiar por Mr. Inglaterra, con Margaret Tatcher en la testera:"es hora que te comas tus palabras / trágate tu orgullo / abre tus ojos". ¡Qué bella manera de comprender la tarea de asumir una tradición! Al contrario de lo que el sentido común piensa, formar parte de una tradición no es repetir el pasado, sino apoyarse en él para dar el salto de tigre por sobre tal pasado al que le corresponde un presente, para sobrepasar lo que hoy tenemos, hacia otra posibilidad de ser. Asumir una tradición es recreación, incluso liberarse de tal tradición, llevándola a su realización más allá de sí misma. Quienes respetamos (e incluso adoramos, hasta cierto punto, a la generación de los 60 por sus procesos libertarios, pacifistas, revolucionarios en lo social, político, estética y pensamiento, no podemos repetir sus fórmulas, pero sí llenarnos del entusiasmo, para ahora hacer nuestro aporte original. Quizá no sea la canción más elaborada del disco, pero emociona el homenaje a Lennon y su generación:



Pero el disco no se detiene ahí, y se recupera con Advice for a Young Heart (Aviso para un joven corazón). Pop directo adolescente del bueno, con cortinas de sintetizadores y coros limpios, hablándole a los jóvenes que no dejen morir su tiempo, que lo vivan intensamente, le den un contenido. Es una balada de esas con las que uno corre el peligro de enviciarse en la melancolía. Bellísima:



Luego Orzabal entra a la crítica social con el tema Standing on the corner of the third world (Parado en la esquina del Tercer Mundo), y Swords and Knives (Espadas y cuchillos). Después de recorrer las maravillas de la vida liviana para un turista de América Latina o el Caribe, el occidental consciente rompe con las promesas de paz que Occidente le vende al Tercer Mundo, la dominación bajo el signo de la caridad. Las presiones de los organismos internacionales sobre nuestras economías que "prestan" esperando el retorno con intereses. ¿Es eso ayuda?, se pregunta Orzabal, parándose en alguna de nuestras esquinas y concluyendo la canción sumido en un llanto de decepción: "Cuándo aprenderemos?/ En qué nos convertiremos? / Las promesas que nos hicieron / Que llamaron nuestra atención / La compasión ahora es moda / Libre para lucrar / Pero nuestros bolsillos arderán / Porque compramos para amar / y así morimos... Afírmame, estoy llorando / Sosténme, que muero". Qué fuerte y lúcido testimonio, de alguien que viene del Primer Mundo, y entregado en formato pop, como caballo de Troya, para que llegue a las mayorías. Genial. Eso se llama lucha por la hegemonía cultural, afectar al sentido común para construir uno distinto, consciente, reflexivo. De pie en una esquina del Tercer Mundo:


Pero,  ¿qué ocurre con los jóvenes que dan la vida pensando que lo hacen por una buena causa? Orzábal entra a este delicado tópico desde la canción Year of the Knife (El año del cuchillo). Es un asunto de decisiones, pero el peligro es que la propia causa se vuelva parte del problema que se pretende resolver, porque lo que está en juego es el amor. Si nos volvemos piedra ("aceramos" "volvemos de acero" decía el filósofo alemán Ernst Jünger), ¿no nos estamos alejando de la causa del amor? Como Mr. Jeckyll y Mr. Hyde, podemos convertirnos en lo opuesto a lo que pretendíamos. "Ves las montañas caer / sientes el fuego volverse frío / el verano pasa a invierno / y el amor se ha vuelto roca". Niños de guerra, cantaba en Chile Hugo Moraga. Ojo con eso: la causa de la emancipación implica estar en pie de lucha, pero ello no debiera implicar perder la dulzura, el goce de lo sencillo, el asombro de estar enamorados de la vida intensamente. De todo lo vivo, y ello implica una visión de la emancipación en que el adversario también se libera. Emancipación no es exterminio del otro, proceso que siempre parte por aniquilarse a sí mismo, volverse de acero. Liberación es actuar, ya en el camino de la lucha, de acuerdo a la sociedad futura que buscamos, más humana, justa y amable. En el camino está ya la meta.



Con Famous Last Words (Las famosas últimas palabras), cierra el disco. Hemos dado muchas batallas, reflexiona Orzabal, qué pasará al día siguiente: "Decaeré / me derretiré en tus brazos / como el día encuentra la noche / nos sentaremos ante un candelabro / Reiremos / cantaremos / cuando los santos entren marchando." La batalla del amor es una lucha, supone cambiar las condiciones externas, que nos marcan, pero también un cuestionamiento y transformación de nosotros en tanto agentes, personas. Los santos entrarán marchando, "when the saints go marching in" -que era el grito de lucha y de amor de la comunidad afroamericana-, si somos capaces de atravesar estos límites, externos e internos, y convertirnos en semilla que siembra amor.



Está en nosotros parar la muerte lenta a la que nos conduce un Mercado ilimitado, que cambia amor por lucro, que moviliza la compasión pero bajo el sello de una  cuenta bancaria, para sacar unas monedas bajo el rostro sonriente del personaje televisivo que se cree Cristo, pero que no solo no está dispuesto a andar en burro, sino que jamás apoyaría un aumento progresivo de los impuestos a quienes tienen más para atender cotidianamente, en programas de largo plazo y permanentes, a personas en situación de pobreza o discapacidad.

Curiosamente un cantante popero como Roland Orzabal en un disco como el que comentamos lo tiene muy claro: el problema del amor es en definitiva un problema político, del ser en común.

Este disco fue pensado, escrito y creado en 1989, año de la caída del Muro de Berlín, del supuesto triunfo del neoliberalismo, que cerró un ciclo de luchas por la emancipación de los trabajadores, en una de sus variantes, la de los "socialismos realmente existentes". Pero la historia no termina ahí, la verdadera batalla, nuestra batalla siempre re-comienza. Que haya caído un sistema que se burocratizó al punto que nadie salió a la calle a defenderlo, o muy pocos para ser justos, no implica que el "capitalismo con rostro humano" o directamente las dictaduras de derecha sean mejores. No. La lucha del amor, de la vida por sobre la cultura de la muerte y del dinero que se creen señores de lo humano y lo divino, permanece y reflexivamente debe retomar el impulso por sobre sus derrotas, aprendiendo de ellas para generar lo nuevo.

Para que llegue el día en que "los santos entren marchando" llenos de Lovepower. El poder del amor. Nunca del dinero.

1 comentario:

ramon contreras dijo...

Que lucidez de comentarios y cuanto conocimiento, me enxcanto leer algo de tan buen nivel. GRACIAS.