29 diciembre 2006

Un 2007 de paz y lucha


Querida y querido amigo,

Con la esperanza que el año 2007
Avancemos hacia un mundo sin exclusiones,
donde el género humano reconozca y promueva el valor
de la vida digna de todos y todas.

Para que nuestros países tengan menos importación
de propuestas y más recreación autóctona de ellas.
Menos paternalismos gubernamentales y mayor participación social.
Menos acumulación de unos pocos y mayor bienestar humano
para más gente de modo sustentable para la madre tierra.

Para que cada vez más personas puedan hacer uso y amplificar sus capacidades,
en lo cultural, lo económico y lo político.
Para que seamos más libres y tengamos la posibilidad
colectiva e individual de acercarnos
a nuestros sueños y proyectos.

Para que salgan a la luz las capacidades ocultas de la humanidad,
sus actores invisibles que tejen sociedad a pesar de los pesares,
que hacen posible la posibilidad
de la emancipación solidaria en marcha,
las articulaciones viables,
las alianzas virtuosas,
el cariño por el otro.

Te deseo paz y lucha para este 2007,
Justicia y verdad,
Invención y herencia,
Que el amor sea más fuerte.

Una cordillera de abrazos para ti y los tuyos,

Manuel.

24 diciembre 2006

Dale, Albo

"No solo de pan y fusil vive el hombre", solía decirnos papá a mi hermana América y a mí cuando nos sacaba a pasear y a ver algún estreno hollywoodense, como "La Guerra de las Galaxias" o "ET", o a alguna otra actividad que forma parte de los circuitos de la industria cultural. Y pucha que lo disfrutábamos! Y gracias a esta amplitud de mente, para lo que era el común de los dirigentes comunistas de su época, tuvimos la posibilidad de crecer oyendo no sólo a nuestro Victor Jara y Violeta Parra, sino también a Bob Marley, Pink Floyd, Jean Michelle Jarre, y también a los Beatles y los Abba.

Parte de este disfrute -que también proviene de la creatividad de la historia humana, lo que ocurre es que está enajenada en un mercado de interés privado-, es el que heredamos en la pasión por el fútbol, particularmente por el Colo Colo de Carlos Caszely. Así es, Colo Colo es el equipo favorito de los Guerrero, desde mi abuelo, papá, tíos, tías, primos y primas, y ahora también hijas mías.

En la foto aparecemos con mi hija Cami y Michelle celebrando ayer en el Estadio Nacional el bicampeonato de Colo Colo, que harto nos hizo sufrir en la final sudamericana contra el mexicano Pachuca. Somos campeones otra vez, y ahora viene la Libertadores! Dale Albo!!!

14 diciembre 2006

Antigua huella mía

por Manuel Guerrero Antequera
[Columna publicada hoy 14 de diciembre en la edición especial de The Clinic (N°195), a propósito de la muerte de Augusto Pinochet]

En 1985, en plena dictadura, cuando tenía quince años de edad, me encontraba abrazado a mi polola observando desde un octavo piso el crepúsculo santiaguino. Ver el sol posarse sobre el horizonte urbano nos llenaba de tranquilidad en aquellos duros días de intensa actividad política. De pronto, desde mi más profundo interior me surgió intempestivamente una duda. A boca de jarro le pregunté a mi chica si sería capaz de aguantar la tortura. Mi sorpresa fue grande cuando ella con toda naturalidad me respondió que por supuesto. Me sentí incómodo. Me molestó su seguridad. Yo no estaba tan cierto sobre mí mismo. Ella me miraba con ojos grandes mientras le confesaba que yo creía que no iba a aguantar. No nos dijimos nada más. El silencio era elocuente. Mientras el sol resbalaba a lo lejos deseamos habernos conocido en otro tiempo y lugar.

La reflexión que me provoca aquel recuerdo irrumpe desde el estupor y la bronca que aún hoy me genera la evidencia de la verosimilitud de la persecución, la prisión política, la tortura y la desaparición de personas que caracterizó al Chile de Pinochet. Por años me expuse a las palabras entrecortadas o mecánicamente fluidas de mi padre que refería con pudor su experiencia vivida en los recintos secretos del fascismo criollo y aprendí a auscultar sus silencios, observar mudo sus marcas en el pecho, desarrollar un humor extraño para reírnos juntos de situaciones insólitas que a cualquiera harían llorar. Recuerdo con ternura aquellos momentos, pero me rebelo a aceptar que mis hijas alguna vez deban pasar lo mismo conmigo.

Con Pinochet fuimos arrojados como sociedad a una experiencia límite que hasta hoy le ha puesto límites a nuestra experiencia cotidiana de desear, amar, entregarnos al otro sin temor. En corto tiempo nuestro país fue transfigurado en un campo de batalla entre victimarios, activos o pasivos, y víctimas directas o indirectas. Freaks. Monstruos. Surgieron los Fanta y las Flacas Alejandra, por un lado, y aparecimos los Rettig, los Valech y retornados por otro. Pero, si bien las marcas del terrorismo de Estado fueron perpretadas sobre cuerpos concretos, lo que ocurrió a Carmen Gloria Quintana, a Sebastián Acevedo y a tantos otros, no nos sucedió en tanto individuos aislados, sino como cuerpo social, como país. Y de todo ello tienen responsabilidad personas e instituciones con nombre y apellido, y como tales deben ser juzgadas y castigadas. Pero, nuevamente, que un conjunto de personas individuales sean condenadas por su participación directa en las fechorías de la dictadura no implica que hayan sido superadas las condiciones de posibilidad que permitieron que se perpetraran los crímenes de lesa humanidad. Es como sociedad que debemos replantearnos el modo en que vivimos la vida para que hechos de esta naturaleza no vuelvan a ocurrir, lo que conlleva echarle mano, con mayor energía y participación, al modo en que comprendemos y actuamos en los ámbitos de la economía, la cultura y la educación, las fuerzas armadas y la política. En tales esferas vive y goza de buena salud el Capitán General.

Pero tengo la esperanza que procesos de emancipación colectiva arrancarán de cuajo su herencia, que no es otra que la del capitalismo inhumano que actualmente ha puesto incluso en riesgo la sobrevivencia de la especie. Cuando llegue ese momento de libertad efectiva abrazaré a mi esposa e hijas y me acordaré con emoción de aquella polola que tuve cuando niño. Podré asumir en ese instante que en realidad nunca fuimos víctimas, sino luchadores, y que mi propio testimonio podrá descansar en paz junto al de mi padre, pues será solo la antigua huella que dejó un dictador que, en la sociedad porvenir, habrá muerto para siempre.

07 diciembre 2006

Condenamos la quema de libros



Una edición de "La tierra fugitiva" publicado por la Editorial de Quimantú, durante el gobierno de Salvador Allende y de la autoría de su abuelo, fue el ejemplar que esta mañana sacó de su biblioteca familiar el sociólogo y estudiante del Doctorado en Filosofía Política de la Universidad de Chile, Manuel Guerrero, para entregar en el acto de reparación que se realizó este mediodía.

"Este libro es parte de nuestra historia social, del campesinado chileno y representa un gesto de reposición con el patrimonio, la memoria histórica del país. Me parece muy fuerte que a 18 años de terminada la dictadura y de que hayamos conquistado la democracia se repitan actos de quemazón de libros. Hay que dar la pelea por el rescate de la memoria y de los libros", comentó enérgico.


El Decano de Filosofía y Humanidades, Jorge Hidalgo, calificó la quema de libros como "un acto de barbarie".

De este modo, fueron llegando, al Ágora de la Facultad de Filosofía y Humanidades, los miembros de la comunidad universitaria con su donación. Tal fue el caso del Vicerrector Iñigo Díaz, quien escogió "El altiplano chileno", que extrae las conclusiones de un seminario efectuado en nuestra Universidad y del Decano de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias, Héctor Alcaíno, que lucía cargando el aporte de la unidad que representa y que incluyó autores como Gabriel García Márquez. De carácter más patrimonial fue el regalo del Profesor Juan Carlos Letelier, de la Facultad de Ciencias, quien hizo entrega de "Historia diplomática de las primeras relaciones entre Chile y Estados Unidos" de Eugenio Pereira Salas, figura señera de la Facultad de Filosofía y Humanidades que justamente da nombre, a la hoy remozada, Biblioteca Central.

Otros profesores optaron por libros de su autoría como el Decano Ciencias, Raúl Morales con "Contaminación Atmosférica de Santiago" y el Senador universitario Miguel Orellana Benado, con "Allende alma en pena". Quien quedó en deuda fue el Vicerrector de Extensión, Franciso Brugnoli, sin embargo, se comprometió a donar próximamente la colección completa de publicaciones del Museo de Arte Contemporáneo.


El Presidente de la FECH, Giorgio Boccardo, aprovechó la instancia para denunciar el alza de aranceles para el próximo año.

El acto de reparación comenzó con las palabras del funcionario de la Facultad de Filosofía y Humanidades y miembro de la Asociación de Mapuches de la Región Metropolitana, Héctor Mariano, quien repudió la acción de encapuchados que, enarbolando la causa mapuche, optan por la violencia para manifestarse. "No representan nuestros intereses", sentenció.

Haciendo eco de dichas palabras el Rector Víctor Pérez llamó a los integrantes del Campus Juan Gómez Millas a "pensar en que pasó con la quemazón en la llamada conquista de la araucanía. ¿Hasta cuando se sigue ocultando en este país lo que pasó en esos años cuando con pólvora, fusiles y alcohol, se intentó terminar con el pueblo araucano? Esa historia sigue sin esclarecerse".

El Rector también se hizo presente en este acto con los cinco tomos que conforman la "Historia Contemporánea de Chile" de Gabriel Salazar y Julio Pinto.

Noticia publicada el 7 de diciembre 2006 en el portal de la Universidad de Chile

13 noviembre 2006

La corrupción como "desdemocracia"

Frente al cúmulo de informaciones que dan cuenta acerca de las prácticas de corrupción que operan y han operado en el aparato del Estado en democracia en Chile, hemos quedado reducidos al tipo de sentimiento de enajenación que seguramente experimentó el Sr. Samsa cuando amaneció convertido en cucaracha sin poder hacer más que sentir pena por su situación. Porque ¿qué otra cosa se puede hacer ante la magnitud de lo que se está conociendo sino unirse al trágico coro de perros abandonados que aúllan a la luna con la sensación de no poder cambiar su rumbo? Es el efecto paralizante de lo que toma apariencia como totalidad cerrada, de pesadilla sin fin que todo lo contiene.

Y es penoso constatarlo y duro decirlo, pero peor no reconocerlo: la corrupción sistemática evidencia que tenemos una democracia débil, timorata.
No hemos sido capaces de construir una sociedad que ponga límites no solo a las violaciones a los derechos humanos de la dictadura militar y civil de derecha, sino a la lógica del saqueo que también la caracterizó. Podremos apelar a que la corrupción forma parte de la lógica de la economía neoliberal, que el capitalismo es intrínsecamente perverso, que los mandos medios son tales por cuales, pero dichos enunciados, de ser ciertos, solo vienen a afirmar lo que precisamente no hemos sido capaces de cambiar. Pues admitir que Chile es un país de temblores no es suficiente para que las casas no se caigan, por lo que poco aporta indicar solamente lo dado, lo que interesa es cómo hacerle frente para transformarlo. Y ahí nos ha faltado coraje e imaginación.

Por lo que no basta con caer en el nihilismo fácil de la denuncia “todos lo hacen, ya todo da lo mismo, son todos narcos”, pues tal sentencia tiene la paradójica virtud de no solo constatar la impotencia de quien la enuncia sino que suele ser utilizado como fundamento para la emergencia de populismos autoritarios deseosos de “salvar a la Nación” para “limpiarla”.
Y ya sabemos que quienes suelen ser regularmente limpiados por parte de tales movimientos no son los corruptos, sino las personas y organizaciones que lentamente han logrado levantar cabeza para defender o exigir derechos, detener atropellos o simplemente soñar con tiempos mejores. Claramente no es un Comité de Salvación Pública lo que requerimos.

Como ciudadanos debemos traspasar las parálisis asociadas a las defensas corporativas o las condenas retóricas principistas y desde la posición en que cada quien participa en la sociedad debemos exigirnos más. Y no solo por la permanente deuda que hemos adquirido con quienes se jugaron el pellejo para alcanzar la democracia y a quienes la corrupción vuelve descaradamente la espalda ridiculizando, en los hechos, su generosa entrega. El combate a la corrupción debe ser una forma de quebrar la posibilidad que ésta se instale como modo normal de vivir la vida en sociedad. Debemos dar la batalla por el bien de la democracia misma. Se ha de denunciar e investigar la corrupción, sí, pero solo como momento de una verdadera profundización de la democracia, para la cual le es consustantiva la transparencia, el rendimiento de cuentas, y sobre todo, el control social ciudadano, la fiscalización permanente por parte de los propios usuarios y beneficiarios de cualquier sistema. Lo que necesitamos son mecanismos efectivos para el ejercicio del poder soberano del pueblo.

El verdadero poder está en el poder transformador de la ciudadanía, y éste solo emerge desde la participación y la organización. Y así como existen auditorías privadas y públicas para los estados financieros de las empresas, requerimos de veedurías comunitarias en todas las actividades de la administración; promoción de la participación de la ciudadanía y de las organizaciones comunales en la elaboración de presupuestos y en la formulación, seguimiento y evaluación de las decisiones de política pública que afectan a todas las entidades territoriales; creación de sistemas de información para que los ciudadanos y las ciudadanas tengan acceso en tiempo real a la información sobre la administración pública; desarrollar modelos ciudadanos de evaluación y calificación de la gestión pública. Y nuevamente queda claro que el Congreso requiere urgente que se incorporen a él ideas, representación y sensibilidades que existen en la ciudadanía pero que por egoísmo del sistema de partidos vigente no pueden participar del debate, la legislación y la fiscalización de lo que ocurre en el país.

Porque los escándalos que estamos conociendo deben remecernos no para lanzarnos a la letanía del lamento, la búsqueda de mesías, o el llamado a la tabula rasa para comenzar todo desde cero, sino para romper la pesadilla de quedar convertidos en cucarachas. Pues no olvidemos jamás que el Cóndor, bajo mil rostros y garras, siempre querrá ir por más carne. Cortémosle el vuelo con más democracia y mayor justicia social.

Publicado en La Nación el 15/11/2006 (pdf 1 mb)