27 diciembre 2012

Felices fiestas amigo/a!

Querido/a amigo/a,

En el cierre de 2012 te envío un abrazo, con el deseo que el nuevo año que se aproxima avancemos individual y colectivamente en la conquista de una vida más simple, libre de lo superfluo e innecesario que nos esclaviza y hace explotar a millones de personas en el globo y al propio planeta, manteniendo a muchos en situación de pobreza, exclusión e injusticia.

Que el amor comprometido y militante con la vida digna, amable y bella continúe chorreando por doquier y alcancemos mayores espacios para una vida rica en relaciones de amistad, cooperación, compasión y justicia. Vida que respete la singularidad y autonomía individual, al tiempo que sea solidaria con la pluralidad de animales humanos y no humanos, así como de plantas y seres que conforman la comunidad de vida en la Tierra.

Por las generaciones pasadas y presentes a quienes nos debemos, pero sobre todo por los que están por nacer, celebro contigo la experiencia de convivir y compartir nuestra existencia, con la esperanza intacta en la posibilidad de un mundo mejor, pues de nuestros empeños y creatividad depende.

Felices fiestas amigo/a de ruta, que el humor y lo lúdico jamás nos abandone. Que la música alumbre esta tierra negra y bailemos todos contentos.

Abrazos miles, con afecto
Manuel.

18 diciembre 2012

Gracias a Beethoven

En los días en que mi padre debió irse a la clandestinidad, en 1984, yo estudiaba guitarra clásica en el Conservatorio de la Universidad de Chile.Veníamos de meses de alegría por las protestas nacionales que se expresaron con fuerza por parte de pobladores, estudiantes y trabajadores desde diciembre de 1982 (mes en que regresamos a Chile desde Hungría) y todo 1983.

Mi viejo se desvivía organizando a los profes cesantes e intentaba aportar a la unidad de las izquierdas -tan dadas a la fragmentación infinita- hasta que logró junto a Manuel Almeyda, Fabiola Letelier y Jecar Neghme crear el Movimiento Demorático Popular (MDP). Toda esa intensidad activista se vio frenada y reprimida por la orden de captura en su contra firmada, por “orden del Presidente de la República”, por el entonces ministro del Interior, Sergio Onofre Jarpa. Por doquier buscaban a mi viejo para detenerlo y expulsarlo del país.
En 1984 se inició así un periplo por distintas casas y nosotros, con mi hermana América, solo lo podíamos ver en ocasiones muy acotadas, a la rápida, pues debía estar siempre en movimiento para que no lo tomaran. En definitiva, dejamos de verlo mucho.
Sabíamos de él por cartas que nos hacía llegar, que escribía desde sus escondites.Nosotros las leíamos, disfrutábamos su letra redonda, claridad reflexiva y sentimientos auténticos de padre dolido por no poder ver sus hijos, y luego debíamos quemarlas para que no quedara huella de que tenía contacto con nosotros, pues éramos regularmente visitados por la CNI que se dejaba caer a nuestro departamento en Villa Los Presidentes en Ñuñoa.
En ese contexto, intentaba concentrarme en lo que venía cultivando desde los 8 años en forma sistemática, y que sería a lo que me dedicaría en la vida: la guitarra clásica.
Asistí a las clases de teoría y armonía, y a las de instrumento principal, acompañado por amigos de la Jota que me protegían, por temor que me pudieran tomar para extorsionar a mi padre. Era muy difícil llevar una vida normal en esas circunstancias, todo apuntaba a perder el estribo, quedar dañado, lleno de un odio mudo contra este Chile intervenido por el fascismo. Esa rabia crecía en mí como un volcán interno que me intoxicaba, pues de pequeño aprendí a amar a la Humanidad, a sus creaciones, diversidad, a tener confianza y respeto por sus obras.
La represión era más intensa y ya nos volvíamos locos, entre querer ver a mi padre y él no poder juntarse con nosotros. Perdimos su ingreso, pues debió dejar de trabajar, y la pobreza cayó sobre nuestra familia. Salí a vender helados en la micro, para tener para fotocopias de la Facultad de Artes, y así poder ensayar en casas las partituras de los libros que ya no nos prestaban en biblioteca, pues nos retrasamos en el pago mensual. Mis amigos saldrían al Quisco de vacaciones y nosotros sin ni uno. Había que arreglárselas.
El mundo se tornaba oscuro, pesado, tan distinto al año 83, lleno de esperanza y colorido en las calles repletas de gente, los cacerolazos, las manifestaciones. Ahora había Estado de Sitio. Por momentos creí que no volvería a ver mi padre, cada vez sabía menos de él.
Mi profesor de guitarra, el maestro Ernesto Quezada, que se cuidaba -como la mayoría de Chile- de expresar sus opiniones políticas por miedo a los “sapos” que estaban infiltrados en todas partes, me regaló una invitación que le habían dado a él, para asistir a un Concierto que daría Claudio Arrau, que pasaba por Chile, en la Catedral en Plaza de Armas.
No sabía quién era Arrau, tampoco conocía la pieza musical que interpretaría.Estaba recién por cumplir los 14 años. Era invierno y fui, con la pesada guitarra en la mano (los estuches en esa época era de madera), y me colé lo más adelante que pude, quedando a muy pocos metros por el costado de donde se sentaría Arrau junto al piano. Y fue una de las experiencias más bellas e intensas que he tenido en mi vida.
Arrau, de muy avanzada edad, interpretó el Concierto Nº 5, “El Emperador”, para piano y orquesta, que Beethoven dedicó a Napoleón, cuando éste aún encarnaba los ideales de la Revolución Francesa y se pensaba que podía llevarla a Alemania y el resto de Europa. Bellísimo.Fue una hora de música pura, ver esos huesitos de los dedos de adulto mayor de Arrau correr por el teclado, con una suavidad o fuerza insospechadas.
Un regalo de un amigo, mi maestro de guitarra, que sólo se comunicaba conmigo a través de la música, pues vivía aterrorizado y casi no emitía palabra. Ese contacto me iluminó y sentí vigor y confianza en la belleza nuevamente. Que lo eterno no es del orden de lo humano, que éste mal momento pasaría, que volvería a ver a mi viejo y a disfrutar juntos las pichangas interrumpidas.Que superaríamos la pobreza, y mi madre tendría posibilidad de estar tranquila sin que perdiéramos los estudios. Que mi hermana crecería feliz. Que el país se recuperaría de la pesadilla asesina.
La música de Beethoven y la interpretación de Arrau, así como la amistad silente, pero musical, de mi profesor de guitarra que me había invitado al concierto de un compositor revolucionario, me trajeron de vuelta al goce de la vida. Esa música en la Catedral desató una conversación interna en mí en la que me sentí a salvo, tocado por complicidades delicadas, de una resistencia cívica que se ponía del lado del homenaje a nuestros propios esfuerzos, a nuestras revoluciones cotidianas, a quienes se ponían en juego aquellos días.
Gracias a la música de Beethoven y a la amistad, volví a creer.
*Ludwig van Beethoven nació el 16 de diciembre de 1770.


07 diciembre 2012

Concepciones de la política: Síntesis de diálogo que tuve con Pedro Sabat en mi despedida al Concejo Municipal de Ñuñoa

En mi última sesión de Concejo, en Hora de Incidentes hice mi despedida y evaluación de lo que fueron los 4 años que intenté, desde una propuesta colectiva, desarrollar una "Concejalía Participativa"(esto es, que como Concejal siempre fuera, en todo lo posible, mandatado por alguna
organización social en forma vinculante, en el complejo escenario de limitación legal que implica la actual Ley Orgánica de Municipalidades, donde la participación social es nula), y el trabajo de oposición a la gestión sabatista, desde la opción de generar y participar con la ciudadanía activa organizada en los territorios (que se evidenció en declaratoria de zonas típicas por parte de la propia comunidad; movimiento estudiantil y de profesores; carnavales barriales, etc.).

En esta relación de los cuatro años de Concejal, también hice mi autocrítica, sobre las situaciones en que considero que no estuve a la altura del desafío de vincular, siempre!, lo que llevara a Concejo con diálogo previo y oportuno (y vinculante!) con organizaciones sociales que se vieran afectadas por mis propias decisiones. Cité casos en que no logré cumplir esta norma autoimpuesta por mi mismo, y por el proyecto político de Concejalía Participativa -inédito- al que apostamos.

Como parte de mi análisis retrospectivo, en esta última palabra que quedaría registrada en el Acta del Concejo Municipal, di también la explicación, en parte, de porqué decidí no repostular, y apoyar a que una nueva persona, como la dirigenta del comunal Ñuñoa del Colegio de Profesores, Alejandra Placencia, entre al Concejo a continuar esta labor, y proyectar -ojalá!- mucho más allá de lo que yo, y mis amigos de viaje, logramos con nuestro mejor esfuerzo, de modo que la victoria sobre Sabat, en cuatro años más, sea inapelable, y no puesta en riesgo por un par de decenas de votos. Y ese camino, sigo creyendo en él, no es otro que seguir tejiendo ciudadanía activa y práctica autogestionada de los vecinos, en forma soberana en sus territorios (lo que alguna vez se llamó "poder popular" o "democracia directa"). Creo que Ñuñoa le pertenece a quienes la habitan y hay un enorme espacio en que no se requiere delegación a un poder externo (municipal, regional y estatal) para hacerse cargo de la administración de la vida propia común. En la medida en que este poder comunal, real no nominal, avance, no hay abogado que pueda trastocar un triunfo en una derrota. (Como se verá, ésta es una apuesta distinta a la de otras ofertas políticas). Siempre aposté por una oposición constructiva, no en el sentido de la política de los acuerdos con la administración Sabat, sino en la construcción de autogestión comunal, generando organizaciones democráticas sólidas en los territorios.

Planteé que en este proyecto si entiende como colectivo, lo colectivo es fundamental. Y si se asume esto en forma radical, es decir "en serio", implica que "todos/as somos necesarios, pero ninguno es imprescindible". Y eso también vale parar mí: Hice mi mejor esfuerzo, di lo que pude. Insistir cuatro años más dando lo que no puedo, no solo implica un daño propio -fundamentalmente familiar, por el abandono creciente a mis lunitas y compañera, por una cuestión de tiempo ausente, pero también de vivir con la mente puesta en Sabat y todo lo que ello implica-, sino también implica un daño a ese proyecto colectivo de Concejalía Participativa. Creo -y esto no es retórica, y espero haber dado pruebas de ello- en los liderazgos compartidos y rotativos. Creo que somos/as muchos/as quienes estamos preparados/as para asumir tareas de Concejalía, sobre todo si ésta emerge como parte de un proyecto colectivo que la orienta, contiene, alimenta.

E hice una reflexión sobre otra idea en la que creo, y que no es fácil de aplicar: Soy un convencido que estos nuevos tiempos -y el tiempo somos nosotros mismos, y de nosotros depende que sean nuevos o no-, debemos hacer el esfuerzo (o el regalo) de abandonar una concepción y práctica política de tipo "sacrificial". Creo en una política del encuentro, no del esquema "patria o muerte", que sea entendido como estar dispuesto a morir por una causa y a matar por ella. Ese sacrificio tiene consecuencias fuertes en el tiempo: ausencia para los hijos, para la familia, para los amigos, para uno mismo, para muchos/as, falta de realización integral de la vida propia, y de quienes dependen de uno, en diversos planos. Permanecer atado a una actividad como sacrificio, sin poner en la balanza al proyecto colectivo y al propio en forma simultánea; mantenerse en una actividad que ya te hace daño, es una forma de martirio que creo no corresponde a nuestros tiempos. No es necesario, ni prudente, ni genoroso. Para mi, quienes lo postulan, siempre lo hacen hacia el sacrificio que otros deben hacer, pero nunca ellos mismos.

No creo en la política sacrificial, sino en la del goce, del construir alegre, de la creatividad, con toda la conflictividad y lucha que esto también genera cuando hay que construir a pesar de las resistencias que pone tu oponente (en este caso con toda una maquinaria gigante a su favor). Para mi estos cuatro años, con lo difíciles que han sido, fueron gozosos en muchos aspectos, pero cuando ya noto que le hace mal a mi familia, hay que algo que no está bien, y hay que parar. Porque nada vale la pena: no más sufrimientos y dolores, menos los autoimpuestos. De modo que doy un paso a un lado de la Concejalía, para desarrollar otros aspectos que he tenido pospuestos, entre ellos mi propio entorno próximo del cual soy responsable y al cual amo, y seguiré aportando desde otra línea. Y doy el pase para que alguien tome este lugar, y seguimos en forma colectiva. Pero no más política sacrificial ni mártires.

Ante estas declaraciones mías, Sabat tomó la palabra e hizo sus descargos respecto de las críticas que se le habían formulado. No asumió mucho como tema propio, sino que culpó a la concejala Claudia Vera (RN), de "haberse pasado al otro lado" y haber generado oposición con nosotros. La acusó de traidora, entre otros epítetos. A mi me reconoció tener afecto, respetar mi consecuencia -aunque fuera desde la vereda opuesta-, e hizo una interpretación de mis pensamientos, del siguiente modo: "Es posible que a tu generación Manuel le falta épica. Por yo estoy dispuesto a dar la vida por mi patria y por Ñuñoa. He perdido a mi familia, no veo a mis padres, perdí mi estómago, lo paso pésimo. Pero seguiré, porque creo que el servicio público es un apostolado. Llevo 30 años en la Municipalidad de Ñuñoa y seguiré todo lo que sea necesario". Y luego siguió atacando a Claudia Vera, en una dinámica de conflictos internos que tienen en RN.

A mi me parecen muy importantes sus dichos, creo que retratan muy bien exactamente lo que creo debe ser superado en la concepción y práctica política (y no quiero decir con ello que yo soy poseedor de la verdad revelada): Me parece un error considerar la actividad política, y para qué decir el mantenerse en cargos, como un "apostolado". Creo que se requiere secularizar esta concepción, desmitificarla, la encuentro dañina: Si asumo mi práctica e ideario político como evangelizador, ya estoy asumiendo que me paro en la verdad que debe triunfar a como de lugar, y que todo quien se aparte de mí y de mis puntos de vista, no solo me "traiciona" y es "desleal" a mi como persona, sino que está en un error del cual debe ser "salvado". De político me convierto en Mesías, y todo será justificado para la puesta en orden del cumplimiento de "mi" plan como el "elegido".

No estoy de acuerdo. La política no es un apostolado, es una práctica del encuentro en la pluralidad, es trabajar con ella, desde los límites propios, no desde la autoafirmación e imposición de mi punto de vista e intereses. No estoy de acuerdo tampoco que en democracia, por muy limitada y formal que ésta resulte en muchísimos aspectos, deba "sacrificar" a mis cercanos, la salud, la amistad, etc., por permanecer en un cargo. No me parece que sea una actitud racional. En el fondo creo que late un narcisismo que se viste de apostolado, pero es una soberbia que no es cooperativa, no genera apertura, sino cierra, concentra, monopoliza la verdad y no distribuye el poder. No deja que la vida comunitaria fluya y que pueda tener distintos canales de expresión y distintos modos de ser.

Espero algún día tener más tiempo para hablar y escribir sobre estas cosas. 

Y valiéndome de este escrito de despedida intempestivo, aprovecho de agradecer a todos/as quienes me acompañaron estos cuatro años. Fueron lo más importante.

Gracias por todo este tiempo, gracias por toda la entrega, por el cariño, las ideas y los esfuerzos, la generosidad gratuita, el empeño y la apuesta.
Gracias por creer en este proyecto, que en algún momento decidimos llamar "Concejalía Participativa".
Gracias por todos los instantes dedicados, por el respaldo, la advertencia, la compañía y hospitalidad, la exigencia, el haberse hecho parte.

Gracias por haber creído en mi, en forma individual y colectiva.
Gracias por estos amores en plena guerra frontal y por la palabra atenta en el desierto de la soledad.
Gracias por la amistad cívica que cultivamos. Gracias por la paciencia, la comprensión, el perdón y la confianza.

Agradezco a quienes estuvieron desde un principio, a quienes se mantuvieron, a los que se descolgaron, a los que debían haber estado desde antes y se sumaron al final. A los cientos de pequeños y grandes esfuerzos.

Agradezco en primerísimo lugar al colectivo Barrio Ñuñoa. A Kattia, compañera de lucha que me ayudó como primera asistente en el Concejo, y a Mariángel, amiga quien lo hizo hasta la entrega misma de la oficina ayer. Gracias a mi luna mayor, Karen, y a mis lunitas bellas, a quienes retorno feliz y entero.

Gracias a quienes votaron en su momento por esta opción. Gracias a los/as vecinos/as y organizaciones de Ñuñoa que se dieron el tiempo para interactuar.

Gracias a todos/as quienes ayudaron a atizar este fuego que enciende otros fuegos.

Seguimos tras esa Ñuñoa que se viene. Demora un poco, pero la puerta ya está abierta.

Abrazos, Manuel.

30 octubre 2012

Al tiempo que celebro La Caída de Sabat, no olvido

Cuando éramos de la Media en los 80', salíamos a la calle en Ñuñoa la Unión de Estudiantes Secundarios de la Zona Oriente, que pertenecíamos a la Coordinadora de Estudiantes de Enseñanza Media (COEM), antecesora del Comité Pro-Feses, para recuperar la Federación de Estudiantes Secundarios FESES, que había sido prohibida por la dictadura. Soy parte de esa generación de "actores secundarios" de Ñuñoa. Nuestros liceos fueron intervenidos con directores que eran Carabineros o Militares.

Aún recuerdo cómo me sacaban de las patillas de clase de religión por hacer preguntas incómodas en el Colegio Benjamín Claro Velasco, alias "el gallinero" entre Lo Plaza y Ramón Cruz, y cómo nos hacían marchar los lunes al ritmo de bandas militares. Nuestros barrios iban perdiendo sus colores, la "modernización del capitalismo popular" (la de los vouchers, subsidios y chorreo, con concentración monopólica en unos pocos) venía de la mano de una estética facha monocromática. Todo rasgo de cultura popular se fue perdiendo, en la que antes era una comuna alegre y lúdica. Así, por ejemplo, las Fondas de Av. Grecia, entre Juan Moya y Lo Plaza, con sus cuecas, cumbias y jolgorio, fue reemplazada por las del Estadio Nacional, todas muy controladitas, ordenadas, con estética de los Huasos Quincheros, y sin rastro de la memoria social ñuñoína. En la esquina donde íbamos a la fonda quedó grabada para la historia el linaje de aquel Director de Tránsito que pasó a Alcalde designado por su "Excelencia el Presidente de la República, Capitán General don Augusto Pinochet Ugarte": Pedro Sabat. Desde mi infancia estuvo ahí como un espectro oscuro, omnipresente en su estética y represión.

De la misma mano desapareció el gimnasio municipal Manuel Plaza -hasta hoy convertido en peladero, murió el Parque Juan XXIII donde crecimos en sus juegos y anfiteatro griego hoy abandonado, desapareció la piscina Mundt, frente a Salvador con Grecia, con su trampolín olímpico de 10 metros, se vació el Teatro California -reconvertido a "Teatro Municipal"-. La manu militari en mi comuna, en nuestra comuna. Sabat, como todo el proyecto neoliberaloide criollo, soñaba, en último término, con hacernos desaparecer a los habitantes de Ñuñoa, poniéndonos traba de acceso a los liceos, expulsando a la gente de sus lugares, queriendo reconvertirnos en una comuna á la Vitacura o Las Condes, aspiracional consumista carente de identidad, memoria y proyecto. Por eso el abandono a las villas sociales, de copropiedad colectiva, como Villa Olímpica, Villa Frei, Villa Salvador Cruz Gana, la población Empart (los edificios rojos de Salvador con Grecia), Villa Alemana, Villa Yugoeslavia. Todas villas que conservan la memoria social de su origen: fueron construídas con un horizonte de barrio comprometido, organizado, en lo posible autogestionado por sus habitantes.

Esa era fascistoide es la que hoy se rompe en Ñuñoa, gracias a que mucha gente se movilizó durante años, mermando ese poder totalitario, que en alianza con el negocio inmobiliario, automotriz y de la basura, supo mantenerse incubado aún 20 años pasada la caída de la dictadura en el plebiscito. Lo que se ganó en Ñuñoa no es mérito de una campaña electoral -también, pero no en exclusivo-, sino de la acumulación de resistencias de varias generaciones que dieron la pelea en este territorio llamado Ñuñoa, y que la seguiremos dando.

Espero que cuando se haga la película de cómo cayó Sabat, no emule la del "NO", que hace pasar la historia social como si todo dependieran de buenas campañas electorales. Tienen su mérito, pero hagamos justicia y otorguemos su verdadera dimensión como catalizador de una Ñuñoa que ya venía creciendo en los territorios, con los estudiantes movilizados en los 80, el 2006 y el 2011, en las jornadas por los peñi mapuche a quienes aplicaron la Ley Antiterrorista, en las peleas por el patrimonio, en los carnavales populares, en las luchas por una reconstrucción justa, en la resistencia cultural y uso libertario de los espacios públicos, en el movimiento sindical de los profes ante una Corporación de Educación militarizada, así como con los microempresarios exigiendo fomento productivo que nunca ha llegado, en los cicleteros con sus cardúmenes de colores exigiendo barrios amables, en los animalistas denunciando la tortura en los rodeos de la "Fiesta Chilena" de Sabat y Agustín Edwards, en las feministas peleando para que en los consultorios de Ñuñoa se entregara la Píldora del Día Después, en los activistas de la Memoria de las Violaciones a los Derechos Humanos desde la casa de José Domingo Cañas, en los ambientalistas marchando por una nueva matriz energética y preocupados por el crecimiento inmobiliario en Ñuñoa, en los "coleros" de las ferias exigiendo regularizar su situación, en los centros culturales que han sobrevivido sin subvención por no ser de la línea sabatista, y así un mar social que movió el piso, hasta lograr La Caída de Pedro Sabat.

Muchos fuimos parte de ello. Es una conquista social, que hoy tiene un rostro que lo encarna, pero que ha sido, es y seguirá siendo colectivo.

Al tiempo que celebro La Caída, no olvido.

29 octubre 2012

Chao Labbé, Chao Sabat. Que venga la vida!

Buenos días! Aún estoy a punto de romper en llanto de felicidad a cada rato. Pienso en víctimas de Krassnoff y con mi madre aguantando las lacrimógenas ante el Club Providencia. (Pepa, nos has reparado!) Pienso en el Chicho-Tati y Maya (te quiero amiga!). En José y Carola Tohá (abrazos!). En mi viejo y su Partido que cumple 100 años y sigue ayudando a la unidad de las fuerzas democráticas contra el fascismo en forma generosa (hay una lectura política correcta que valorar!). Pienso en la posibilidad que se articule una oposición plural vinculada a movimientos sociales y ciudadanía activa (sí, hay que ocuparse de la alta abstención, sin soberbia estoy seguro se pueden poner puentes de entendimiento y acción!). Pienso en cada sacrificio de tantos y tantas, también en Ñuñoa. En los malos ratos, en las violencias resistidas, en los afectos que persistieron. Vuelvo a pensar en Maya y me alegra tanto su convicción de ir con todo en esta elección, ante un Sabat matonesco (ustedes supieran lo que es eso!). En Josefa y su trabajo de años en Ciudad Viva. En Claudina, Jadue, Ballesteros, Darío Quiroga nuevo concejal en el norte, Claudia Pascual primera mayoría en Santiago, el jovensísimo Ariel Ramos que ganó en Maipú (comuna de mi familia Guerrero), la Ale Placencia asume como nueva concejala en Ñuñoa, y muchos/as más. Uf, tanto esfuerzo humano creativo junto, a punta de esperanzas. Quiero Justicia, Paz, Libertad. Que esto cambie como en América Latina. Pienso en nuestros peñis mapuche, no los olvidemos ni un segundo! Para mi despertar hoy es eso, un Despertar. Un baño de esperanzas y un gran gran lección de humanidad y humildad que la acojo y elaboro. Tengo mucho que aprender y aprehender. Ahora cojo mi bici y guitarra, alegre de haber formado parte con todo lo que pude dar junto a los compas de Ciudad Elefante, cada 29 de marzo en el corazón de Providencia, y a Barrio Ñuñoa que me acompañaron generosos en este periplo ñuñoíno. Feliz de abrazar a mis lunitas y a ella la bella. Feliz por la felicidad de mi madre. Chao Labbé, chao Sabat. Que venga la vida, seguimos!
Abrazos, Manuel.