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06 junio 2012

Carta a Presidente Piñera para detener acto 10 de junio a Pinochet

Santiago 06 de junio de 2012
Sr. Sebastián Piñera Echeñique
Presidente de la República
Presente.

Junto con saludarlo, queremos expresarle lo siguiente: El día 10 de junio de 2012, la Corporación 11 de Septiembre realizará en el Teatro Caupolicán un acto en homenaje al dictador Augusto Pinochet, similar al ya efectuado en el Club Providencia al violador de derechos humanos Miguel Krassnoff Martchenko.

Como organismos de derechos humanos expresamos a usted como Presidente de la República y a su Gobierno, que la permisividad ante actos de esta naturaleza contradicen la esencia misma de un régimen democrático, que debe caracterizarse por la defensa y promoción de los derechos humanos y por la sanción judicial, social y moral de quienes hayan cometido o sean responsables de crímenes contra la humanidad, como lo fue el dictador Augusto Pinochet Ugarte. Ciertamente, esta observancia no está siendo respetada desde el momento que el gobierno omite opinar, rechazar y prohibir esta grave vulneración a la memoria, la integridad física y psicológica de los familiares de las víctimas y el Estado de Derecho mismo.

Señor Presidente, realizar un homenaje a un dictador, es un acto de extrema violencia que vulnera la historia reciente de nuestro país, aún con heridas muy dolientes por los crímenes que se cometieron y por la falta de verdad y justicia. Peor aún, pretender con este acto poner en valor elementos antidemocráticos como el autoritarismo, el terrorismo de Estado, supresión de libertades, no es sino una afrenta a todos quienes defienden y sustentan la democracia.

Un elemento que agrava los hechos es que esta actividad ha sido gestada desde Punta Peuco por un reo, Alvaro Corbalán Castilla, condenado, encarcelado, pero que goza de insospechada libertad para organizar un acto de reivindicación del terrorismo de Estado, sólo este hecho basta para exigir que se prohíba su realización.

Para justificar esta afrenta se ha usado un falaz argumento, el llamado empate moral. Le decimos, señor Presidente, que los criminales son los delincuentes y nuestros familiares sus víctimas, por tanto no somos iguales. Ellos están del lado del crimen, nosotros del lado de la justicia.

Esta vil estrategia para distorsionar la historia y la memoria no puede tener cabida en una sociedad a la que le costó miles de vidas e innarrables sufrimientos recuperar el Estado de Derecho. Usted sabe que la Intendenta de Santiago, señora Cecilia Pérez, tiene la facultad para prohibir esta actividad, confiamos en que así será, no prohibirla significaría, además, permitir que mañana un reo cualquiera organice desde la cárcel un acto de homenaje a un narcotraficante, ladrón o asesino, lo que resulta impresentable.

Sostenemos que la democracia debe protegerse de actos que la ultrajen, que debemos cuidarla como un bien social permanente, que todos tenemos el deber de preservar separando claramente, sin ambigüedades a quienes han cometido crímenes de quienes defendemos la vida, como somos las organizaciones que suscribimos esta carta.

Por las razones expuestas exigimos que en su calidad de Jefe de Estado tome una posición clara y utilice todas las herramientas legales y administrativas para detener esta actividad que tanto daño le hace a nuestra memoria, al mundo de los derechos humanos y, en definitiva, a la democracia que día a día nos demanda profundizarla.

Si la Corporación 11 de Septiembre, con la colaboración del reo Álvaro Corbalán Castilla, pretende continuar con esta actividad, nosotros tenemos el deber moral con la historia, las víctimas de la dictadura y la democracia misma a manifestar públicamente nuestro rechazo.

Le saludan atentamente,
Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos.
Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos.
Manuel Guerrero, Concejal de Ñuñoa.
Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo.
Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi.
"Colectivo 119, familiares y compañeros".
Londres 38, espacio de Memorias.
Corporación FORJA.
Fundación 1367 Casa Mmeoria José Domingo Cañas.
Marineros Antigolpistas de 1973.
Comisión Ética Contra La Tortura.
Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh).
Natividad Llanquileo, Mapuche.
Corporación Paine, Un Lugar Para la Memoria.
Agrupación de Familiares Detenidos Desaparecidos de Paine.
Memorial Nido 20.

05 junio 2012

Si Estado chileno permite homenaje a Pinochet, vuelve a humillar a víctimas de crímenes de lesa humanidad

A propósito de acto a Pinochet, cito: "Una sociedad civilizada es aquélla en que sus miembros no se humillan unos a otros. En una sociedad decente, las instituciones no humillan a las personas" (Avishai Margalit, "La sociedad decente", 1996). 


Al permitir el Estado chileno que se homenajee a un asesino como Pinochet, no está practicando la tolerancia: está siendo indecente. Vuelve a humillar a las miles de víctimas, a sus familias y descendientes. El Estado chileno ha reconocido en distintos documentos oficiales los crímenes de lesa humanidad y, al menos simbólicamente, los ha condenado. Aunque en forma insuficiente, ha también reparado económicamente a las víctimas con recursos de las arcas fiscales, como una política de Estado coherente con la condena al terrorismo de Estado. 


¿Cómo se explica que el propio Estado, que ha condenado y reparado -de modo insuficiente, ya sabemos- estos crímenes, en los cuales él mismo incurrió -por ello la calificación es de Terrorismo DE Estado-, permita en el marco de la legalidad vigente que se rinda homenaje a quien, desde el cargo de Jefe de Estado auto-otorgado de facto, cometió tales crímenes de lesa humanidad, imprescriptibles? Veo un contrasentido no solo lógico, sino moral, donde la ética cívica de mínimos que nos debemos autoexigir para operar como comunidad política plural, que convive en un marco de respeto mínimo de los derechos humanos, simplemente se quebranta, vuelve a ser traicionada. 


Con este homenaje que permite el Estado chileno, aunque sea de particulares, se retrocede 20 años de avance mínimo de los derechos humanos y la política reparatoria al cual los movimientos sociales lograron forzar al Estado. Y la SOCIEDAD CHILENA, con el Estado a su cabeza, se convierte en INDECENTE. Ese acto debiera ser prohibido, tal como lo es la promoción de la xenofobia y conductas intolerantes de distinta especie. EL ACTO DE HOMENAJE A PINOCHET DEBE SER PROHIBIDO, Y EL ESTADO ES EL ENCARGADO DE FRENARLO, no las víctimas directas (a quienes por cierto nos cabe clamar y exigir justicia, una vez más).

13 diciembre 2011

Aniversario muerte Pinochet: Adiós General

Sin gestos de arrepentimiento, de confesión, perdón o disculpas te encontraste finalmente con tu lado miserablemente humano. A pesar de todo el poder acumulado, de la riqueza ostentada y de la prepotencia ejercida hoy estás ahí reducido a la nada. Tu muerte nos muestra lo trivialmente humano que eras, y esta verdad duele reconocerla cuando todo lo que hiciste fue negar tal condición a los demás.

Entraste a nuestra infancia cegando la existencia de nuestros padres; marcaste nuestro miedo al otro torturándonos; destrozaste cualquier noción de hogar allanándonos; provocaste la confusión en la construcción de nuestras identidades exiliándonos; interrumpiste una y otra vez nuestra formación expulsándonos de liceos y universidades; maniataste nuestros medios de expresión censurándonos; hiciste desaparecer la bohemia nocturna envíandonos a dormir con toques de queda… Ojalá hubieses sido una máquina o un animal para aceptar más fácilmente que en el espacio corto de una trayectoria de vida se puede provocar tanto mal.

Y ahora que estás próximo a convertirte en polvo y tierra, no puedo dejar de pensar en la risa del Checho Weibel antes de ser desaparecido; en los conciertos de piano de la Pachi Santibáñez antes que tus secuaces le pegaran un balazo en la cabeza; en la sencillez valiente de los hermanos Vergara y tantos pobladores a quienes reprimiste sin misericordia; en la cámara fotográfica comprometida de Rodrigo Rojas cubriendo nuestras marchas de secundarios; en las reuniones clandestinas donde papá, antes de aparecer degollado, nos alentaba a que nos organizáramos y autoeducáramos más sin por ello dejar jamás de amar y vivir la vida intensamente.

Porque a pesar de tu fascismo sistemático quienes tuvimos la fortuna de sumarnos a la lucha por la libertad y la dignidad salimos sencillamente menos dañados de tu regimen de terror, más querendones y fuertes. ¿Te debe resultar paradójico, no? El exilio nos hizo desear más nuestra patria y reinventar nuestra chilenidad desde una concepción internacionalista de la justicia social y los derechos humanos; las desapariciones y torturas generaron mayor conciencia de la fragilidad de lo individual lo que llevó a organizarnos mejor y formar redes locales, regionales, nacionales y continentales. ¿Recuerdas que se te ocurrió prohibir interpretar música con instrumentos andinos, o publicar fotografías en los medios como Apsi, Análisis, Cauce y Fortín Mapocho, los que salían a la calle con recuadros en blanco? ¿Alguna vez creíste seriamente que esas medidas absurdas detendrían las ansias de verdad y justicia de todo un pueblo? ¿Cuando, por orden de los servicios secretos que tú dirigías, secuestraste a papá en 1976 realmente pensaste que nos quedaríamos tranquilos y que él, una vez libre, no denunciaría por todo el mundo las infamias que cometías contra tus propios compatriotas? ¿Acaso consideraste que asesinando a Victor Jara su canto nuevo dejaría de crear conciencia social? ¿Que eliminando al Presidente Salvador Allende no se volverían a abrir las anchas alamedas?

Quizá en los últimos estertores de tu infame existencia autocentrada pensaste en el perdón. No en el perdón que jamás nació de ti, sino en el que, de tanto en tanto, se nos solicita que te otorguemos. Y a no dudar, ahora que has muerto, ante nuestros ojos se abrirá una gran escena del perdón de muchos de tus compinches, una enorme teatralización del arrepentimiento. Cuánto de ello será auténtico, y no un simulacro calculado, un ritual automático o una caricatura, el país sabrá sopesarlo. Pero los crímenes contra la humanidad son imperdonables, pues abusaste de tu propia humanidad matando lo más sagrado de lo viviente, lo divino en el hombre, asesinando a Dios hecho hombre o al hombre hecho Dios por Dios. No habrá ecología de la memoria alguna, ni escena de redención, reconciliación o esfuerzos de normalización del país que puedan provocar tu salvación o absolución. A pesar de tu propia amnistía ya estás condenado por siempre al castigo mayor al que jamás un ser humano podrá ser sometido tras de tí: ser Augusto Pinochet. Adiós General, que disfrutes del infierno.

Manuel Guerrero Antequera [10.12.06]