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17 abril 2012

Abril (1972): Encuentro de Cristianos por el Socialismo

Entre los días 23 y 30 de abril de 1972, se realizó en Santiago de Chile el Primer Encuentro Latinoamericano de Cristianos por el Socialismo. Se postulaba, entre otros aspectos, que dicho evento “debía impactar la conciencia cristiana latinoamericana y mundial, contribuyendo a destruir la aparente legitimidad religiosa del capitalismo”.

Aparte de todas las vicisitudes de este Encuentro –tales como invitaciones a obispos que fueron rechazadas; cartas confidenciales de obispos chilenos a Conferencias Episcopales de América Latina sobre el carácter “político” del Encuentro; fría entrevista de los participantes con el entonces Arzobispo de Santiago-, el Encuentro entregó un Documento Final que, a grandes rasgos, podría sintetizarse en que el problema sustantivo de aquel momento era el de la liberación, para lo que se requería la ruptura del sistema capitalista a fin de crear las condiciones de un proceso de construcción del socialismo, renunciándose a las “terceras vías” postuladas por la democracia cristiana.

El Documento Final establecía que “nuestro compromiso revolucionario nos ha hecho redescubrir la significación de la obra liberadora de Cristo. Ella da a la historia humana su unidad profunda y nos permite comprender el sentido de la liberación política, al situarla en un contexto más amplio y radical. La liberación de Cristo se da necesariamente en hechos históricos liberadores, pero no se reduce a ellos; señala sus límites, pero sobre todo, los lleva a su pleno cumplimiento. Los que operan una reducción de la obra de Cristo son más bien aquellos que quieren sacarla de donde late el pulso de la historia, de donde unos hombres y unas clases sociales luchan por liberarse de la opresión a que los tienen sometidos otros hombres y clases sociales; son aquellos que no quieren ver que la liberación de Cristo es una liberación radical de toda explotación, de todo despojo, de toda alienación”.

Han pasado 40 años y estos conceptos mantienen plena vigencia, como también continúa viva la palabra de Salvador Allende, cuya conducción de la Vía Chilena al Socialismo fue respaldada por este sector de sacerdotes, religiosos(as) y laicos(as), y que nació desde un grupo de consagrados(as) que habitaban sectores populares, o trabajaban como obreros, o simpatizaban con este tipo de experiencias.

Al inicio del proceso de construcción del socialismo en Chile que, innegablemente, abrió mayores horizontes a la clase trabajadora, los citados discípulos del “Hijo del Carpintero” se reunieron a reflexionar sobre su situación y su acción en aquella nueva realidad, de la que nadie puede desconocer que significaba una nueva concepción del hombre, de un empuje de la humanidad hacia delante, de una superación del capitalismo para hacer brotar una nueva sociedad, concordando con el Concilio Vaticano II que postula que “la Iglesia (…) se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia”. (“G. et S.”, 1).

En medio de las cenizas dejadas por el golpe de Estado de 1973, la dictadura militar de diecisiete años, la ambigüedad de los grupos políticos que han continuado administrando el neoliberalismo y la involución de la jerarquía de la Iglesia Católica, el Movimiento Cristianos por el Socialismo debería renacer para transmitir esperanzas a los jóvenes; entregar visiones de futuro que inunden las mentes y la imaginación de las escuelas, de las Universidades, de los medios de comunicación; despertar utopías que abran caminos; descubrir valores que den sentido a la vida; presentar prácticas nuevas que cambien las relaciones sociales; señalar cuidados con la naturaleza; enseñar a usar las tecnologías sin olvidar la poesía y la gratuidad; desarrollar vínculos de fraternidad entre las culturas y los pueblos.

Es aquella solidaridad liberadora que emana del Evangelio (tan distante de Karadima, de su círculo social y de toda la decadencia moral que esos sectores representan), lo que posibilitará que nuevamente, tal como hace casi medio siglo, podamos “esperar contra toda esperanza” que “sobre estas ruinas brillará la gloria de Dios”. (Romero, 7-1-79).

Hervi Lara B.
Comité Oscar Romero- SICSAL Chile.

Santiago de Chile, abril de 2012.





11 septiembre 2011

A la izquierda del 11

El 11 de septiembre está grabado en nuestra retina colectiva como el día de la catástrofe de la palabra, del discurso, de la posibilidad de conceptualizar, de abrir el debate, de sopesar argumentos, de convencer y sumar. Lo acontecido ese día de 1973 fue precisamente perpetrado para que el pueblo chileno en general, y la izquierda en particular, quedara sujeto a él como el día del dolor, definitivo, amargo y gris.

Así, una vez mas asistimos a un once de septiembre donde el Presidente es asesinado antes de poder convocar a un plebiscito para que sea el verdadero soberano quien dirima acerca de su destino. Cada once la voz del Presidente es ahogada para recordarle al futuro el precio de provocar el odio de quienes se consideran, desde posiciones de privilegio, propietarios naturales del mundo de la vida.

Como ocurrió con los dos intentos de rebelión, en 1851 y 1859, contra el gobierno conservador de Montt, donde los igualitarios levantados con el apoyo de artesanos exigieron el reparto de tierras, educación popular y democratización de las elecciones, para que todos los sectores de la sociedad tuvieran posibilidad de representación. Prisión, exilio, muerte fue la respuesta. Como volvió a suceder en 1891, cuando ante el intento del Presidente Balmaceda por aumentar y dar una orientación social al gasto fiscal, la mayoría de los partidos politicos del Congreso vinculados a la élite respondió militarmente con la Marina, llevando a la muerte a más de diez mil personas, incluyendo al Presidente de la República quien se suicidó tras nueve meses de resistencia. Así también como con los obreros del salitre que tuvieron la osadía de declararse en huelga, en diciembre de 1907, en la ciudad de Iquique, cuando el salitre proporcionaba más del ochenta por ciento del valor de las exportaciones chilenas y su propiedad era controlada fundamentalmente por empresarios ingleses y españoles y por algunos chilenos: el Ejército sofocó la huelga con una matanza de dos mil compatriotas.

El once de septiembre no es otra cosa que la repetición compulsiva de la élite chilena de intentar fijar en la memoria social lo que ha pretendido que sea una constante en la historia: que la propiedad y explotación de la tierra, la plata, el oro, el trigo, el salitre, el cobre, los bosques y las aguas, no es prerrogativa del conjunto de la sociedad, sino ámbito privado e intocable de pequeños grupos, nacionales y extranjeros, de acuerdo a los cuales hay que gobernar por los tiempos de los tiempos. Que los inquilinos, peones, artesanos y proletarios, así como tarde o temprano las izquierdas, el feminismo, las políticas gay y lésbica, la ecología y los pueblos originarios pueden que lleguen a tener, si presionan, un lugar de representación en el sistema político, que participen en las elecciones. Pero cuestionar el modo en que la economía funciona es un terreno prohibido, pues ahí se juega todo.

Y es este recordatorio lo que cada once de septiembre vuelve a fallar. Pues las élites vuelven a enterarse en la calle o por la prensa que el intento de clausurar, cerrar los espacios siempre fracasa. Que la memoria social en forma compulsiva también vuelve con otros contenidos, desde otros lugares y expone su voluntad de querer jugar el juego de verdad, aunque sea desde el recuerdo de quienes se atrevieron a jugarlo. Y esto a pesar de las miles de muertes. A pesar del metal tranquilo de la voz del Presidente apagándose en la transmisión de Radio Magallanes. A pesar de la Escuela Santa María de Iquique, del disparo de Balmaceda, el exilio de Bilbao y la “pacificación” del sur de Chile.

Se trata de algo que las izquierdas debieran ser capaces de hacer suyo. Que el once es el día en que queda claro que lo relevante no es el nombre, la bandera, el color, la consigna, sino lo que la propia élite siempre ha tratado como tabú: la propiedad de las aguas, los bosques, el cobre, el salitre, el trigo, el oro, la plata y la tierra, y hoy el lucro en la salud y la educación. En definitiva, que lo esencial es la repolitización de la economía, de modo que haya mayor control social de ella, del uso de nuestros recursos, por que quienes padecen el rigor de la vida saben donde están las prioridades para fijarlas: salud, educación, trabajo y vivienda digna, el aire y las aguas limpias.

Las izquierdas vuelven a vivir cuando retoman la iniciativa y se lanzan a la reflexión rigurosa. Traspasan el umbral del dolor cuando generan mayor organización y articulación de particularidades que permitan hacer cambios estructurales para profundizar la democracia con justicia social. Los onces de septiembre han de ser días de emancipación de la derrota, de crítica y puesta en acto de todo lo que no se hizo y queda por hacer para que no haya otros onces.

No por miedo a la muerte, sino por voluntad y deseo de construir la sociedad por venir.

Manuel Guerrero Antequera

08 julio 2010

Denuncia Magnicidio Pdte Allende a Corte Interamericana de DDHH

Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Organización de los Estados Americanos.
USA.

Con fecha, 26-06-2010, la Asociación Americana de Juristas, Rama Valparaíso Aconcagua, Organización No Gubernamental con Estatuto consultivo ante Naciones Unidas, se dirige a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos/CIDH, y, por su intermedio a la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de los Estados Americanos por la conculcación al articulo 8º del Pacto de los Derechos Civiles y Políticos de la OEA –además de los artículos 1, 2, 4, 5, 7, por la falta del Debido Proceso, 9, 10, 11, 14, 22, 23, 24 y 25 del mismo Pacto, así como las normas complementarias del Pacto de la ONU sobre Derechos Civiles y Políticos-, por parte del Poder Judicial y de la Corte Suprema de Justicia de Chile por su reiterada negación al justo y debido proceso en el Magnicidio del Presidente de la República de Chile, Dr. Salvador Allende Gossens, asesinado el día 11 de septiembre de 1973 por las Fuerzas Armadas de Chile que habían dado un golpe de estado. En esa época estaban vigentes en Chile, las cuatro convenciones de Ginebra sobre crímenes de guerra y de lesa humanidad, inamnistiables e imprescriptibles, ratificados por el Estado de Chile.

El magnicidio del Presidente Allende, junto con constituir un crimen de Lesa Humanidad en el marco del Código Penal chileno, este asesinato tuvo las siguientes agravantes que condenarían a muerte a los culpables:
  • Traición, ya que, la acción criminal se cometió quebrantando la lealtad que se debe tener por juramento a la Constitución, y, a la primera autoridad de la Republica (Art. 12 nº 1 Código Penal)
  • Ejecutar el delito con incendio y otros artificios que ocasionaron grandes perjuicios o daños a personas inocentes y a muchas les causaron la muerte (Art. 12 nº 3 Código Penal)
  • Premeditación: en este crimen se obro con premeditación, agravante probada por la conspiración previa llevada a cabo por los comandantes en jefe de las fuerzas armadas, reconocida en el libro “el día decisivo,” en el cual reconoce como autor Augusto Pinochet Ugarte…
  • Alevosía. La soldadesca asaltante del Palacio de la Moneda era comandada por el general Javier Palacios, y como segundo el capitán René Riveros, éste ultimo, creyendo que tenía al frente a un GAP- Grupo de Seguridad del Presidente Allende- , le disparó a quemarropa asesinando al Comandante en jefe de las Fuerza Armadas, según la Constitución, el Presidente de Chile Dr. Salvador Allende Gossens. Por este crimen, el Capitán Riveros, hasta nuestros días es considerado por las Fuerzas armadas de Chile como un héroe. La fuente de esta información la recibió el fiscal estadounidense Eugene M. Propper, del delegado del FBI, Robert W. Scherrer quien investigó en Chile el asesinato del Presidente Allende.
El General Javier Palacios fue el autor del balazo de pistola en la cabeza del ya fallecido Presidente Allende, para configurar el montaje del “suicidio”. Lo insólito, lo inconcebible, es que este “suicidio” se llevó a cabo en el marco de dos montajes, con dos armas: la metralleta que le regaló el Comandante Fidel Castro al presidente Allende y una pistola , ambas están desaparecida (Código Penal art. 12 Nº 1).
  • Odio y superioridad: el delito cometido se caracterizó por la agravante del odio y la superioridad con que las Fuerzas Armadas llevaron a cabo su acto criminal en contra de los defensores del Palacio de los Presidentes de Chile (Art. 12 Nº 6 Código penal).
  • Abuso de confianza y perjuro: el dictador Pinochet Ugarte fue designado por el Presidente constitucional de Chile Dr. Allende, como Comandante en jefe de Ejercito de Chile y hasta el día anterior al golpe de estado se autodeclarada como un “militar constitucionalista” (Código penal Art. 7) La historia lo condenó como traidor, abyecto y rastrero.
  • Agregar la ignominia en el montaje del “suicidio” del Presidente Allende que tipifica el Art. 12 Nº 9 del Código Penal, la cobarde y canallesca manipulación del monopolio de los medios mediáticos de comunicación, bajo el control de la dictadura de marras, al presentar al Presidente de la República como un hombre frívolo, mujeriego, traidor a la patria y a sus principios ante su pueblo….
  • Sedición: este delito como es notorio se cometió con ocasión de una sedición, Código Art. 12 Nº 7, elemento que constituiría, sino una circunstancia agravante, delito en si mismo.
El crimen fue ejecutado por el apoyo de las fuerzas armadas para asegurar la impunidad…

En reiteradas oportunidades nuestro director don Vicente Bárzana Yutronic se ha dirigido en nombre de nuestra organización y suyo propio al Poder Judicial en general y a la Corte Suprema en especial solicitando verdad y Justicia en el asesinato del Presidente de Chile Dr. Salvador Allende Gossens, sin que jamás se le haya notificado a nuestro distinguido jurista ni tampoco a nuestra directiva por parte de la autoridad competente judicial, la Corte Suprema de Justicia

El colega Bárzana Yutronic con fecha 25 de enero del 2010 presentó en nombre de nuestra organización la última denuncia ante la Corte suprema de Justicia cuya presentación acompañamos a la presente para mejor resolver, sin que a la fecha se le haya notificado por alguna resolución de parte de la Corte Suprema de Justicia, al respecto.

La revista Proceso de México, del 8 de septiembre del 2008, entrevista al médico tanatólogo Dr. Luis Raval, socio fundador de la Sociedad de Medicina legal y perito judicial inscrito con el registro Nº 1500 de la Corte de Apelaciones de Santiago de Chile, quien cuestiona, que la autopsia Nº 2449-73, practicada al cadáver del presidente Allende por el ginecólogo José Luis Vásquez y Tomás Tobar se haya realizado en el departamento de Otorrinolaringología del Hospital Militar y no en el Servicio Médico Legal como lo ordena la ley. El ginecólogo José Luis Vásquez certificó la muerte del diplomático español Carmelo Soria, 14 de julio de 1976, como fruto de un atropello, años después se probó judicialmente que lo había asesinado la DINA, del ejercito de Chile.

El Dr. Raval, al preguntársele por la segunda autopsia, del 17 de agosto de 1990, que no fue tal, porque sólo se trató de “un supuesto reconocimiento ocular al cadáver, supuestamente del Dr. Allende”, contestó: “esto me parece totalmente irregular, puesto que, para hacer un segundo análisis forense se requiere la autorización judicial basada en una investigación judicial que hoy no existe”. La autoridad competente del Estado de Derecho, el Poder Judicial chileno, al Corte Suprema de Justicia no han tenido el deseo ni la voluntad para investigar el magnicidio del presidente de Chile Dr. Salvador allende Gossens, reiteradamente denunciado: un crimen sin juzgar no es pasado, sino presente…..

El Dr. Raval ante la desaparición de las armas con que supuestamente se llevó a cabo “ el suicidio”, una metralleta y una pistola, como más arriba lo señalamos, acentúa, “ es gravísimo y demuestra una intencionalidad, ¿Cómo va a ser, que van los peritos a analizar una muerte por herida de bala ,no hagan justamente lo fundamental que es correlacionar el proyectil con las heridas y el proyectil con el arma?, sentencio”.

Para los Seres Humanos que luchamos por la Verdad y la Justicia Plena, tenemos muy claro, que la Verdad no es un asunto meramente ético, tiene un valor político fundamental en la protección de la dignidad y los Derechos del Ser Humano. Así, lo demuestra la justicia inglesa. Hace un par de días la comunidad internacional en general y en especial la de Irlanda del Norte después de casi cuarenta años y de una investigación que duró doce años, por la masacre del domingo sangriento, del 30 de enero de 1972, de 14 civiles –varios menores-, y decenas de heridos por el ejercito británico, el informe del juez Saville, responsabilizó al ejercito ingles de la matanza. Esto obligó al Primer Ministro británico David Cameron a pedir perdón en nombre de Gran Bretaña: “fue injustificada e injustificable”, la justicia tarda, pero llega…

La verdad en el magnicidio del Presidente Allende será un a catarsis, para el país y los años de dictadura militar fascista dejaran de ser hoyos negros de la historia contemporánea, herida dolorosa en el cuerpo de la nación chilena, para convertirse en experiencias racionalizadas colectivamente sobre la base rigurosa de la ley, la lógica y de las normas morales. Lo que no puede ser, es que se pretenda continuar con la impostura” del suicidio del Presidente Allende” en el marco de la confusión, la cobardía y el silencio cómplice…

La dictadura militar terrorista produjo la más grande tragedia de la historia de Chile y la más salvaje. Nosotros hemos repetido que debemos esperar de la justicia la palabra definitiva, pero, queda en la opinión pública internacional y en la mayoría del pueblo chileno la amarga sensación, que la clase política – el Estado de Derecho: ejecutivo, legislativo y judicial- , los partidos políticos y la jerarquía de la iglesia católica, esperan que cicatricen las heridas con el tiempo y se llegue a una reconciliación, - un punto final, un borrón y cuenta nueva- sin verdad ni justicia, lo que es imposible. Sin verdad ni justicia no habrá reconciliación posible. Además, que esta situación no permite vivir con honor a los soldados de las Fuerzas armadas que son inocentes y que están siendo ensuciados por una incriminación global e injusta. Rechazamos la afirmación de “que todos somos culpables”, porque en la justicia las responsabilidades son individuales y de ser todos culpables significa que nadie es culpable….

Por tanto, con esperanza y memoria que se haga justicia, esperamos que la CIDH y la Corte Interamericana de Derechos Humanos actúen en consecuencia, porque – parafraseando a John Donne -, cuando es asesinado un Ser Humano y la autoridad competente judicial no aclara el crimen, muere también una parte de todos. No nos puede ganar la antisocial indiferencia. “Más temprano que tarde, llegará la verdad y la justicia aclarará este brutal crimen de Lesa Humanidad, el magnicidio del Presidente de la Republica de Chile, Dr. Salvador Allende Gossens.

María Cecilia Chinchón Canales
Abogada Coordinadora

Dr. Hugo Moreno Peralta 
Secretario Ejecutivo
AAJ Valparaíso/Aconcagua

03 noviembre 2008

Lanzamiento libro: "Salvador Allende ¿sueño o proyecto?"


El último libro de Jorge Arrate

Hora y lugarFecha: Martes, 04 de noviembre de 2008
Hora: 19:00 - 21:00
Ubicación: Teatro Camilo Henríquez del Circulo de Periodistas
Calle: Amunátegui 31
Ciudad: Santiago, Chile

Presentarán el libro:
Carolina Ocampo Bravo, abogada, vicepresidenta de la Juventud Radical,
Daniel Jadue, arquitecto, presidente del Centro Cultural La Chimba, militante comunista;
Manuel Guerrero Antequera, sociólogo, miembro del Movimiento Nueva Izquierda;
Salvador Muñoz Kochansky, estudiante universitario, militante socialista, y
Tatiana Hernández, socióloga feminista, militante socialista.

27 junio 2008

Feliz cumpleaños querido hermano Salvador

Por estos días se celebra el Natalicio del Presidente Salvador Allende. En el proceso histórico de la Unidad Popular, punto importante fue la convergencia de creyentes y no creyentes que creen en el humanismo para lograr la justicia social el bien común y la paz.

Como candidato de la Unidad Popular y antes, desde su escaño en el Senado, Salvador Allende siempre tuvo un particular interés por estudiar y comprender el proceso cristiano que se venía gestando desde el Concilio Vaticano II (1962) y la Conferencia de Medellín (1968). Le llamaban profundamente la atención conceptos teológicos como los "signos de los tiempos", "la paz es obra de la justicia" y la "opción preferencial por los pobres". Veía en estas reflexiones una sintonía plena con su compromiso y lucha por una sociedad más justa para todos que la concebía, sin duda alguna, en un modelo de sociedad socialista.

 Y por esta sensibilidad hacia el mundo cristiano popular, siendo ya Presidente de Chile, apoyó la realización del primer Encuentro de Cristianos para el Socialismo, encabezado por el Obispo Sergio Méndez Arceo, el senador Rafael Agustín Gumucio y alrededor de 80 sacerdotes y religiosos que cumplían su Ministerio en zonas y barrios populares. Este acontecimiento tuvo repercusión internacional ya que era la primera vez que en la praxis misma se producía un acercamiento, diálogo y trabajo conjunto entre cristianos y marxistas.

 Notable fue también la respuesta de Allende cuando al otro día de su triunfo en las elecciones presidenciales de 1970, recibió en su casa a una delegación de religiosas y sacerdotes, encabezados por el P. Rafael Marotto y la Hna. Blanca Rengifo. En ese cordial encuentro una religiosa le dijo al Presidente electo que ellos esperaban que se "mantuviera el respeto hacia nosotros…" A lo que Allende respondió en forma inmediata: "siempre he respetado la fe católica y en mi Gobierno esto se mantendrá, eso se los garantizo!" Algo similar ocurrió cuando lo visitó oficialmente, su buen amigo, el Cardenal Raúl Silva Henríquez.

 Muchos jóvenes y estudiantes católicos se sintieron identificados con el proceso de la Unidad Popular y el carisma del Presidente Allende. Sintieron que los cambios que se producían a favor de las mayorías pobres estaba en sintonía con lo que postula el Evangelio. Por esto se comprometieron con el Gobierno miles de creyentes militantes (Mapu, IC) y no militantes que participaban en forma leal desde su perspectiva de fe por la justicia social y el bien común.

 Este compromiso que se mantuvo durante los tres años del Gobierno Popular generó una odiosidad y persecución nunca vista a partir del Golpe de Estado de 1973. La represión a miles de mujeres, trabajadores y jóvenes militantes de los partidos de la Unidad Popular, fue dolorosamente compartida por no pocos cristianos que eran partidarios de Allende y su Gobierno que, efectivamente, buscaba la justicia social para todos.

Por esta razón hoy, en el mes de su Natalicio, hemos de rememorar el martirio de tantos jóvenes, trabajadores y mujeres heroicas que junto a los sacerdotes Juan Alsina, Miguel Woodward, Gerardo Poblete, Antonio Llidó y Andrés Jarlan, fueron torturados y asesinados por la brutal dictadura de Pinochet y sus aliados cómplices. 

Estas hermanas y hermanos ejemplares, junto a la praxis y memoria del Presidente Salvador Allende, permanecen en el corazón y la conciencia del pueblo chileno y Latinoamericano.

[Por Jaime Escobar / Editor religioso de "Crónica Digital" y "Reflexión y Liberación"]

Vida de Allende:

Socialista y presidente de la República de Chile entre 1970 y 1973, pagó su compromiso político con cárcel y exilio y finalmente encontró la muerte el 11 de septiembre de 1973 durante el golpe de Estado encabezado por el general Augusto Pinochet.

Nacido en Valparaíso el 26 de junio de 1908, Allende era hijo de un notario militante del Partido Radical y pasó su infancia en Tacna, aunque a los diez años se trasladó a Santiago, para estudiar.
Elegido vicepresidente de la Federación de Estudiantes de Chile, en 1932 se graduó como médico cirujano. En esa época acudía a debates sobre marxismo y en 1929 se incorporó a la Masonería.
Por su participación activa contra la dictadura del general Carlos Ibáñez del Campo fue a prisión en 1930 y fue expulsado temporalmente de la Universidad.

Volvió a la cárcel en 1933, por su apoyo a la efímera República Socialista, encabezada por Marmaduke Grove. Meses después participó en la fundación del Partido Socialista de Chile.
Considerado un "peligroso agitador", en 1935 fue deportado al norte por el presidente Arturo Alessandri. De regreso a Valparaíso, en 1936 fundó el Bloque de Izquierdas, del que en marzo surgiría el Frente Popular.

En 1937 fue elegido diputado y al año siguiente hizo campaña por el candidato del FP, Pedro Aguirre Cerda, quien derrotó en las elecciones presidenciales al derechista Gustavo Ross.

En 1939 fue nombrado ministro de Salubridad, Previsión y Asistencia Social, pero la actitud neutral de Aguirre Cerda frente al eje Alemania-Italia y su nombramiento como secretario general del PS provocaron su renuncia en 1942.

En 1940 se casó con la maestra Hortensia Bussy, con la que tuvo tres hijas: Carmen Paz, Beatriz (que se suicidó en 1997 en La Habana) y María Isabel.

En 1945 fue elegido senador por primera vez, cargo que ocupó en sucesivos períodos en los que presentó leyes sociales de protección a la madre y a los hijos, y los proyectos de creación del Servicio Nacional de Salud y del Servicio de Seguridad Social.En 1947 Allende dejó el PS y se pasó al Partido Socialista Popular.

De vuelta al Partido Socialista en 1951, promovió junto con el Partido Comunista la creación del Frente del Pueblo, coalición por la que se presentó a las presidenciales de 1952. Allende sólo consiguió el 5,44 por ciento. El ganador fue el general Ibáñez del Campo.

Reelegido senador y convertido en líder de la izquierda chilena, en 1957 los dos partidos socialistas chilenos (PS y PSP) se fusionaron y formaron con el Partido Comunista el Frente de Acción Popular (FRAP), coalición que lo volvió a presentar como candidato en las presidenciales de 1958. Consiguió el 28,8 por ciento de los votos, tres puntos menos que Jorge Alessandri.

En 1959 viajó a Cuba y entró en contacto con Fidel Castro y Ernesto "Che" Guevara. Allende propugnaba "la vía pacífica al socialismo", que postulaba un socialismo democrático y pluripartidista.

Nuevamente fue candidato presidencial en 1964, pero la derecha agrupada le dio la victoria al democristiano Eduardo Frei Montalva, por 56,1 por ciento de los votos, frente al 38,9 de Allende.
En 1968, siendo presidente del Senado condenó la intervención militar soviética en Checoslovaquia. Ese año viajó a la República Democrática de Corea, Vietnam, Laos y Camboya.

Un año después se constituyó la Unidad Popular (UP), coalición que integró a socialistas, comunistas, radicales e independientes. En 1970, como candidato de la UP, Allende se presentó por cuarta vez a presidente.

Esta vez recibió el 36,6 por ciento de los votos, casi dos puntos más que el derechista Alessandri y nueve que democristiano Tomic.

Sin victoria por mayoría absoluta, el Congreso eligió al nuevo presidente. El centro-derecha tenía mayoría, pero los democristianos no respaldaron a Alessandri. Allende reunió 153 votos frente a los 35 de Alessandri.

En las elecciones municipales de marzo de 1971 la UP consiguió la mayoría absoluta de los votos y cuatro meses después Allende promulgó la Ley de Nacionalización del Cobre, aprobada por todo el Congreso.

Durante su Gobierno llevó a cabo la expropiación de haciendas, la estatalización de empresas y bancos, la nacionalización de compañías extranjeras y la redistribución de la renta, medidas que generaron miedo entre los grandes propietarios, desabastecimiento y agudización en extremo de las pasiones políticas.

En 1972 denunció ante la Asamblea General de la ONU la agresión internacional de la que era objeto su país, fundamentalmente de parte del gobierno de Estados Unidos.

En las elecciones legislativas de marzo de 1973 la UP aumentó el respaldo hasta el 45 por ciento de los votos, pero no consiguió mayoría absoluta en el Parlamento.

Sus mil días de Gobierno concluyeron el 11 de septiembre de 1973 al triunfar un golpe de Estado militar encabezado por Augusto Pinochet, su jefe de las Fuerzas Armadas, quien no dudo en bombardear el Palacio de La Moneda, en el que se encontraba Allende con sus más allegados, y luego asaltarlo con infantería y tanques, e iniciar un Terrorismo de Estado de dimensiones hasta entonces desconocidas en la historia chilena.

Sobre su muerte por heridas de arma de fuego persisten varias versiones, una que murió combatiendo en la defensa del palacio, otra que fue asesinado cuando se encontraba herido y la tercera que se suicidó antes que rendirse. Esta última recibe más respaldo después de que el presidente ese día declarara por la radio: "pagaré con mi vida la lealtad del pueblo".