La culminación exitosa de las jornadas de paros, tomas y movilizaciones que llevaron adelante por cerca de un mes los estudiantes de enseñanza media, organizados en torno a la Asamblea Nacional de Estudiantes Secundarios, implica un triunfo no sólo para este nuevo actor social que ha emergido a la arena de la política nacional -la generación de estudiantes nacidos y formados durante la postdictadura- sino para el conjunto de la nación.
Si bien son varios los logros alcanzados, tal vez uno de los más significativos es que la “revolución pingüina” logró poner en crisis lo que en nuestra democracia queda de dictadura militar en el ámbito del sentido común desde el cual las personas nos representamos a nosotros mismos y a nuestra relación con el mundo.
Como es conocido, la dictadura no ejerció solamente violencia y represión, sino toda una operación hegemónica de carácter cultural. Al servicio de su proyecto ordenador de corte fascista, hizo circular un discurso ideológico específico, basado en relecturas y desplazamientos de la historia de Chile, a partir de la doctrina de seguridad nacional, el rescate de la democracia autoritaria, junto a elementos propios del fascismo clásico como el rol del conductor y la raza, y una desfiguración del catolicismo.
El discurso ideológico, sin embargo, no se agotó en estos elementos, porque se trató de instalar “nuevos elementos” en el campo de juego. Este nuevo elemento tuvo que ver con la exaltación del mercado como mecanismo autorregulador de todas las esferas de lo social. Este fue el golpe verdadero a los señores políticos: “Ustedes no sólo no existen; los estamos eliminando físicamente, sino que, además, ya no tienen razón de ser”.
Desde este discurso, el espacio público y la política se volvieron innecesarios una vez que el mercado es el que regula de manera natural la economía y el conjunto de las relaciones sociales. La democracia representativa, por tanto, apareció como una “ficción” democrática, que sólo daba lugar a la tiranía de los políticos. El Estado debía jugar un rol subsidiario, de apoyo al libre desarrollo del mercado, ser su guardián protector, reduciéndose la democracia a la libertad de consumir.
Lo fundamental de esta operación hegemónica fue hacer desaparecer, en lo posible, el espacio de la democracia que advino al momento de caer la dictadura, como un régimen de vida político público, es decir, colectivo, instalando en su lugar un sentido común que sirviera de base de sustentación y reproducción del modelo económico neoliberal. Este sentido común contiene una fuerte propensión al pesimismo en casi todo lo relacionado a iniciativas colectivas y había funcionado, hasta la emergencia rotunda de este movimiento estudiantil, como una matriz atomizante de lo social, teniendo por efecto la individualización de las relaciones y los hechos.
Por esto, no parece exagerado sindicar al movimiento estudiantil secundario desplegado en las últimas semanas como uno de carácter emancipatorio, por cuanto fue capaz de poner en cuestión, con entusiasmo y creatividad, dicho marco de dominación al cual parecíamos estar todos condenados a reproducir eternamente, bajo las égidas del individualismo egoísta, la negación del otro, y la internalización de patrones cognitivos y afectivos que incorporan la subordinación, la jerarquía y la subalternidad en nuestra constitución como sujetos.
Liberándose de este marco normativo ad hoc a la lógica de un mercado de consumidores fragmentados, el movimiento social que pudimos observar se caracterizó por exhibir, en un contexto de pluralidad de sensibilidades políticas, socioeconómicas, geográficas y étnicas, valores compartidos y solidaridad entre sus miembros; lealtad a las decisiones de la mayoría; un sentido de pertenencia que permite actuar desde el sentimiento de un “nosotros”, así como normas compartidas respecto de la forma de actuar y una división voluntaria del trabajo entre líderes, voceros y bases de apoyo.
Emancipados de las codificaciones de la dictadura, que aún pesa sobre buena parte del mundo adulto nacional, los estudiantes demostraron poseer una gran eficacia simbólica en su esmero por producir procesos de cambio social concretos en el ámbito de la educación, bajo la demanda de modificaciones de normas o valores sociales que se daban por naturales y no construidos socialmente, como que el derecho a la libertad de enseñanza estaría por sobre al derecho a la educación. Al mismo tiempo, fueron capaces de incorporar nuevos valores en la opinión pública que están permitiendo dar lugar a otras formas de definición social de la democracia, ahora sí más ciudadana e inclusiva, hecho que se hace patente en la inédita composición plurisectorial, política y espiritual del Consejo Asesor nombrado por la Presidenta Bachelet.
Si bien algunos mal pensados dicen que su amplio número de miembros está diseñado para que no funcione, la verdad es que existe una esperanza compartida de la mayoría del país de que tal comisión debe arribar en cambios estructurales en el sistema educativo, para que el “crecer con igualdad” no sea solamente un eslogan de campaña, sino una realidad concreta, verificable. Por lo mismo, no es mala la iniciativa de los estudiantes que organismos internacionales de prestigio, como la Unesco, puedan actuar como garantes o acompañantes de lo que ahí se discuta y acuerde, e incluso pudieran realizar una auditoría sobre nuestro sistema educativo para poder triangular las conclusiones consensuadas internamente con una mirada externa e independiente.
En definitiva, como país tenemos mucho que aprender de este movimiento y de la forma en que, como sociedad, lo significamos y acompañamos. Varias de las demandas de los estudiantes, que ojos de las élites -tanto del sistema político formal como de grupos que aprovecharon la oportunidad generada por los estudiantes para hacer su aparición pública- podían parecer inconducentes, dan cuenta que no toda movilización social descansa exclusivamente en cálculos de costos y beneficios, pues el proceso de formación de identidades conlleva también demandas no negociables, que no se pueden medir en términos de ganancias o pérdidas. Ese es el caso, por ejemplo, de las demandas de autonomía y reconocimiento que no todos los grupos exógenos al movimiento estudiantil estuvieron a la altura de captar o aceptar.
En lo que sigue a estas semanas de conmoción nuestra sociedad hará la prueba de la forma en que administrará la relación entre estos actores sociales emergentes y los actores colectivos ya reconocidos, como partidos, gremios, sindicatos y gobierno. No desperdiciemos lo avanzado. En la forma que llevemos adelante los cambios en la educación nos estamos jugando no sólo la integridad y el carácter verdaderamente ciudadano de nuestra democracia, sino la confianza de las nuevas generaciones de que su aporte es valioso y significativo para la construcción de un mundo común.
13 junio 2006
08 junio 2006
Ante el peñón de los enamorados
Es una historia que para mí es muy bonita que me hizo muy bien. A principios de marzo estuve por poquitos días en Granada, invitado para dar una conferencia sobre Historia y Memoria. Cuando me enteré que haríamos un pequeño viaje a Sevilla, al subir al vehículo le pedí a mis anfitriones que me llevaran a conocer Antequera, que es un pueblo que está a mitad de camino. Arón, el compañero y colega granadino que me invitó a dar la conferencia, se rió y me dijo que ok, de regreso pasaremos por Antequera… Él es historiador y me explicó que comúnmente en España quienes llevan el apellido de un pueblo o ciudad –los Segovia, Burgos, Villanueva, etc-, se trata de judíos o árabes conversos al catolicismo, que abandonaron sus apellidos originales como una estrategia de sobrevivencia e integración. Ahí comprendí no solo el origen de mi apellido materno, sino que hallé la explicación perfecta para entender de dónde viene mi pasión por el estudio sistemático y… mi gran nariz!
Ya camino a Antequera iba bastante emocionado. Al llegar me encontré con un pueblito pequeño, hermosísimo, lleno de Iglesias antiguas, y portales de entrada al centro histórico en distintos puntos…
Pero una de las cosas que más me llamó la atención es que vi varios talleres y locales comerciales que se llamaban “Verónica”… Yo me ría para mis adentros, pues mi madre se llama Verónica… Paramos en un local para tomarnos un café y contemplar el "Peñón de los Enamorados", que es un cerro característico de Antequera, que desde un ángulo parece un rostro gingantesco boca arriba. Me separé por un momento de mis amigos granadinos y me acerqué a una muchacha que atendía en un escaparate. Le consulté por la forma en que se les llamaba a los de Antequera: - “Antequeranos”. ¿Y cuál era la característica de los antequeranos?, “que terminan las palabras al hablar sin las eses”. ¡Como nosotros, los chileno’!, me sorprendí. ¿Hay alguna danza o ritmo típico de Antequera?, “el fandango”, me dijo la niña, que a esas alturas sonreía por la clase de preguntas que le hacía este personaje con acento extraño…
¿Y podrías bailar fandango para mí un segundo o cantármelo? La joven lanzó un corta carcajada muy dulce y me dijo que no en ese lugar. Yo también le sonreí y le consulté porqué habían tantos locales que se llamaban Verónica. Me explicó se trataba de un lugar de culto a un Cristo que estaba a las afueras de Antequera, que llevaba el nombre de Verónica, y era un lugar muy visitado por los antequeranos. Última pregunta: ¿hay algún personaje histórico destacado en Antequera? Claro! El Infante Fernando… Me eché para atrás un momento por la impresión, pues mi tío, el hermano de mi madre, se llama Fernando, Fernando Antequera.
Mis amigos granadinos ya habían concluido su café y me rodearon haciendo bromas por el intercambio prolongado con la muchacha. Le compré un Escudo de Antequera para mi abuelo que ni siquiera sabe dónde está ubicado este pueblo y me despedí con un beso en su cara andaluza que la tomó por sorpresa. Me preguntó de dónde venía, de Chile, le dije. ¿Y cuál es tu nombre?, me gritó cuando nosotros ya salíamos del local. Manuel, Manuel Guerrero, le respondí. ¡Manuel Guerrero Antequera!
Ya camino a Antequera iba bastante emocionado. Al llegar me encontré con un pueblito pequeño, hermosísimo, lleno de Iglesias antiguas, y portales de entrada al centro histórico en distintos puntos…
Pero una de las cosas que más me llamó la atención es que vi varios talleres y locales comerciales que se llamaban “Verónica”… Yo me ría para mis adentros, pues mi madre se llama Verónica… Paramos en un local para tomarnos un café y contemplar el "Peñón de los Enamorados", que es un cerro característico de Antequera, que desde un ángulo parece un rostro gingantesco boca arriba. Me separé por un momento de mis amigos granadinos y me acerqué a una muchacha que atendía en un escaparate. Le consulté por la forma en que se les llamaba a los de Antequera: - “Antequeranos”. ¿Y cuál era la característica de los antequeranos?, “que terminan las palabras al hablar sin las eses”. ¡Como nosotros, los chileno’!, me sorprendí. ¿Hay alguna danza o ritmo típico de Antequera?, “el fandango”, me dijo la niña, que a esas alturas sonreía por la clase de preguntas que le hacía este personaje con acento extraño…
¿Y podrías bailar fandango para mí un segundo o cantármelo? La joven lanzó un corta carcajada muy dulce y me dijo que no en ese lugar. Yo también le sonreí y le consulté porqué habían tantos locales que se llamaban Verónica. Me explicó se trataba de un lugar de culto a un Cristo que estaba a las afueras de Antequera, que llevaba el nombre de Verónica, y era un lugar muy visitado por los antequeranos. Última pregunta: ¿hay algún personaje histórico destacado en Antequera? Claro! El Infante Fernando… Me eché para atrás un momento por la impresión, pues mi tío, el hermano de mi madre, se llama Fernando, Fernando Antequera.
Mis amigos granadinos ya habían concluido su café y me rodearon haciendo bromas por el intercambio prolongado con la muchacha. Le compré un Escudo de Antequera para mi abuelo que ni siquiera sabe dónde está ubicado este pueblo y me despedí con un beso en su cara andaluza que la tomó por sorpresa. Me preguntó de dónde venía, de Chile, le dije. ¿Y cuál es tu nombre?, me gritó cuando nosotros ya salíamos del local. Manuel, Manuel Guerrero, le respondí. ¡Manuel Guerrero Antequera!
05 junio 2006
Carta abierta a mi hija que está en las calles
Hermosa niña que estás a pasos de convertirte en mujer:
Con el alma en un hilo te escribo estas palabras mientras te encuentras en paro nacional movilizada en las calles, en las marchas, en las tomas de liceos con tu uniforme escolar de primero medio luchando por aquello que yo ni mi generacion fuimos capaces de conseguirte: una educacion de calidad...
Y me siento miserable tecleando en este computador como si fuera un piano vacio de cuerdas que ya no tienen resonancia ni peso especifico necesario como para poner orden en este mundo, pues es en clases donde debieras estar, jugando con tus amigas, coqueteando dulce con tus amigos, descubriendo los primeros petalos del amor...
Pero entiendo, no sabes como entiendo lo que haces junto a decenas de miles de maravillosos pinguinos auto organizados. A rostro descubierto enfrentan una maquinaria muy bien disenada y aceitada por quienes desde la sombra ejercen el poder, la desorganizacion y la falta de solidaridad como estrategias de reproduccion de la dominacion.
Como es posible que haya quienes concertadamente quieran que la mayoria de ustedes, el futuro de nuestras vidas, la flecha que abrira a la humanidad a nuevos rumbos, permanezcan ignorantes, solo fijados a una identidad de consumidores, aislados, farandulizados, enajenados del real potencial que albergan en sus almas y cuerpos, para ser eximios profesionales, artistas, constructores, obreros calificados...
No hija mia, que no te enganen, no fue por este orden de cosas que morimos segundo a segundo la infancia que tuvimos bajo dictadura y que hicimos frente, a tus mismos catorce anhos, rompiendo el miedo, creando consciencia, volviendola organizacion, reencantando la confianza en el colectivo, para exigir pan, trabajo, justicia y libertad. Tu abuelo no aguanto con los dientes apretados las descargas electricas para que hubiera generaciones de estudiantes de primera, segunda, tercera y cuarta categoría en democracia. Tu bisabuelo no aprendio a leer y a escribir en forma autodidacta y a organizar a la FECH a principios del siglo XX para que al siglo siguiente se mantuviera la diferencia de clase, apellido, comuna y etnia de origen como los principales pilares de segmentacion de la educacion y el mercado laboral en el pais. Tampoco tu tatarabuelo, Manuel Jesus, hizo trizas sus rodillas de zapatero militante a fines del siglo XIX para que hubiese ninhos que en el siglo XXI tienen que trabajar para poder pagar sus estudios y mantener a sus familias...
Mucho se habra avanzado, pero es mas lo que queda por hacer. Que no te cuenten cuentos para cejar en tu batalla. Ustedes estan en lo justo, en lo correcto, en lo que como pueblo, generacion tras generacion, hemos bregado para nuestro pais y la humanidad.
Tampoco tuvimos yo, tu abuelo, tu bisabuelo y tatarabuelo los medios de comunicacion de masas a nuestra disposicion; la derecha en forma oblicua o directa siempre se encarga de hacer circular mensajes confusos para dividir y quebrar a los movimientos sociales. El centro politico, por su parte, siempre te seguira hasta que sus tibios y confortables intereses no se vean perjudicados. La izquierda, por ultimo, tradicionalmente ocupa los espacios abiertos por las masas auto organizadas para presionar a los gobiernos de turno a seguir su propia agenda programatica, pero sin someterse al liderazgo, conduccion y ritmos de estas masas conscientes. Ya lo estaras conociendo hija mia, ojala esta vez fuese distinto...
Pues, es lo que ocurrio con el movimiento de los igualitarios en el XIX; con los obreros y estudiantes a principios del XX; con los campesinos en la segunda mitad del siglo pasado; con los pobladores, bajo la dictadura...
Estamos orgullosisimos de ti hija mia, de Maria Jesus y todos tus companeros y companeras a lo largo de todo Chile y los cientos de liceos y colegios movilizados. Continuen guiandose por la intuicion responsable, en el respaldo que les otorgan sus propias fuerzas. Hagan suya la memoria, comprension, imaginacion y voluntad colectiva que en forma plural han ido abriendo caminos de mayor justicia social, democracia y solidaridad en Chile. No necesitan estar permanentemente movilizados, pueden descansar, celebrar, reflexionar, evaluar, aprender, y mas adelante volver a actuar. Recuerda que ni Roma ni nada solido se construyo en un dia. Y no necesitamos mas martires, los queremos vivos y sanos.
Ustedes lo han hecho mejor que todos nosotros. Ustedes nos estan aleccionando al mundo adulto, nos han devuelto la esperanza y la confianza que los fines mas idealistas se pueden obtener con los medios mas concretos y realistas si hay voluntad, tolerancia y organizacion. Nos han vuelto a abrir la fe individual y colectiva que reconoce la obligacion de trabajar por la justicia en el mundo. Vemos como ustedes, hombres y mujeres en formacion ya dedican sus vidas al servicio de otros, sobre todo a los que tienen mayor necesidad, los pobres y marginados, y como les incomoda la consolidacion de situaciones de privilegio. Que buena nueva!
"El cobre por el cielo y la educacion por el suelo", "Ahora es cuando"... Ay hija mia, gracias por todo esto. Tengo el alma en un hilo y desde la admiracion humilde por todo lo que han logrado movilizar, estoy cierto que somos muchos y muchas de todas las edades que hoy renovamos ante ustedes nuestro compromiso de hacer todo lo necesario para alcanzar una sociedad en que la educacion sea excelencia para todos, que asegure el desarrollo mas completo posible de todas las dimensiones de la persona, unido al desarrollo de un sentido de los valores y del compromiso al servicio de los demas.
No descansare hija mia hasta que esta sociedad otorgue prioridad a las necesidades de los pobres y haya cada vez mayor cantidad de personas dispuestas a sacrificar el propio interes por la promocion de la justicia. Te lo prometo.
Tu papá
Con el alma en un hilo te escribo estas palabras mientras te encuentras en paro nacional movilizada en las calles, en las marchas, en las tomas de liceos con tu uniforme escolar de primero medio luchando por aquello que yo ni mi generacion fuimos capaces de conseguirte: una educacion de calidad...
Y me siento miserable tecleando en este computador como si fuera un piano vacio de cuerdas que ya no tienen resonancia ni peso especifico necesario como para poner orden en este mundo, pues es en clases donde debieras estar, jugando con tus amigas, coqueteando dulce con tus amigos, descubriendo los primeros petalos del amor...
Pero entiendo, no sabes como entiendo lo que haces junto a decenas de miles de maravillosos pinguinos auto organizados. A rostro descubierto enfrentan una maquinaria muy bien disenada y aceitada por quienes desde la sombra ejercen el poder, la desorganizacion y la falta de solidaridad como estrategias de reproduccion de la dominacion.
Como es posible que haya quienes concertadamente quieran que la mayoria de ustedes, el futuro de nuestras vidas, la flecha que abrira a la humanidad a nuevos rumbos, permanezcan ignorantes, solo fijados a una identidad de consumidores, aislados, farandulizados, enajenados del real potencial que albergan en sus almas y cuerpos, para ser eximios profesionales, artistas, constructores, obreros calificados...
No hija mia, que no te enganen, no fue por este orden de cosas que morimos segundo a segundo la infancia que tuvimos bajo dictadura y que hicimos frente, a tus mismos catorce anhos, rompiendo el miedo, creando consciencia, volviendola organizacion, reencantando la confianza en el colectivo, para exigir pan, trabajo, justicia y libertad. Tu abuelo no aguanto con los dientes apretados las descargas electricas para que hubiera generaciones de estudiantes de primera, segunda, tercera y cuarta categoría en democracia. Tu bisabuelo no aprendio a leer y a escribir en forma autodidacta y a organizar a la FECH a principios del siglo XX para que al siglo siguiente se mantuviera la diferencia de clase, apellido, comuna y etnia de origen como los principales pilares de segmentacion de la educacion y el mercado laboral en el pais. Tampoco tu tatarabuelo, Manuel Jesus, hizo trizas sus rodillas de zapatero militante a fines del siglo XIX para que hubiese ninhos que en el siglo XXI tienen que trabajar para poder pagar sus estudios y mantener a sus familias...
Mucho se habra avanzado, pero es mas lo que queda por hacer. Que no te cuenten cuentos para cejar en tu batalla. Ustedes estan en lo justo, en lo correcto, en lo que como pueblo, generacion tras generacion, hemos bregado para nuestro pais y la humanidad.
Tampoco tuvimos yo, tu abuelo, tu bisabuelo y tatarabuelo los medios de comunicacion de masas a nuestra disposicion; la derecha en forma oblicua o directa siempre se encarga de hacer circular mensajes confusos para dividir y quebrar a los movimientos sociales. El centro politico, por su parte, siempre te seguira hasta que sus tibios y confortables intereses no se vean perjudicados. La izquierda, por ultimo, tradicionalmente ocupa los espacios abiertos por las masas auto organizadas para presionar a los gobiernos de turno a seguir su propia agenda programatica, pero sin someterse al liderazgo, conduccion y ritmos de estas masas conscientes. Ya lo estaras conociendo hija mia, ojala esta vez fuese distinto...
Pues, es lo que ocurrio con el movimiento de los igualitarios en el XIX; con los obreros y estudiantes a principios del XX; con los campesinos en la segunda mitad del siglo pasado; con los pobladores, bajo la dictadura...
Estamos orgullosisimos de ti hija mia, de Maria Jesus y todos tus companeros y companeras a lo largo de todo Chile y los cientos de liceos y colegios movilizados. Continuen guiandose por la intuicion responsable, en el respaldo que les otorgan sus propias fuerzas. Hagan suya la memoria, comprension, imaginacion y voluntad colectiva que en forma plural han ido abriendo caminos de mayor justicia social, democracia y solidaridad en Chile. No necesitan estar permanentemente movilizados, pueden descansar, celebrar, reflexionar, evaluar, aprender, y mas adelante volver a actuar. Recuerda que ni Roma ni nada solido se construyo en un dia. Y no necesitamos mas martires, los queremos vivos y sanos.
Ustedes lo han hecho mejor que todos nosotros. Ustedes nos estan aleccionando al mundo adulto, nos han devuelto la esperanza y la confianza que los fines mas idealistas se pueden obtener con los medios mas concretos y realistas si hay voluntad, tolerancia y organizacion. Nos han vuelto a abrir la fe individual y colectiva que reconoce la obligacion de trabajar por la justicia en el mundo. Vemos como ustedes, hombres y mujeres en formacion ya dedican sus vidas al servicio de otros, sobre todo a los que tienen mayor necesidad, los pobres y marginados, y como les incomoda la consolidacion de situaciones de privilegio. Que buena nueva!
"El cobre por el cielo y la educacion por el suelo", "Ahora es cuando"... Ay hija mia, gracias por todo esto. Tengo el alma en un hilo y desde la admiracion humilde por todo lo que han logrado movilizar, estoy cierto que somos muchos y muchas de todas las edades que hoy renovamos ante ustedes nuestro compromiso de hacer todo lo necesario para alcanzar una sociedad en que la educacion sea excelencia para todos, que asegure el desarrollo mas completo posible de todas las dimensiones de la persona, unido al desarrollo de un sentido de los valores y del compromiso al servicio de los demas.
No descansare hija mia hasta que esta sociedad otorgue prioridad a las necesidades de los pobres y haya cada vez mayor cantidad de personas dispuestas a sacrificar el propio interes por la promocion de la justicia. Te lo prometo.
Tu papá
25 mayo 2006
La marcha de los pingüinos

El ciclo de protesta masiva organizada por parte del movimiento estudiantil secundario en estos días es una excelente noticia para la democracia. Ello, en tanto dichas movilizaciones son la más clara expresión de que estamos ante una sociedad civil en formación, viva y vigorosa, que esta vez por medio del rostro descubierto de nuevos actores juveniles, les recuerda en forma directa a quienes ejercen el poder que el país ha de gobernarse tomando seriamente en cuenta las demandas de la ciudadanía y sus necesidades cotidianas. Y este recordatorio no es trivial, pues los partidos políticos y las élites gobernantes suelen olvidar que ellos están en el ejercicio de sus funciones en tanto representantes que se deben en todo a sus representados.
Sin embargo, no todos tienen mala memoria. En la retina colectiva de nuestra historia reciente permanecen las protestas de los secundarios que en los anos ochenta fueron capaces de romper el terror dictatorial y en forma inteligente y masiva lograron organizarse en centros de alumnos y federaciones, cuando éstos eran prohibidos. Tales movilizaciones llevaron incluso a la caída del Ministro de Educación Sergio Gaete que implementó, desde el poder autoritario, la hoy ya demostrada fracasada municipalización de la educación. Tales protestas estudiantiles formaron parte del amplio accionar de los movimientos sociales en Chile y Latinoamérica, que junto a la reivindicación general de terminar con la dictadura, abogaron por el mejoramiento de la educación y de los servicios urbanos, así como por la protección de los derechos de las mujeres, de los trabajadores, pueblos originarios, y de los derechos humanos en general.
Tal situación, de movimientos ciudadanos organizados más allá de los canales clásicos de la política, auguraba el advenimiento de una democracia participativa y dinámica. Sin embargo, lo que aconteció fue algo bastante distinto. Los partidos políticos que antes estaban en la oposición rápidamente tomaron un rol como los únicos interlocutores válidos entre la sociedad civil y el Estado, y redujeron, a nombre del realismo político, la gobernabilidad y la seguridad ciudadana, la capacidad de influencia de la mayoría de los movimientos sociales en la política, cuyas demandas de profundización democrática no se ajustaban al modelo de la transición pactada.
Y esto no necesariamente tuvo que ser así. En países como Brasil, por ejemplo, donde los partidos políticos han sido más democráticos y abiertos a grupos diferentes a ellos mismos, los movimientos sociales han tenido una mayor oportunidad de acceso al proceso político logrando mayor éxito en la influencia de las posiciones y prácticas de los propios partidos políticos. En Chile, por el contrario, el carácter que se le otorgó a la institucionalización de la democracia tuvo efectos claramente excluyentes, lo que se refleja, por ejemplo, en la existencia de un Estado duro, alejado de los ciudadanos organizados por fuera de los partidos políticos. Estos últimos, a su vez, se han vuelto predominantemente elitistas, hegemonizados por expertos. La democracia de este modo tendió a confundirse con tecnocracia, con criptoplutocracia.
El movimiento de los estudiantes secundarios de hoy nos señala que es posible que estemos en un momento distinto a lo que como ciudadanía queremos que sea la consolidación democrática. Los estudiantes de enseñanza media auto organizados nos conminan a asumir una intervención individual y colectiva activa y responsable en el espacio público. Ya no basta contar con una ciudadanía disciplinada, que se conforma con ser consumidora, observadora y usuaria del asistencialismo y las buenas intenciones de terceros. Tal vez el campo de resonancia de los discursos de la realpolitik que por años han buscado hacer creer que la democracia es mejor servida mediante la subordinación de la participación popular a la necesidad de mantención de la estabilidad de la administración de “lo posible” y “lo dado” se haya reducido significativamente. No sería sorpresa, porque tal visión de la convivencia democrática ha ido perpetuando un sistema político que ha institucionalizado la exclusión.
Así como la lucha contra la dictadura fue llevada adelante por una multiplicidad de fuerzas, por una variedad de cuerpos en resistencia, por un enjambre de identidades en formación, acciones y subjetividades que se disputaban, en forma directa y abierta, el espacio de la política, los estudiantes secundarios de hoy han desbordado las formas de contenido y expresión dictados por quienes creen tener la única voz autorizada para señalar como ha de vivirse en democracia.
Por ello lo que han realizado hasta ahora estas decenas de miles de estudiantes es una muy buena noticia para la democracia. Pues vuelve a actualizar la urgencia de comprender que la democracia conquistada debe ser hija no tan solo de los contenidos por los que se luchó durante la dictadura –pan, trabajo, justicia y libertad-, sino también debe ser heredera de la forma participativa transversal en que estos contenidos se forjaron e hicieron circular logrando sumar mayorías para la transformación social. La calle, la asamblea, el mitin, la marcha, la protesta, como instancias de roce social, de conexión de diversas relaciones creadoras de los estudiantes secundarios de hoy nos permiten volver a tener la esperanza de que hay potencialidad para construir una democracia que sea expresión real de la ciudadanía, sin leyes de amarre, sin autoritarismos velados.
Ojalá que nuestras autoridades que tienen actualmente en sus manos la posibilidad y los recursos de hacer las transformaciones justas que los estudiantes reclaman los escuchen a tiempo. Y ello tiene que ocurrir antes que el ciclo de este movimiento derive en un radicalismo en la forma de actuar que hasta ahora los propios estudiantes han sido capaces de controlar. Si no se les escucha, atiende y se les da solución a sus demandas, nos habremos perdido una excelente oportunidad como sociedad de hincarle colectivamente el diente al peor pecado que continuamos cometiendo como país: impartir una educación de mala calidad, en todos sus niveles y estratos socioeconómicos, que lleva al sacrificio a millones de vidas concretas así como al destino del país en su conjunto. En cuanto a los partidos políticos, al menos nos cabe la esperanza que existe una razonable posibilidad que acuerden una vez por todas derogar la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza redactada por el dictador el último día de su mandato autoritario, aunque sea como una medida instrumental para seducir a quienes conformarán para las próximas elecciones una parte muy significativa del padrón electoral. Si se logra todo ello, gracias a los secundarios habremos avanzado un buen trecho en la democratización de la democracia. Estamos con ustedes.
20 mayo 2006
Escritos de mi abuelo
Con este relato, inicio un recorrido por las huellas que dejó mi tata, Manuel Guerrero Rodríguez. Tronco histórico de nuestra familia Guerrero, comienzo compartiendo con ustedes un relato de su infancia en primera persona, de cuando mi tata era pequeño y acompañana a mi bisabuelo, Manuel Jesús Guerrero, y mi bisabuela, Rosa Amelia Rodríguez, costurera, en sus vivencias de artesanos pobres, pero dignos, auténticos y comprometidos hasta la médula espinal con la vida y la justicia social.
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El tesoro
Castigo inmerecido para Rosa Ameilia, mi madre aparadora, y, por supuesto, para la tranquilidad económica de toda la familia, fueron aquellos largos días de impaciente espera. Un huaso rico no retiró a tiempo unas lujosas botas de montar encargadas a mi padre, y confeccionadas íntegramente en su muy diminuto taller de zapatería: medidas muy prolijas de los pies, pulido de hormas, modelaje especial, sábanas de cuero cortadas en cientos de piezas de todos los tamaños -exactos para el aparado-, el aparado mismo, el ensuelaje, los relucientes adornos metálicos. Todo un proceso de alta artesanía, "tomado a la chunga y echado al olvido", por el tan esperado cliente. Era éste un motivo como para reventar!
- Me he levantado toda la semana de madrugada para cumplir con el encargo de este señorito -despotricaba Manuel Jesús, asomándose inquisidoramente una y otra vez a la puerta de la calle, si como fruto de esas arremetidas atrajeran a su taller los pasos del zarandeado dueño de fundo.
- Paciencia, hijo, mucha paciencia -recomendaba mi madre sin alzar los ojos del traqueteo de su máquina aparadora.
- ¿Se podrá convertir la paciencia en pan y en leche y en carnes para alimentar a tantas bocas?
- Las dificultades brotan de donde y en cuanto uno menos lo piensa...
- Vaya con la defensora gratuita de los ricachones!... Qué le podrán importar a ese fulano los sacrificios de un artesano y su familia!... Cuántas murallas hemos saltado hasta terminar este bien fino e intrincado trabajo!... ¿Frazadas?... A la agencia de empeño con ellas!... ¿El reloj de plata marca Omega que me regalaste para mi cumpleaños postizo?... Porque, en verdad, no conozco la fecha que me depositaron en este mundo tan feo y disparejo... A la agencia con él!... A comprar materiales se ha dicho!... ¿No es como para explotar de indignación?
- Alguien podría creer que hemos robado en casa ajena...
- ¿Y cuánto nos ha faltado hacerlo?... Fíjese usted muy bien, Rosa Amelia!... Pero alce la cabeza para que mis palabras no queden volando!...
- Los run run y trac trac de mi máquina no interrumpen sus desahogos... Ahora, si todos nos cruzamos de brazos, ¿en cuál hoyo nos vamos a esconder para soltar el llanto?...
- Es que usted carece de oídos para atender a este profesional que fue dueño de un taller con operarios a su mando... Y aparecieron las máquinas!... A pesar de esta competencia desleal ese hombre -que soy yo- continua como miembro de la Sociedad de Artesanos "La Unión", en donde se afilian la mayoría de los dueños de "establecimientos" de todos los oficios... Hasta abogados y a médicos ya no les produce asco codearse con los trabajadores...
- Ese honor me obliga, semana a semana, a lavar y almidonar su pechera y sus puños, para que cubran su camiseta rayada y se engalane con su única corbata...
El rostro de Manuel Jesús pareció erizarse. Y como todo cuanto decía lo acompañaba con aspeantes movimientos de brazos y manos, semejaba un orador en pleno desarrollo de un tema. Se quejó:
- Que no se den cuenta los niños de los insultos que me tira a la cara!... Toda esta trifulca por carecer de siquiera una camisa!...
- ¿Siente usted un olor extraño, como a algo quemado? -desvió Rosa Amelia el rumbo de la iracundia paternal. De inmediato se dirigió ella a la cocina, situada inmediatamente después de una estrecha pieza destinada al dormitorio de la pareja.
- El olor debe venir de la olla porotera, -agregó Rosa Amelia y se perdió, presurosa, cuerpo esbelto, ágil, hacia el interior de la vivienda.
- Esta mujer, -mascullaba mi padre a solas-, vale más que un Perú bañado en oro... Son dos las olletas que están atendiendo... A los vecinos Aceituno no se les ha escuchado martillar latas... Han carecido de dinero hasta para el almuerzo... Y este huaso de la moledera no asoma ni su nariz!...
Cuando Rosa Amelia regresó a su máquina, mi padre se disponía a salir. Era cerca del mediodía. por la calle, los transeuntes, los más enmantados, aumentaban en número.
- Esta larga espera y la falta de nuevos trabajos amenazan con hacer estallar mis nervios... Voy a dar una vuelta y regreso al almuerzo...
Mientras Manuel Jesús salía mi madre sacudió la cabeza, se encogió de hombros, e, impertérrita, reasumió su labor. Varias y gruesas lágrimas se desprendieron de sus grandes ojos café oscuros, y en su rostro de finos perfiles color oliva resltaron los rasgos de su belleza criollísima.
Hacía ya varios días que mi padre, así como no quiere la cosa, y contra su costumbre habitual, inventaba motivos para salir de casa antes de almorzar. Yo le notaba francamente preocupado por la ausencia de clientes a su taller como por su participación activa en el asentamiento en la ciudad del organismo correspondiente a la Federación Obrera de Chile.
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El tesoro
Castigo inmerecido para Rosa Ameilia, mi madre aparadora, y, por supuesto, para la tranquilidad económica de toda la familia, fueron aquellos largos días de impaciente espera. Un huaso rico no retiró a tiempo unas lujosas botas de montar encargadas a mi padre, y confeccionadas íntegramente en su muy diminuto taller de zapatería: medidas muy prolijas de los pies, pulido de hormas, modelaje especial, sábanas de cuero cortadas en cientos de piezas de todos los tamaños -exactos para el aparado-, el aparado mismo, el ensuelaje, los relucientes adornos metálicos. Todo un proceso de alta artesanía, "tomado a la chunga y echado al olvido", por el tan esperado cliente. Era éste un motivo como para reventar!
- Me he levantado toda la semana de madrugada para cumplir con el encargo de este señorito -despotricaba Manuel Jesús, asomándose inquisidoramente una y otra vez a la puerta de la calle, si como fruto de esas arremetidas atrajeran a su taller los pasos del zarandeado dueño de fundo.
- Paciencia, hijo, mucha paciencia -recomendaba mi madre sin alzar los ojos del traqueteo de su máquina aparadora.
- ¿Se podrá convertir la paciencia en pan y en leche y en carnes para alimentar a tantas bocas?
- Las dificultades brotan de donde y en cuanto uno menos lo piensa...
- Vaya con la defensora gratuita de los ricachones!... Qué le podrán importar a ese fulano los sacrificios de un artesano y su familia!... Cuántas murallas hemos saltado hasta terminar este bien fino e intrincado trabajo!... ¿Frazadas?... A la agencia de empeño con ellas!... ¿El reloj de plata marca Omega que me regalaste para mi cumpleaños postizo?... Porque, en verdad, no conozco la fecha que me depositaron en este mundo tan feo y disparejo... A la agencia con él!... A comprar materiales se ha dicho!... ¿No es como para explotar de indignación?
- Alguien podría creer que hemos robado en casa ajena...
- ¿Y cuánto nos ha faltado hacerlo?... Fíjese usted muy bien, Rosa Amelia!... Pero alce la cabeza para que mis palabras no queden volando!...
- Los run run y trac trac de mi máquina no interrumpen sus desahogos... Ahora, si todos nos cruzamos de brazos, ¿en cuál hoyo nos vamos a esconder para soltar el llanto?...
- Es que usted carece de oídos para atender a este profesional que fue dueño de un taller con operarios a su mando... Y aparecieron las máquinas!... A pesar de esta competencia desleal ese hombre -que soy yo- continua como miembro de la Sociedad de Artesanos "La Unión", en donde se afilian la mayoría de los dueños de "establecimientos" de todos los oficios... Hasta abogados y a médicos ya no les produce asco codearse con los trabajadores...
- Ese honor me obliga, semana a semana, a lavar y almidonar su pechera y sus puños, para que cubran su camiseta rayada y se engalane con su única corbata...
El rostro de Manuel Jesús pareció erizarse. Y como todo cuanto decía lo acompañaba con aspeantes movimientos de brazos y manos, semejaba un orador en pleno desarrollo de un tema. Se quejó:
- Que no se den cuenta los niños de los insultos que me tira a la cara!... Toda esta trifulca por carecer de siquiera una camisa!...
- ¿Siente usted un olor extraño, como a algo quemado? -desvió Rosa Amelia el rumbo de la iracundia paternal. De inmediato se dirigió ella a la cocina, situada inmediatamente después de una estrecha pieza destinada al dormitorio de la pareja.
- El olor debe venir de la olla porotera, -agregó Rosa Amelia y se perdió, presurosa, cuerpo esbelto, ágil, hacia el interior de la vivienda.
- Esta mujer, -mascullaba mi padre a solas-, vale más que un Perú bañado en oro... Son dos las olletas que están atendiendo... A los vecinos Aceituno no se les ha escuchado martillar latas... Han carecido de dinero hasta para el almuerzo... Y este huaso de la moledera no asoma ni su nariz!...
Cuando Rosa Amelia regresó a su máquina, mi padre se disponía a salir. Era cerca del mediodía. por la calle, los transeuntes, los más enmantados, aumentaban en número.
- Esta larga espera y la falta de nuevos trabajos amenazan con hacer estallar mis nervios... Voy a dar una vuelta y regreso al almuerzo...
Mientras Manuel Jesús salía mi madre sacudió la cabeza, se encogió de hombros, e, impertérrita, reasumió su labor. Varias y gruesas lágrimas se desprendieron de sus grandes ojos café oscuros, y en su rostro de finos perfiles color oliva resltaron los rasgos de su belleza criollísima.
Hacía ya varios días que mi padre, así como no quiere la cosa, y contra su costumbre habitual, inventaba motivos para salir de casa antes de almorzar. Yo le notaba francamente preocupado por la ausencia de clientes a su taller como por su participación activa en el asentamiento en la ciudad del organismo correspondiente a la Federación Obrera de Chile.
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