16 febrero 2017

A propósito del 14 de febrero

Por lo que pude observar, el día de los enamorados resultó bastante estresante para muchos. Hay toda una parafernalia en torno al día que genera una expectativa y presión social que cae con especial fuerza sobre las personas sin pareja, como si tal condición u opción les privara de ser parte de la celebración del amor, haciéndolas equivocadamente sentirse mal. La presión también se extiende a las personas que no están solas, pues se impone la espera de signos públicos de expresión de enamoramiento.

Para más remate, la propia concepción del amor que se hace circular de forma dominante es solo una de las versiones posibles de lo que se puede entender por amor. Hay una fuerte carga de romanticismo exponencial, de corazones rojos -hasta cuándo insistimos con ese músculo que solo bombea sangre- y declaraciones de entrega extremas que, a ratos, parecen bastante acartonadas, pero que en el día de San Valentín encuentran cabida como políticamente correctas.

Con esto no quiero negar la autenticidad de muchos de los gestos expresados. Toda ocasión es buena si se trata de comunicar afectos positivos, pero creo que hay mucha compulsión forzada. Vivimos el 14 de febrero como si en sus 24 horas se jugaran cosas importantes, lo que es una simple ilusión de control respecto de un fenómeno complejo, el amor, que se escapa a una definición simple, y que por lo mismo solemos tratarlo como misterio o milagro. Relación, actitud, predisposición, es muchas cosas que no se agotan en una caja de bombones (aunque siempre sea rico comerlos).

Dándole un poco de vuelta al asunto para mi la aproximación al amor que más me convoca es la que canta Charly: "Cuando uno tira para abajo, es mejor no estar atado a nada, imaginen a los dinosarios en la cama". Amor como algo que no ata, para cuando tiremos para abajo lo hagamos de la forma más liviana posible. Amor que no es carga, sino que -por el contrario-, aliviana la carga. Amor como nombre para el goce del tiempo que cada uno vive, pues cada momento que pasa es uno menos; de ahí la valía de cada instante ("la vida es eterna en cinco minutos"). Amor como aumento de la potencia de ser de cada quien; desde el apoyo mutuo, evitando el sufrimiento propio y el ajeno, aumentando la alegría de estar vivos.

Es una tontera reducir el día de los enamorados a tener pareja. Se puede amar de infinitas formas posibles. Una de ellas es en pareja y el 14 de febrero es solo un día más.

Parafraseando a Violeta, doy gracias a la vida porque he amado tanto. Y lo he podido hacer en la más amorosa de las compañías posibles. San Valentín no tiene nada que ver con eso.

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