Una interesante columna publicada por John Brown, en la revista digital Rebelión, sobre Chávez y el proceso venezolano.
Lo relevante es la ampliación de la participación política de las mayorías y minorías, que es lo que se vive en Venezuela. Y eso en gran medida se debe al efecto catalizador que ha tenido el liderazgo del propio Chávez. Pero él se debe a la gente, es el proceso que lleva adelante la acción colectiva transformadora lo relevante. Él es un medium articulador. Mientras ello se promueva todo bien: el peligro que debe evitar es no creerse el cuento de que todo se debe a su liderazgo. El reconocimiento de la derrota electoral en el referendum nos da esperanzas de que tiene la distancia crítica necesaria para no caer en tal locura. Y que el proceso democratizador en un país enorme como Venezuela siga adelante, como diría el admirado Buzz Lightyear de mis hijas.: hasta el infinito, y más allá!
slds,
Manuel.
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EL GRAN DICTADOR
Una apología del Presidente Chávez
"Si un homme qui se croit un roi est fou, un roi qui se croit un roi ne l’est pas moins"
(Si un hombre que se cree rey está loco, un rey que se cree rey no lo está menos)
Jacques Lacan
Los portavoces de la derecha de la izquierda y de la izquierda de la derecha, así como de la derecha de la derecha, del centro de la derecha, del centro de la izquierda y del extremo centro, en resumen de todas las derechas independientemente de su origen ideológico sienten horror por un personaje como el Presidente de la República de Venezuela, Hugo Chávez Frías. Este horror es compartido por sectores de la pequeña burguesía intelectual incluso de izquierda. Se trata de un sentimiento de aversión profunda al hecho de que un hombre del pueblo, de origen parcialmente indio ocupe la más alta magistratura de la República. No es tanto que sea un hombre de izquierdas: a Salvador Allende o a Fidel Castro siempre les tuvieron más respeto: eran enemigos, y por ello mismo, algo reconocible. Se trataba de "gente bien" o, como dicen algunas oligarquías latinoamericanas, de "gente como uno". Eso no les impide ser "asesinables", pero los hace menos inquietantes.
Hugo Chávez es un hombre de gran talento y habilidad, con capacidad y formación, pero con unos modales y una retórica que lo hacen poco presentable en sociedad. Es precisamente esto lo que indica la radicalidad de la revolución que vive Venezuela. Por primera vez, el principal cargo del Estado no está ocupado por alguien cooptado o al menos reconocido por las clases dominantes. Se le critica por su falta de formación y su falta de modales. La formación de Chávez es la de un autodidacta, rica, heteróclita, a veces disparatada. No encaja en ningún canon académico. Es la que podría darse cualquier persona del pueblo deseosa de entender el mundo en que vivimos para cambiarlo. Sus modales no son malos en términos absolutos: nunca ha demostrado falta de educación ni de respeto a sus interlocutores y adversarios. Lo que pasa es que dice cosas que desentonan en la buena sociedad: recordar el expolio de las Américas ante el rey de España era una indelicadeza necesaria para alguien que habla en nombre de los expoliados, recordar desde la presidencia de la República que "el capitalismo es incompatible con la democracia" es algo que debería estremecer a las izquierdas y las derechas que gestionan y justifican el terror del Imperio en nombre del Estado de derecho y la democracia.
Afírma Jacques Rancière apoyándose en Platón que no existe un saber especializado, una techné propia del político, que esa misma carencia de saber especializado en los gobernantes es la esencia de la democracia, ese régimen en el que cualquiera puede llegar a gobernar. Una política convertida en técnica y acaparada por expertos conocedores de la economía y de la sociedad es lo que llama Rancière "policía": mera gestión y normalización social, sin antagonismo ni decisión política. Chávez es precisamente ese individuo que es como cualquiera de nosotros, quislibet, que ocupa el puesto del gobernante. Al hacerlo no está cerrando en nombre de un saber la posibilidad de sus conciudadanos de ser políticamente activos: por el contrario, la abre. Lo apasionante del proceso venezolano es precisamente esa capacidad enorme de apertura del espacio de lo político a las mayorías sociales, cuya participación política no se reduce ni mucho menos al ejercicio del derecho de sufragio, por mucho que para 4 millones de personas que antes de la revolución bolivariana no tenían existencia civil al no estar censadas este derecho haya sido y siga siendo sumamente importante.
Chávez es un dirigente legitimado electoralmente, pero ello no quiere decir que la gente le dé un mandato libre e incondicional como hemos podido ver en el último referéndum. Chávez es el capitán -negro mal disfrazado de blanco- de un barco negrero en rebelión, que a diferencia del personaje de Melville en Benito Cereno, acepta gustoso su papel. Y es que el modo que tiene Chávez de ocupar el lugar del poder neutraliza el funcionamiento normal de un Estado de derecho "respetable" y pone en peligro la reproducción de las condiciones jurídicas y políticas del capitalismo. Este es el único motivo por el que las derechas de toda laya lo tildan de dictador. El proceso de transformación social más democrático, más rodeado de garantías, más respetuoso del pluralismo no deja de ser una terrible ofensiva contra el poder de clase de las oligarquías venezolanas y mundiales. En Venezuela no sólo no se gobierna en favor de" la gente bien" y contra la "chusma", sino que la "chusma" está progresivamente tomando las riendas del país. Esto es precisamente la democracia, esto es lo que tantísima inquietud produce.
Afirman que Chávez es un gran dictador. Dan ganas en un primer momento de rebatir ese insulto, de decir que un gran dictador como Dios y el capital mandan no permite que el 90% de los medios de comunicación de su país lo ataquen violentísimamente a diario, que un gran dictador de bien al estilo de Pinochet el cual según los liberales como Hayek es un exponente autoritario del Estado de derecho, no convoca referéndums con posibilidades de perder. No vale la pena insistir sobre todo esto; todo el mundo que quiera informarse lo sabe. Chávez desempeña, sin embargo, el papel de otro Gran Dictador que encarnó Chaplin en la película del mismo nombre: el sastrecito pobre judío que llega a la tribuna de Hitler, lo suplanta y pone fin mediante un discurso de paz a la pesadilla bélica y totalitaria del nacionalsocialismo.
El Chávez que habló en las Naciones Unidas de un Bush que "huele a azufre" santigüándose muestra el mismo talento para distanciarse de la seriedad política. La política de los soberanos es una bufonada que se toma a sí mismo en serio, imponiendo a los demás la misma seriedad. Hay que reivindicar como legitimadora la mirada de las oligarquías y de todas las derechas sobre Chávez. Lo que hay que pedirle al Presidente bolivariano es que no se rebaje nunca al lugar de un jefe de Estado "serio y respetable" como lo fueron Hitler y Carlos Andrés Pérez para los oligarcas del planeta, que evite tomarse demasiado en serio. Su voluntad de llevar a cabo una revolución a golpe de cambios constitucionales tiene que ver con esa peligrosa seriedad y constituye un peligro para el proceso bolivariano. También es peligrosa de manera más anecdótica su polémica con el Borbón: compararse con el rey de España afirmando su superior legitimidad es creer demasiado en esta última, contemplarse como personificación de un poder soberano. Ninguna revolución, ninguna democracia auténtica son compatibles con ese tipo de poder que aparta a la gente, a las mayorías, de la participación política efectiva. Lo peor que le puede ocurrir a la revolución bolivariana es que Chávez se crea realmente que es el Presidente, poniéndose en el mismo plano que otro fulano que se cree que es rey.
07 diciembre 2007
04 diciembre 2007
El primer círculo
Cuando el mundo tira para abajo, es mejor no estar atado a nada, nos canta Charly. Y para ello, una de mis estrategias de sobrevivencia es aferrarme a la música, exponerme a su toque mágico, a luz que atraviesa a través de ella y llega a nosotros para alojarse en nuestra carne. Soy un ilustrado, como el de Ray Bradbury, pero no de tatuajes externos, sino de partituras y silencios. Un diapasón al aire, una caja de resonancia de madera de palo de rosa.
Gracias Pat Metheny, Lyle Mays y el dulce Pedro Aznar por este primer círculo. Lo llevaba puesto en 1986 en mi personal estéreo cuando nació mi hermana Montserrat, hasta que me invitaron entrar al parto. Me vestí de verde, respiré hondo y entré. El milagro, el don, el regalo más maravilloso salió del cuerpo de mamá. Un nuevo ser junto a nosotros. Viva la vida!!! Seguimos pa´delante no más.
03 diciembre 2007
Me llamo Attila

El hoy comenzó como un día cualquiera. Pero un halo de mármol cogió a media tarde mi corazón y sentí la soledad como un perro puesto a la venta. Tomé examen oral a mis estudiantes y me despedí de cada uno de ellos como si se fueran a la guerra. Semana a semana compartimos breves momentos, colgados de algún autor, de algún texto, como si en ellos pudiésemos encontrar un faro, un haz de luz que permita abrir el nuevo amanacer esquivo. Pero no hay nuevo amanecer, solo días que pasan por la rotación de la tierra. El sol no tiene nada que ver con nosotros. Apenas somos seres sostenidos por una ley de gravedad que en cualquier momento deja de operar y salimos disparados a la muerte por asfixia más allá de la capa de ozono.
Tomé la micro convertida en bus por haberse pintado de verde según alguna política pública, y afortunamente encontré asiento para no tener que rozarme a la fuerza con desconocidos. Miré a través de la ventana y sólo ví edificios nuevos que crecen y crecen por donde en mi infancia habían chacras y encumbrábamos volantines. Un anciano amable se sentó a mi lado y me metío conversación. Mi socialización perfecta lo atendió con amabilidad también. Así avanzamos varias decenas de minutos conversando sin conversar, conociéndonos sin conocernos. Incluso intercambiamos tarjetas de presentación. Me preguntó mi nombre y al oir su combinación con mi apellido levantó las cejas y me dijo que él no ha tenido nunca que ver con política. Como si mi nombre completo fuese un espanta pájaros que provoca la desbandada. Nunca he sentido la necesidad de pedir disculpas por como me llamo, pero ya esta sola reflexión indica que lo cargo como una cruz.
El anciano me contó que conoció a mi abuelo en la bohemia de los años veinte. Que compartieron trago en el Bosco y el Torres. Fue bello que viniera a mi visita mi abuelo a través del recuerdo del hombre mayor a mi lado. Me acordé de su anarquismo y me alegré de llamarme como él y como su padre y como mi padre. Mala suerte para quien se asuste frente a la imagen acústica que pueda provocar Manuel Guerrero. Sin duda es una cruz, pero al menos sé que es la mía.
Y traté de compartir, de mantener el diálogo abierto con otras personas, pero el viento de cementario ha sido más fuerte.
Hasta que llegué a ti József Attila. Apareciste como ladrón en la noche, o más bien en pleno día de calor urbano de este lado del planeta recalentado por el calentamiento global que no conociste querido poeta. Suerte la tuya, aunque conociste calores peores en tu vida de artista comunista húngaro crítico del capitalismo y crítico de Stalin, cuando el viejo bigotudo vivía y hacía de las suyas a nombre tuyo, mío, de mis hijas.
Te abrazo József, como abracé tus libros y escritos de pequeño. Junto a Ady Endre y Petöfi Sándor me siento a tu lado como en familia. ¿Seremos traidores a la causa por detenernos a pensar nuestra fragilidad, asumir nuestras dudas, quizá hasta morder la cobardía? Socialismo humano perseguiste y no lo pudiste hallar hasta que te fundiste en la línea de tren un poco más joven que yo.
Te abrazo József. Seguramente cuando decías tu nombre completo espantabas al recordar a Attila, el rey de los hunos. Mi nombre también espanta y atrae. Acostumbra a evocar a héroes o a mártires, al revoluconario o al acusado de eurocomunismo, al que aguantó la tortura o de quien se sospecha porqué sobrevivió.
Pero tienes razón, el rostro de uno sólo se puede lavar en el rostro de otro. Acógeme en tu brazo un rato. Soy tu verso en otro continente, en otro siglo, en otro idioma. Ya sabes, verdadero es el pudor, verdadero el odio, verdadero también el ultraje padecido. Sólo son falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios...
01 diciembre 2007
Disquito para el fin de semana (Tears for Fears)
Para un fin de semana que se viene con mucho calor, y para sobrevivir y protegerse de las "27 horas de amor" de la mercadera Teletón, recomiendo escuchar de cabo a rabo el disquito The Seeds Of Love, del grupo británico Tears for Fears. Dado a luz en agosto de 1989, por el carismático duo Roland Orzabal y Curt Smith, acompañados por un conjunto de músicos de primer nivel, se trata de un disco sofisticado pop que te hace recorrer distintos estados de ánimo. Los Tears for Fears muestran con este disco que se puede hacer música de ventas sin abandonar la calidad musical y el contenido de las letras.
El disco abre con el intenso Woman in Chains, que asume la temática de género en su letra, y cuenta con una limpia y fuerte batería de Phil Collins, quien antes de dedicarse a su carrera solista mercadera había participado por años como el batero del grupo de jazzrock progresivo Brand X, y claro en Genesis. Escuchen por favor las líneas del bajo de Pino Palladino y la voz negra de Oleta Adams. La voz masculina de Orzabal hace la reflexión sobre la situación de la mujer amada, que está atada a su Gran Esperanza de Hombre Blanco, que la niega y anula manteniéndola atada, y ella ama pero es incomprendida y se sume en una vida monótona. Y la conclusión es solo una, y Orzabal se atreve a insinuarla hacia el final de la canción, "so free her", déjala libre, déjala Ser... para que seamos juntos, el sol y la luna, the sun and the moon...
Sigue el Bad man's song, la canción del hombre malo, que combina un piano jazzero con líneas vocales pop, todo muy bien logrado, ahora con la batería africana parisina de Manu Katché. Orzabal insta a abandonar la defensa de la libertad de expresión si no hay nada que expresar, si no hay espacio para protestar. Libertad de expresión sí, pero para que haya espacio a la diferencia, a la trangresión, a la libertad: "Mírate a ti mismo - mira como mientes / Tus manos comienzan a temblar y no sabes porqué". Si en Woman in Chains se trata de dejar ser libre, ahora es el momento de hacerse libre, de asumir la libertad propia para protestar.
El tema siguiente es el Sowing the Seeds Of Love, que se basa en el Soy una Morsa (I'm The Walrus) del maestro Juanito Lennon de los Beatles. Es una canción homenaje a la estética psicodélica de los sesenta. Es un guiño a esa generación, a retomar el impulso, la iniciativa, la creatividad. Orzabal le canta a quienes se han dejado guiar por Mr. Inglaterra, con Margaret Tatcher en la testera:"es hora que te comas tus palabras / trágate tu orgullo / abre tus ojos".
Pero el disco no se detiene ahí, y se recupera con el aviso para un joven corazón, Advice for a Young Heart: pop directo adolescente del bueno, con cortinas de sintetizadores y coros limpios, hablándole a los jóvenes que no dejen morir su tiempo, que lo vivan intensamente, le den un contenido. Luego Orzabal entra a la crítica social con el tema Standing on the corner of the third world, Parado en la esquina del tercer mundo, y Swords and Knives: después de recorrer las maravillas de la vida liviana para un turista de América Latina o el Caribe, el occidental consciente rompe con las promesas de paz que occidente le vende al tercer mundo, la dominación bajo el signo de la caridad. Las presiones de los organismos internaionales sobre nuestras economías que "prestan" esperando el retorno con intereses, eso es ayuda?, se pregunta Orzabal, parándose en alguna de nuestras esquinas y concluyendo la canción sumido en un llanto de decepción: "Cuándo aprenderemos?/ En qué nos convertiremos? / Las promesas que nos hicieron / Que llamaron nuestra atención / La compasión ahora es moda / Libre para lucrar / Pero nuestros bolsillos arderán / Porque compramos para amar / y así morimos... Afírmame, estoy llorando / Sosténme, que muero".
Pero y qué ocurre con los jóvenes que dan la vida pensando que lo hacen por una buena causa? Orzábal entra a este tópico desde la canción El año del cuchillo, Year of the Knife. Es un asunto de decisiones, pero el peligro es que la propia causa se vuelva parte del problema que se pretende resolver, porque lo que está en juego es el amor. Si nos volvemos piedra, no nos estamos alejando de la causa del amor? Como Mr. Jeckyll y Mr. Hyde, podemos convertirnos en lo opuesto a lo que pretendíamos. "Ves las montañas caer / sientes el fuego volverse frío / el verano pasa a invierno / y el amor se ha vuelto roca". Niños de guerra, cantaba en Chile Hugo Moraga.
Famous Last Words, las famosas últimas palabras, cierra el disco. Hemos dado muchas batallas, qué pasará al día siguiente: "decaeré / me derretiré en tus brazos / como el día encuentra la noche / nos sentaremos ante un candelabro / reiremos / cantaremos / cuando los santos entren marchando." La batalla del amor es una lucha, supone cambiar las condiciones externas, que nos marcan, pero también un cuestionamiento y transformación de nosotros en tanto agentes, personas. Los santos entrarán marchando, when the saints go marching in, si somos capaces de atravesar estos límites, externos e internos, y convertirnos en semilla que siembra amor.
Esto fue pensado, escrito y creado en 1989, año de la caída del muro, del supuesto triunfo del neoliberalismo. Pero la historia no termina ahí, la verdadera batalla, nuestra batalla recién ahí comienza: la lucha del amor, de la vida por sobre la cultura de la muerte y del dinero que se creen señores de lo humano y lo divino.
Está en nosotros para la muerte lenta a la que nos conduce el Mercado sin límites, que cambia amor por lucro, que moviliza la compasión pero bajo el sello de un cuenta bancaria, para sacar unas monedas bajo el rostro sonriente del personaje televisivo que se cree Cristo, pero que no solo no está dispuesto a andar en burro, sino que jamás apoyaría un aumento progresivo de los impuestos a quienes tienen más para atender cotidianamente, en programas de largo plazo y permanentes, a personas en situación de pobreza o discapacidad. Durante una decena de horas están dispuestas a llorar a cambio del rating, pero no a sacrificar parte de su riqueza para que otros puedan disfrutar a diario de lo que para ellos ya es su norma cotidiana de millonarios. Y el que alguien señale que "bueno, es lo único que hay", solo demuestra nuestra desidia para hacer algo distinto. Si usted don Teletón quiere realmente ayudar coopere con el cambio de la mentalidad empresarial que discrimina a los portadores de discpacidad: coopere para abrir oportunidades laborales, libre tránsito en un ciudad diseñada no para las personas sino para los automóviles, y tantas cosas más que cabría hacer que concentrarlo todo en una campaña de junta de dinero. Coopere mostrando el valor activo de las personas, y no los cristallice solo en su conidición de víctimas que reproduce las relaciones de dominación.
Dar hasta que duela, convocaba Alberto Hurtado y tantos otros, pero no para generar ganancias en base a la compasión, sino como una apertura amorosa al otro. Y curiosamente un cantante popero como Roland Orzabal en un disco como el que comentamos lo tiene muy claro: el problema del amor es en definitiva un problema político, del ser en común, y no desde la mirada del sufrimiento del otro -que es ya mi propio sufrimiento como humanidad- en un escaparate por un par de horas televisivamente coordinadas.
Lovepower, el poder del amor. Nunca del dinero.
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